NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Con mis hijos no te metas: el fundamentalismo del evangélico

    La reciente marcha contra la supuesta ideología de género en el Currículo Nacional Escolar, organizada por grupos evangélicos, me hizo reflexionar sobre la lógica fundamentalista cristiana en Perú.

    Aquí comparto un video interesante de AmaruTv que contiene las declaraciones de quienes participaron en la movilización.

    Los testimonios de los entrevistados me generaron la siguiente pregunta: ¿Ellos están realmente convencidos de que Dios existe? Seguro me dirán que sí, creen en Dios a su manera según la enseñanza de los evangelios. Incluso pueden racionalizar su respuesta a partir de sus experiencias personales y las sagradas escrituras al pie de la letra.

    Ahora si tienen la seguridad al 100% de que Dios es real, de que existe y tienen pruebas de ello, ¿cómo entonces pueden predicar la fe del Señor si para eso se requiere un mínimo de duda?

    Mejor me explico con el aporte de Søren Kierkegaard, padre del existencialismo, sobre el «salto de fe». El filósofo danés señalaba que creer en Dios no es una decisión racional, ya que trasciende de ella para dar sustento al extraordinario mundo de la fe. Tener una verdadera fe en Dios significa también dudar de su existencia, porque de lo contrario, si nunca dudaras, esa fe no valdría la pena.

    Hagamos un ejemplo. ¿Puedes tener fe de que existe un lápiz? Seguro que no, porque sabes que ese lápiz existe. Por lo tanto, tener fe en Dios es saber que nunca accederemos a él a nivel perceptual, y a pesar de eso decidimos creer en su existencia.

    Lo importante de toda esta reflexión es el nivel de subjetividad de nuestra fe. Reconocer que la duda es un elemento fundamental de la fe, porque de lo contrario extirpamos de la religión su componente excepcional para la vida de cada creyente.

    El video de AmaruTv muestra precisamente la muerte de la fe para dar espacio al fundamentalismo. No existe duda alguna en sus aseveraciones, porque limitan su raciocinio a la Biblia y evitan cualquier incertidumbre pensando que así vivirán mejor, restringidos a un orden estricto de los evangelios. En ellos no hay fe en Dios, porque nunca se atrevieron a dudar y evitan reconocer la subjetividad, un elemento esencial del pensamiento humano.

    Foto: Savio Sebastian – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons.

    André Suárez Paredes

    marzo 7, 2017
    Artículos
    Reflexiones
  • Luis Solari en Radio Exitosa: la «cortesía» del acoso

    Asco. Siento asco luego de leer los comentarios de quienes defienden al ex primer ministro Luis Solari cuando intentó forzar a una antropóloga a recibir un beso suyo durante una entrevista en Radio Exitosa. La lamentable escena puedes observarla a continuación.

     

    No entraré en detalles sobre la ideología de género ni cómo se desarrolló el debate, porque estos aspectos escapan al propósito de mi publicación: reflexionar sobre si está bien forzar a alguien a recibir una «cortesía». Leyendo los comentarios -con el dolor que eso genera-, observo que el argumento común es la agresión contra las feministas como resentidas sociales. Incluso los hombres, quienes creen que Solari actuó como un ‘caballero’, lo felicitan porque hizo quedar en ridículo el supuesto extremismo del feminismo al negarse a un «inocente beso».

    «Excelente lo que hizo el buen señor le dio catedra durante 38 minutos de debate y luego expone el afan de victimizarse que tiene el feminismo. ‘Tengo derecho a proteger mi cuerpo’… un beso es una agresión?», «Este hombre es un héroe, expuso a esta féminazi en su real faceta», «Ahí una.muestra del nuevo feminismo ..el q no tiene respeto alguno por los demas … son una burla para las mujeres respetuosas que.lucharon años por sus derechos … Ser feminista no significa no tener un minimo de respeto o cortesia hacia los demas» (sic) son algunos de los comentarios que más bilis generaron en mi organismo.

    Temo que los hombres que piensan así es porque solo se miran el ombligo a nivel sociocultural. Temo que estos hombres no evalúan que cada persona es un universo de valores distinto y cada quien tiene su manera de cómo ser saludada. Hacer las cosas «por costumbre» es una práctica terrible, porque homologamos las experiencias de las personas que no piensan como nosotros. ¡Lo peor es que nadie piensa en estos matices de la realidad y miden todo con la misma vara!

