NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • El mecanismo N-E-R-D

    No suelo ver fútbol nacional, pero me siento identificado con Alianza Lima por razones históricas: descendiente de raza negra, siento simpatía por el club obrero de La Victoria fundado en 1901. Este mecanismo de elección, basado en data informativa para argumentar mis preferencias, es recurrente en varios aspectos de mi vida, y en Cuba no fue la excepción.

    Además de tomarme el mejor mojito de la isla en el bar ‘Dos Hermanos’, mis labios tuvieron el placer de saborear el mejor havano. ¿Pero cuál de toda la variedad? Nuevamente, aplicando mis argumentos nerd, aposté por consumir los havanos ‘Montecristo’. La razón es sencilla: fue la misma marca que Ernesto Guevara de la Serna, El Ché, consumía durante su estancia en Cuba tras la revolución, y su gusto era más suave al resto del mercado. Al volver a Lima, no fui tan egoísta para regalarle a mi madre los habanos que a mí me gustaban, así que para sorprenderla -aplicando nuevamente el mecanismo nerd- le traje habanos ‘Cohiba’, los mismos que fumó el líder guerrillero Fidel Castro. Además del presente, sé que a mi madre le gustó el motivo de mi elección.

    No hay que ser monos cuando se trata de escoger algo bueno, porque el resto piensa que así lo es. No te creas intelectual si has leído todos los ‘best seller’ en literatura, ya que pueda que esa información no haya abarcado tus pasiones, mismas que resultaron las menos populares. Igual pasa con la música, hasta que no hayas tu género musical, te rendirás al gusto del resto: repetitivo, comercial y plástico.

    Foto: Jorge Royan – Wikimedia. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 17, 2014
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    Alianza Lima, Best seller, Cohiba, Cuba, Deporte, El Ché, Ernesto Guevara, Ernesto Guevara de la Serna, Havanos, Literatura, Montecristo, Nerd, Porno, Pornografía, Xvideos
  • De puntitas en la escalera

    A veinte centímetros del último escalón
    reposa de puntitas el aliento de mi verdad.
    A ojos cerrados se deja caer de amor,
    tropieza en mis brazos sin asustar.

    Se deja ver a contraluz su silueta,
    templada como los labios que callan
    sus palabras, esas que no se expresan
    al ahogarse en deseo en la almohada.

    Estirada sobre sus pequeños pies,
    cuelga la sonrisa más hermosa,
    siente desmayarse de felicidad.

    De puntitas no ha dejado de ver
    a quien sus abrazos atesora:
    el miedo delicioso de amar.

    Y sin querer despegarse el alma,
    esta impregna el reflejo de su sonrisa
    sobre la piel de otra temblorosa ánima.

    Pendiendo del último escalón,
    ambos resbalan, caen en picada
    sobre el vacío que aterriza
    la base de un futuro: la pasión.

    Foto: Chris Smith/Out of Chicago – Flickr. Bajo la licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 17, 2014
    Artículos
    Poesía
  • Universos infinitos, verdades universales

    Tú, si estas leyendo esto, te diré que eres un universo único de sensaciones, pasiones, defectos y valores. Ese eres tú, es tu huella emocional, tu carta de presentación ante demás universos que luchan por un espacio para sobrevivir, algunos imponiendo sus ideas, otros aceptando la relatividad de los valores universales. ¡Incluso los transgresores de tu manera de analizar el mundo pertenecen a una orden natural del universo!

    Sin embargo, en algún recodo del camino, te cuestionarás si tus verdades pueden ser apreciadas por el resto de universos. No estoy hablando de autenticar lo que sientes a través de la opinión del resto, sino transmitir esa verdad para que sea considerada como tal, y no una mera sensación circunstancial; una labor parecida a explicarle a los daltónicos que el césped es verde cuando ellos lo aprecian de otro color.

    Lo importante es ser fieles a nuestro propio universo, convencernos de lo que sentimos, respiramos y apasiona de verdad. Cuando se trata de exhibir esa verdad a otros universos, ten muy en cuenta el desacierto que puedes sentir al ser medido por la misma vara, como si tu verdad pretendiera imitar otra verdad pasada para ser recién validera para los demás. Todos somos una mezcla única de emociones, por lo que nuestras verdades no se limitan a sacudir los miedos del pasado, sino sentar la base de un nuevo comienzo para apreciar, ya en muchos años, el trayecto de una confesión sincera, esa que se originó con amor en las más largas reflexiones. Una verdad que derrocha su determinación cuando los párpados descubren los ojos, que teme ser desperdiciada por los temores del ayer, la misma verdad que brilla segura del devenir.

