NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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    No tengo mucho que contarte, aunque ya descubriste el vacío que crea la miopía del instinto, la crápula maldita que negué hasta confirmar la desdicha que tanto ataqué, el «buen salvaje» del siglo XXI. Y no tengo mucho por decirte, puesto que no hay mayores palabras en el haber del orgullo, el vacío cajón de las excusas, el perdón irreconocible ante tu justicia, mi justicia que antes defendimos y que ahora soy víctima.

    No hay mucho que decirte ahora que archivaste letras ahogadas en la almohada, el océanos de pequeñas lágrimas donde navegas en la mar de la confianza. Que te usurpe esos mares sin derecho, que transgredí el límite donde era un héroe…. Me encuentro en la aduanas del desvarío.

    Y ahora que firmo papeles de libre tránsito por el camino del fracaso, quizás no volvamos a pisar los mismos adoquines, que no volveríamos a pelearnos por el control de la TV o que quizás nunca más volver a quejarnos de nuestros fuertes ronquidos en la madrugada.

    Ahora que sabes que soy un perfecto imperfecto, ahora que el orgullo se nos marchita indiferente como las rosas plasticas del mercado, ahora que podamos quizás, y solo quizás, volver a vernos a los ojos luego del beso que nunca existió o recostarnos entre las pieles cálidas tersas, entre sábanas que funcionan como páginas en blanco a una novela de amor… y pueda que ahora me despida, pues, con nada más que sin el todo de una parte de ti, con el segundo punto de los suspensivos del devenir, con el salto del trampolín en el borde de la navaja y con 100 puntos de perfecto clavado en la soledad.

    André Suárez Paredes

    abril 14, 2018
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    Reflexión
  • El posible día más feliz de mi vida

    El posible día más feliz de mi vida sería cuando las mujeres sean quienes saquen a bailar a los hombres en las discotecas. Quizás también lo sea cuando sean ellas mismas quienes se manden al latido del corazón en la mano. Un día feliz de mi vida sería posible si quizás -y solo quizá- si las mujeres que tienen 10 en hermosura dejen de tener 0 en chance a poder hacerla.

    El posible día más feliz sería cuando la cuenta del MSN sea el requisito de toda posible conquista. Y más feliz aún si fuera el teléfono. Uno de los días más felices quizás sea que en el bus se sienten conmigo para conocerme en los asientos de dos personas. Un posible día feliz sería tener la llave de todo tema de conversación sin que recaiga en el sarcasmo.

    Un posible día más feliz de mi vida quizás sea… y solo quizás, si alguien conocerá esta cosa que muy pocas conocen llamada cortesía.

    ¿O sería piedad?

    André Suárez Paredes

    abril 13, 2018
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    Vida
  • Stonadas

    Stonada 1

    Me pregunto por qué los bolivianos siempre están tan enojados. Seguro porque no tienen mar. Y más que un disgusto histórico en perder un extensa costa, pues este disgusto se podría ampliar a la vida cotidiana de los bolivianos de hoy. Por ejemplo, me imagino cómo serán las lunas de miel cuando todas las mujeres tienen por fantasía una cuartito frente al mar. Qué lunas de miel frustradas bolivianas habrán ocurrido, porque no cumplen el deseo de su pareja de un cama frente al mar. Seguro que verán sus ríos o alquilarán un cuarto en el lago Titicaca para disfrazar la ausencia del mar. Una salida angustiosa cuando la luna de miel se fermenta ante la imposibilidad de ver las olas del mar.

    Stonada 2

    Todo el fenómeno de la gripe porcina me da la sensación que esta será una enfermedad para quedarse en la humanidad. Así como hoy tenemos el resfrio común, el cancer, la hepatitis, el colera o la gripe A, la comun, que todo el mundo tiene y que se pasa con una pastillita de Panadol, la gripe porcina será su nueva y flamante remplazante. La taniflu, la medicina contra la porcina, será vendida en unos años como la pastilla cotidiana contra la gripe, me imagino. Seguro que esta gripe traerá más muertes, pero creo que está sucediendo un caso de asimilación de esta enfermedad, que será considerada como «común» en un tiempo más.

