NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Olor de colores y sonidos con sabores

    El olor del recuerdo. Seguro ya saben de qué trata la memoria olfativa: la capacidad del sistema límbico del cerebro en regular las respuestas fisiológicas frente a determinados estímulos.

    En nuestro organismo existe algo llamado bulbo olfatorio y lo que hace es enviar la información olfativa para su procesamiento en la amígdala, la corteza orbitofrontal y el hipocampo. Todo este proceso cerebral acaba repercutiendo en las emociones, la memoria y el aprendizaje.

    Pero lo que vengo a contarles es otra cosa, al menos algo parecida.

    Una tarde andaba haciendo fotografías cuando noté que varias de ellas me recordaban a distintas canciones. «¿Qué tal si la vista tiene el poder de recordarme canciones?», pensé. «De hecho, ¿qué tal si toda la experiencia humana puede interrelacionarse con los sentidos?.

    Fue entonces cuando se me ocurrió hacer relaciones extravagantes, pero lógicas de alguna manera si consideramos la complejidad de la mente humana.

    «Toca algo con el piano que se parezca al olor de una naranja recién pelada». Suena de locos, pero creo que sí tiene sentido al considerar que el «olor de una naranja recién pelada» se refiere a una reacción fisiológica a nivel cerebral que busca ser imitada por el sonido del piano.

    ¿Pero cómo el sonido puede ser igual que el olor? En principio no lo son, porque ambos son captados por sentidos distintos del cuerpo, pero ambos tienen en común la capacidad de generar reacciones determinadas en el cerebro.

    Quien busca escuchar algo parecido al «olor de una naranja recién pelada» tiene una idea muy personal de qué quiere escuchar para que el sonido le genere una experiencia parecida a la que tuvo con la mencionada fruta.

    Lo mismo puede inferirse de la frase «esto me sabe a color rojo», donde se habla de un sabor que genera la misma experiencia que produce observar el color rojo.

    La clave está en identificar la experiencia y su magnitud fisiológica para así imitarla -en la medida de lo posible- por cualquiera de los sentidos. Obviamente estas relaciones son muy personales, porque cada quien tiene una experiencia única y distinta sobre las cosas.

    Pienso que toda esta lógica sirve de mucho para los indecisos, que no encuentran palabra para definir qué es lo que quieren o cómo lo quieren. Porque aunque se inventen miles de palabras cada año, nunca habrán las suficientes para cubrir las infinitas sensaciones humanas.

    André Suárez Paredes

    mayo 31, 2017
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    Memoria
  • Extranjero por tres

    Marruecos me hizo sentir un extranjero tres veces al mismo tiempo. De hecho, creo que la misma lógica se aplica para cualquier interesado en salir del bloque occidental.

    Un primer aspecto es la nacionalidad. Basta con salir de la frontera del país de origen para ya ser un extranjero. Eso es básico, pero la experiencia de ser foráneo no es igual en todas partes del mundo.

    De lo anterior comentado viene el segundo aspecto: el encuentro con una cultura diferente a la tuya, a pesar de que el Reino de Marruecos es el más «occidentalizado» de los países árabes -considerando que es una monarquía constitucional desde la década de 1960-.

    En todos los países del mundo existe una lógica de interacción social determinada. A nivel global, la costumbre occidental es bastante común entre las naciones: puedes visitar Buenos Aires, París y Madrid sin sentir que debes cambiar tu comportamiento. La situación es distinta cuando sales del bloque occidente para aterrizar en suelo árabe, donde se manejan otras costumbres sociales como, por ejemplo, los códigos de vestimenta para las mujeres extranjeras.

    El tercer aspecto es el religioso. El 97.8% de la población marroquí es islámica (suníes), por lo que inmediatamente formas parte de la minoría. Lo interesante de esta experiencia es ser testigo de la vida religiosa de los marroquíes: escuchar al unísono los pasajes del Corán para la hora de la oración, la lógica ancestral de los entierros árabes y su percepción sobre la vida en general.

    Marruecos solo fue una pequeña pizca de lo que se esconde al otro lado del bloque occidental. Creo que en el fondo es el gusto por escaparme de la zona de confort. Solo sintiéndote ajeno al espacio que habitas puedes perfeccionar el sentido de la adaptación. Es como nadar: aprendes a la fuerza cuando sientes que te ahogas.