    Solari aprovecha la negativa de la antropóloga para tildarla de maleducada, porque se negó a darle un beso de cortesía para cerrar el debate. Quienes apoyan la actuación de Solari se se olvidan de que ella (como toda persona en este planeta) tiene el derecho de saludar o despedirse según como se sientan más cómodas. De lo contrario, actuar pensando que esa otra persona debe corresponderme según mi universo de valores es una posición egocentrista.

    Por ejemplo, no puedes saludar con un ‘besito’ por primera vez a una mujer estadounidense, porque el primer contacto siempre es dando la mano. Que ella no dé besitos a primera vista no la hace malcriada, solo diferente según valores culturales. Lo mismo sucede a nivel personal: cada quien tiene un universo de valores distinto y nadie está obligado a actuar de una manera u otra. Para esto hay  que ser consciente de las diferencias en cada momento.

    La actuación de Solari me hizo recordar un pasaje del libro de etiqueta social ‘Ese dedo meñique’ de Frieda Holler. La autora señala que cuando se saluda a una mujer es ella quien decide cómo ser saludada. No se trata de preguntar expresamente «hola, ¿cómo quieres que te salude?», sino de tener la capacidad de leer el lenguaje corporal sobre cómo acercarse a las personas.

    Personalmente cuando conozco a una chica, siempre me acerco un poco con la intención de saludarla, pero me detengo a tiempo para leer su reacción. Si ella se acerca, pues sé que me saludará con beso. Si mantiene la distancia, pues estiro la mano. Así de sencillo. A lo que denominamos «cortesía» no es algo universal, por favor, métanse eso en la cabeza, porque se trata de una construcción social.

    Lo que sí es universal, tanto para hombres como mujeres, es el respeto por nuestras diferencias de valores y creencias, siempre y cuando estos elementos no atenten la estabilidad social. El feminismo busca precisamente la ruptura de esa visión retrógrada de «lo socialmente establecido» para hacer creer que una mujer se debe a la voluntad de los hombres o del conjunto de valores que infravaloran su participación social y política.

    El beso de Solari es precisamente eso: una insensibilidad hacia la antropóloga, forzándola a recibir un gesto de «cortesía» (para él) que ella no comparte. La invitada responde extendiéndole la mano, pero Solari arremete otra vez con el beso para forzarla a cumplir la cortesía. Esa actuación de insistir en algo causando molestia es acoso. No lo digo yo, sino la Real Academia Española.

    Acosar
    Del ant. cosso ‘carrera’.

    1. tr. Perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona.
    2. tr. Hacer correr a un caballo.
    3. tr. Apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos.

    En realidad me da lástima, porque los comentarios dan cuenta que como sociedad no avanzamos. Aún creemos que los hombres tenemos corona, pensando que las mujeres no merecen el mismo respeto. Incluso, no merecen si quiera reflexionar sobre lo que ellas sienten, sino que deben asumir la realidad ipso facto.

    Nuevamente, pido disculpas a todas las mujeres por las atrocidades de mi especie. No nos metan en el mismo saco.

    Foto: Ernest Duffoo – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 6, 2017
    Artículos
    Feminismo, Luis Solari, Machismo, Radio Exitosa
  • Excentricidades del proceso creativo

    El arte tiene sus manías y sus maníacos. Hay costumbres insólitas que hacen que uno sienta en las venas el talento extra para la realización de cualquier obra, sea pictórica, musical o literaria. A veces cuesta entenderlas, incluso tacharlas de innecesarias. Solo digamos que se trata de cierto misticismo creativo.

    A modo personal, tengo la costumbre de lavarme las manos con agua fría antes de escribir. Siento que eso me despeja mucho, como que a nivel subconsciente tengo las ‘manos limpias’ para crear algo impoluto. Qué será, siempre me ha llamado la atención esa obsesión antes de teclear la primera línea.

    Creo conocer a pocos artistas en profundidad como para identificar estas manías locas. La mayoría de las veces trato con otros escritores-periodistas, muy pocos literatos de pura cepa y algunos músicos que llegaron a mi vida por la bohemia. Pero en lo que respecta a la pintura, creo conocer a una sola persona de quien analicé sus movimientos sin que se diera cuenta entre broma y broma.

    Se trata de Karen Echazú, una joven diseñadora gráfica que también se dedica ocasionalmente a la pintura. Debo confesar que recientemente, con el objetivo de volver a la poesía, copié una de sus manías que tanto me fastidiaba cuando la acompañaba en su proceso creativo. Se trata de escuchar una sola canción repetidas veces hasta que la obra esté concluida.

