NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Consejos para ordenar tus cosas como si fueras a morir

    El 2019 recién empieza y en cualquier momento te puedes morir. Lo siento, pero es la verdad. La muerte no avisa y siempre cae bien ser algo ordenado para que la familia no bote a la basura nuestros tesoros. Si en algún momento irás a abandonar el mundo, al menos ten la delicadeza de mantener tus cosas ordenadas y preparadas para la posteridad. Quizá en uno de los rezos durante el velorio te lo agradezcan.

    No es broma

    Bastante crudo, ¿verdad? La muerte siempre es un tema tabú para la sociedad occidental, pero la cultura nórdica sí que supo adaptarla a la cotidianidad en la vida moderna. Una muestra de esta singularidad es el libro ‘El arte sueco de ordenar antes de morir‘, de Margareta Magnusson.

    La obra es una especie de tributo a lo que en Suecia se conoce popularmente como el döstädning, un acrónimo de dos palabras que significan «muerte» (dö-) y «orden, limpieza» (-städning).

    El arte de ordenar tus cosas antes de morir es una especie de meditación sobre la intimidad, sobre el balance de las cosas que nos pertenecen y aquellas que abandonamos, porque no suman nada a nuestra historia. Recordemos que lo que tanto coleccionamos con cariño forma parte de nuestra identidad a lo largo del tiempo, incluso cuando ya no estemos presentes en vida.

    Tips para ordenar tus cosas antes de morir

    ‘El País’ de España compartió algunas recomendaciones de Margareta Magnusson sobre qué debemos hacer para estar en paz con nuestro entorno y cómo ordenar nuestros cachivaches antes de partir. Todo se resume en seis puntos bastante interesantes.

    1) Dedica tiempo a los objetos antes de botarlos. ¿Cómo es posible pasar tiempo con algo que tiraré al tacho? ¡Eso hará que el desprendimiento sea más difícil! Magnusson piensa todo lo contrario. «Me divertí mucho revisando mis pertenencias, recordando sus historias. Si no recordaba por qué las guardaba, era fácil deshacerme de ellas. Si quería regalar algo, era bueno que el objeto tuviera una historia».

    2) Los lugares donde atacar. El sótano, el desván y el armario del recibidor son las zonas acaban los objetos que menos necesitamos. «Puede que encuentres una casa de muñecas o unos palos de hockey (…) En su mayoría, cosas que ya no te hacen ninguna falta». Deja estos espacios libres y tendrás dónde trasladas los objetos que tienes sin usar.

    3) La ropa es lo primero en pasar revisión. Sucede que la vestimenta tiene fecha de caducidad. La moda cambia y las tallas también. Tirar la ropa vieja es la mejor forma de ganar espacio.

    4) No lo hagas solo. Busca a un amigo o un familiar con quien depurar tus cosas. Magnusson recomienda invitar a alguien que no sea parte del círculo íntimo. «Alguien que no sea de la familia y que no tenga un vínculo sentimental con los objetos de los que quieres desprenderte».

    5) Regala tus cosas. «Si te invitan a comer, no le compres a tu anfitrión o anfitriona flores o un regalo: dale una de tus pertenencias», señala la autora. La idea es interesante, pues ahorras espacio y dinero en obsequios. Si el objeto cuenta con una historia interesante, este tendrá un valor adicional importante. Ya depende del agasajado valorar del obsequio.

    6) Notitas para el futuro. Magnusson recomienda tener un espacio (una caja, por ejemplo) donde depositar tus recuerdos más especiales para luego dejar una indicación a quien lo encuentre. Como son objetos especiales para ti, en caso de que mueras, puedes dejar escrito que se deshagan de la caja. Es una manera de evitar a los curiosos, aunque eso depende del respeto que te tengan una vez fallecido.

    André Suárez Paredes

    enero 3, 2019
    Artículos
    Psicología
  • Los mejores libros de ficción del 2018, según el New York Times

    Ya le hemos dicho adiós al 2018. El mundo editorial aún tiene sorpresas para darnos en los próximos meses del presente año. Para evitar la tediosa espera por libros de calidad, será mejor echar mano de las mejores obras de ficción del año que pasó.

