NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • «Total, me he agarrado a mejores»: La decadencia del amante derrotado

    La frase de siempre ante la desazón de una conquista frustrada: «Total, me he agarrado a mejores». Sin ahondar mucho en su veracidad, la oración es un salvavidas emocional que todo hombre recurre al sentir que la justicia divina nunca se acordó de él. Como nos recuerda muchos románticos de la época, el mejor de los enamorados es el que termina peor.

    Hay que admitir, no obstante, que si bien las cifras avalan el historial del conquistador, la realidad termina deprimiendo a la autoestima. Haber besado a Claudia Schiffer en su mejor momento, por ejemplo, no hace de ‘curita’ al rechazo del amor platónico de tu infancia. Alardear de comer reiteradamente ‘lomo fino’ en Long Horn no quita el apetito futuro de probar papita con huevo en la avenida Abancay. ¿Entendieron, no? Sin embargo, las sumas de los amoríos pasados no hacen de colchón a las patinadas del tiempo presente.

    Esto nos lleva a la conclusión de que no existe conquista mejor que otra, sino la destreza de la habilidad aplicada para lograr lo aparentemente imposible (sea el caso de enamorar a las más guapas). Y lo peor de pensar así es que cuando uno está confiando al tramitar una chica no tan agraciada como las conquistas anteriores, la caída resulta trágica hasta los huesos. Admito, por experiencia propia, que aún peor en esta caída es la caprichosa actitud de continuar luchando por algo que ya mejor es echar al olvido. Casi siempre te das cuenta que la fregaste haciendo esto último cuando ves en rojo las cifras de la tarjeta de crédito.

    Unos calificarían a la frase analizada como piconería de la mala, sin duda que lo es, pero prefiero tildarlo como la decadencia del amante derrotado.

    Foto: Flickr – Bajo la licencia Creative Commons y andredoreto

    André Suárez Paredes

    enero 8, 2014
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    Amor
  • Traducciones sinceras del lenguaje femenino

    Con la intención de hacer más dinámica la secuela del post ¡Pero quiero que te nazca!, me propuse crear una lista de frases aparentemente cuerdas que ocultan la más oscura lógica del género femenino. Las siguientes líneas es un homenaje a los hombres caídos ante la incomprensión y el deseo de tener poderes telepáticos para satisfacer los «sí, pero no» de quienes han amado en determinado momento.

    1) «¡Sabes, has lo que tú quieras!»
    Traducción: «¡Ni se te ocurra hacer lo que estás pensando, sino lo que tengo ahora en mente, pero nunca que te lo diré!»

    2) «Eres una linda persona»
    Traducción: «Eres buena gente, pero no estaré contigo ni cagando».

    3) «Ni se te ocurra llamarme más tarde»
    Traducción: «Llámame de todas maneras, imbécil, para saber si estás realmente interesado en mí».

    4) «Pero yo solo te quiero como amigo» (recomiendo este enlace)
    Traducción: «Eres la mejor persona para tener como enamorado, pero en realidad prefiero tener sexo con desconocidos».

    5) «¿Me veo guapa con esto?»
    Traducción: «¡Dime que estoy guapa con esto!»

    6) «¡Detrás de ti hay miles que hacen cola para enamorarme!»
    Traducción: «¡Valórame!, aunque no sé cuántos en realidad les interese como a ti».

    7) «¿Aún tienes a tu ex en Facebook?»
    Tradución: «¡Elimínala!»

    8) «Te amo»
    Traducción: «Te amo más de lo que tú me amas».

    9) «¡Él solo es un amigo!»
    Traducción: «En realidad, sí solo es un amigo»
    *El problema aquí es que algunas mujeres desconocen lo que para los hombres es obvio reconocer de los supuestos amigos.

    Foto: Flickr – Chris Blakeley

    André Suárez Paredes

    enero 8, 2014
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    Amor
  • Coming soon

    No sé exactamente en cuántos días podré recuperar lo que mi inmadurez hizo que perdiera hace siete años. Acaso no les pasa que recuerdan haber hecho algo estúpido en el pasado y experimentan en la actualidad una especie de vergüenza ajena. Digamos que algo así siento ahora, salvo que recuperé la oportunidad de reivindicarme por haberme alejado de Karla, alguien especial en los momentos que postulaba a la universidad.