    Para mí felizmente es cuestión de minutos de inspiración espontánea para redactar pocos versos, pero para ella es un arduo trabajo que demanda días de preparación, echada sobre una gran mesa familiar y con tantos matices de lápices de colores que prácticamente forma un arcoiris en la superficie de la madera. A esto se suma la navaja y alguno que otro instrumento necesario para conseguir el efecto visual deseado. Realmente de admirar.

    Me pregunto cuál será el origen psicológico de estas manías a la hora de crear algo. Debe haber un aspecto humano elemental que requiere cierta motivación a partir de las emociones para materializarlas en algún soporte físico. De hecho, siempre dejamos algo de nosotros sobre el papel o el lienzo: una especie de marca indeleble e instantánea de cómo observamos, sentimos u oímos el mundo. La prueba de nuestra humanidad siempre se halla en los detalles sin importar cuán excéntrico puedan parecer.

    Foto: Philippe Halsman – Dali Atomicus / Wikimedia Commons. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 4, 2017
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    Arte, Literatura, Música, Pintura, Proceso creativo
  • Los tiernos errores del chat familiar

    El avance de las tecnologías de la comunicación y la usabilidad de los dispositivos móviles han hecho que las personas de la tercera edad tengan acceso a Internet. Ahora podemos encontrar a nuestros abuelos, por ejemplo, administrando una cuenta en Facebook o a nuestros padres enviándonos mensajes por Whatsapp. La brecha generacional se acorta a pasos agigantados.

    Algo que me causa especial ternura es chatear con mi madre. A diferencia de mi padre, quien chatea utilizando párrafos largos como si de una carta se tratara, mi mamá utiliza bien los ‘enters’ para expresar sus ideas en líneas cortas; incluso, ya sabe descargar stickers en Facebook Messenger y enviarlos cuando la situación lo apremia.

    Pero algo más sensible que me llama la atención son sus pequeños errores ortográficos al teclear palabras en inglés o una que otra en español. Notar dichos errores me hacen sentir orgulloso de la dedicación que ella asumió en mi formación académica, porque desde su base intelectual proyectó en mí las ganas de aprender cada vez más hasta superar sus expectativas.

    Entonces ocurre que miras al pasado y recuerdas las veces que tu señora te rompió las hojas de los cuadernos por escribir pésimo, siendo ella la autoridad del conocimiento para nuestra edad. Pero volviendo al presente notas que eres capaz de haber aprendido (y seguir aprendiendo) de lo que ella trataba de transmitirte, a pesar de sus limitaciones. Sin duda que lo logró.

    Foto: Nic McPhee – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 3, 2017
    Artículos
    Educación, Familia, Mamá, Ortografía, Plus Ultra
  • Frases célebres de la calle dura

    No se necesita ser un filósofo muy ilustrado para decir las frases más reflexivas del mundo intelectual. A continuación no leerás citas de Platón, Kant o Aristóteles, sino a quienes viven en esta ciudad gris con muchas razones para ser felices entre tanta mierda.

    «Tu amor es más falso que la chompa de Federico Salazar»

    «WhatsApp es la Deep Web de los chats de Facebook. Eso todo el mundo lo sabe».

    «En la historia de la humanidad, no recuerdo el caso el que una chica adinerada acoja a un chico marginal. Siempre ha sido al revés: Felipe VI de España con Letizia Ortiz, Hugh Hefner con todas sus conejitas, Guillermo de Cambridge con Kate Middleton… ¿Dónde están pues?»

    «Saqué la cuenta: trabajando de prostituta por una semana consigo más dinero que haciendo esta mierda al mes. Es más, que en tres días me cojan entre cuatro y ya con eso tengo para todos mis gastos y uno que otro lujo. Qué triste en realidad haber pasado por la universidad para darme cuenta de esto una vez egresada».

    «Hay gente que duda sobre lo cruel que fue en realidad la esclavitud en Estados Unidos. En Google verás entre las búsquedas automatizadas frases como ‘Realmente la esclavitud fue tan mala como dicen los libros de historia’. ¡Claro que lo fue! La esclavitud fue tan terrible que los esclavos compusieron música durante su cautiverio. Yo tuve días de mierda, pero no por eso compuse música» – frase de Neal Brennan en 3 Mic.

    «El mundo es desconsiderado con Lance Armstrong. Todos los medios lo hicieron mierda por haber hecho trampa, pero ya nadie se acuerda del monto que su fundación (Livestrong) donó para la lucha contra el cáncer. Si él no hubiese alcanzado la gloria gracias al dopaje, millones de vidas se hubiesen visto afectadas. Nadie piensa sobre eso».