    La lista de los diez mejores libros de ficción del 2018 fue elaborado por el portal New York Times. Aquí te comparto el título de cada obra y su respectiva sinopsis oficial. El último seleccionado es un caso especial, pues no se trata de un libro en sí. Echa un vistazo y te llevarás una sorpresa.

    Los mejores libros de ficción de 2018

    Trilogía de la guerra, de Agustín Fernández Mallo

    Sobre estos tres escenarios se han librado batallas: la isla gallega de San Simón albergó un campo de concentración durante la guerra civil española, Vietnam fue la gran herida de la Norteamérica de los sesenta, la costa de Normandía fue testigo del final de la Segunda Guerra Mundial. Como las estrellas, que nos alumbran aunque estén extinguidas, los caídos de estas contiendas están unidos a los protagonistas de esta historia que, desde los mismos lugares pero hoy, entrelazan sus destinos mediante conexiones sorprendentes.

    Con una intensidad creativa que no da tregua al lector, Trilogía de la guerra despliega un caleidoscopio de narraciones que cristalizan en un insólito pero certero retrato del siglo XX y el desconcertante XXI. Como si W. G. Sebald y David Lynch se hubieran aliado para desvelarnos la cara B de nuestra realidad.

    Agustín Fernández Mallo, uno de los grandes renovadores de nuestras letras, llega aquí a cotas no exploradas y escribe su proyecto más ambicioso, con su estilo integrador de disciplinas como la ciencia, la cultura popular y la antropología, en una novela atravesada por una poética de enorme magnetismo que logra trazar un mapa concreto y trascendental de la contemporaneidad.

    Prestigio, de Rachel Cusk

    En un avión, una mujer escucha a su vecino de vuelo contarle la historia de su vida: su trabajo, su matrimonio y la horrible noche que acaba de pasar enterrando al perro de la familia. Esta mujer es Faye, una escritora que viaja a Europa para promocionar un libro que acaba de publicar. Ya en su destino, las conversaciones que mantiene con la gente que se encuentra sobre familia, política, arte, amor, penas y alegrías, justicias e injusticias abordan algunos de los temas más trascendentales que el ser humano puede plantearse. La diferencia entre lo que estos interlocutores son y lo que representan, entre lo que son y pretendieron ser, le sirve a la narradora para explorar su propia intimidad.

    Comedia, de Dante Alighieri

    «Hay obras maestras que se empiezan sin plan preciso ni determinado y cuyos autores van haciendo de la necesidad virtud, rizando el rizo de la invención. El mejor ejemplo es tal vez el Quijote, pero la Comedia pertenece a otra categoría, la de las obras que son el resultado de la premeditación, la deliberación y la perseverancia de sus autores. En el caso de Dante, exiliado de Florencia y condenado a la hoguera si volvía a su ciudad, no sería inadecuado hablar incluso de contumacia, de insistencia en el imperdonable “error” de crear algo profundamente nuevo e insólitamente personal». Dramática y tenebrosa en el Infierno, pictórica y melancólica en el Purgatorio y luminosa y musical en el Paraíso, la Comedia es a la Edad Moderna lo que la Odisea a la Antigüedad. Esta nueva traducción de José María Micó, melódica, precisa e inspirada, invita al lector de habla hispana a adentrarse en el personalísimo universo dantesco y acompañar al poeta en su viaje por los tres reinos ultramundanos.

    Kentukis, de Samanta Schweblin

    Casi siempre comienza en los hogares. Ya se registran miles de casos en Vancouver, Hong Kong, Tel Aviv, Barcelona, Oaxaca… y se está propagando rápidamente a todos los rincones del mundo. No son mascotas, ni fantasmas, ni robots. Son ciudadanos reales, y el problema -se dice en las noticias y se comparte en las redes- es que una persona que vive en Berlín no debería poder pasearse libremente por el living de alguien que vive en Sídney, ni una persona que vive en Bangkok desayunar junto a tus hijos en tu departamento de Buenos Aires. En especial cuando esas personas que dejamos entrar a casa son completamente anónimas.