    Al futuro encuentro lo hemos llamado ‘Coming soon’, como si se tratase de un tráiler sobre una película que está por estrenarse. Eso me recuerda esta vieja publicación sobre cómo la vida puede ser nominada a los Oscar, detalle por el que aprecio su camaradería por la improvisación.

    Debo ser alguien con suerte por no haber perdido la fluidez, así como el humor en cada charla casual por Facebook. Me pregunto a qué se deberá, pues tengo otros amigos con quienes no puedo compartir tal cómodo ambiente.

    También tengo la duda sobre cómo será cuando la vea en vivo y en directo. Tartamudearé un poco, pienso, así como no la veré a los ojos en los primeros instantes hasta acostumbrarme a su mirada. Ella seguro me recuerda con la personalidad del ‘André’ del pasado, por lo que tendré que lidiar con algunos aspectos inmaduros de esa época. Resulta extraño, en este punto, cuando se piensa en lo que hará uno mismo, pero no en cómo actuará la otra persona. Eso mejor se lo dejamos al destino. Solo espero que el destino no esté en mi contra.

    André Suárez Paredes

    enero 6, 2014
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    Cine
  • No fue un sábado cualquiera en Sargento Pimienta

    No fue un sábado cualquiera en Sargento Pimienta cuando una mano presuntamente desconocida tocó mi hombro para recordarme el frío de las alturas y el embriagador soroche de una pasión extinguida por el olvido. O, por lo menos, del recuerdo inmediato cuando tan bella dama se me acercó a saludarme mientras la memoria se esforzaba en reconocerla. Tuve que fijarme en algún detalle, algo característico que revele su identidad.

    Mírate al espejo. Si nos hubiéramos conocido en otro contexto ni me besarías. No te rías, mis besos no son tan tiernos como crees. Mírame, parecemos tan distintos, aunque fácil eso hace que congeniemos en algunas ideas. Ya me dijiste que tengo alma de viejo, también creo que sea por eso. Tú, pasión hasta en los besos, sigues pareciéndome increíblemente guapa. Sé que se acaba el día, también sé que ya es tarde. No es necesario que lo repitas, sé que nadie más se debe enterar.

    Tuvo que pasar un rato, luego de que ella se perdiera entre la gente, para que en medio de la bulla el recuerdo me abofeteara por haber sido tan estúpido. ¡Maldita la memoria que recuerda a los ausentes solo cuando se percibe el vacío que dejan! Me embargó la felicidad, aunque también la tristeza por haber perdido los valiosos segundos del reencuentro, cuales se hicieron esperar desde hace un año.

    En la gran ciudad no podremos vernos más. Resulta extraña la sensación de no besarte por última vez. Al menos tienes el recuerdo que robé allá lejos en la frontera. ¡Qué anécdota esa! Estabas muy enojada esa tarde, pero luego todo pasó. Espero que un día cambies de parecer, aunque sea una conversación sin mayores pretensiones. Está bien, dejaré de insistir, pero sí repito que es extraña la sensación de no besarte por última vez. No hay más reparo ahora. Tienes razón, mejor es así, mejores son las historias que no se terminan.

    Hora de irme de Sargento. Andaba entre la gente convencido de que la ficción pasó a mi vida real. Ya no era André, sino el protagonista de mi propia adaptación de la obra ‘Same time, next year’, de Bernard Slade. La buscaba sin contar a nadie mis intenciones, aunque no eran más que despedirme con gentileza y resurgir la pasión para traducirla en estas líneas. Tuve suerte y la hallé bailando. Parecía distraída, ensimismada en su diversión mientras yo sobrevivía a la adrenalina que produce el adiós. Finalmente su mejilla se incrustó nuevamente en la mía para luego retirarme caminando hacia atrás, viéndola cómo se mezclaba entre el público y la bulla hasta desaparecer. Y con ella también el recuerdo fugaz de esta historia inacabada por el beso que no se dio.

    Foto: Sgt Pepper Lonely Hearts Club Band – The Beatles

    André Suárez Paredes

    enero 5, 2014
    Artículos
    Amistad, Bar, Barranco, Bernard Salde, Discoteca, Enamorados, Historia, Memoria, Next Year, Noche, Parejas, Relaciones de pareja, Same time, Sargento Pimienta, Teatro
  • ¡Muchas gracias a todos! Así es cómo han leído este blog en el 2013

    Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

    Aquí hay un extracto:

    Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 6.000 veces en 2013. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 5 viajes transportar tantas personas.