    «Cuando beso a mi enamorada y siento el amor entre mis venas, me pongo a pensar qué sería de mí si fuera homosexual. ¿Qué diferencia este amor que siento por mi pareja heterosexual de lo que puede sentir un homosexual por alguien de su mismo sexo? Esta sensación no es única para los heteros, porque el amor debe ser universal. Eso me sensibiliza respecto a la discriminación y esas demás mierdas».

    «Me pregunto si los perros tendrán ladridos y comportamientos distintos según sus países de origen. Quizá hayan perros que ladran alemán y otros que ladran japonés».

    «Cuando las mujeres dejan de joder es porque algo malo está pasando. Si tu enamorada deja de hacerte berrinche por algo que siempre le molestaba, pues preocúpate porque la estás perdiendo».

    «¿Qué dirán los guatemaltecos cuando algo empeora cada vez más? No creo que también usen la frase ‘De Guatemala a Guate-peor’».

    «Esto de vivir solo es como la película ‘La laguna azul’… pero sin la chica».

    «¿Por qué los talibanes no se disfrazan de monjas católicas para realizar sus atentados en Europa? Así los países como Francia no prohibirían la burqa, sino también los velos de los católicos».

    «¿Acaso crees que convivir es follar las 24 horas?»

    «¿Para qué seguir buscando peces en el mar si los lomos abundan en las praderas?»

    «Viendo las fotos de Olenka Zimmermann en Somos, me doy cuenta de que esa tía está mejor que la mitad de flacas que me agarré. Habré comido papita con huevo en el centro, pero también su parrilla en Long Horn».

    «No sigas pescando atún si puedes comer caviar».

    «Ya no sigan con lo mismo, ya la olvidé ya… (Toma un poco de cerveza) ¡Pero qué perra fue!»

    «Lo siento hijo, contigo se me escapó el tiro».

    «No sé cómo contarte esta historia para que yo no sea el estúpido de la trama».

    «No quiero que me digas que soy un imbécil, no porque me joda, sino porque te daré la razón».

    «Si me cambian una entrada al concierto de Justin Bieber por un pollito a la brasa, lo pensaría. Pero si el pollito viene con papas, olvídate».

    «Tener relaciones con una prostituta es como una masturbación de 50 soles».

    «Si así es la vieja de rica, me pregunto cómo será la hija».

    «Me siento como si fuera al paredón a ser fusilado, pero con la esperanza de voltear un partido en el tiempo de descuento».

    «Hice un clavado con triple giro mortal, digno para medalla de oro en las Olimpiadas, pero lástima que la piscina no tenía agua».

    «Entre bomberos no nos pisamos la manguera».

    «El matrimonio es como un ataúd y cada hijo como un clavo».

    «No existe pendeja ni feo con mala suerte».

    «Esa flaca no es tan rica como Tilsa Lozano, pero ni tan fea tampoco. Digamos como una impulsadora de supermercado».

    «Mi viejo me dijo que la casa no es un hotel, por lo que no puedo meter mujeres a mi cuarto. Pero siguiendo su línea, ¡¿cómo él sí puede cachar con mi vieja?!»

    «Hacer poesía es como hacerle el amor a una mujer que va a morir mañana».

    «Me pregunto por qué debo donar mi dinero a los pobres. ¿Qué hicieron ellos por mí?»

    «¡Compara mi vida con la tuya y suicídate!»

    «O sea que no tienes sexo conmigo, porque soy tu amigo. ¿Me quieres decir que tú solo tiras con desconocidos?»

    «Cuando veas que no puedes llegar al área, patea de medio campo. Cualquier cosa puede ocurrir».

    «La muerte no es repentina, ya que cada día morimos un poco».

    «¿Por qué tendría que invitarte la chela? ¿Qué, te estaré cachando?»

    «Acá hay más carne que en el supermercado de mi casa».

    «Ese tono será como una parrillada misia, puro chorizo no más».

    Él: Amiga, ¿donde nos hemos visto antes?
    Ella: En la casa de tu enamorada.

    «La profesora está bien bonita, su cabello ensortijado sobre todo, así como para hacerle el tenedor».

    «Cómo será de fea que ni los violadores la buscan».

    «Si no agarramos hoy, no agarramos nunca».

    «Si Superman es el hombre de acero, ¿cómo hace para cortarse el cabello?»

    «Ahora que terminé con mi flaca, dejaré de jugar en la Copa Perú para postular a la Champions League».