    Foto: André Suárez

    André Suárez Paredes

    mayo 31, 2017
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    Marruecos
  • Un huiaco de dislikes

    Recuerdo que estaba en Marrakech -precisamente en un bus en dirección hacia no sé dónde- cuando varias regiones del Perú fueron afectadas por los huaicos. Mis contactos en redes sociales compartieron videos de la catástrofe y campañas en beneficio de los damnificados en cuanto pudieron.

    – ¿Estás publicando las fotos del viaje?-, me preguntó una compañera peruana que formaba parte de mi grupo de viaje.
    – Casi todas las tengo en mi cámara. En el celular solo tengo los selfies. Cuando regrese a Madrid recién compartiré las fotografías.
    – No sé si te ha pasado, pero cuando publicas fotos de tus viajes mientras sucede un desastre natural o cualquier cosa de magnitud en Perú, no recibes tantos likes como de costumbre.

    Imagino que tiene mucha razón: las personas anda en otra onda cuando atraviesan momentos difíciles. Me quedé pensando sobre esta reflexión y llegué a dos teorías.

    Existe la posibilidad de que la gente te ignora adrede, porque concibe tus fotos turísticas como una ofensa para los compatriotas que atraviesan una situación difícil. Ya saben, esta idea de estar «de duelo» por los hermanos damnificados, incluso cuando no estés en tu país de origen.

    O simplemente Facebook oculta las fotos, porque los contactos han cambiado sus preferencias dentro de la red: dejaron de interactuar con las publicaciones de sus amigos para promover la ayuda social. Este cambio hace que el logaritmo de Facebook aumente el flujo de informaciones sobre el nuevo tema de interés y oculte tus fotos de viaje, provocando así el menor número de likes.

    Pienso que ambas teorías suceden al mismo tiempo. Nunca sabré qué piensan exactamente todos mis contactos, pero soy consciente de la posibilidad de que a alguien le disguste las fotos de mi viaje durante una tragedia nacional. Por otro lado, no soy un experto pero creo saber cómo funciona Facebook a la hora de exponerte las noticias en tu muro, basándose en tendencias y costumbres de consumo.

    ¿Les ha pasado? ¿Han notado esta singular situación en sus fotos de viaje? Dentro de nuestro grupo, solo mi amiga y yo hemos notado esta tendencia. Los demás no han sido conscientes de ello. ¿Pero ustedes?

    Foto: Ministerio de Defensa del Perú – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    mayo 31, 2017
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    Huaico, Lima, Marrakech
  • Lo que nadie se imagina 16

    Barranco, 13 de abril de 2009

    Menuda mierda en la que me metí. Cómo pude ser tan cojuda en salir con un tipejo como este. ¡Pero que es aburridísimo! ¡Nada comparado con lo que prometía en Tinder! Admito que en Internet somos otras personas, esa cagada corre a mi cuenta, pero -¡por el amor de Dios!- algo de piedad con este chico. Todo callado y encima tímido hasta el tuétano. Algo debo hacer. Aún es temprano y puedo recuperar mi noche del sábado.

    -Discúlpame, voy al baño…

    Bien. Ya me salí de la mesa. Ahora cómo diablos llego a la puerta sin que este huevón se dé cuenta. Vamos, sé que está pésimo, pero creo que se lo merece. ¡La engañada fui yo! ¡Qué tipo para más embaucador! Admito que debe tener un talento, se sabe manejar bien en redes sociales… Pero en fin, debo llegar a la puerta sin que note mi huida.

    Ya sé, antes de entrar al tocador me acercaré a la barra.

    -Señor, ¿cuánto cuesta el mojito?
    -Quince soles, señorita. ¿Le sirvo uno?
    -No, en realidad quería que me haga un favor. Le pagaré el doble por la bebida…

    Ahora todo está listo. Mejor me quito los tacones para correr más rápido. Debo esperar la señal…

    «¡Idiota, qué eres un inútil! ¡Me mojaste todo!»

    ¡Ya! ¡Ahora sí! A correr con todo hacia la salida. Espero que no lo despidan por el favorcito.

    ¡Libre al fin! Es temprano y no quiero gastar mucho en transporte. Ya sé, iré donde mi amiga para pasar la noche. Ella debe tener algún plan. Menuda suerte que allí mismo en el paradero está el bus que me lleva a su casa. Mejor lo abordo y una vez adentro le aviso que ando en camino para que se aliste.

    Oh, mira, me llegó un mensaje de texto. «No sabes. El mesero me arruinó la camisa. Tuve que irme, lo siento, no quería que me vieras así. En verdad, perdóname. Me siento mal por todo esto». Todo salió según el plan… ¿Qué pasa con el maldito bus que no avanza?

