NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • ¿A cuántas personas crees que les importas?

    Hoy siento escribir con mucha rabia en los dedos por culpa de nadie, sino por mí mismo. Hay veces que esperamos algún gesto de cariño de las personas que más cercanas a nosotros queremos y nunca se han tomado la molestia de hacerlo. Incluso, lo peor en casos específicos es que tratamos de mostrar explícitamente que buscamos ese gesto de consuelo, pese a que sea intencionado, para nunca recibirlo.

    Te has preguntado a cuántas personas realmente les importas. Creo que el número se reduce considerable cuando pases momentos extremos como la muerte para notar recién que las personas que menos tratas son las que realmente se preocupan por ti. Personalmente me ocurrió el caso de necesitar un hombro para derrumbarme por la pena en un velorio y lo recibí de quien menos pensé, a pesar de que amigos más cercanos me observaban con las lágrimas en el rostro.

    Eso no es todo, pues también recibí el pésame de quienes menos pensé por la pérdida de una amiga y nunca tuve algún acercamiento con quienes realmente juré que se preocuparían por mí. Peor aún, pienso, es que solo tuve una llamada de regreso de quien me dijo que podía contar con ella para todo. Esta noche, lleno de rabia, no sé ya en qué pensar.

    Más que un mensaje trágicamente existencial, siento que no hay mejor forma que sincerarse con uno mismo sobre temas como la muerte repentina o cómo seremos recordados. Luego de pasar un escenario realmente duro en mi vida, suelo pensar que aún ando por el mundo de las apariencias al que trato de escaparme a empujones. Lo malo de hacer eso es que al escapar terminas estando solo. Sí, realmente solo.

    André Suárez Paredes

    noviembre 11, 2012
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    Estilo de vida, Lágrimas, Muerte, Soledad, Tristeza, Vida
  • Dejando mi ‘caparazón’ en el armario

    Una amiga me dijo que detrás de mi conocimiento y apariencia de un hombre serio hay un niño muy sensible, que realmente visto un caparazón para mostrar que no soy débil ante el resto. Lo negué varias veces, pero ayer descubrí que nadie es inmune al dolor de una pérdida cuando la muerte se acerca a nuestras vidas.

    En mi visita al velorio de Lorena Chauca, periodista fallecida en un accidente vehicular camino a Tarma, sentí la necesidad de soltar la carcasa racional de mi personalidad para dejarme llevar por la pena, pues sabía que si no era ese día, nunca podría soltar las lágrimas que guardaba. Gracias a ella, hasta en el último momento, me enseñó a no sentirme avergonzado por lo que hacía, desde el trabajo hasta mis emociones que le confesaba en la mesa de la redacción.

    Una amiga en común, Margarita Ramírez, me dio a entender que si no te ‘quiebras’ ese momento nunca lo podrás hacer y cargarás con la pena mucho más tiempo. De hecho, pensar así responde a la teoría sociológica de los rituales al entender el velorio como un mecanismo de reducción de complejidad ante emociones fuertes como la muerte. Pero en esos momentos no pensaba tan frío y me dejé llevar por las emociones más sensibles y puras.

    Por momentos deseaba tanto un hombro donde caerme para soltar la pena que es como una lágrima coagulada en el pecho, que duele en cada recuerdo fugaz de alegría con esa persona especial que extrañaremos. Aún siento que me queda algo adentro por sacar mediante los ojos… Pero seguro que a ella también le hubiese gustado que sea así, mediante mi creación en una publicación como esta, pues recuerdo que siempre me animaba a escribir este blog.

    Gracias, Lore, por tu pasión contagiosa y sensibilidad que aún hoy sigo aprendiendo de ti. ¿Y el caparazón? Que se quede en el armario, ya pesaba tanto que no me dejaba caminar y menos respirar.

    André Suárez Paredes

    noviembre 8, 2012
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    Amistad, Cementerio, Lorena Chauca, Muerte, Sepelio, Velorio
  • Gracias por el tiempo que compartimos

    Ahora siento una lágrima ahogada en mi garganta por alguien quien confió en mí más que yo en mí mismo. Lorena Chauca, desde que la conocí, me hizo notar aquel talento que yo nunca pensé tener en mi carrera periodística, desde mis pininos en la revista Impresión de la PUCP por el año 2008 hasta hoy en la página web del diario Publimetro.

    Tratarla siempre fue una sorpresa, pues su pasión profesional hacía notar que mis aspiraciones eran muy cortas, así que veía en ella un impulso en ser cada día mejor, a pesar de sus críticas ácidas pero muy sinceras. Sin importar sus arrebatos muy divertidos para mejorar mi trabajo, siempre supe que no me podía enojar con ella porque dependíamos mutuamente para seguir adelante con nuestros proyectos.