    Haz click para ver el reporte completo.

    Foto: Flickr – smcgee

    André Suárez Paredes

    diciembre 31, 2013
    Artículos
    Amor, Blog, Comentarios, Enamorados, Google, Lo que nadie se imagina, No debes buscar en google, Relaciones de pareja, reporte, Resumen, Tags, Tendencias, Viral, Visitas, Wordpress
  • ¡Pero quiero que te nazca!

    Una frase que resulta un dolor de huevos impresionante. La escena va así: ella se te acerca hablándote de los lindos detalles que hizo en la relación para luego ¡PUM! clavarte la daga con «Ya no haces cosas bonitas, has cambiado». Y saben que lo peor viene después cuando haces lo que ella quiere y remata tu paciencia con «¡Lo haces porque yo te lo digo! ¡Quiero que te nazca!».

    Situaciones como esta me hacen pensar que algunas chicas no entienden muy bien la paradoja del montón de Eubulides, utilizada para arremeter contra conceptos vagos, en este caso el tiempo, con el sentido común. Imagina que un amigo te dice: «Búscame más tarde». ¿Cuánto tiempo es más tarde? Si lo llamas al minuto, él te dirá que eso no es «más tarde». Si lo llamas a los dos minutos, él responderá con lo mismo. Y así será hasta que se harte de ti.

    Lo extraño de la frase «más tarde» es que hace referencia a un número finito de minutos sin que ambas partes logren acordar la cifra. Esto sucede con las parejas cuando hay reclamos de cariño y exigen que estos sean satisfechos en un futuro incierto, apelando al «¡Pero se supone que tú me conoces!» de las féminas.

    Luego de sobrellevar la situación antes descrita, viene la ridícula escena del telépata, aquella en la que la pobre alma tiene que ponerse en los zapatos de Mandrake para adivinar los acertijos venenosos de la pareja. «Sabes qué, ya no me llames». En efecto, no lo haces si es que eso quiere tu enamorada, pero luego ella te grita por haber hecho lo que justo había pedido. «¡Pero se supone que debes esforzarte en llamarme, en que te intereso!».

    Antes de amargarme la noche, quisiera adelantar que ese picante tema merece un post por separado.

    Foto: Flickr – Bajo licencia de Creative Commons gadl

    André Suárez Paredes

    diciembre 29, 2013
    Artículos
    Amor
  • El reto de los diez kilómetros

    Hace unas semanas se realizó en Lima la carrera Nike 10K, carrera que logré terminar en una hora con diez minutos. Nada fuera de lo normal, excepto que esta fue mi primera gran carrera. Acá un recuento sobre mi experiencia.

    La preparación

    Faltaría a la verdad si contara que el principal motivo de mi inscripción fue precisamente eso, el reto y la superación personal. Toda la aventura empezó cuando un amigo perteneciente al 62.4% de peruanos obesos, según últimos datos del Ministerio de Salud, se regodeaba de participar. “Si este gordito va correr 10 kilómetros, ¿por qué yo no?”, pensé. A solo un mes de la carrera, me acerqué al local de Nike en Plaza San Miguel para hacer el trámite correspondiente.

    Ya formaba parte de los más de 10 mil runners inscritos, era urgente empezar con el entrenamiento. Como todo principiante, no tenía claro qué hacer además de correr en el parque más cercano de mi casa, así que le pregunté Google.

    Encontré algo llamado el Test de Cooper, que consiste en una prueba de resistencia diseñada por el Dr. Kenneth H. Cooper en 1968 para el ejército estadounidense, en plena Guerra Fría. Consiste en la mejora cardiovascular exigiendo al cuerpo la mayor distancia posible en velocidad constante en solo 12 minutos. Lo importante de esta prueba es la respiración: se aconseja una inhalación profunda para luego exhalar el aire en pequeñas bocanadas.

    Correr no se trata solamente de ejercitar las piernas. Exige, también, trabajo en los abdominales inferiores y se recomienda trabajar brazos. Se puso de moda una serie de ejercicios en solo siete minutos, recomendada por el American College of Sports Medicine’s Health & Fitness Journal. Si tienes dificultades para cronometrar la prueba física, aquí te dejo una web que me sirvió bastante para el calentamiento previo.