    «La única rubia que me da bola es la cerveza».

    «Mujer que no jode es hombre».

    «Te quiero como el concha tu madre que le dije a mi peor enemigo, pero en algo positivo».

    Más frases próximamente. ¡También puedes colaborar en los comentarios!

    André Suárez Paredes

    marzo 3, 2017
    Artículos
    Psicología
  • La soledad no es «estar solo»

    Mi dormitorio es el más pequeño del apartamento donde vivo en Madrid. Recuerdo la mañana, luego de 16 horas de viaje, cuando la casera me lo mostró sin mucha expectativa sobre mi reacción. Para su buena suerte ocurrió todo lo contrario: me fascinó el espacio y se lo dije al instante.

    Ella puso cara de póquer, simplemente no lo creía, porque no tiene mucha gracia. No sé exactamente cuánto mide el dormitorio, pero entran una cama de casi dos plazas, un estante medio flojo, una mesita de noche, un escritorio y un pequeño armario. El techo sí es considerablemente alto, por lo menos dos metros y medio. Felizmente cuento con una ventana, pero desde el segundo piso solo puede verse a los vecinos de enfrente. Al menos tengo luz natural, eso ya es bastante para mí.

    Lo que la casera quizá no supo -y jamás se enterará- es que mi predilección por el pequeño dormitorio fue por razones existenciales de supervivencia. Seguro estás pensando en la facilidad de la limpieza y la capacidad de ordenar el espacio en tiempo récord. Eso sí, de hecho, pero hay algo más importante a nivel psicológico: la sensación de soledad.

    Me encanta este pequeño cuarto, porque siento que ocupo todos sus rincones sin dejar espacio a la soledad. De haber sido más grande, los vacíos harían del dormitorio un universo donde mi ser (magnitud física y emocional) quedaría relegado a un segundo plano. En cambio, si es muy pequeño, las cuatro paredes constituirían una cárcel del alma, donde se vive físicamente, pero sin las dimensiones idóneas como para desarrollar la imaginación.

    Ni un centímetro más ni uno menos. Mi dormitorio en Madrid es prácticamente un vientre donde mi ser habita a plenitud. Lo curioso es que no tengo las medidas exactas para calcular mi espacio ideal, pero imagino que es una variable bastante complicada de especificar. Todos tienen sus respectivos espacios ideales, unos más extensos que otros, para sentirse augusto consigo mismo y con los objetos que le rodean. Aunque no lo crean, esas cosas inanimadas tienen vida indirectamente en nuestro subconsciente: pueden ser testigos de nuestras derrotas, trofeos a nuestra dedicación o souvenirs que nos regresan al pasado con una sonrisa.

    La soledad, entonces, no se trata de «estar solo» sin compañía alguna, sino de sentir que no irradiamos lo suficiente en los espacios adecuados.

    Foto: ©2014 CubeArms. Licensed under CC-BY.

    André Suárez Paredes

    marzo 2, 2017
    Artículos
    Curiosidades, España, Madrid, Objetos, Soledad
  • Abrazando como los monos

    Hace unos meses se popularizó en redes sociales un documental de la BBC que mostraba la reacción de un grupo de monos langur ante la supuesta muerte de una cría de la manada. En realidad se trataba de un robot utilizado por la producción de Spy in the Wild para registrar la actividad animal en su máxima expresión, evitando así la interferencia humana en el hábitat salvaje.

    Las imágenes de los monos abrazándose en el dolor, tal como si fuera un velorio humano, me hicieron recordar una vieja clase de filosofía en la universidad sobre el anima mundi. Esta idea concebía la totalidad del universo como un organismo en la que todo está entrelazado.

    Giordano Bruno fue más allá y sostuvo que todo el conjunto del universo es un gran animal, cuya existencia está dotada de automovimiento y de vida, e incluye en sí a todos los seres y abarca a todos los espacios posibles. Es decir, cada uno de nosotros como unidad contenemos algo de todo, sea de las plantas, los metales e incluso algunas características de los animales.

    Esto no es tan descabellada la idea si pensamos, por ejemplo, en el hierro de nuestra sangre. ¿Qué hace un metal en nuestro organismo? Considerando que la Tierra y sus especies (entre ellos, los humanos) se originaron a consecuencia de la interacción de miles de cuerpos celestes, resulta lógico pensar que la evolución se encargó de que los organismos más primitivos adoptaran estas pequeñas piezas de polvo espacial para transformarlas en los seres vivos de la actualidad.