    Hoy guardaré para siempre sus consejos, su sonrisa y energía para seguir mejorando profesionalmente. Como persona, me llevaré las veces que reíamos juntos de cualquier cosa, así como nuestro inglés exagerado al decir «Barrrrack Obaaaaaama» o «Osama Bin Laaaaaaaden» para burlarnos de la CNN. Extrañaré tanto su presencia en el escritorio de la oficina, el miedo que sentía cuando revisaba mis escritos y la satisfacción al decirme que estaban bien. O cómo olvidar cuando te peleabas por decir «¡Yo lo descubrí!» cuando me enviaron de viaje a Puno y te sentías, incluso, más feliz que yo. Hacías que me sienta orgulloso, algo que siempre valoraré.

    Gracias Lorena por el tiempo que compartimos, siempre te tendré presente. Yo y todos quienes tuvieron la oportunidad de contagiarse de tu alegría por la vida.

    André Suárez Paredes

    noviembre 6, 2012
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    CNN, Impresión, Lorena Chauca, Prensa, Publimetro, PUCP
  • Miedo al vacío: chatear en BlackBerry mientras se conversa personalmente

    Cada vez creo convencerme de que los jóvenes tienen terror al vacío. Ahora está de moda, de alguna manera, estar siempre en contacto con alguien y no soportamos estar solos en ningún momento. Por ejemplo, chatear por BlackBerry cuando se conversa en persona con alguien más o desesperarse porque no hay música en una charla grupal entre amigos.

    Siento que cuando eso pasa es que hay personas que no se soportan así mismas como para estar en completa inactividad. Escribir en Facebook mientras se conversa con alguien es como querer estar en muchos lugares a la vez y no especialmente con quien se habla directamente. Yo lo considero una falta de respeto.

    El caso de los conciertos es clásico: hay gente que prefiere grabar sus canciones favoritas en el iPad (ridículo por el tremendo tamaño en pleno griterío) en plena presentación y perder la oportunidad de experimentar las sensaciones en directo. Se podrá ver las imágenes otra vez en el dispositivo, pero nunca experimentar lo mismo.

    Esto de grabar todo y tomarse cuánta foto permita la memoria de 3 GB muestra una preocupación por materializar los hechos sin recurrir a los recuerdos. Ahora, pienso, los jóvenes se cierran en la idea de compartir imágenes que han vivido, pero parecen no valorar las sensaciones del momento.

    La fotografía es solo una imagen en micras de segundo, mientras que el recuerdo es la misma fotografía con tantas dimensiones como sensaciones bien gozadas. ¿Cuál tú prefieres?

    André Suárez Paredes

    noviembre 4, 2012
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    App, BlackBerry, Chat, Facebook, iPad, iPhones, Redes sociales, Smartphones, Tecnología
  • Mirar a alguien hasta el rabillo del ojo

    Camino al trabajo trato de ver siempre a los ojos a las personas que se cruzan en mi camino, más aún cuando se trata de alguna joven muy linda. El motivo no es para nada sexual, sino un juego tonto de saber hasta que punto puedo robarme la mirada de esa persona. Si ella, quien pasa delante de mí, me mira hasta el rabillo del ojo es porque tuvo éxito en un 100%, pero si el contacto dura apenas un parpadeo, pues fue un fracaso.

    Realmente no se gana nada, aunque siempre pienso que se puede animar una conversación con ese detalle. La frase perfecta sería: «Discúlpame, ¿te conozco de un lugar?» y la conversación giraría en cualquier tema, desde vidas pasadas hasta gustos en común por una prenda en especial. Aún no lo hecho, pero sí amigos se han dado cuenta que he logrado llegar hasta el rabillo del ojo de la otra persona. Entonces, ¿por qué no animarme?

    En parte creo que se debe por el miedo al ridículo, pero viendo las cosas con cabeza fría nada malo puede ocurrir. Si todo acaba en una patinada olímpica para el Libro de los Récords Guinness, la anécdota no pasará de ese día, pues quedaste en el anonimato y, con suerte, en una buena historia para la otra persona. Ahora me siento más confiado en poder hacerlo, solo que aún creo no encontrar el lugar apropiado. Quizás un café o un pub en donde asistan personas mayores que yo, pero juro que un día lo haré. Cuando eso pase, pues verán una nueva publicación como esta.

    André Suárez Paredes

    noviembre 4, 2012
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    Amistad, Bar, Ojos, Parejas, Pub, Vista
  • Por visitar un lugar en donde estuve hace 22 años

    Hoy tendré la oportunidad de volver al lugar en donde fui bautizado, exactamente en una capilla ubicada en el Hospital Rebagliati. Lo curioso de este reencuentro con un espacio que no visito desde hace 22 años es que mi regreso será como flamante padrino de mi ahijado David, hijo único de mi hermana Andrea.

