NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Nombre feo, persona bonita…

    Recuerdo haber conocido a una chica llamada Eugenia. El nombre a secas diría muchas cosas sobre ella si te la imaginas físicamente, pero no sabes lo guapa que es. A lo largo de mi vida ha pasado que conozco personas con nombres feos -como Enriqueta, Alda, Josefina y un largo etcétera-, pero con apariencia física muy digna de aparecer en las revistas de modas.

    Seguro que aquí volvemos a lo mismo de siempre, que la belleza es relativa y tiene mucha razón; sin embargo, ocurren coincidencias de este calibre. No sé si con todas las personas ocurre, pero como que es un fenómeno que casi siempre atino cuando me cuentan de alguien y me llama la atención su nombre.

    Otro caso es el apellido, sobre todo con los extranjeros, pues te obliga a pensar en que esas personas no son como la mayoría con cabello negro ni perteneciente al biotipo nacional. Obviamente, sí, sé lo que estás pensando, existen excepciones, pero te cuento una tendencia muy personal que me ha ocurrido en los últimos 23 años.

    Viéndome al espejo, bueno, me llamó André Jonathan, hecho que no me agrada mucho, pues mis nombres me parecen algo alienados para un idioma español oficializado en nuestro país. La magia termina, no obstante, con mis apellidos, así que asumo que no cumplo con la regla que vengo contando, ya que elementalmente no soy Brad Pitt para las féminas. Y si tú, quien ahora lee esto y me conoce en persona, piensas lo contrario, pues convénceme de que los chanchos vuelan.

    André Suárez Paredes

    marzo 27, 2013
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    Belleza
  • El problema de siempre al reencontrarte con tu amor de infancia

    En la vida nos hemos enamorado de tantas mujeres que hasta nos hemos olvidado de sus nombres, pero jamás de sus rostros. A la larga, dicha capacidad de memoria facial resulta un arma de doble filo, pues a quién no le ha pasado que en la calle se cruzan con el amor platónico de la infancia y resulta que en una parte del camino esa bella niña mutó exageradamente a cualquiera cosa.

    El tiempo no siempre cae bien a tod@s, a veces sí, como la modelo Patty Wong cuando postuló a la paquita peruana, pero eso de que somos como el vino, que cuando pasa el tiempo se pone bueno, es un descaro monumental. Sin embargo, un puñado de personas puede jactarse de este efecto beneficioso, tan solo recordemos la evolución el actor George Clooney.

    Siguiendo la línea del párrafo anterior, digamos que la belleza puede resumirse en dos tipos de personas: quienes son vino y quienes son cerveza; es decir, quienes necesitan mayor tiempo para mejorar y quienes se comienzan a estropear desde que nacen -o desde que sacas la chapa de la botella-.

    Para acabar, imagino que dirás que la belleza no es percibida igual por todas las personas, pero el tema aquí no se trata precisamente de eso, sino de un cambio de menos a más o viceversa. Por ejemplo, si una persona fue bonita de joven pero se jodió con el pasar de los años, quizás en otro país la transformación ocurre en sentido inverso.

    En fin, todo depende de mucha suerte, buenos genes en el lugar correcto de nacimiento (entendamos la belleza como un consenso social), mucha paciencia con las bendiciones de Cronos y sonreír bastante, porque no hay feo con mala suerte.

    Pd: Y te lo digo por experiencia 😉

    André Suárez Paredes

    marzo 20, 2013
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    Amor
  • El problema de conquistar a la chica más bonita del mundo

    Casi todos los machos alfa buscan como enamorada una hembra más rica que Tilsa Lozano, pero creo que esto conlleva a un dolor de cabeza insoportable. El caso de estar con alguien muy bonita es que cientos de hombres más estarán detrás de ella, pese a que esté comprometida y que no sea realmente su intención atraer a los hombres.

    En este panorama, pienso que el peor de los casos sería que dicha hembra rica sepa bien su papel de chica bonita y remate las faltas del enamorado con un «detrás de mí hay más hombres dispuestos a salir conmigo». Aunque parezca una frase sacada de un cuento kafkiano, debo admitir que sí la he escuchado… pues cómo no escucharla si me la dijeron hace varios años.

    Reconozco que los mismos problemas también ocurren en el bando contrario, es decir, las mujeres respecto a los hombres que se juran más ricos que Brad Pitt, por lo que coincidimos en que la belleza resulta insoportable cuando trata de ser privatizada por la pareja. Esto debe ocurrir, pensándolo bien, porque eso «especial» y «único» que el enamorado valora realmente de su chica se opaca por su belleza física, lo más mediático que atrae más fácilmente a los demás hombres.

    «Por qué no eres un poquito más fea, para que así solo yo me fije en ti», recuerdo que contesté a la chica que me dijo la frase kafkiana, una buena salida para evitar problemas con una sonrisa de oreja a oreja.

    André Suárez Paredes

    marzo 15, 2013
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    Relaciones de pareja
  • El violinista de una relación no declarada

    Ser violinista es lo peor del mundo. Ya saben cómo va la escena: un amigo te dice para pasar la tarde con su enamorada, tú piensas que es una buena idea para no estar solo en la tarde y terminas arrepintiéndote frente a una pareja que se jura amor eterno en cada beso tipo película porno.