    Trasladando esta perspectiva panteísta del universo al video de los monos, me llamó poderosamente la atención el gesto del abrazo. Este acto instintivo en los monos lo hemos adquirido y delimitado según parámetros sociales: abrazamos en eventos especiales como modo de celebración o felicitación, así como símbolo de pesar y apoyo emocional.

    Lo malo de estos parámetros sociales es que sobrevaloramos los abrazos y evitamos su uso extendido en situaciones de crisis que -a pesar de la rabieta- en el fondo queremos un abrazo para disipar el estrés. Esta capacidad sanadora no es un invento mío: la terapia Gestalt, fundamentada en el lenguaje corporal y el tono de voz, ha comprobado el efecto psicológico de los abrazos y cómo esta actividad física sirve para aumentar la conciencia de sí mismo en el paciente vía la percepción de las sensaciones, los pensamientos y los sentimientos.

    Observando a los monos a través de la pantalla se me ocurrieron ideas interesantes sobre cómo extender el poder terapeutico del abrazo en la cotidianidad. El primer gran paso sería dejando el ego de lado y animarse por discutir abrazado a alguien. ¡Debe ser divertido! Muy pocas veces tuve la oportunidad de practicarlo, porque la otra persona no estaba dispuesta siquiera a acercárseme por las emociones tensas del momento.

    Discutir, hablar o dialogar sobre algo difícil para ambas partes en lo que dura un abrazo es muy relajante. Ya de por sí no te sientes solo y físicamente percibes el cambio de actitud, porque «sientes» literalmente a esa otra persona. Qué símbolo más poderoso que el de dos personas abrazándose, tratando de fusionarse en una sola gran persona.

    Foto: Manoj Nair – Wikimedia Commons. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 1, 2017
    Artículos
    Anima mundi, BBC, Gestalt, Giordano Bruno, Monos, Panteísmo, Robot, Spy in the Wild, Terapia
  • Última pieza

    Una promesa sencilla es la que deseo ahora mismo. Una garantía de vida que no requiere mayor esfuerzo, incluso el más hipócrita de las atenciones.

    Quisiera solo segundos por sonrisas sinceras, solo tiempo por experiencias mínimas pero eternas de memoria: piezas de una novela en la que quisiera hundirme hasta ahogarme en mi propia imaginación.

    Un reclamo de vida, eso necesito para callar la ansiedad o rescatar los trozos de carne de mis mejillas o medicar los lunares benignos del brillo de mi alma.

    Pido entre muchas cosas la factura de un nacimiento equívoco, las cuentas oscuras a las que debo nada…

    No creo pedir gran cosa, no creo pensar solo en mí, y eso acaba empeorando la situación. Es como tender la mano redentora al obstinado por vivir bajo el mar.

    Lo que pido es la bienvenida a la gracia entregada y sin devoluciones, el trampolín donde brinque hasta el infinito mi entrega absoluta y dormirme en la cama de plumas al final del abismo. Pido una orquesta en la última pieza de mi vida para acabar mi obra antes de los aplausos, desaparecer antes recibir las gracias.

    Foto: Carlo Raso – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 28, 2017
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    Poesía
  • «Qué sabe del amor el que no tuvo que despreciar precisamente aquello que amaba»

    Hace un tiempo leí en Facebook la siguiente reflexión de Friedrich Wilhelm Nietzsche: «Qué sabe del amor el que no tuvo que despreciar precisamente aquello que amaba». Averigüé un poco hasta dar con la frase en el libro ‘Así habló Zaratustra’, específicamente en el capítulo ‘Del camino del Creador’.

    A primera vista el mensaje parece contradictorio. El amor no puede definirse mediante su relación con el desprecio, porque son dos elementos diametralmente opuestos. Temo que pensar así es peligroso, debido a los matices que existen cuando queremos interpretar algo tan etéreo como el amor. Cada quien tiene sus interpretaciones personales, nadie puede instaurar una idea de lo que es el «amor de verdad».

    Dicha situación me lleva a pensar que estamos acostumbrados a interpretar la realidad según valoraciones de cosas buenas o malas, sin términos medios. A eso se le denomina maniqueísmo, y su principal problema es la incapacidad de analizar hasta qué punto extremo puede llegar a ser el amor sin valoraciones personales.

    «Qué sabe del amor el que no tuvo que despreciar precisamente aquello que amaba» invita a reflexionar sobre todos aquellos aspectos -incluso crímenes- que llegan a perpetrarse en nombre del amor. Hay aspectos emocionales que jamás podremos descubrir. Los valores excesivamente buenos acaban siendo perversos: basta con mencionar a las personas que se disculpan por sus desfachateces al decir «lo siento, es que soy muy sincera». Eso precisamente puede ocurrir con el amor.