    ¡Oh, rayos! ¡No me digas que es él! ¡SE SUBIÓ A MI MISMO BUS! Me agacharé un poquito para que no me vea, felizmente que me senté al fondo. Pero qué cosa más rara: su camisa luce bastante seca. Me mata la intriga…

    Parece que está haciendo una llamada. Me cambiaré de asiento para oír su conversación sin que se dé cuenta.

    «No sabes qué me pasó, huevón. Salí con esta flaquita y nada que ver. No se parecía al de las fotos. ¡Más estafadora! Ni modo. Cuando ella se fue al baño, aproveché para escaparme. Me levanté rápido de la mesa, pero más cojudo ¡golpeé la charola del mozo! Se le calló todo encima y me gritó: ‘¡Idiota, qué eres un inútil! ¡Me mojaste todo!’. ¡Hubieras visto su cara! Nos quedamos discutiendo un rato y luego aproveché en salir. Aún seguía en el baño para esto. Aproveché el incidente para contarle que me mojaron la camisa. Todo un florazo. Habla, ¿vamos por unas chelas? Ando camino a tu casa».

    Vaya. Quién lo diría. Teníamos algo en común: los dos estábamos igual de defraudados por quien tuvimos como cita. Me quedé mirándolo hasta que se bajó del bus un par de cuadras más adelante. Le respondí a su mensaje.

    «No te preocupes. Ya tendremos otra oportunidad. Por cierto, buena suerte con tu amigo esta noche. Al menos no tendrás que cambiar de camisa, me pareció bastante seca cuando bajaste del bus».

    Nunca me contestó.

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2017
    Artículos
    Cuento, Lo que nadie se imagina
  • La caja boba

    Bastante se ha escrito sobre la televisión. Estaría de más que reflexionara sobre los temas de siempre: las consecuencias sociales de la caja boba -léase Homo Videns, de Giovanni Sartori- y los problemas de la desinformación de las grandes cadenas -léase Sobre la televisión, de Pierre Bourdeiu-. Pero lo que sí quiero compartir es una inquietud sobre el futuro de la televisión.

    Actualmente vivimos el boom del consumo audiovisual a la carta. Plataformas como Netflix y HBO han aprovechado el streaming para facilitar el acceso a series y películas según el propio horario de los consumidores. Esto ha hecho que la televisión tradicional -caracterizada por su programación lineal- pierda cuota de mercado entre los televidentes, quienes ahora tienen la opción de consumir sus programas favoritos cuando deseen y sin cortes comerciales.

    Hubo quienes pensaron que el streaming acabaría matando a la televisión. Sin embargo, la caja boba tiene dos ases bajo la manga: la transmisión en vivo y su alcance mediático a nivel nacional. Una transmisión en vivo puede llegar a ser visto por miles de personas en un corto tiempo, algo que ni los mejores virales de YouTube -que necesitan días o semanas para alcanzar millones de reproducciones- pueden lograrlo con tanta inmediatez.

    Esta situación me llevó a la siguiente reflexión. ¿Qué es la televisión sino la transmisión de 24 horas de «algo»? ¿Por qué seguimos separando la televisión de las producciones disponibles en Internet? ¿Por qué no conciliamos la idea de que actualmente la TV es una ventana más de transmisión de video, teniendo en cuenta que el consumo de las superproducciones quedó relegado al VOD?

    La televisión es un modelo de negocio que se resiste a cambiar. El futuro -pienso- es que la TV no desaparecerá, pero sí reducirá su estructura dramáticamente para acomodarse a las nuevas tendencias del consumo. Las transmisiones en vivo serán la punta de lanza de las cadenas tradicionales en programas informativos y de entretenimiento, en especial la telerrealidad.

    Ya llegará el momento que dejemos de pensar en la televisión como algo grande e intocable para entenderla como una especie de YouTube sin teclado, en el que solo podemos cambiar entre un número limitado de «canales». La telerrealidad acabará ganando la batalla contra la ficción, porque la realidad -incluso guionizada- es más impactante para los nuevos estándares de consumo: cercanía y valoración del contenido como bien cultural de intercambio en el proceso de socialización.

    Foto: Anthony Quintano – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons.