    Google ayudó bastante, pero faltaba el consejo profesional. Como antes de la carrera me ejercitaba en un gimnasio, la entrenadora recomendó alimentarme a base de carbohidratos (fideos, arroz, etc.), teniendo en cuenta que los quemaré con regularidad para evitar engordar.

    Correr solo es algo triste si es que no tienes con quién hablar. Algo interesante que leí en el diario británico ‘The Guardian’ es que correr escuchando música mejora el rendimiento hasta en un 15%.“La música es la droga legal de los atletas”, piensa el doctor Costas Karageorghis en su libro ‘Inside sport psychology’.

    El problema diario era hacia dónde correr. Dar vueltas como un trompo al parque termina aburriendo al más entusiasmado, aunque se puede intentar en los días de semana por su cercanía. Los fines de semana me daba la labor de ir al malecón de Miraflores para ir marcando mi distancia, ya que se pueden contar los metros recorridos en la vereda. Otra buena razón para correr en ese lugar es una especie de euforia colectiva. Cuando ves correr a otras personas, sientes ganas de seguir corriendo. Esto se siente aún con más fuerza en la carrera al tener la compañía de miles.

    Debo resaltar que el terreno ondulado del malecón de Miraflores es mucho más exigente, pues las subidas son más empinadas. Quienes han cruzado el puente Villena en dirección a Larcomar seguro saben de lo que hablo. Además, este es un buen terreno para exigirte, ya que hacer diez kilómetros en el malecón (desde el Complejo Deportivo Niño Héroe Manuel Bonilla hasta casi el puente Armendáriz, ida y vuelta) acabó siendo más fuerte que la carrera de Nike, donde grandes tramos fueron en bajada.

    La carrera

    El gran día de la carrera acabó siendo una dosis de adrenalina increíble. Hay un temor constante a lo largo de la carrera: la idea de acabar último o simplemente no acabar nunca. El consejo más oído es el de correr a tu propio ritmo. Esto sí funciona, pero no quita la angustia cuando vez que miles te adelanten o la satisfacción de sacarle ventaja al que empezó despreocupado con la confianza de un maratonista experimentado. Hay que admitirlo, participar en estas carreras te hace sentir más competitivo.

    El olor a Dencorub, la música a todo volumen y los más entusiastas que aplaudían como si pudieran acelerar el tiempo para ya comenzar a correr fueron los primeros detalles que junto a ti miles de personas darán todo lo posible por acabar. Siempre te preguntas por quién será el primero que cruce la meta, cómo entrenará, cómo será o qué come. Al menos, la broma que muchos corredores compartían al inicio de la carrera es cómo acabarían los 10 kilómetros sin trampas y no tanto por las posiciones, convencidos de lo que sí son posibles de hacer.

    Al principio te sientes intimidado por quienes tan solo calientan a una velocidad considerable, como si estirar los músculos fuera una competencia aparte. Habían otros que luchaban cada kilómetro junto a su mascota o su hijo en un coche para bebés. No faltaron los empujones, así como las personas que cruzaban tempestivamente el camino, especialmente en las estrechas calles del Centro de Lima. La sensación más especial que recuerdo es cuando la gente te alienta a continuar sin conocerte siquiera.

    Al acabar toda la carrera, sentí que el logro obtenido formaba parte de un entrenamiento más. ¿Qué diferencia que hagas 10 kilómetros corriendo un fin de semana que haciéndolo con tanta gente, salvo el polo gratis y la medalla? Al menos, es una constancia física (y una prueba) de que lo pude hacer.

    Ahora, el siguiente reto será ‘La vuelta a San Isidro’. No falta mucho, son menos kilómetros que esta carrera, pero el nuevo reto es mejorar el tiempo hasta incrementar la distancia. Una carrera contra mí mismo. Finalmente, el último de una maratón es el primero de quienes ni si quiera lo han intentando.