    Foto: ESO – Wikipedia

    André Suárez Paredes

    marzo 16, 2014
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    Relaciones de pareja
  • Cada viaje, cada promesa

    Antes de viajar a La Habana y Varadero, recuerdo haber leído que lo divertido de cualquier travesía es la ida y el regreso. Una vez que llegué a esas dos ciudades, de hecho, lo chévere también fue eso: la idea y el regreso de los nuevos lugares que visitaba, como que la meta solo fuese un nuevo punto para dirigirte a un nuevo horizonte.

    A esta diversión muy personal, introspectiva, debe sumarse la promesa. En mi libreta de temas lo apunté así: «Cada viaje, cada promesa», como quien busca hacerme acordar ahora los pendientes que tuve en Lima a la hora de llegar. Salir a cualquier parte, sean las playas del sur o el interior del país, te despejan de una ciudad cargada de tu energía disipada y edificios-testigos de tu humanidad.

    La sensación de partir es la de desenterrar antiguas suposiciones a temas que te hartaban la cabeza, como la del estratega que reordena sus tropas desde las alturas de un avión que se aleja entre las nubes. Para todo esto, existe la promesa de volver con el cuchillo sobre los dientes, cual pirata al abordaje, sin miedo a ser herido o muerto en su plan de recuperar un tesoro: las pequeñas joyas que conforman tu felicidad plena. Ser un exiliado de pensamiento a cientos de millas, allí donde convive la incertidumbre, hace que el pensamiento se alumbre, se active los nervios de acero y sacude el prejuicio contra las causas perdidas.

    Haberme ido a Cuba hizo todo eso, obvio, con algunos mojitos y habanos de por medio. Ahora cuando me preguntan «¿Qué tal tu viaje?», no sé, en realidad, qué diablos responder. Imagino que cualquier dato que encuentre en Internet, pero no desnudaría el alma explicando este post: mi exclamación al deseo más profundo del querer, ese que se quedó con parte de mi humanidad creadora. Ni modo, siéntete especial, esta es solo una parte de la respuesta que nunca doy cuando me preguntan por mis vacaciones.

    Foto: katerha – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 12, 2014
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    Ánimo, Cuba, Habanos, Humanidad, Internet, La Habana, Mojitos, Pirata, Promesas, Turismo, Varadero, Viajes
  • No pueden andar

    Cuando digo que aterrizo del cielo,
    es porque mis pies no pueden caminar.
    Que del beso aterricé al suelo
    y traje un globito de las estrellas
    que deambulaba errante con miedo
    sobre un mar cargado de estelas.

    Y ese globito lo até a mi dedos,
    lo cuidaba de su propia mente,
    quería huir, la atajé con mi pecho,
    escuchó los latidos del corazón.
    Quería escapar, dejarme lejos.
    Temblaba como quien siente amor.

    Ya cuando me desgarraba la piel,
    su fuerza agarrotaba mis brazos,
    pasé mis labios por su corteza,
    frené sus tirones a besos.
    Cerré los ojos y, en la tiniebla
    de mis párpados, el silencio.

    Y sentía un cuerpo acercarse,
    podía verla sin abrir los ojos,
    tomó mis manos, de mi piel adueñándose
    el calor de mi dermis y despojos
    de una imaginación inacabable.

    La visión volvió con el tiempo,
    al tiempo que ella me besó,
    y me halaba por nuevos senderos
    para hacer caminos al andar.
    Le dije que me espere un rato,
    que mis pies no pueden caminar.

    Foto: Christian Holmér (crsan) – Flickr. Bajo la licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 9, 2014
    Artículos
    Poesía
  • Humanidad creadora

    Por qué tiemblas
    si segura no estás
    de qué te enamora:
    el gesto de mis letras
    o su humanidad creadora.

    Si ya estás temblando,
    y te pesan los recuerdos,
    qué habita en tu ahora:
    la rima de estos versos
    o su humanidad creadora.

    Cuando sientas olvidar,
    desgarrarte la piel
    por huellas de memoria,
    qué habitará tu recuerdo:
    mi extinción forzada
    o mi humanidad creadora.

    Ya cubierto de tiempo,
    descartado de pasión,
    herido de prejuicio,
    qué vive la vida mortuoria:
    frases hechas de olvido
    o mi humanidad creadora.