    Lástima que la industria cultural nos ha inventado el cuento de los finales felices, de los besos eternos y de la felicidad eterna luego de los créditos. El amor no puede ser excesivamente bueno ni excesivamente malo. El amor solo «es».

    Aquí te comparto el texto del capítulo. Puedes completar la lectura en este enlace.

    ¿Quieres marchar, hermano mío, a la soledad? ¿Quieres buscar el camino a ti mismo? Aguarda sólo un momento y escúchame.

    «El que busca, fácilmente se pierde a sí mismo. Todo aislarse es culpa»: así habla el rebaño. Y tú has formado parte del rebaño durante mucho tiempo.

    La voz del rebaño continuará resonando dentro de ti. Y cuando digas «yo ya no tengo la misma consciencia que vosotros», eso será un lamento y un dolor.

    Mira, es también esta misma consciencia la que dio a luz ese dolor: y el último resplandor de esta consciencia aún brilla sobre tu tribulación.

    Pero ¿tú quieres recorrer el camino de tu tribulación, que es el camino hacia ti mismo? Si es así ¡Muéstrame tu fuerza y tu derecho para ello!

    ¿Eres tú una nueva fuerza y un nuevo derecho? ¿Un primer movimiento? ¿Una rueda que gira por sí misma? ¿Puedes forzar incluso a las estrellas a que giren a tu alrededor?

    ¡Ay, existe tanta codicia por las alturas! ¡Hay tanta convulsión de ambición! ¡Muéstrame que tú no eres un codicioso ni un ambicioso!

    ¡Ay! existen tantas grandes ideas que no hacen más que lo que un fuelle: inflan y vuelven aún más vacíos.

    ¿Te llamas libre? Quiero oír tu idea dominante, y no que has escapado de un yugo.

    ¿Eres tú alguien al que le sea lícíto escapar de un yugo? Hay quienes pierden su valor último al librarse de su servidumbre.

    ¿Libre de qué? ¡Eso no le importa a Zaratustra! Pero tu mirada debe anunciar con claridad: ¿libre para qué?

    ¿Puedes prescribirte a ti mismo tu bien y tu mal, y suspender tu voluntad por encima de ti como una ley?

    ¿Puedes ser tu propio juez y el vengador de tu ley?

    Terrible cosa es hallarse solo con el juez y el vengador de la propia ley, como una estrella arrojada al espacio vacío y al soplo helado de la soledad.

    Hoy sufres todavía a causa de los muchos, tú que eres uno solo: hoy conservas aún todo tu valor y todas tus esperanzas.

    Pero un día la soledad te fatigará, un día tu orgullo se curvará y tu valor rechinará los dientes. Un día gritarás «¡estoy solo!»

    Un día dejarás de ver tu altura y contemplarás demasiado cerca tu bajeza; tu sublimidad misma te amedrantará como un fantasma. Un día gritarás: «¡Todo es falso!»

    Hay sentimientos que quieren matar al solitario; ¡si no lo consiguen, entonces ellos mismos tienen que morir! Mas ¿eres tú capaz de ser asesino?

    ¿Conoces ya, hermano mío, la palabra «desprecio»? ¿Y el tormento de tu justicia, de ser justo con quienes te desprecian?

    Tú obligas a muchos a cambiar de opinión acerca de ti; esto te lo hacen pagar caro. Te aproximaste a ellos y pasaste de largo: esto no te lo perdonan nunca.

    Tú caminas por encima de ellos; pero cuanto más alto subes, tanto más pequeño te ven los ojos de la envídia. El más odiado de todos es, sin embargo, el que vuela.

    «¡Cómo vais a ser justos conmigo! – tienes que decir – yo elijo para mí vuestra injusticia como la parte que me ha sido asignada».

    Injusticia y suciedad arrojan ellos al solitario: pero, hermano mío, si quieres ser una estrella, ¡no tienes que iluminarlos menos por eso!

    ¡Y guárdate de los buenos y de los justos! Les gusta crucificar a quienes se inventan su propia virtud: odian al solitario.

    ¡Guárdate también de la santa simplicidad! Para ella no es santo lo que no es simple. Y también le gusta jugar con el fuego – en este caso, el fuego de la hoguera.

    ¡Y guárdate también de los impulsos de tu amor! El solitario tiende su mano demasiado rápido a cualquiera que encuentra.