    Stonada 3

    Cuándo será el día que la naturaleza corrija lo que por equivocación ha creado. Cuándo se reinvindicará el adefeso-contra-natural ante el devenir de la naturaleza. Imaginemos un caso: dentro de unos cinco años se detecta una nueva enfermedad, transmitida por hormigas contagiadas de material radioactivo. Las personas comienzan a morir intoxicadas en sus cocinas y en los parques. Todos se desesperan y algunas religiones comienzan a perderse en el mundo, porque los insectos ahora son peligrosos. Las noticias registran miles de muertes, pero nadie se ha dado cuenta que los niños Down son inmunes a esta enfermedad. La naturaleza reinvidicó con la superviviencia a las personas que nacieron con un mal congénito.

    André Suárez Paredes

    abril 12, 2018
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    Reflexiones
  • La pequeña afortunada del bus

    Mientras leo el periódico en el bus, escucho cómo una niña, que esta sentada de copiloto del chófer, grita entusiasmada por todo lo que encuentra a través del parabrisas. «Sí, hijita, ya lo veo», dijo el chófer mientras su hija bebe de un tomatodo con un sticker de Los Padrinos Mágicos.

    Luego de observar a la pequeña, junto a su maleta escolar, veo que entre ella y el chófer hay un asiento de bebe vacío, esos asientos que se ajustan a los autos para seguridad del niño.

    «Papá, mira, una bandera enoooooorme», grita la niña mientras sacude los pies entusiasmada. Su papá no le presta atención por un rato, porque es precavido con la amenaza policial. Ve otra vez a su hija y se ríe. De pronto, el chófer voltea toda su cabeza…

    «Pasajes, señor…», me dijo la cobradora. Mientras luchaba con el bolsillo trasero para que las monedas zafen de un ajustado jean, la cobradora se acerca donde la niña y le da un beso en la cabeza, le guarda su tomatodo que estaba vacío y le limpia la boca con un pañuelo.

    Entendí la escena, en el bus estaba toda la familia del chófer del bus. Su hija como copiloto y su madre como cobradora. Un bus que transitaba Lima como la casa andante, que lastimosamente no puede ser fija, porque el tiempo laboral acorta esos minutos de dialogo familiar.

    Un bus donde reían los tres, un bus que, seguro, para el padre-chófer no es un martirio su labor si su familia está detrás de él: cobrando unas moneditas para la mesa o encontrando banderas por las plazas grises de nuestra ciudad.

    Me pregunté cómo hicieron los padres para recoger a su hija y acompañarlos en el bus. Imagino un rato y encontré una respuesta lógica: el colegio de su niña se encuentra en la ruta que el bus hace siempre por la ciudad. Le dirá a su niña que a tal hora para el bus donde labora para que ella suba sola al bus.

    Imagino aún más. ¿Cómo sería decir «mis papas me recogen en auto» cuando realmente su padre maneja un bus público?

    Lo que vi esa tarde era un cuadro romántico entre la desazón de las labores, de un bus ajeno a sensibilidades poéticas, pero sí una casa rodante donde la pequeña niña juega con su padre, sin tener la razón de juzgarlo por desatento, como siempre hacen los hijos con los padres, por culpa del maldito trabajo… tal como lo dijo Franco De Vita en una triste canción.

    André Suárez Paredes

    abril 11, 2018
    Artículos
    Reflexión
  • Luna de hepatitis

    Sueño de
    verte
    recostada
    en tu
    infinita
    oscuridad
    encima
    de la
    humanidad
    besándote
    los pies
    descalzos
    en eterno
    silencio
    a ti
    debida
    por las
    noches
    de
    memoria
    al
    amor
    que
    escapó
    a las
    fronteras
    del universo
    en la punta
    de los labios
    iluminados
    y desnudos
    bajo una
    luna
    de
    hepatitis

    André Suárez Paredes

    abril 11, 2018
    Artículos
    Poesía
  • El segundo cumpleaños de Nicole

    Hoy es el cumpleaños de mi sobrinita Nicole. Y eso me hace recordar que su nacimiento, ocurrido hace dos años exactamente, motiva cierta reflexión sobre la cesaria y la magia del nacer. Claro, si es que existe ese término, pero como a lo que me refiero es el consagramiento del «nacimiento» de las personas.

    Recuerdo que a las cuatro de la tarde visité por primera vez a mi sobrina en la Clínica Gonzales, ubicada en Lince. Era pequeñita, con su característico atrevimiento al quitarse siempre la colchita que la cubría: las primera evidencia de su carácter majadero y travieso.