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2017
    Artículos
    Televisión, VOD, YouTube
  • El ‘sin raza’

    Soy peruano de nacimiento, pero para el mundo siempre fui de otra nacionalidad. Cuando visité Santiago de Chile, los hermanos sureños pensaban que era de México. Cuando visité Cuba, los isleños pensaron que era un cubano más como ellos. «Solo por tu voz sé que no eres de aquí. Si dices que de niño te criaste afuera, pues sí convencerías», me dijo un taxista del hotel.

    Mi experiencia en Europa ha sido variada. En la mayoría de países me confundieron por árabe. Solo en Bélgica e Italia pensaron que era mongol e hindú, respectivamente. Lo curioso de esta última confusión es que fue un hindú quien pensó que era uno de los suyos.

    «Si un hindú piensa que soy hindú, ¡pues que no se diga más! ¡Nadie mejor que él! ¡Soy hindú!», pensé.

    Ahora esto de que te confundan con otras etnias tienen sus pros y contras. Los beneficios es que consigues precios baratos en el regateo, una modalidad de comercio practicada mayormente por inmigrantes . Otra es que los ambulantes -otra vez, en su mayoría inmigrantes- no te fastidian ofreciéndote sus mercancías en las calles. Imagino porque piensan que no soy un turista promedio que despilfarra en baratijas.

    Lo malo es la discriminación. No entraré en detalles -pienso que eso merece una publicación propia-, pero puedo adelantar que no es agradable parecer árabe mientras se vive la tensión de los atentados terroristas del Estado Islámico.

    Pienso que esta experiencia de «árabe por Europa» me enseñó algo importante: la convivencia actual entre los residentes europeos y los inmigrantes árabes. Lo interesante es que no solo fui testigo, sino también partícipe de estas relaciones sociales. La experiencia me ha ayudado a darle una cara a esta situación crítica, a sentir el calor humano de lo que fríamente observamos en el televisor.

    Europa no es solo tomarse una selfie ante la puerta de Brandeburgo en Berlín o hacer la misma pose estúpida en el Louvre de París. Hay quienes hacen turismo para distraerse, pero se olvidan de que los problemas no se abandonan en los aeropuertos. A veces envidio el cinismo de quienes viajan despreocupados, olvidando que el hambre y el frío es igual para todos los seres humanos de este planeta.

    Foto: Mstyslav Chernov – Wikimedia Commons. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    mayo 20, 2017
    Artículos
    Discriminación, Europa, Racismo
  • Un simple paseo en bote

    En el lago de la Casa de Campo hay un servicio de alquiler de botes. Esto lo supe desde la primera semana que llegué a Madrid -hace ocho meses- y hasta ahora nunca me envalentoné a rentar uno. Destaco la palabra ‘envalentonarse’ no porque tenga miedo al agua, sino porque evito la soledad que provocan las cosas que naturalmente se comparten entre dos.

    No sabía qué hacer. En realidad deseaba estar en el medio del lago, dejándome llevar por la corriente artificial del lago. Pero supe que esa experiencia no sería completa, porque lo que realmente deseaba era expresar mis emociones con alguien más. Subirse al bote no es solo «subirse al bote», sino ver en los ojos de alguien más mi reflejo de felicidad.

    Fue por eso que decidí no subirme, a menos que alguien me acompañe. En el fondo mi intención es preservar la anécdota para cuando suceda de verdad. Si lo hacía estando solo, me sentiría como un náufrago entre tantísima agua. Además, hacerlo en dos oportunidad no tendría el mismo chiste.

    Así que partí del lago para no volver hasta cuando tenga con quien abordar ese bote. Ha pasado el tiempo desde entonces y aún sigo pensando lo mismo, porque estoy convencido de que este «arrebato» no es por mí, sino por el afortunado/afortunada que realmente desee pasar un tiempo divertido conmigo. Lo que estoy aguardando no es un simple paseo en bote, sino una sonrisa contenida: una pieza original de mi alma.

    Foto: Just Traveling. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    mayo 20, 2017
    Artículos
    Casa de Campo, España, Lago
  • Lo que nadie se imagina 15

    Una mañana revisaba el periódico cuando me topé con el siguiente aviso: «MOVIMIENTO ANARCOSINDICALISTA DE LOS CORAZONES FRÍOS busca nuevos miembros. ¿Interesado? Comunícate al 966316972». Me dio mucha curiosidad. Cogí el teléfono y llamé con el afán de saber qué clase de locos eran.

    «Gracias por llamar al Movimiento Anarcosindicalista de los Corazones Fríos. Espere en línea a nuestra operadora», dijo la contestadora. Esperé unos segundos hasta que la operadora tomó la llamada.