    Texto publicado anteriormente en el diario Publimetro

    André Suárez Paredes

    diciembre 29, 2013
    Artículos
    Deporte
  • Razones para no leer cuentos, novelas, poemas…

    Cansando de que siempre me pregunten lo mismo, aquí dedicaré a explicar por qué no leo obras literarias de ficción (entiéndase cuentos, novelas, poemas, etc). Vayamos a la filosofía, madre de todas las ciencias, con la alegoría de la caverna de Platón.

    Imagina a un grupo de personas sentadas en una oscura caverna, observando las sombras que se proyectan en la pared, pensando que esas figuras son la realidad. Si sacáramos a una de estas personas a la luz del día, quedaría tan deslumbrada que sería incapaz de ver. Con el tiempo, recuperará su visión y podrá ver a su alrededor el mundo real, así como la fuente de toda luz: el Sol, la fuente de toda verdad.

    En el caso de la ficción, esta vendría a ser las formas que el Sol refleja dentro de la caverna y que las personas aluden como «verdadero», cuando realmente es una ilusión. El ingenio del literato resulta una especie de entretenimiento hueco, solo figuras que no aportan nada al narrar hechos que nunca existieron o sentimientos tan subjetivos que se limitan a ser solo un intento sobre una sensación muy personal.

    ¡Para qué gastar una semana de tu vida leyendo una bonita novela si es que nada de eso existió! ¿Cuál es el aporte al conocimiento? ¿Para qué discutir sobre poetas y noveleros si en nada afecta en la práctica? Hablemos ahora de William James, autor del pragmatismo, con la siguiente escena.

    Cuenta James que, mientras regresaba de un paseo por el bosque, encontró a dos amigos debatiendo acerca de un hombre que trata de vislumbrar fugazmente a una ardilla que se mueve en sincronización con él alrededor del tronco de un árbol. El hombre da vueltas alrededor del árbol, y la ardilla está en él, pero la cuestión en debate era si el hombre daba vueltas alrededor de la ardilla. La respuesta de James fue preguntar si a alguien le afecta en la práctica el hecho de que se dé una u otra respuesta. Si no afecta en nada, entonces las alternativas son prácticamente las mismas, y la polémica es ociosa e innecesaria.

    Algo así sucede con la ficción al entablarse largas discusiones sobre una novela, un poema o un cuento cuando en realidad no tiene ninguna función práctica, por lo que existen infinitas interpretaciones sin que ninguna llegue a ser la verdadera. A lo mucho se aspira a la apreciación de la originalidad de la narrativa, pero el mensaje de la obra sigue siendo un conjunto vacío de información comprometedora con la realidad. Personalmente, prefiero originalidad narrativa sobre un contenido existente el cual no debe manipularse por valor a la verdad. ¡Fácil es ser creativo cuando no se tiene que respetar hechos de facto que no pueden desdibujarse por la imaginación!

    En este punto, debo hacer unas precisiones. Novelas de no ficción, como La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa, son obras que se salvan de la crítica contra las demás creaciones de ficción. Espero no haberlo enojado, pues en ningún momento he dicho que está mal leer ficción, solo expreso mi línea de pensamiento al respecto.

    Quiero acabar citando el pensamiento de John Stuart Mill sobre el utilitarismo. Según este filósofo del siglo XIX, los actos son correctos en la medida que tienden a fomentar la felicidad (aquí puede incluirse el gusto de leer ficción), e incorrectos si producen infidelidad. Al groso modo, aquí la felicidad significa placer y la infelicidad dolor. Mill evita fomentar el hedonismo al señalar que hay determinadas clases de placer que son mejores que otras. Sin embargo, el error del autor está argumentar la diferencia según su experiencia, por lo que entre gustos y colores nadie gana.

    Debo mencionar para todo esto que soy periodista, por lo que mis necesidades informativas están dirigidas a ampliar mi conocimiento sobre eventos históricos o análisis actuales sobre el mundo contemporáneo, de ahí el tema del beneficio práctico. No obstante, admito ser aficionado del cine porque tolero gastar hora y media de mi vida.