    A ciertos hombres no te es lícito darles la mano, sino sólo la pata: y yo quiero que tu pata tenga garras también.

    Pero el peor enemigo con que puedes encontrarte serás siempre tú mismo; a ti mismo te acechas tú en las cavernas y en los bosques.

    ¡Solitario, tú recorres el camino a ti mismo! ¡Y tu camino pasa al lado de ti mismo y de tus siete demonios!

    Un hereje serás para ti mismo, y una bruja y un hechicero y un necio y un escéptico y un impío y un malvado.

    Debes estar dispuesto a consumirte en tu propia llama: ¡cómo podrás renovarte si antes no te has convertido en ceniza!

    Solitario, tú recorres el camino del creador: ¡con tus siete demonios quieres crearte para ti un Dios!

    Solitario, tú recorres el camino del amante: te amas a ti mismo y por ello te desprecias, como sólo los amantes saben despreciar.

    ¡El amante quiere crear porque desprecia! ¡Qué sabe del amor el que no tuvo que despreciar precisamente aquello que amaba!

    Vete a tu soledad con tu amor y con tu crear, hermano mío; sólo más tarde te seguirá la justicia cojeando.

    Vete con tus lágrimas a tu soledad, hermano mío. Yo amo a quien quiere crear por encima de sí mismo, y por ello perece.

    Así habló Zaratustra.

    Foto: Marco Bellucci – Flicker. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 27, 2017
    Artículos
    Amor
  • Barron Trump y la intriga del silencio

    «Barron Trump, en el punto de mira de los cañones mediáticos», «Los problemas escolares del hijo del presidente» y «Donald Trump ocultaría que su hijo menor tiene autismo» son algunos de los titulares que destacan entre los 430 mil resultados que arroja Google Noticias al teclear ‘Barron Trump’.

    El pequeño Barron nació el 20 de marzo de 2006 (a la fecha solo tiene 10 años) y es el único hijo de Donald Trump con Melania Trump.

    Desde su aparición en la ceremonia de inauguración del gobierno de su padre, Barron es la comidilla de las redes sociales. Prácticamente le dijeron de todo, incluso hubo quien perdió el trabajo al señalar que Barron iba a convertirse en el «primer tirador educado en casa», en referencia a los ataques armados en las escuelas estadounidenses.

    Pero algo me llamó especialmente la atención: el rostro de Barron. Tiene un gesto como de sentirse estable, pero a la vez frágil y deseoso de que le pregunten: «¿Oye, cómo te sientes?».

    United States President Donald Trump; Gen. Mark Milley, chief of staff of the Army; and Vice President Mike Pence salute a formation of U.S. Army Soldiers taking part in the 58th Presidential Inauguration Parade in Washington, D.C., on Jan. 20. The parade route stretched approximately 1.5 miles along Pennsylvania Avenue from the U.S. Capitol to the White House. (U.S. Army Reserve photo by Master Sgt. Michel Sauret)
    Foto por Master Sgt. Michel Sauret – U.S. Army Reserve

    Ser el hijo de Donald Trump supone el sueño millonario de cualquiera… para quien observa sus anhelos desde abajo. Pero quien ya está allí arriba desde el día de su nacimiento, el mundo se reduce a una sencillez bastante cruel y sin emociones. Tener todo al alcance de la mano sin mayor esfuerzo, vivir en un universo donde el lujo alcanzó su mayor cuota de exclusividad, acaba siendo frustrante.

    ¿Qué hay más allá del dinero? ¿A qué se puede llegar más lejos después del máximo lujo?

    Hay quienes para esto se dedican a la filantropía, ¿pero qué haces durante la infancia? No se le puede exigir lo mismo a todos los niños del mundo, sea cual fuese su condición, y Barron Trump simplemente es un universo diferente.

    Nadie puede juzgarlo con solo verlo o saber que nació en cuna de oro. Lo bello de la infancia es que por unos años todos somos iguales de traviesos, desobedientes y juguetones. Incluso a Barron no le puedes quitar su niñez. En su rostro sientes la intriga de un silencio inocente. Algo tiene que invita indirectamente a sumergirse en su mundo. Muestra a través de la mirada que quiere ser oído en serio. Se me hace tan familiar, porque me recuerda tanto a mí.

    André Suárez Paredes

    febrero 27, 2017
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    Barron Trump, Donald Trump, Estados Unidos, Niñez, Niños, Redes sociales
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Disculpa si te puse triste…

 

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