    Los personajes de esta novela encarnan el costado más real -y a la vez imprevisible- de la compleja relación que tenemos con la tecnología, renovando la noción del vouyerismo y exponiendo al lector a los límites del prejuicio, el cuidado de los otros, la intimidad, el deseo y las buenas intenciones. Kentukis es una novela deslumbrante que potencia su sentido mucho más allá de la atracción que genera desde sus páginas. Una idea insólita y oscura, tan sensata en sus reflejos que, una vez que se entra en ella, ya no se puede salir.

    Lo que más me gusta son los monstruos, de Emil Ferris

    Esta es la historia de Karen Reyes, una peculiar niña de diez años que vive en la oscura Chicago de finales de los sesenta. Lleva un diario gráfico que refleja su pasión por las películas de terror de serie B y la iconografía de las revistas pulp de monstruos. Se retrata a sí misma como una niña-lobo vestida de detective y, como tal, se propone un día resolver el misterio que rodea el asesinato de su bella y enigmática vecina del piso de arriba, Anka Silverberg, una superviviente del Holocausto.

    Mientras Karen investiga el crimen, veremos pasar las vidas fascinantes e interconectadas de todos quienes la rodean: su hermano Deeze, cuyo alistamiento a Vietnam es inminente y a quien tortura un secreto del pasado; su madre Marvela, una mujer impredecible que ha sacado adelante a una familia parcialmente disfuncional; Sam Silverberg, el Rápido, baterista de jazz recién enviudado; el Sr. Gronan, casero del edificio y mafioso a tiempo parcial; Sylvia Gronan, esposa de este y conocedora de los secretos de la comunidad; el Sr. Chugg, un ventrílocuo de extrañas costumbres; y el extraño y conmovedor catálogo de amigos de Karen, reales e irreales a partes iguales.

    Cuando las pesquisas de Karen se ramifiquen hasta llegar a la Alemania nazi, va a manifestarse claramente cómo pueden converger lo personal y lo político, el pasado y el presente, y cómo incluso el bien puede albergar una porción de lo monstruoso.

    Ahora me rindo y eso es todo, de Álvaro Enrigue

    La novela arranca con la vindicación de la escritura y la construcción de un paisaje. Ese paisaje es fronterizo ?entre México y Estados Unidos?, y en él irán apareciendo personajes, del pasado y del presente. Asoman misioneros, colonos y también los otros, los indios de las tribus ya civilizadas o aún salvajes. Asoma una mujer que huye por el desierto, y un militar que persigue por ese desierto a unos indios que han robado ganado. Y también el mito de Gerónimo, el apache rebelde, y un escritor que recorre esos parajes en busca de las huellas de la historia… Y esos y otros personajes que se van sumando acabarán confluyendo en esta narración total y mestiza, suma de western, relato histórico, épica, leyenda y metaliteratura. El resultado: una obra de enorme ambición y de una perfección rara, deslumbrante.

    Lincoln en el bardo, de George Saunders

    La Casa Blanca, febrero de 1862. Mientras Abraham Lincoln intenta hacer frente a una guerra civil que apenas acaba de comenzar, su hijo Willie fallece con tan sólo once años. Incapaz de dejarlo ir, el presidente visita la tumba en la que descansa el cuerpo, mientras el pequeño, atrapado entre la vida y la muerte, en un limbo habitado por fantasmas que ignoran su destino, se enfrenta a su propia lucha en lo más profundo de su alma.

    A partir de un hecho real, George Saunders nos invita en su primera novela a un banquete para la imaginación y entrega su trabajo más original hasta la fecha. Desarrollada en un cementerio a lo largo de una sola noche y narrada por un magnífico coro de voces, Lincoln en el Bardo es una experiencia literaria única que habla del amor, la pérdida y los vínculos familiares.

    Saunders, reconocido internacionalmente como maestro del relato corto, ha sido galardonado con el Premio Man Booker por esta «obra extraordinaria», «única» e «increíblemente gratificante», en palabras del jurado.