    Admito que hay excepciones, pocas parejas respetan la presencia de una tercera persona con quien comparten el día, pero ocurre un fenómeno interesante llamado «el violinista de una relación no declarada». A diferencia del violinista clásico, esta nueva forma de mal tercio ocurre cuando sus amigos (la futura pareja) aún no formalizan la relación y están en los coqueteos respectivos de los primeros meses. El violinista incauto termina aburriéndose junto a sus compañeros sin captar la onda de sus bromas, harto de no reírse de lo que parece gracioso y con las ganas de huir como un buen forever alone.

    Este tipo de violinista es el más peligroso, porque no sabes precisamente qué te prepara la tarde si se cruzan dos amigos del sexo opuesto. Incluso, el peor cuadro de todos sería salir con una chica a quien planeas enamorar, te encuentras con un amigo y acabas de violinista, porque ella se lleva mucho mejor con él que contigo. ¡Auch, eso debe doler!

    Pienso que lo mejor para evitar el mal rato es sincerarse, decir qué te molesta cuando te toque salir con una pareja de amigos y mostrar interés en compartir lo que se conversa, es decir, no distraerse para luego retomar la charla sin tener idea de qué rayos se habla. Si no eres bueno para el diálogo, pregunta si puedes llevar a una amiga (o un amigo), así tienes con quien aprovechar la salida sin depender de los tortolitos.

    André Suárez Paredes

    marzo 12, 2013
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    Relaciones de pareja
  • Quienes no valoran la verdad

    Las personas que no valoran la verdad son quienes aún no confiesan que han mentido, porque esas personas juran ser perfectas cuando guardan mierda por dentro, esperando escuchar lo que desean aunque fuese una mentira. Ese calibre de tipej@s no vale la pena, pues nadie debe pedir una mentira para ahorrar un problema ya que prefieren las ilusiones maquilladas como prostitutas a una realidad con un rostro sin lavar que recién se despierta de la cama.

    El dilema se parece a la cinta Matrix cuando Neo debe escoger entre olvidar todo para volver a su vida normal o continuar la aventura tras saber que toda su vida fue realmente una programa de computadora. Quizás Neo no fue muy feliz después de aceptar el reto, pero sí valiente al reconocer la vulnerabilidad de su existencia, lo que demuestra que mejor es sincerarse con la verdad a secas que con la ignorancia.

    «Di la verdad aunque sea amarga. Di la verdad aún contra ti mismo», dijo Mahoma, algo cierto por si tus objetivos son convivir con la verdad. Siempre hay que comenzar por uno mismo para que el resto sea producto de tus acciones y si nos toca reconocer errores, pues es el precio de una ética que no puedes cambiar a tu antojo para «sentirte bien».

    André Suárez Paredes

    marzo 11, 2013
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  • La edad exacta del «Cuando sea grande quiero ser…»

    «¡El mago lo hizo otra vez» es una frase que los niños en Chile suelen decir cuando logran hacer un truco o alguna ilusión sorprendiendo a sus mayores, así como quien logra escaparse de alguna trampa y el héroe termina diciendo la oración muy victorioso.

    Esto me recuerda a que en el Perú, imagino que también en el mundo, de niños muchos dijeron «Cuando sea grande quiero ser…» El problema es que hasta ahora no sé precisamente a qué edad me refería, pues no terminé siendo el astronauta o ingeniero que prometí hace años a mi madre. Más aún, resulta gracioso entre mis amigos cuando me preguntan sobre mis planes a largo plazo y digo la misma frase que me acompañó en la infancia.

    ¿A qué edad realmente somos grandes? No creo que haya una cifra exacta, pero sí una ecuación que sería el número entero de nuestra edad antes de morir, pues en esos últimos momentos somos tan grandes que dejamos las aspiraciones en vida para comprender la muerte repentina, algunas veces anunciada y otras hasta deseada.

    André Suárez Paredes

    marzo 10, 2013
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  • «Bienvenido a Chile, po»

    Mis primeros días en Santiago de Chile los pasé en una casa chiquita de Maipú, gracias a la ayuda de una buena amiga. Ella me presentó a un vecino, algo viejito y muy bonachón, quien me da la mano para saludarme respectivamente y decirme lo que muchos conocidos parecen haber acordado desde que se fundó la nación: «Bienvenido a Chile, po». La frase, por coyuntura internacional, vino acompañada con un «¡Chuta, nos quieres quitar nuestro mar!». Luego se acabó la conversación con varias risas y otro apretón de manos.

    Cuando regresé a Lima, un amigo me preguntó preocupado cómo me fue, si me habían tratado bien y si no eran tan agresivos como él se los imaginaba. Le dije que no, más bien es todo lo contrario, son muy atentos y hablan chistoso -admito que se me pegó el dejo al regresar-. Él pensó que eran hostiles por sus comentarios en miles de foros que atentan contra peruanos. Le dije que no todos son así, ya que es un número muy reducido y es un prejuicio tonto desde la guerra que ya debe acabar.