    Si hallas mis grafemas
    la pasión prohibida,
    ¡qué temblor te enamora,
    sino el resultado de mi vida,
    destilada por el nombre de ella,
    mi maldita humanidad creadora!

    André Suárez Paredes

    marzo 7, 2014
    Artículos
    Poesía
  • Señales…

    Caminas por la calle escuchando la radio y ¡BAM! pasan el tema que menos querías escuchar para el momento. O ves la televisión antes de dormir y ¡BOOM! trasmiten una película que jamás has visto, pero te entretiene porque es justo lo que te viene sucediendo. O subes al bus para irte al trabajo y ¡BLAAAM! una pareja pelea sobre cosas que ni importan, y te ríes porque pasaste por lo mismo y sientes ahora que eran solo tonterías.

    Me pregunto por cuántas señales habremos pasado en la vida, esas experiencias que suceden por casualidad, pero a las que brindamos de cierta perspectiva para darle sentido al destino. Con cada señal, digamos, existen infinitas perspectivas para analizarlas y enseñanzas para el futuro. También están las señales que exaltan las emociones, que las acomodan en los escenarios menos pensados para sentir la omnipresencia de un orden natural.

    Vale aclarar que hay señales unidireccionales, creadas por la mera casualidad, pero muy instructivas. Solo hay que aprender cómo recibirlas, porque en un futuro pensaremos que significaron todo lo contrario. Las señales son circunstanciales muchas veces, haciendo que el ciego vea donde más le conviene ver; no obstante, hay veces que dan luz sobre los temas más oscuros de nuestras vidas, revelando las sombras que produce el brillo de la razón. Digamos que estas suelen mostrarnos a la fuerza las demás perspectivas que no consideramos en momentos de crisis. O también inspiran bellas creaciones como tributo al destino de las pequeñas revelaciones.

    «Si te sientes más solo que la luna…», escuché en la barra de mi hotel en Varadero. Justo la radio donde pasaba el tema estaba situado debajo de un espejo, por lo que vi mi reflejo junto a un vaso de mojito y una libreta de cuero del Che, donde despojé el alma para sentirme acompañado en mi travesía. Señales, pensé de inmediato. Abrí el cuadernito y empecé a escribir.

    André Suárez Paredes

    marzo 7, 2014
    Artículos
    Relaciones de pareja
  • Soundtrack de un viaje a Cuba

    Siempre tuve la idea de escribir un post con una canción de fondo, así como un soundtrack para los lectores (ir al final del post). En esta oportunidad escogí el tema «De la ausencia y de ti», de Silvio Rodríguez, por ser un obra excepcional cuando se anda extrañando a alguien especial si viajas a otro país.

    La madrugada del martes regresé de La Habana por motivos de vacaciones. A diferencia de mis vacaciones pasadas en Santiago de Chile, estos días en el país caribeño los viví sin compartir con alguien las maravillas que iba descubriendo. La soledad hacía que los turistas me vean con cierta nostalgia al ofrecerme tomarme una foto en los sitios históricos de la capital cubana. Todo vale cuando trato de no tomarme un selfie.

    El tema de Rodríguez ya lo había escuchado hace años, cuando estaba recién en mi segundo ciclo de la universidad; por lo que me la pasaba repitiendo algunas frases en mi mente para sentir que esa canción maravillosa me aliviaba la nostalgia de la lejanía. Y qué mejor título que «De la ausencia y de ti», como un tributo a la soledad repentina y el recuerdo de tiempos mejores.

    No quisiera un fracaso en el sabio delito
    que es recordar.
    Ni en el inevitable defecto que es
    la nostalgia de cosas pequeñas y tontas
    Como en el tumulto pisarte los pies.
    Y reír y reír y reír,
    Madrugadas sin ir a dormir.
    Sí, es distinto sin ti.
    Muy distinto sin ti.

    Qué angustia era querer escuchar esa canción y no tener el medio para poderlo hacer: el internet era pésimo y la radio pasaba cualquier cosa, menos esa canción de 1969. En ese momento me di cuenta que una canción se siente distinto dependiendo de las experiencias que se vive, porque siempre renovamos con el tiempo las perspectivas sentimentales. Será que esta canción fue el soundtrack de todo mi viaje en Cuba, hecho por una bolsa de huesos con la mitad enterrada en la memoria de una joven miraflorina.