    Pelea de gallos, de María Fernanda Ampuero

    Pelea de gallos narra desde diferentes voces el hogar, ese espacio que construye -o destruye- a las perzonas, aborda los vinculos familiares y sus codigos secretos, las relaciones de poder, el afecto, los silencios, la solidaridad, el abuso… Es decir, todos los horrores y maravillas que se encierran entre las cuatro paredes de una casa: el espanto y la gloria de nuestras vidas cotidianas.

    Fausto, de Johann Wolfgang von Goethe, ilustrado por Miquel Barceló

    Algo más de 15 años después del extraordinario trabajo que supuso la ilustración de la Divina Comedia de Dante, Miquel Barceló se enfrenta a un nuevo reto: la ilustración de otro gran clásico universal como es el Fausto de Goethe.

    Los grandes temas del maestro alemán cobran nueva vida en las acuarelas de Barceló: el deseo de inmortalidad, la seducción por lo diabólico, el debate entre el amor eterno y la pasión carnal, el ansia insaciable de conocimiento. Miquel Barceló se une así a la larga nómina de creadores que han enriquecido con su arte a uno de los mitos más fascinantes que ha engendrado la imaginación humana: Marlowe, Gounod, Thomas Mann, Bulgakov, Murnau, Berlioz, Wagner, Liszt, Mahler, Schumann, Pessoa, Turgenev, Delacroix…

    La traducción del clásico alemán es de Helena Cortés Gabaudan, y se presenta en edición bilingüe alemán castellano. Este primer volumen contiene 72 ilustraciones más las guardas, en un libro de 240 páginas, es decir que prácticamente un tercio del libro lo conforman las acuarelas de Miquel Barceló. Un trabajo excepcional para un libro llamado a pasar a la historia del arte.

    El mal querer, de Rosalía

    Esta obra es una excepción. No se trata de un libro en sí, sino de un álbum de la cantante española Rosalía. Su tema principal es una relación tóxica dividida en capítulo de la cual sale victoriosa la mujer. El disco viene con un booklet con varias fotografías de la artista haciendo homenaje a cuadros de mujeres semidesnudas del pintor Francisco de Goya.

    André Suárez Paredes

    enero 2, 2019
    Artículos
    Ficción, Libro, Literatura
  • Intento perderme

    Hago el intento
    de perderme
    en otras
    constelaciones…
    de extraviarme
    en otros vestidos,
    de abandonarme
    en otras manos,
    de hallarme desnudo
    en tantas flores…
    Andar así, perdido
    o vagabundo
    y adormecido
    en los olores
    de otras pieles,
    enredado en
    mis ideas
    y besando otras
    tantas frentes…

    Que intento perderme
    de las sobras
    de las ilusiones,
    de la locura
    de estar vivo,
    de andar demente
    como los felices,
    sin sentirnos culpa…

    Pero no te prometo nada,
    no pretendo hallarme
    donde no me quieren
    ni perderme donde
    nadie me busca…

    Solo intento
    perderme…
    Solo intento
    perderme…

    Foto: Matthias Ripp – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    enero 1, 2019
    Artículos
    Poesía
  • Revelan que 536 fue el peor año para estar vivo en la historia

    Hoy en día pensamos que todo pasado fue mejor. De algunas manera, lo que hacemos es idealizar las experiencias pasadas frente la incertidumbre del presente. Lo curioso es que los antiguos también habrán pensando que el pasado fue mejor ante la incertidumbre de su presente. ¿Me dejo entender? Algo así como ‘Medianoche en París’ (2011), cuando el protagonista descubre que incluso las personas de la Belle Epoque añoraban un pasado mejor.

    El peor año de la historia de la humanidad

    Teniendo en cuenta el relativismo sobre el «pasado fue mejor», ¿qué tal si echamos un vistazo a cuál fue el peor año de la historia para vivir? Parece una pregunta muy divertida para cualquier reunión con los amigos, pero sucede que la ciencia ha aportado lo suya con una respuesta bastante sólida.

    El peor año para vivir es el 536. Michael McCormick, historiador medieval y arqueólogo de la Universidad de Harvard, explicó a Science Magazine que desde ese año no hubo recuperación económica hasta 640 por culpa de las condiciones meteorológicas y epidemiológicas.