    Ella estaba echada en una especie de dormitorio con varias camillas donde reposaban varios bebes. Mi hermano me señala a través de un vidrio quién es Nicole. Mi hermano temblaba hasta los huesos y toda la familia estaba dentro de un cuarto, esperando a la bienaventurada madre luego de parir a una bebe «muy gordita para su edad, señor», como describió el doctor que conversó conmigo y mis padres.

    Le pregunté a mi hermano a qué se debía su preocupación. Él me dijo que Nicole nació por cesaria y «cualquier cosa puede pasar. Ya sabes como es la casualidad y todas esas cosas. Me preocupa cómo estará Alessandra», me contó mi hermano mientras se distraía hipócritamente con el televisor: un punto más al raiting del programa que veía, pero cero en interés de seguro.

    Como suelo ser el más perdido en la familia, el último en enterarme sobre las cosas, pregunté a la suegra de mi hermano y me contó que efectivamente «Alessandra estaba internada desde hace una semana antes que Nicole salga. Ella vino, porque la bebe no salía».

    En eso se acerca mi padre, con su tono policial, de la división antiestafa de la DIRINCRI, y repuso: «En realidad, eso de la cesaria es un negocio para las clínicas. Ya casi nadie nace naturalmente, porque no sabes cuánta plata ingresa por el tratamiento».

    Regresé mi mirada a la vitrina para ver a Nicole durmiendo. Me pregunté si ella alguna vez me preguntará -cuando sea grande- qué es el destino. Alguna vez me tocará el tema y no tengo -al parecer- con qué cara contestarle.

    O sea cómo podría existir para ella si su nacimiento formó parte -siguiendo la retórica de mi padre- de un negocio de la clínica. «Mira, Nicole, tú naciste, porque el doctor metió la rata a tus padres. O sea, naciste hoy, primero de agosto, porque simplemente así se quiso. No fue cosa de la naturaleza ni nada por el estilo», algo así sería mi respuesta, supongo, cuando ella crezca y me pregunte cosa semejante.

    Por ahora no habla, pero seguro que me lo pregunta con sus ojos cuando sabe que debe dejar de ver Hi5 para ir a la cama o dejar de ver Barney para comer el desayuno, porque se enfrenta al querer, al estado presente, como la vaca de Kant, con los deberes categóricos y el porvenir…

    Foto:  Good Free Photos

    André Suárez Paredes

    abril 10, 2018
    Artículos
    Familia
  • El hipocondríaco

    Lo bueno de ser hipocondríaco es hacer las pases con la muerte con cierta regularidad. De esa forma, pienso que ya uno entrena para aceptar cualquier fatalidad. Bien es cierto que la pasas angustiado ante la incertidumbre de no poder identificar a qué se debe determinada dolencia o malestar. Sin embargo, no se trata de una angustia por la muerte en sí, sino de no saber qué tienes exactamente. ¡Eso sí me mata! Y yo que me como las uñas puedo llegar hasta el codo mientras espero a mi turno en los pasillos de cualquier clínica.

    Pases con la muerte

    Como la imaginación no tiene límites, así como la información disponible en Google sobre un sinnúmero de enfermedades, en más de una oportunidad acordé qué actitud iba a tomar si me diagnostican alguna enfermedad incurable. Lo más lógico es atravesar primero los cinco pasos de la aceptación (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) para luego asumir la situación y tomar acciones según las circunstancias.

    Cuando por fin tenga cabeza para controlar la desesperación que te quedan unos cuantos meses, semanas o días de vida, he pensando en simplemente irme a la deriva por el mundo. Sea en bus, avión o a pie, el horizonte es el límite sin importarme las comodidades. La razón es sencilla: prefiero morir de manera accidental arriesgándome a actividades de mediano o alto riesgo que simplemente dejarme morir en la cama de un hospital.

    Si voy a morir que sea yéndome al límite. No le daré el gusto a la enfermedad de que me mate primero.

    Resignación

    Podrán pensar que mi actitud ante una muerte anunciada es ciertamente cobarde: no lucho por mantenerme en vida, sino apuesto por tentar a una muerte accidental haciendo lo que más me complace. La verdad es que sí, imagino que para muchos es un acto de cobardía, pero realmente me vale.

    No tiene nada de cobarde elegir mi propia forma de morir, porque no se trata de dar cuentas a los vivos de cómo has acabado tu vida, sino que forma parte de una autodeterminación personal. Hablo de una satisfacción tan única que no puede ser evaluada o valorada por opiniones externas. No hay valores absolutos sobre cómo debe ser una buena muerte.