    Operadora: Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?
    Yo: Hola. Sí, leí su anuncio en el periódico y quisiera ser miembro.
    O: ¡Estupendo! Antes de indicarle el lugar de su cita, primero debe contestarme las siguientes preguntas.
    Y: Por supuesto… Lo que haga falta.
    O: ¿Ha sentido este invierno menos frío que cualquier otro?
    Y: Pues me parece que sí.
    O: A una temperatura de 10 grados celcius, ¿usaría una casaca o con un polo basta?
    Y: Creo que con un polo es suficiente.
    O: ¿Le han roto el corazón en los últimos 12 meses?
    Y: ¿Pero qué clase de pregunta es esa?
    O: Si no responde, no podremos avanzar, señor.
    Y: Bueno, digamos que sí…
    O: ¿La película ‘The Notebook’ te ha hecho llorar o solo la viste para acostarte con tu pareja?
    Y: (Risas) ¿Es en serio? Bueno, la segunda. Debo admitirlo.
    O: ¿Qué piensas de la canción ‘Me muero por conocerte’ de Alex Ubago?
    Y: Un sinsentido. ¿Cómo carajo te mueres por conocer a alguien si cuando llegas a conocerla, ya estás sin vida? No hay ninguna lógica.
    O: Finalmente, ¿ha llorado hasta el ridículo cantando ‘Dime si él’, de Ricardo Arjona, bajo los efectos del alcohol y el desamor?
    Y: Hay cosas de las que uno siempre se arrepentirá.

    La operadora me agradeció por mi tiempo, me señaló el punto de encuentro donde será la cita y me dio detalles sobre el proceso de selección. Me explicó que siempre se hace todos los invierno, justo en las semanas más frías del año. «Para su cita tendrá que vestir un short, un polo manga cero y un par de sandalias. Según el pronóstico, la fecha más indicada es pasado mañana a las 11:30 p.m. Buena suerte», me explicó antes de cortar abruptamente.

    El lugar de la cita era la Plaza Bolognesi. Fui con la ropa que ella me precisó. Hacía un frío de la patada, pero mi curiosidad pudo más. Tan solo quería saber de qué se trataba todo esto. Esperé entre la densa neblina, el silencio de la noche y el acoso de los travestis más avezados.

    Ya estaba por irme rendido cuando se me acercó un joven de mediana estatura. Recuerdo que vestía una capucha. No hizo falta que me preguntara por mi nombre, era el único estúpido vestido con short -sin contar las sandalias y el resto de mi vestimenta- en plena calle tan desolada y fría, así que me reconoció con facilidad y me pidió que le siguiera.

    Fuimos a una vieja quinta. Allí había un grupo de jóvenes con sotanas oscuras, todos reunidos alrededor de una mesa sobre la que había una laptop. «¿Tienes frío?», me preguntó uno de los sujetos de sotana. Lo miré con cara de pocos amigos. Mi respuesta se entendió inmediatamente.

    «El postulante está preparado…», dijo otra voz que no logré reconocer su procedencia. Quien me halló en la plaza se había esfumado, quizá se puso su propia sotana, igual no lo pude reconocer en la oscuridad.

    «Iniciemos, entonces, nuestra ceremonia de iniciación. ¡Hermanos, tenemos aquí la prueba de lo que venimos celebrando cada invierno! ¡Alabado sean los corazones fríos! ¡Bendita la naturaleza humana sobre la adversidad!», decía una voz rasposa cuyo aliente acariciaba mi nuca.

    ¿Pero en qué diablos estaba pensando? A partir de aquí sí me asusté. Ya no me parecía un chiste. ¿Qué me iban a ser? Mi piel estaba dura. El frío hacía que no sintiese las carnes sobre mis huesos.

    «Tranquilo, postulante. No tienes que alarmarte, sino perderás el encanto de nuestra ceremonia. Cálmate, no te haremos ningún daño», dijo un hombre alto de sotana, a quien me referiré en adelante como Axis. «Abre la laptop e ingresa a tu Facebook. Recuerda, no tienes que alarmarte».

    Le hice caso. A penas ingresé a mi Facebook, Axis me separa la laptop y comienza a buscar entre mis contactos. Al mismo tiempo, un equipo de tres personas instalaban ventiladores de alta velocidad, todos apuntándome desde distintas direcciones a corta distancia. Querían que mi temperatura corporal bajase lo más posible.

    «¡Ahora sí, hermanos! ¡Comencemos el ritual!», gritó Axis a viva voz.