    Sucede que en 536, durante el décimo aniversario del reinado del emperador bizantino Justiniano el Grande, el cielo se cubrió de una niebla polvorienta que cubrió los rayos solares. Esto ocasionó un descenso de la temperatura que llegó a la marca de ser el clima más frío registrado en los últimos 2300 años. A esto se suma los daños colaterales como sequías, fallos en los cultivos y una hambruna generalizada.

    Años después, en 541, la peste bubónico hizo lo suyo en Egipto, donde la epidemia se conoció como la ‘plaga de Justiniano’. McCormick habla de un colapso de un tercio a la mitad del Imperio Romano del Este.

    La niebla misteriosa

    Recientes investigaciones apuntan a que la catástrofe mundial a inicios de los 530 se debió a actividad volcánica. Las cenizas expulsadas a la atmósfera fueron tan densas que llegaron a cubrir los rayos del sol, ocasionando un corto enfriamiento global.

    Según muestra de hielo analizadas en la Antártida y Groelandia, hubo dos erupciones considerables, una registrada en 536 y otra en 540. Recién un siglo después se pudo notar a través de la renovación del hielo que hubo una mejora en el medio ambiente.

    Foto: Open Grid Scheduler – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    diciembre 31, 2018
    Artículos
    Historia
  • El ‘Breakup haircut’, la razón por la que te cortas el cabello tras una ruptura

    Cortarse el cabello es un ritual. Suena exagerado, lo sé, pero si prestamos atención a los detalles, notaremos que hay aspectos interesantes sobre lo que significa cambiar de look radicalmente y especialmente tras eventos traumáticos.

    Quizá leyendo esto te acuerdas de Britney Spears, quien se rapó en 2007 tras salir de rehabilitación. Sería atrevido pensar que lo hizo simplemente por culpa del desequilibrio emocional. Hay algo más. Siempre hay algo más.

    Parte de nosotros

    El cabello forma parte esencial de nuestra apariencia y, por lo tanto, de nuestra identidad ante el resto. Modificarlo significa también cambiar algunos aspectos de nuestra identidad a los ojos de los demás.

    Lo mismo sucede con la ropa y cualquier accesorio. Todo añadido a nuestra apariencia es a la vez la creación de un discurso de lo que buscamos proyectar a la sociedad.

    El ‘Breakup haircut’

    La situación más cliché para un cambio radical de cabello son los rompimientos. Esta se ha popularizado tanto que en inglés hay un término para eso: el ‘Breakup haircut’ (corte de pelo de ruptura).
    ¿Pero qué lleva a alguien practicar el ‘Breakup haircut’, una práctica tan extendida que hasta es reconocida en una sola expresión?

    De acuerdo con la psicóloga Jara Pérez, entrevistada por Verne, «el pelo largo es pelo viejo, así que significa cortar literalmente con el pasado. También físicamente marcas una diferencia de cara a los demás y mandas el mensaje de que estás cambiando».

    La especialista agrega que este tipo de cambios ayuda a sentir que volvemos a tener el control de nuestras vidas a través de un ritual. «Vivimos en una sociedad que cada vez presta menos atención a estos rituales, pero nos ayudan a marcar etapas y despedirnos de unas cosas y dar la bienvenida a otras», agregó.

    Aunque cortarse del cabello tenga beneficios para nuestra psique, hay que tener en cuenta que la satisfacción es momentánea. Lo mejor es aprovechar ese impulso anímico no para huir de los problemas, sino para redireccionar los esfuerzos por superarlos.

    Cambiar la apariencia puede ser una vía de escape o una oportunidad para reinventarse. Si estás por hacerlo, te deseo la mejor de las suertes.

    André Suárez Paredes

    diciembre 30, 2018
    Artículos
    Psicología
  • No pienses

    No pienses en las razones de lo ineludible
    ni te resuelvas en nuestros enigmas.
    No pienses siendo tu misterio predecible,
    no seas de noche lo que te arrepientes de día.

    No pienses en sanar las heridas que aún no se abren
    ni huyas de ti misma llevándote el botiquín.
    No pienses sintiendo el remordimiento de ser culpable
    ni te ocultes con excusas antes de partir.