    Foto: Flickr – Bajo licencia de Creative Commons Ellen Forsyth

    André Suárez Paredes

    diciembre 17, 2013
    Artículos
    Cine, Cuento, Fiesta del Chivo, John Stuart Mill, Literatura, Mario Vargas Llosa, Mito de la caverna, No ficción, Periodismo, Platón, Utilitarismo, William James
  • Ninguna gota de lluvia cree haber causado el diluvio

    Te despiertas envalentonado con el objetivo de poner el punto sobre las íes. Primero la coges de la mano, la miras hacia los ojos sabiendo que en el futuro nunca más la verás. Ella agudiza el oído para escuchar la frase que gritas en tu mente, pero que no escupe tu boca. Se miran, se quedan mirando y ninguno de los dos acabó diciendo lo que la inmanejable situación en pareja estaba sentenciando. Los dos callaron, nadie se dijo nada. Cada uno regresa a casa con la supuesta calma que significa no haber escuchado «Esto no puede seguir más, terminamos» y creen que todo volverá a la normalidad.

    Muchos pueden catalogar la escena como falta de valentía sin reparar que se trata de algo más profundo. En efecto, esta situación es una muestra en pequeña escala del fenómeno social llamado ‘difusión de responsabilidad’. Este sucede cuando un grupo de personas deja suceder hechos que nunca permitirían si estuviesen solas. Por ejemplo, estás haciendo cola en el banco junto a treinta personas y ven cómo una señora le dice a la cajera «chola de mierda». Todos la miran indignados por el insulto, saben que debe ser condenable, pero nadie opta por recriminar a la señora porque cada uno del grupo supone que la responsabilidad tiene que ser de otro. De esta manera, se llega a la inacción vía efecto espectador.

    En el caso de las parejas, cada uno espera que la responsabilidad de acabar sea confirmada, pero nadie se atreve a hacerlo pensando que eso corresponde a la otra persona. Esto conlleva a una agonizante espera que puede acabar en cualquier cosa: el alejamiento sin mayores reparos en los detalles o acordar la amistad para no romper el lazo.

    No esperen una solución entre estas dos opciones. Admito no ser el indicado para recomendarte lo mejor, pero al menos ya tienes un panorama más claro sobre lo que aparenta ser un vacío de decisiones.

    Foto: Flickr – Juni from Kyoto, Japan

    André Suárez Paredes

    diciembre 16, 2013
    Artículos
    Relaciones de pareja
  • Diagnóstico reservado

    Imagino que la psicóloga Karla Echazu ha leído Piensas pero no lo haces: la ‘infidelidad indirecta’, Estar enamorado es como el secuestro, La supuesta ‘estabilidad’ de las parejas, ¿Cómo sabes que algo está mal si no lo has hecho? y ¿Por qué no te conozco en diez años? para identificarme como un ‘enamorado del amor’, diagnóstico que no ha dejado mi mente desde hace varios días.

    Un ‘enamorado del amor’ es alguien que ama las sensaciones de estar enamorado, no necesariamente a quien tiene por pareja. Dichas sensaciones corresponderían al placer de la seducción, del juego de las apariencias en plena conquista. En otras palabras, el deleite de sentir las emociones que implican las primeras veces en cuestiones de amor, sea con una o varias personas a la vez, sin necesariamente haber establecido un vínculo formal como enamorados. Sencillamente se trata de la tragedia de los apasionados a la pasión.

    No defiendo la infidelidad, más de una vez hablé del amor libre, pero sí trato de poner el punto sobre las íes para evitar malos entendidos. Enamorado del amor, frase que sigue consumiéndome por la retrospectiva que me vi forzado a hacer para poder delimitar bien el término. Sin embargo, no creas que hice esta definición con una sonrisa.

    El filósofo danés Søren Kierkegaard puede explicar muy bien el calvario que significa ser ‘enamorado del amor’ al entender su concepto de esteta. Este se caracteriza por ser una persona que vive en el mundo de los sentidos y es esclavo de sus propios deseos, ajeno a la satisfacción de haber encontrado la estabilidad emocional sabiendo que existen infinitas sensaciones en la vida por experimentar, o en lo que se deseé en un momento determinado.

    Ahora ya entiendo por qué siempre ando peleándome con quienes dicen estar con el amor de su vida a los 23 años, así como mis argumentos contra lo que los demás juran que es importante en una relación de enamorados. Si algo bueno tiene ser esteta, es el sacrificio de la estabilidad para escribir sobre sensaciones tabú para el resto. Ni modo, soy un enamorado del amor y no me compadezcan.

    Foto: Deviantart – Janonabox bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    diciembre 3, 2013
    Artículos
    Amor
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Disculpa si te puse triste…

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