    Acto seguido me muestra la pantalla del computador. Era el perfil de una exenamorada. «¿Qué les puedo decir? Es una ex y ya…», señalé sin entender de qué se trataba toda la parafernalia.

    Hubo murmullos en la sala. «Sigamos entonces», dijo Axis quien navegada superficialmente por la página de esta exenamorada.

    «¡Ahora sí! ¿Qué piensas de esto?», dijo Axis apuntando la pantalla con una diabólica sonrisa, como si hubiese ganado algo. «Pues no pienso nada. Es una foto de mi ex con su novio actual. La vida continúa, ¿no?», le respondo con sinceridad.

    Más murmullos en la sala. «Sigamos entonces», dijo Axis quien dejó el Facebook de lado y accedió a una ventana con códigos HTML. A partir de allí, no tuve idea de lo que podría mostrarme.

    «¡Ahora sí! ¿Qué piensas de esto?», dijo Axis otra vez con el mismo ademán. «Es un video de mi ex besándose con su chico. O sea son pareja… Eso hacen las parejas», respondí.

    Otra vez más murmullos en la sala. «Sigamos entonces», dijo Axis quien parecía guardar un as bajo la carta.

    «¡Ahora sí! ¿Qué piensas de esto?», dijo Axis otra vez. Lo que me mostró sí me sacó de plano. ¿Cómo accedió a ese material? «Ya me mostraste un video de mi ex besándose. Ahora me muestras uno de ella teniendo relaciones con su novio actual. Te vuelvo a decir, eso hacen las parejas, ¿no? O sea normal…», respondí.

    Muchos más murmullos en la sala. «Sigamos entonces», dijo Axis para luego agregar: «¡Ahora sí! ¿¡Qué piensas de esto!?». El video se parecía al último que me mostró, pero ese no era su novio actual. «No veo diferencia con lo que me pasaste antes. Me parece conocido ese tipo, pero imagino que uno de sus otras tantas parejas que tuvo después de mí», respondí.

    Hubo un silencio incómodo. Axis aclaró: «No lo reconoces, porque esto se grabó a tus espaldas. Sí, es el amante y es tu mejor amigo». A esto respondí: «Bueno, pero es cosa pasada. ¿Qué diferencia hay? ¿El ego herido? Un cache más, un cache menos. Son cojudeces… Creo que has hackeado su teléfono obteniendo sus datos desde mi Facebook. Me sorprendes, pero creo que debes esforzarte más».

    El público gritaba: «¡Bendita la naturaleza humana! ¡El invierno siempre sabio! ¡Alabado sean las propiedades del frío sobre el corazón humano! ¡VIVAN LOS CORAZONES FRÍOS!».

    Fue así como recién me enteré de qué iba toda la jarana. Mi cuerpo estaba hecho un témpano, todos me miraban extasiados, llenos de alegría y contemplándome como una prueba viviente de que el frío no solo insensibiliza los nervios musculares, sino que también apaga el corazón, mutila los sentimientos y congela el desamor, los miedos, la impotencia y el descaro.

    Axis se acercó a mi oído para decirme: «Ya estás preparado». Uno a uno fue desconectando los ventiladores y me tomó de la mano para levantarla sobre su cabeza. «Bienvenido hermano. Ya eres de Corazón Frío».

    Unos meses después me enteré que la policía allanó el sitio donde fue mi ritual de iniciación.  Nadie del Movimiento Anarcosindicalista de los Corazones Fríos fue capturado. Simplemente desaparecieron, pero estoy convencido de que cambiaron de razón social y ahora se dedican a vender helados en pleno invierno. Vaya usted a saber.

    André Suárez Paredes

    mayo 12, 2017
    Artículos
    Cuento, Lo que nadie se imagina
  • Lo que nadie se imagina 14

    Federico Gómez observa desde el fondo de la iglesia cómo su amada -la mujer de su vida a sus 28 años- se entrega en cuerpo y alma a otro hombre ante Cristo crucificado y ante los ojos de Dios.

    «Si hay alguien que se oponga a este matrimonio que hable ahora o calle para siempre», dice el cura por simple protocolo y sin prestar atención al público. «Esa vaina de que hacen chongo son cojudeces, nunca he visto nada en mi larga experiencia», piensa divertido mientras suelta una ligera sonrisa.

    Pero no cuenta con la astucia de Gómez, quien momentos antes salió de la ceremonia.