    No pienses en la esperanza de lugares tranquilos
    ni en las ganas de desvanecerte entre las olas.
    No pienses que hay algo mejor en caminos distintos,
    no pretendas quedarte a oscuras ni me temas a solas.

    No pienses que no hay tiempo para tendernos boca arriba.
    No pienses en los cabos perdidos que ato con mis versos.
    No pienses en hallarte siempre cuando no estás perdida.

    No pienses si es que estos labios aún saben a tu besos.
    No pienses en decirme adiós en el abrazo de despedida.
    No pienses… Solo no pienses si es que otra vez nos vemos.

    André Suárez Paredes

    diciembre 29, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Lo que nadie se imagina 36

    Una noche cualquiera después del trabajo me topé con un ser mitológico. Se trata del encargado de pegar estos anuncios de ‘Masajes eróticos’, ‘Préstamo inmediato’ y ‘Atraso menstrual’ en el suelo de las calles del Centro de Lima; alguien que únicamente sabemos de su existencia por su trabajo, pero que nunca lo hemos visto en plena ejecución de su labor publicitaria.

    Estaba por cruzar la vereda para ingresar a Jirón Carabaya cuando hicimos contacto visual. La calle estaba vacía, así que era imposible disimular mi curiosidad. Él se levantó tras pegar un anuncio en la vereda y se me acercó para preguntarme la hora.

    «Son las 9.30 de la noche». Aproveché su consulta para detenerme frente a él y así forzar una conversación espontánea.

    «Alucina que nunca he visto a las personas que pegan estos anuncios en el piso de las calles…». Fui sincero con mi curiosidad. El sujeto en cuestión inspiraba confianza. Aparentaba tener 27 años, casi mi contemporáneo, y su contextura delgada no suponía una amenaza para mis pocas habilidades de defensa personal.

    Se levantó el gorro rojo por el calor y secó el sudor con una de las mangas de su polera. Esboza una sonrisa como esas que uno dibuja en el rostro ante una situación extraña, pero no incómoda. Me pregunto cuántas veces le habrán dicho lo mismo en plena jornada laboral. Me respondo que ninguna. Siempre yo y mis dudas cojudas.

    «¡Pues tócame que soy realidad!», me respondió antes de echar una carcajada. Estaba dispuesto a irse, pero no podía dejarlo ir tan fácil.

    «Imagino que ponen los anuncios en el piso para que los dueños de los locales no los retiren de sus paredes. Finalmente, el piso es de todos, ¿verdad?». Agregué algo más para no quedar en ridículo. Quería saber algo más, aunque no supiera qué.

    «Eso es lo más obvio. Pero hay algo más… Cuando estás cagado de la vida, ¿qué haces?». Veo un brillo en un sus ojos. Noto que hay algo que me quiere contar y a la vez lucirse con cierto conocimiento que el resto de los mortales desconoce.

    «No lo sé, buscar una solución», respondo lo más neutral posible para no perderme nada de lo que vendrá.

    «Exacto, buscas una solución. Si eres de los creyentes, mirarás al cielo buscando una respuesta en Dios. Pero sucede que esos son muy optimistas, no son el público objetivo de nuestros anuncios de abortos, masajes o préstamo de plata. Nosotros buscamos a los desesperados, a los que ya están cagados. ¿Y tú que haces cuando estás cagado?».

    Pensé un momento y cuando estaba dispuesto a hablar, él se me adelanta con una sonrisa pícara.

    «¡Pues mira el suelo! De acuerdo con la casuística en la depresión humana, las personas tienden a mirar el suelo mientras reflexionan sobre cómo resolver sus problemas más agobiantes. Es allí donde entro yo con mis anuncios. ¿Qué otra persona puede estar tan jodida como quien espera un hijo indeseado? ¿O como quien debe dinero al banco? ¿O como quien busca el cariño ajeno de una mujer? Sin duda, todas estas personas verán en algún momento el suelo en algún momento del día y nada más concurrido que las calles del Centro de Lima».

    Me reí por todo lo que estaba escuchando, especialmente por la seriedad de quien me explicaba toda esta lógica de algo que me parecía -hasta ese entonces- tan sencillo como papelitos pegados en el piso de la calle.