    Ahora que es de madrugada no dejo de preguntarme qué se sentirá volver a ese lugar luego de tanto tiempo. Me pregunto si tú, sí, tú, quien lees esto, también sentiste algo especial cuando regresas a los espacios que abandonaste hace mucho tiempo. Mi última experiencia así fue cuando visité mi colegio primaria, que abandoné en el 2000. Todo me parecía tan pequeño cuando mis recuerdos lo pintaban como un espacio enorme. Debe ser, imagino, por lo que era un niño de baja estatura, así que todo me parecía gigante.

    Tengo algunas ideas sobre qué hacer más tarde cuando visite la capilla. La idea más viral es tomarme una imagen en la misma pose cuando me bautizaron, pero, claro, nadie podrá cargarme como antes. Otra idea era pararme exactamente en ese lugar para sentir que en un tiempo pasado mi cuerpo también estuvo por esas dimensiones espaciales. Lo último que se me ocurrió también fue llevar la foto de mi bautizo y capturar una imagen superponiendo mi foto sobre el espacio real.

    Sea como fuese, la experiencia me intriga. Creo que es una práctica hasta algo romántica, una manera de hallarse en el camino pasado literalmente para reencontrarse con uno mismo.

    André Suárez Paredes

    noviembre 4, 2012
    Artículos
    Andrea Salazar, David, Familia, Historia, Hospital Rebagliati, Pasado
  • Hola, ¿deseas conversar conmigo?

    Siempre hacemos el habla para conocer muchas cosas, la hora, el nombre de una persona o el clima, pero creo que no disfrutamos realmente de lo que es conversar.

    Conversar, según la Real Academia Española, dícese del dicho de una o de varias personas y «tratar, comunicar y tener amistad con otra u otras». El problema con esta muy sencilla descripción es que socialmente esta práctica es percibida bajo una intención determinada. Por ejemplo, cuando un joven le dice a una chica para salir a conversar, pues nunca tuvieron la oportunidad en momentos anteriores, la fémina piensa algo como «Este cree que nací ayer. Obviamente quiere algo más».

    El escenario antes planteado creo que se solucionaría si es que entendemos la palabra conversar como un fin, mas no como un medio. Hay que dejar de lado, pienso, que conversar necesariamente se rige por valores económicos de beneficio y pérdida en captar la atención de otra persona. No se trata de engañar para mostrarnos interesantes, sino ser sincero primero con uno mismo para transmitir esa sensibilidad al resto, así como estar seguro de que la conversación será el fin único.

    Un buen conversador sería quien con mucha imaginación sabe cómo hilar la situación presente con experiencias pasadas, y dar la confianza para compartir historias con un completo extraño. Obviamente, ese extraño dejará de serlo si es que existe reciprocidad, así como intención de también escuchar a la gente sin miedo al ridículo.

    André Suárez Paredes

    octubre 29, 2012
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    Conversación, Hacer el habla, Mujeres, RAE, Real Academia Española, Sociología
  • We’ll always have Paris

    A veces recordamos experiencias pasadas con pequeños elementos de la vida diaria; más aún, volvemos a sentir aquel impulso olvidado con tanto placer que nos hace viajar en el tiempo de un suspiro. Un antiguo beso, una sencilla caricia o un abrazo en medio del frío son algunos gestos que nos acompañarán, quizás, para el resto de nuestros días.

    Lo que se siente luego de cada recuerdo lúcido, para identificarlo de alguna manera, es una sensación indescriptible de tristeza vaga, caracterizada por los ojos que apuntan a un espacio vacío. El pecho se llena de aire frío difícil de expulsar. La respiración se corta, las bocanadas de aire ingresan de a poquitos y los pulmones de achican. Las manos tiemblan y, en el borde de la desesperación, se acarician entre ellas para disfrutar mejor la reminiscencia.

    Seguro de que estas impresiones también fueron percibidas por Rick Blaine en las últimas escenas de Casablanca (1942), cuando se despide de Ilsa Lund, quien siente revivir su amor por Rick a pesar de estar comprometida. El diálogo en el aeropuerto pasó a la eternidad.

    Ilsa: You’re saying this only to make me go.
    Rick: I’m saying it because it’s true. Inside of us, we both know you belong with Victor. You’re part of his work, the thing that keeps him going. If that plane leaves the ground and you’re not with him, you’ll regret it. Maybe not today. Maybe not tomorrow, but soon and for the rest of your life.
    Ilsa: But what about us?
    Rick: We’ll always have Paris.

    Todos tienen su París, aquel proscenio imaginario en donde actúan nuestros recuerdos en obras concluidas para seguir adelante. Es decir, episodios que tienen un tiempo de vida determinado y que debemos gozarlos sin piedad ni arrepentimientos para no padecer de nostalgia en el presente, algo que Rick hizo alejarse de Ilsa con suma decisión.