    Si no pude elegir el camino de la vida, porque así es la fatalidad. ¡Al menos sobre mi muerte elijo yo!

    Foto: Jesse Krauß – Wikimedia Commons. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    abril 10, 2018
    Artículos
    Muerte, Vida
  • El amor es un invento de Televisa

    Leyendo algunas buenas ideas, pocas frases inteligentes y viendo varios «XD» en el Facebook, encontré una frase sacada del baúl empolillado de las decepciones amorosas. Una frase que salpica mi genio con gotas de mar hechas por manotazos de una ahogada.

    «El amor es un invento de Televisa»

    ¿Y que tal que sí?, me pregunté mientras apuntaba el mouse a la opción de comentar dicho escrito. No me acuerdo bien qué escribí, pero sí mi apoyo incondicional. Ella repuso: «Cómo te ríes de mi desgracia».

    Luego de apagar el computador comenzó la reflexión seria y animada, ¿y si es verdad? ¿Si vivimos en una sociedad emocionalmente estructurada por las emociones miméticas que muestran las novelas? ¿Si somos los personajes fatalistas de nuestra propia telellorona? ¿Si tu, mujer lectora, acaso no puedes vivir el sueño de ‘María la del barrio’ o hundirte en las playas como ‘Marimar’? ¿Y tú, hombre lector, acaso no te sientes el joven clase-mediero que busca conquistar a la chica que tiene por padre el explotador de tu familia?

    ¿Y si el amor es un invento de Televisa? ¿El día de los enamorados es un invento promocional de TV Azteca? Quizás mi amiga Carla vea con desmedro aquellos besos «de mentirita» de los personajes novelescos-televisivos, mientras late las ganas de cambiar el canal para dejar de ver un invento que ella aún no entiende.
    Y yo… bueno… buscando las pilas para que funcione el control remoto.

    André Suárez Paredes

    abril 9, 2018
    Artículos
    Reflexiones
  • Lo que nadie se imagina 29

    La noche por Barranco era tan fría que congelaba el pecho, el corazón clausurado por despecho, por el desamor. Los amigos que miran ávidos a las chicas no eran correspondidos: se querían largar del boulevard al no sé donde, pero aseguraban que ese desconocimiento era más divertido que estar parado pasando frío. Ellos buscaban sexo fácil y divertido.

    «Un poco de letra, cojudo… algo que tu no sabes», me dijo el Pepe Rioba, que consume la última hoja de marihuana para luego pisar el troncho. Lo miro absorto y no supe cómo responderle, ¿le daría la razón? Acaso cómo sabe que aún soy virgen… Lastimosamente, como dice siempre mi padre cuando me ve con los amigos, los chibolos crecen rápido, tan rápido que a los doce años debutan los jóvenes.

    Yo tengo 16 y aún nada… piticlean… sanito… virgen, pues.

    Pepe Rioba agrupa a nuestra gente. Eramos unos cinco malandrines sedientos del encanto por la incertidumbre e hiperactivos por las hormonas revueltas. «Vamos a malograr a este huevón», decía Pepe agarrándome por el cuello. Cierto que no fumo marihuana como él, pero algo quería hacer conmigo.

    «Hay que llevarlo al troca a este brother, hay que llevarlo al dentista», dijo Pepe mientras guardaba sus cigarros. Todos me miran y accedieron. Me mostraron el dinero para que acepte, que todo iba a ser pagadito. Pues cómo no iba a serlo, si nos reunimos esa noche, porque era mi cumpleaños.

    Bajamos del taxi justo al frente del «dentista». Se trata un local medio abandonado, por la Victoria. Mi amigo me cuenta, mientras ingresamos, que el local lo alquila un dentista para que vayan las putas vayan a hacer lo suyo. Ingreso y el olor al típico plástico dental se adentra a mis malos recuerdos con el dentista. Veo a mujeres semidesnudas caminando de un lado al otro. Habían tan solo tres clientes muy ebrios. Dos de ellos dormían y el otro gozaba del seno de una de las prostitutas.

    «Cómo lo lame el huevón. Piensa que es el de su niña», djio Pepe mientras me jalaba hacia un extremo del local.

    Las chicas parecían conocer a Pepe. Sucede que él es del barrio y aquí todos se conocer por sobrevivencia ante la inclemencia delicuencial de las calles de La Victoria.