    «Me voy, compadrito. Tengo más chamba».

    Cortó la conversación para perderse a la vuelta de la esquina. Su mochila parecía cargada con bloques de más anuncios. Imagino que le tomará buena parte de la noche.

    Conocimiento popular. Fue lo primero que se me ocurrió al seguir mi camino mientras me dirigía al paradero de buses. A veces resulta increíble cómo el ingenio, a falta de bases académicas, hace que gente común y corriente llegue a reflexiones tan profundas como la depresión, la psicología y el marketing de servicios de dudosa reputación. Ingenio humano, le llaman.

    André Suárez Paredes

    diciembre 28, 2018
    Artículos
    Cuento, Ficción, Lo que nadie se imagina
  • Los países más generosos del mundo, según Gallup

    Medir la generosidad de una población es una labor muy difícil. De hecho, entender la generosidad por sí misma es una tarea compleja, debido a que se trata de un concepto gaseoso con distintos significados. A esto hay que sumar los elementos de evaluación para dar con una cifra de generosidad para así dar con una comparación en términos estadísticos.

    Una aproximación a la generosidad, pienso, la podemos hallar en el Diccionario de la Real Academia Española. Por algo es una institución que recoge el significado de los términos del habla hispana para llegar a un consenso sobre el alcance de las palabras.

    generoso, sa
    Del lat. generōsus.

    1. adj. Dadivoso, franco, liberal.
    2. adj. Que obra con magnanimidad y nobleza de ánimo. U. t. c. s.
    3. adj. Abundante, amplio. Plato generoso. Escote generoso.
    4. adj. Excelente en su especie. Caballo generoso.
    5. adj. p. us. Noble y de ascendencia ilustre.

    Midiendo la generosidad

    Menuda tarea. Quienes sí se tomaron este trabajo en serio es la compañía de análisis global Gallup y su reciente estudio sobre los países más generosos del mundo.

    Las variables analizadas por la firma para dar con los países más generosos del mundo fueron el porcentaje de la población de cada país está donando, quiénes se ofrecen como voluntarios y cuánta gente ayuda a personas extrañas.

    La muestra fue elaborada a partir de entrevistas a 153 000 personas en 146 países diferentes, con unas 1 000 personas por cada país como participantes.

    Los países más generosos del mundo

    El país que lidera la lista de los países más generosos del mundo es Indonesia, seguido por Australia y Nueva Zelanda. Recién en el cuarto lugar está Estados Unidos por delante de Myanmar y Kenia.

    Llama la atención la poca cantidad de países del primer mundo en el ranking de Gallup. ¿Será que la producción interna no es sinónimo de bienestar?

    «El PIB puede aumentar, pero no significa que las vidas de las personas estén mejorando”, afirma Jon Clifton, el socio gerente global de Gallup.

    En la categoría de países con más donaciones benéficas, Myanmar ocupa el primer lugar con una contribución que alcanza el 90% de personas. En el podio, le siguen Indonesia y Australia.

    Finalmente, respecto al voluntariado, Indonesia destaca frente a Liberia y Kenia.

    André Suárez Paredes

    diciembre 27, 2018
    Artículos
    Artículos
  • La vez que decidí morir

    Hace un par de veranos decidí morir. Nunca me olvidaré de ese instante ni del terror que llegué a sentir cuando asumí, quizá con hidalguía, que el futuro no era una alternativa ante la posible pérdida de alguien especial.

    No hablo de cualquier pérdida como los adioses que duran para siempre o los «desaparece de mi vida» que operan en forma de chantaje. Me refiero a algo que el árabe supo reducir a una sola expresión. Ya’Aburnee. Literalmente significa «tú me entierras a mí», y hace referencia al deseo de morir antes que una persona cuya ausencia sería insoportable.

    Aquel verano

    Lo que sucedió hace un par de veranos fue una visita a las playas del sur de Lima. Estaba en Lobos con quien era, por aquel entonces, mi enamorada. Habíamos discutido por algo que ya ni recuerdo. Ella había tomado la delantera en el mar, yo la seguía un par de metros atrás en una zona de la playa cuya corriente es bastante fuerte cuando el agua se retira de la costa.