    «En vista de que nadie ha manifestado…». El cura no termina la frase cuando de pronto la puerta se abre con violencia de un solo golpe. El público voltea asustado. De qué se trata todo ese ruido.

    No es más que Federico Gómez cabalgando un hermoso unicornio de color blanco y aprovecha la sorpresa para lucirse con la pose histórica de Napoléon cruzando los Alpes con su caballo, escena inmortalizada por el artista Jacques-Louis David. ¡Todos estupefactos!

    Sin bajarse del hermoso animal fantástico, Gómez se acerca al altar y le dice a la novia: «Vente conmigo, huyamos de aquí… Toma mi mano y súbete, se nota en los ojos que me deseas en tus labios mientras tu piel se eriza con solo sentir mi respiro. Nunca seremos tan jóvenes como ahora».

    Ella tiembla toda como una maraca de brujita disfrazada de blanco. El novio se cae de culo soltando el anillo y este rueda hasta desaparecer entre los zapatos de tacón de las invitadas.

    «Ya qué, vamos pe», responde ella tan suelta de huesos y con una sonrisa de oreja a oreja.

    Gómez hace relinchar al bello unicornio, hace nuevamente su pose de Napoleón y ordena al unicornio salir a toda velocidad.

    «¡Vámonos! ¡Vuela como el viento, mi bello Spunky!».

    La pareja sale a toda velocidad y la iglesia queda en total silencio. Nadie habla mientras tratan de ordenar las ideas. El padre del novio toma la palabra: «¿De verdad llamó a ese unicornio ‘Spunky’? ¡Qué nombre para más cojudo!». La risa contagia a todos los presentes, incluso al novio que de tanto reír le dolió el estómago hasta causarle el vómito. «Si bien vestidito y peinadito me dejó por ese chico, ¡ya qué me hará caso con el menestrón sobre la camisa!», piensa mientras coge su pañuelo tratando de limpiar el desastre.

    Gómez y su amada cabalgan a toda prisa por las principales avenidas de Lima hasta dar con la Panamericana Sur. Pero los problemas no tardan en aparecer.

    Señorita de EMAPE: Son cinco soles de peaje, señor.
    Gómez: Pero cómo me va cobrar si no es vehículo pesado ni nada.
    Señorita de EMAPE: Son cinco soles de peaje, señor.
    Gómez: Pero que no entiende, ¡es un unicornio, maldita sea!
    Señorita de EMAPE: Son cinco soles de peaje, señor.

    La raptada novia monta en cólera. «¿Por cinco soles te vas a morir?», le dice a Gómez mientras saca su monedero del sostén. «Espera, sí debo tener. Busca en la guantera», responde tratando de calmarse. «¡Pero esto es un unicornio, cabeza de chorlito!», dice la novia entregando el dinero a la señorita de EMAPE. «Discúlpelo, no siempre es así».

    Los tres: Spunky, Gómez y la novia avanzan por la carretera hacia el sur, siempre al lado del mar, hasta hacerse de noche. El unicornio tenía cada vez menos fuerza. Su cuerpo se desvanecía lentamente hasta desaparecer, haciendo de sus carnes una especie de brillantina que se esparce en el desierto.

    Gómez y su amada raptada se adentran lentamente en el océano. Es noche de luna llena. Él poza su mano sobre el mar, justo por encima del relieve en el que se proyecta la luz lunar, y extrae de esa luz un anillo de plata hermoso. Mira fijamente a su amada para hacer de su imagen un recuerdo inolvidable en lo que dura la mortalidad. «Ahora te hago mi mujer».

    La noche se ilumina hasta enceguecer al planeta entero. El tiempo se detiene a golpe de un beso. De sus labios fruncidos -cuyos átomos de carne impactan con suma violencia- nace un agujero negro que sobre las bocas de Gómez y su amada devora lo infinito.

    Y así el universo se torna negro… como la oscuridad que ocasionan los párpados al ocultar la vista de Gómez, quien sigue sentado al final de la iglesia escuchando al cura decir: «Si hay alguien que se oponga a este matrimonio que hable ahora o calle para siempre».

    Gómez abre los ojos. Mira atento los diferentes cuadros de la sala en los que aparece Dios creando el mundo en siete días. Se levanta y grita a viva voz: «¡Si tan solo Dios hubiese creado a los unicornios!». Silencio en la sala. Gómez abre las puertas y se larga caminando como torero -apretando bien los glúteos-, sintiéndose como en las películas donde el héroe nunca voltea a ver la gran explosión final.