    «Leidy, ya pues, baila para el piticlean de acá», gritó Pepe mientras me sentaba a la fuerza.

    Ni apenas caigo, una chica de unos treinta se acerca hacia mí. EN el camino se saca el sostén y acerca sus dos senos al rostro. Ella bailaba frenética, a ritmo del dinero que le dieron mis amigos antes de acercarse a mí. Ella se menea, mis amigos gritan como los nómadas, como el instinto de los hombres cuando claman por sexo salvaje. Me miran todos viendo mis movimientos, mi soltura, mi clase de introducción a la hombría, al decir «cogí la teta de una mujer que me tiré»: la titulación de un muchacho joven como yo.

    «Agárrale las tetas, cojudo. Para eso hemos pagado», me recomienda Pepe. Los demás miran ávidos las contorsiones de la chica. Yo, helado, temblaba… incluso, debajo del pantalón.

    «Agárralas, huevón!», gritaron los demás al unísono. «Agárrala cojudo, ya que esperas, mierda», decía otro que estaba en la barra.

    Trataba de distraer la mirada para no ver ese voluptuoso cuerpo. Ella se acerca, se acercan sus senos y yo en medio, entre dos gigantescas montañas donde al escalarlas con las manos se debaten mi pertenencia al grupo, mi valor como macho cabrío entre la gente, entre mí mismo y mi debut… Ella se acerca´más. Me susurra al oído… «hazlo… vamos… hazlo, papi», dijo suave, cándida… deliciosa.

    No le contesté y mis manos suben hacia sus pechos tensos y pesados por la gravedad.

    Los apreté y el resto fue el grito sórdido del de seguridad, un par de mierdas y carajos que clavaron sobre mí el peso de la vergüenza ajena.

    «Cochino de mierda», me dijeron las señoritas de la noche mientras vomitaba la poca bilis que tenía en el estómago. Las nauseas, mi vómito en el suelo tibio, el olor a cigarro… mi vómito en el suelo otra vez.

    Una vez en la calle, Pepe me toma del hombro. «Carajo, eres más salado», dice entre risas. «Eres un cague de risa, en serio. Mejor vámonos».

    Cómo no reírse de la situación si cuando apreté los senos de Leidy estos expulsaron leche materna directo a mi boca… Y yo que soy intolerante a la lactosa desde que nací.

    André Suárez Paredes

    abril 8, 2018
    Artículos
    Cuento, Sexo
  • Un gran viaje

    Quiero hacer un viaje y todo el mundo me dice que estoy loco, pero creo que de eso se trata, de simple locura para hacer a pie y con un poco de suerte el tramo que planeo cubrir.

    Espero que alguno esté animado en acompañarme, porque sería de mucha ayuda motivacional ya que nadie de los que conozco está muy animado en decirme. Algunos me dicen que puedo irme solo, cosa que lo estoy pensando, pero mejor es compartir dicho viaje con alguien. Más que por seguridad, lo digo por compartir, no?

    Ocurre que planeo hacer el siguiente viaje. Primero ir de Lima a Huancayo, Junin. Luego de Junín ir al sur hasta Ayacucho. De Ayacucho ir a Arequipa. De Arequipa ir al sur hasta Santiago de Chile y ser recibido espero por mi amiga Paula Mena. Luego de estar en Chile, iría a la sierra chilena para cruzar la frontera hacia Argentina, hacia Mendoza. De Mendoza ir al este hacia Rosario y de allí a Buenos Aires querido…

    El regreso aún está pendiente. No sé si regresar en avión, cansado de tan largo viaje o regresar en tierra por Bolivia hasta dar con Puno y de allí a Lima.

    Sea como fuese, planeo largarme de esta ciudad con la meta de ver otras cosas. ¿Y por qué el motivo de tan largo viaje? En realidad es el sueño de tan solo salir de la ciudad y enfrentarme a cosas nuevas. Leer Diario de Motocicleta, ruta que hizo Ernesto Guevara, y las travesías del periodista Kapuscinski en África son cosas que me hacen decir «¿qué diablos hago acá? debo irme». Ojala que este viaje lo realice y que no se quede en tan solo un deseo juvenil. Si no es hoy, no será nunca…

    América, espérame que allí voy.

    André Suárez Paredes

    abril 7, 2018
    Artículos
    Turismo
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Disculpa si te puse triste…

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