    Recuerdo que más toqué los temas de la guerra, la política internacional y el repaso de la historia latinoamericana en mis últimos días en Santiago. El secreto para no arañarse por los tópicos picantes es simplemente reconocer que la clase política no representa a todo un país, por lo que no debemos meter a todos en un mismo saco.

    No recuerdo quién dijo la frase que cuando viajas a varios países, pronto te sientes un extranjero en tu propia tierra. Algo así me siento ahora tras conocer un país que tiene sus cosas buenas y malas, como todas las naciones, y eso permite hacer contrastes con mayor panorama internacional.

    André Suárez Paredes

    marzo 10, 2013
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  • Viajar a otro país es como salir de una vagina

    Para seguir con la historia de mi visita al Museo de las Bellas Artes, recuerdo haber salido de una vagina cuatro veces. Y no, no es lo que seguro estás pensando.

    En cada acceso a las salas del museo había una tela muy tensa colgada desde el techo hasta el suelo, la cual debías atravesar para continuar el camino. Incluso, recuerdo que en una sala en especial había un ducto de tela blanca por donde ingresaba para salir del otro extremo con mucha dificultad, como quien sale de una vagina materna.

    «Salí de una vagina como cuatro veces, es como volver a nacer», le dije muy divertido a una amiga que me acompañó en la visita al museo. Recuerdo que antes ella me había preguntado cómo se siente salir de tu país e ingresar a uno en donde nadie te conoce. También recuerdo que no le contesté muy seguro de mí mismo, pero tras la visita al museo puedo decirle que viajar es exactamente eso: salir de una vagina llamada patria con mucho entusiasmo de conocer qué hay fuera del vientre.

    Hay que ser estúpido para no tener miedo, es verdad, hay que sentirse sensible sin dejar de aprender como quien tiene una nueva oportunidad en un país desconocido. En Chile nací a los 23 años y seguro que volveré a nacer en los próximos viajes por Latinoamérica, cantando, caminando, pidiendo cigarros por la calle y comer pan duro y frío por las noches como buen mochilero nacional. Eso es viajar fuera de tu país, un sueño hecho realidad cuando desde pequeñito te dijiste cómo quisieras ser bebé otra vez, pero con tu pensamiento actual.

    André Suárez Paredes

    marzo 10, 2013
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  • El niño que perdió su cerebro

    En el Museo de las Bellas, ubicado en Santiago de Chile, recuerdo a un niño que no dejaba de gritar «¡Estoy buscando mi cerebro!» mientras caminaba por el recinto. Mi amiga Paula, o la Paula para no dejar mi chilenismo, no dejaba de reírse por la cómica escena, pues el menor caminaba como perdido entre las obras y unos «riñones» muy coloridos con mensajes que colgaban del techo.

    Sus palabras me hicieron pensar, pues realmente las obras me parecían tan extrañas y sin sentido aparente, algo que terminó por aturdir el entendimiento del ‘cabro’. Mientras Paula apuntaba algunas frases muy poéticas en su libreta de papel reciclado, me acerqué para decirle una de mis «nerdsadas».

    «Esto es arte, porque sencillamente está en un museo por gente que dice qué es arte. Cultura es todo, hasta lo que no está dentro de este lugar», le dije. Ella se rió mientras cerraba la libreta para tomar atención. Pronto parecía estar dando un discurso artísticamente anarquista, pienso, en una ciudad llena de grafitis con mensajes subversivos a una clase política capitalista.

    A la larga, ahora que estoy en Lima con ganas de visitar nuevamente esa hermosa ciudad, pienso que esa experiencia resumió los días que siguieron durante mi viaje: una exhibición constante del arte socialmente pactado y el arrebato contestatario de las obras callejeras que buscan un espacio simplemente para comunicar.

    André Suárez Paredes

    marzo 9, 2013
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    Arte, Capitalismo, Chile, mensajes, Nerd, Palacio de las Bellas Artes, Santiago de Chile, Turismo
  • El tiempo que no se mide en cifras

    El tiempo, según la Real Academia Española, es la magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. Pese a que su unidad en el Sistema Internacional sea el segundo, ocurre que muchas veces sentimos la relatividad del tiempo.

    Hay noches, por ejemplo, que uno recuerda lo que hizo desde la mañana y siente que ha vivido 3 o 4 días en uno, o que el tiempo pasa tan lento cuando vemos el reloj y cuando lo dejamos de hacer pues se nos escapa de las manos. Incluso, en el peor de los casos, medimos los días no a partir de sus 24 horas, sino desde el momento que despertamos hasta que nos dormimos.

    Cada uno tendrá su forma de interpretarlo, hasta de sentirlo, dependiendo de qué estado anímico estemos, por lo que medir el tiempo en cifras resulta hasta inapropiado cuando deseamos explicar un lapso de tiempo para nuestras decisiones, caso que expliqué en un post anterior. Si algo debemos temer del tiempo, no es que lo perdamos sin razón aparente al dedicarnos a algo (o alguien) que no resulta, sino cuando dormimos más de la cuenta.

    André Suárez Paredes

    marzo 4, 2013
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Disculpa si te puse triste…

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