    Cuando apunté este tema para el blog, estaba de pie viendo el amanecer desde el treceavo piso del hotel Habana Libre, observando desde qué punto de la ciudad sale el sol y la inmensidad del océano Atlántico. «Madrugadas sin ir a dormir. Sí, es distinto sin ti», me canté viendo al espejo antes de acostarme otra vez, esperando el desayuno.

    André Suárez Paredes

    marzo 6, 2014
    Artículos
    Relaciones de pareja
  • Los locos del mundo diferente

    ¿Nunca se han preguntado qué es lo correcto? En términos sociológicos, lo ‘correcto’ no es más que una convención social. Suele pasar que estas convenciones no siempre son las mismas, ya que lo ‘correcto’ varía según cada comunidad. El problema ocurre cuando las convenciones se transforman en prejuicios, evitando el análisis de la diversidad.

    Por lo tanto, antes de hablar de lo ‘correcto’, debemos enfocarnos en la mínima expresión de las grandes comunidades: el sujeto social. Este será, según sus intereses individuales, quien determine qué será lo correcto e incorrecto según las circunstancias que atraviese.

    Como el derecho de uno termina donde empieza el del otro, lo ‘correcto’ tendría características a priori según la ética formal kantiana. El filósofo Immanuel Kant señaló que toda máxima del comportamiento humano debe ser universalizada. Si la máxima genera contradicciones al aplicarse en todas las personas, esta resulta éticamente incorrecta porque es egoísta, limitada a los intereses individuales.

    ¿Pero qué pasa si hacer lo ‘correcto’ no nos hace feliz? ¿Se está haciendo realmente lo ‘correcto’? Si somos esclavos de las convenciones sociales, no habrá otra que cargar con la piedra por el resto de la vida, sintiendo que el prejuicio del resto es un castigo merecido. No falta quienes observen todo el panorama, analicen cada acción ad hoc para vislumbrar las maravillas del comportamiento humano, siempre sensible a los cambios, como si cada persona fuera un universo distinto con una variedad de grises por conocer.

    Como dije anteriormente, soy kantiano hasta los huesos: creo en la universalidad de las máximas que dirigen mi vida. ¿Y cómo son mis máximas? Pues sinceras hasta el tuétano, esperando ser fusilado por la verdad, pero siempre de pie, y descansar con la sonrisa de haber hecho lo ‘correcto’, porque así lo sentí. ¿Para qué hacer lo ‘correcto’ si no sientes que haces lo ‘correcto’? Odio el prejuicio del resto, pero qué se puede hacer cuando te llaman loco por hacer un mundo diferente.

    Foto: loop_oh – Flickr. Bajo la licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 6, 2014
    Artículos
    Relaciones de pareja
  • Mientras soñaba dormir

    ¿A dónde iré cuando esté por encima de esta gran ciudad,
    cuando el avión atraviese el hábitat de los sueños
    de quienes descansan sin pensar en quienes piensan en ellos?

    ¿Qué espacio me espera ahora si entre los sueños que atraviese
    hay alguien que también piensa en quien ahora se aleja
    como abandonando la tierra y el cuerpo que desea?

    Dónde estarán mis sueños si vuelo por encima de los tuyos,
    si estarán contigo o más allá de las estrellas.
    A dónde irán si despiertas y ya no estaré ahí.

    Por cuánto tiempo más duran los recuerdos inmediatos,
    las sensaciones intensas que alargan las horas,
    la decisión de no pensar para solo sonreír,

    la yema de los dedos que recuerdan tus labios,
    nuestros silencios que gritaban amores,
    el adiós tan largo que sabea a hasta luego.

    Y ya cuando me aleje hasta el tiempo que deba volver,
    atravesaré los sueños por encima de los tuyos,
    aterrizaré en la tierra que lleva tu nombre.

    Vendré siendo un apátrida buscando tu hogar,
    náufrago sediento por beber de su alma
    de los labios que en una noche domó

    y sentirás el alivio de no haberme ido nunca,
    que en la ausencia seguía en alguna parte
    y te contaré que ya lo sabía,
    pues me vi mientras te soñaba dormir.

    El primer poema luego de cuatro años. Como narré anteriormente en este post, ahora sí llamen a la policía.

    Foto: Egil Fujikawa Nes – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 25, 2014
    Artículos
    Quisiera ver cómo te ríes ahora o solo callas mientras recuerdas mis últimos gestos antes de partir, Volveré por ti
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Disculpa si te puse triste…

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