    Foto: Jacques Louis David

    André Suárez Paredes

    mayo 6, 2017
    Artículos
    Cuento, EMAPE, Napoleón Bonaparte, Unicornio
  • Palabras pegajosas

    Actualmente llevo siete meses viviendo en Madrid y me avergüenza confesar que he añadido algunas palabras -e incluso entonaciones- del español ibérico a mi dialecto peruano. Subrayo que me «avergüenza», porque usualmente hay quienes piensan que este fenómeno de utilizar palabras ajenas al dialecto madre es una alienación, un concepto que refiere a la pérdida de la personalidad o de la identidad de una persona. Sin embargo, tengo muy buenas razones para hacerlo y para ello debo basarme en la sociolingüística.

    La sociolingüística es la disciplina que estudia los distintos aspectos de la sociedad que influyen en el uso de la lengua, como las normas culturales y el contexto en que se desenvuelven los hablantes; la sociolinguística se ocupa de la lengua como sistema de signos en un contexto social. Se distingue de la sociología del lenguaje en que esta examina el modo en que la lengua influye en la sociedad.

    Wikipedia

    Vivir en el extranjero suele ser difícil al principio porque desconoces los códigos culturales del «otro». Dichos códigos resultan omnipresentes en el comportamiento social, en las relaciones interpersonales y en los dialectos de cada campo social que conforman la gran sociedad.

    Relacionarse, por lo tanto, en una sociedad ajena requieren varias habilidades sociales, entre ellas, la capacidad de comunicarse con las palabras adecuadas según el receptor del mensaje. ¡Que esto es comunicación básica! El tema es que la adaptación de palabras ajenas al hablar cotidiano es automático y pasa inadvertido con el tiempo.

    Reflexionando sobre el tema llegué a la conclusión que a esta práctica cotidiana de adaptación lingüística se le suma la conceptualización de nuevas ideas y formas de expresión precisas ante la falta de vocabulario en el dialecto madre. Me explico con un par de ejemplos.

    Personalmente he acogido las palabras «joder», «flipar» y «cacharro», y en lo que respecta a la entonación, una ligera modulación al final de las oraciones para dar fuerza mis últimas palabras, a pesar que la norma rija la caída del tono antes del punto final.

    El uso de la palabra «joder», que si bien existe ya en el dialecto peruano, no es utilizado como en España para hacer referencia a un disgusto al inicio de la oración para luego seguir conversando con tranquilidad. Digamos que tiene una función catártica, pues tras mencionarla al principio puedes seguir tu oración sin el enojo que ya tenías al principio. Realmente funciona. Si lo piensan, no hay una palabra que tenga esa función en el español peruano.

    Por su parte, «flipar» es un verbo que procede del inglés «to flip», que puede traducirse como “agitar” o “sacudir”, y se utiliza para hacer referencia a estar muy entusiasmado con algo o alguien. También se utiliza como sinónimo de drogarse o encontrarse bajo los efectos de una droga. Pienso que esta palabra es muy expresar una sensación más detallada que el simple «estoy entusiasmado», porque refiere a un sacudón que emocionalmente podemos sentir, aunque no tengamos una palabra precisa para eso.

    Finalmente, «cacharro» es un objeto cualquiera con connotación de viejo o destartalado. En buen peruano podría traducirse como una «baratija», pero según la RAE el término hace referencia a «objeto pequeño y de poco valor». Entonces, la utilización de «cacharro» acaba siendo precisa para un concepto inexistente.

    Lo divertido es que no soy el único entre mis amigos latinoamericanos que han cambiado su forma de hablar. Igualmente aquí los españoles nos reconocen inmediatamente como latinos, pero como todo ser humano socialmente activo podemos identificar qué elementos adoptamos de una nueva cultura para facilitar la comunicación y la comprensión hacia el otro.

    Somos seres adaptativos, tenemos ese instinto salvaje en las venas y sería injusto llegar a creer que esa habilidad es una alienación de la personalidad. Creo que eso es un prejuicio por quienes temen a «los diferentes» y creen que todo elemento ajeno es malo por naturaleza. Temo que no hay nada más triste que vivir viéndose el ombligo.

    Por si te interesa el tema de la sociolingüística, hace un tiempo escribí sobre el libro ‘Lost in translation’, de Ella Frances Sanders, que recoge varias palabras intraducibles al español.

    Foto: Isa2886 – Wikimedia Commons. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    abril 30, 2017
    Artículos
    España, Lenguaje, Perú, Sociolingüística
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Disculpa si te puse triste…

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