    Lo sé muy bien, porque desde pequeño he conocido esa playa y he visto a bastante gente morir ahogada cuando es llevada por la corriente. Prácticamente no hay oportunidades cuando eso sucedía. Mis padres siempre mi advirtieron de esa zona que, desde lejos, parece muy tranquila. Nunca hay que confiarse del mar.

    «Vuelve, estás yendo muy adentro». La advertencia no fue escuchada por mi enamorada, quien justo en ese instante sumergió la cabeza. Cuando volvió a estar a flote supe que era demasiado tarde. Ya la corriente se la estaba llevando y noté en sus ojos la desesperación.

    Yo clamé por ayuda, algunos bañistas advirtieron de nuestra situación pero nadie hacía nada. La veía a ella irse cada vez más. El miedo se apoderaba de mi cuerpo, estaba entumecido. Una idea atravesó mi cabeza y fue entonces cuando crucé la línea de la zona segura para hacer lo que desde muy niño me dijeron que nunca haga. Llegué a tomarla de la mano y la impulsé hacia mí para ganar tiempo a la marea y así esperar a que una ola nos botara. La espera fue larga. A pesar de la adrenalina, no podía ganarle a la corriente, menos aún si toda mi fuerza estaba dedicada a sacar a mi pareja de la zona de peligro. Lo último en que pensaba era en mí.

    Felizmente la ola que esperábamos llegó tras infinitos segundos de chapoteo. Mi cuerpo se dejó llevar. Estaba sin fuerzas y mi pareja pudo sacarme del agua una vez que pudo sentir el fondo. No hablamos de lo sucedido hasta llegar a tierra firme minutos después. Estábamos muy nerviosos.

    No podía irme sin ti

    El tiempo pasó. Mi relación se terminó a los meses de aquella anécdota que -hasta el día de hoy- me acompaña para hacerme recordar de lo que soy capaz de hacer por alguien. Lo que siempre me llamó la atención fue esa idea que atravesó mi cabeza para irme detrás de mi ex sin importar mi integridad.

    La respuesta fácil y romántica es que fue por amor. Imagino que sí, pero dicho argumento me parece vacío y bastante cliché. Mi razón era otra.

    Mi razón era la idea del dolor que sería una vida sin ella. Supe en ese momento que no había más allá que ese instante crítico. El hecho de solo imaginarme volver a Lima sin ella, de explicar lo acontecido a sus padres, de asumir con culpabilidad el vacío de su ausencia… Estar con vida sería prueba que no hice lo suficiente. En el caso hipotético de haber ocurrido la desgracia, no podría continuar sin saber que lo intenté todo y dicho intentar incluye exponer mi vida hasta las últimas consecuencias.

    Esa tarde en la playa decidí morir por alguien. O era ella conmigo o ninguno de los dos.

    Ya’Aburnee. Para qué temer a la muerte, si después de ella no hay más dolor.

    André Suárez Paredes

    diciembre 26, 2018
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    Artículos
  • El problema de besar con los ojos cerrados

    El problema de besar con los ojos cerrados son las invenciones,
    la agudeza de los sentidos en el vacío de una tensa calma,
    los calambres de estar en puntitas, la sordina de las pasiones,
    el vuelo de cuerpos anclados al pavor de hacer todo y sentir nada.

    El problema son las señas de un camino destinado a la soledad,
    las luces intermitentes para andar con cuidado ante lo inevitable,
    desnudarse sin quitarse la ropa, jugar a los villanos sin antifaz,
    acostar las confesiones de noche con arrepentimientos de la tarde…

    El problema de besar con los ojos cerrados son los tropezones
    si es que bailamos sobre un escenario tan nuestro como el vacío
    de habernos alejado de repente con la más dolorosa de las razones…

    Pero sobre todo es el problema de cerrar los ojos buscando un camino,
    tentando con cada paso a las tinieblas, con miedo a lo que nos toque…
    El problema es no saber nunca si también cerraste tus ojos con los míos.

    Foto: Deeped Niclas & Amanda Strandh – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    diciembre 25, 2018
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    Poesía
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Disculpa si te puse triste…

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