    Sin embargo, no todos los episodios terminan en el punto final de los finales. Hay veces que las obras suelen tener secuelas sin fecha de estreno y cada recuerdo lúcido es como un tráiler de una película que quizás nunca veamos. Si me lo preguntas, o se lo cuestionas a Rick, creo que eso pasa porque así es París: bella, impulsiva, temible, seductora, apasionada y difícil de olvidar, con palmas que arden como brazas cuando te tocan la piel y respira fuerte como si fuese la combustión del delirio y frenesí producto de un beso robado.

    André Suárez Paredes

    octubre 29, 2012
    Artículos
    Casablanca, Cine, Ilsa Lund, Rick Blaine
  • Confesión de un joven alma de viejo

    Una linda joven me convenció que tengo alma de viejo. Claro, cuando ella me lo dijo, pues comencé a preguntar más amigos por curiosidad. La respuesta puedo resumirla en una sola oración. «Mientras todos chupamos para jodernos la vida, ¡tú eres el único que nos pide recapacitar!», me dijo un colega en el almuerzo.

    Yo pensaba que era un aburrido, pero resultó que no, que realmente es una actitud caracterizada por una mirada cansada y sin sorpresas a mi joven vida, como si en mí viviera una paz envidiable de alguien entrado en años. Mi apariencia puede confundirlos, pues llevo una barba no tan larga que me suma unos tres años y un cabello largo-medio-hippie que denota dejadez por las apariencias y la moda.

    Como no me dejo llevar por lo que me dicen, hice una autocrítica sobre lo que me gusta hacer en reuniones sociales. Las fiestas ahora me parecen insoportables con tanta bulla y mujeres que apuestan por el licor para abandonar el recuerdo de un ex o simplemente hacerse la noche con un tipo que jamás volverán a ver. Mi descripción, como se nota a leguas, pues resulta una crítica a lo vacío que puede resultar ese tipo de diversión. ¿No te ha pasado que estás ante mucha gente en la mejor discoteca de Lima y te sientes sola? Algo así.

    Ahora apuesto por los pubs, por la bebida más o menos cara con el fin de hacerla durar en la conversación y por conocer historias muy interesantes del resto. Se puede pasar más de seis horas en una discoteca con harto licor, pero saber poco de quienes andan contigo. Hablo, señores, del encanto que es conversar, porque resulta una suerte de llenar tu historia de vida con otras vidas hechas historias.

    André Suárez Paredes

    octubre 26, 2012
    Artículos
    Amistad, barba, bebida, Conversación, Dialéctica, Discoteca, Historias, Lima, Reuniones sociales
  • ¿Cómo sabes que algo está mal si no lo has hecho?

    ¿Cómo sabes que robar está mal? Pues porque te dijeron que está mal y, además, está mal porque está mal. ¿Cómo sabes que mentir en malo? Pues porque nos enseñaron que mentir está mal, que las mentiras tienen patas cortas y que está mal, porque está mal. ¿Pero acaso todo eso lo sabemos porque sentimos realmente que está mal? Creo que solo unas muy pocas.

    Vayamos a lo elemental. ¿Cómo sabes que algo está mal? Pues por una educación circunscrita en valores sociales predeterminados. Esto hace que las personas automodulen su comportamiento para la correcta convivencia en la comunidad. Bajo esta premisa, el sujeto social sentiría sentimientos de autocensura en momentos que planea hacer lo «prohibido». Un ejemplo sería botar la basura fuera del tacho, pues antes de hacerlo sientes una culpabilidad que te impide mucho hacerlo.

    Ahora toquemos temas más extremos, como el asesinato y la infidelidad. Tú sabes que está mal, porque está mal, pero realmente no sentimos que sí está muy mal, pues no lo hemos hecho aún. Es decir, no podemos tener idea de algo que está mal hacerlo, porque no lo hemos hecho y no sentimos que realmente esté mal. Si crees que sí, pues dame la idea de un color que nunca viste antes. ¿Pudiste hacerlo? Sé que no, pues no puedes crear una idea de cualquier cosa sin antes haber recibido una impresión.

    Difícil de creer, lo sé, pero las cosas como son. Pensar de esta manera me ayudó a experimentar mayores sensaciones sin caer en la autocensura, pero no hay que descartar el grado de responsabilidad de nuestros actos. Lo mejor, pienso, es no sentirse mal cuando te equivocas porque forma parte de crecer. Y al equivocarte amplías tu conocimiento sobre lo que está mal, porque recién lo vas a sentir en toda su magnitud.

    André Suárez Paredes

    octubre 23, 2012
    Artículos
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Disculpa si te puse triste…

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