NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Ella que se llama álter ego

    Creo que no hay nada mejor que irse a un pub de Miraflores para conversar. Como que gastar en dos tragos a 20 soles cada uno resulta más divertido que un cuarto que apesta a incienso y en donde un psicólogo te analiza como bicho extraño.

    Entre todos los locales que conozco, siempre prefiero el Eka Bar, ubicado al final de una calle en donde se ubica el Minerva del Parque Kennedy. La razón de mis visitas a ese lugar es la buena tertulia con un soundtrack que no perfora los oídos: una especie del volumen perfecto para no repetir a la «n» veces «¿Qué fue lo que dijiste?».

    Pero, claro, todo lugar no siempre es divertido por sí solo, sino por quiénes vas acompañado. Hace unos tres días y quinientas noches, me acompañó una mujer a quien prefiero llamar como mi álter ego, pues siempre me dice lo que mi personalidad original trata de callarme.

    ¿Cómo es mi álter ego? Pues una señorita de lentes de caray, gigantes como al viejo estilo sesentero, con una maleta de cuero vintage y una camiseta que apuesta a ser de hombre, pero con mucha personalidad si es que se la pone una dama. Defensora de la escritura sin daños a terceros, ella resume con una voz suave el grito duro y conciso de la razón ante las experiencias de un joven alma de viejo.

    Me dijo cosas tan ciertas como espantosas sobre la entrega pasional y las ilusiones no tan inmaduras si es que las asumes como buen enamoradizo. Cosas como «¿Acaso crees que ella también hará lo mismo por ti?» o «El único quien saldrá herido eres tú» fueron pronunciadas tras cada bebida como sellando la herida que el alcohol cicatrizaba en el alma.

    Luego de la conversación, llega la hora del adiós, la cuenta sin propina al mozo y una caminata para espantar a los diablos azules. Más liviano de conciencia, ahora la cabeza no estalla de incertidumbres emocionales. Debo confesar que ahora mi historia dejó de pesarme en la espalda para llevarla hombro a hombro con alguien más.

    André Suárez Paredes

    octubre 21, 2012
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    Amor
  • Haz el bien dijeron… Todos te escucharán dijeron…

    ¿Nunca han querido escuchar a una persona para ayudarla y no tienen éxito? No necesariamente porque no sepas aconsejar bien, sino porque no tuviste la oportunidad de acercarte a las sensaciones que aquejan a la otra persona. Esa sensación de prestar la mano a quien parece ignorarla es como un frío seco en el pecho que desata una tristeza paralela al drama de quien dice echar todo por la borda.

    Siempre escuché la frase de que nada vale preocuparse por quienes no desean ser ayudados, pero cómo ser insensibles si es que los problemas tan solo requieren de un poco de atención, una mano amiga o un hombro en donde reposar la frente cargada de recuerdos negativos. Digamos que se siente una especie de impotencia por las buenas voluntades socavadas en lo ajeno, en las experiencias que no son tuyas, pero de las que quisieras aprender para aliviar la nostalgia de quienes necesitan un poco más de tiempo para pensar.

    Lo peor, creo, es la incertidumbre al futuro, como si este pareciera un vortex que nos chupa la materia física de nuestro cuerpo para exhibir la procesión que llevamos por dentro. Lejos de decir ahora que me siento triste, la intención ahora es profundizar ese vacío que no se complementa con lo que desde pequeños nos enseñaron: eso de hacer el bien por los demás.

    André Suárez Paredes

    octubre 19, 2012
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    Psicología
  • Aquiles, el peor soldado de la historia

    Muchas veces queremos sobrevivir a la vida cotidiana y a las emociones como Aquiles, uno de los grandes héroes mitológicos en la Ilíada de Homero. El personaje griego es recordado por su gran destreza con las armas y ser prácticamente invencible en la batalla, claro, salvo por su mortal talón. ¿Pero quién no desea ser este semidiós cuando tratamos de sobrevivir a la mentira, el amor, las desilusiones o el odio ajeno? La respuesta es fácil, pero realmente no se lo deseo a nadie ser Aquiles.

    Hace unas noches, conversando con alguien a quien no puedo mencionar, sentí lo bueno que puede ser sentirse vulnerable a la incertidumbre, pues son aquellos momentos en los que el carácter forja nuestra experiencia y seguimos adelante con un heroísmo propio de los dioses. Si fuéramos Aquiles, ¿seríamos igual de valientes sabiendo que somos invencibles? Pues no, porque la valentía únicamente existe cuando sabemos que perdemos algo y aún así arriesgamos para salir airosos. El paladín griego seguro que fue muy talentoso en el arte de la guerra, pero nunca tuvo lo que los soldados más humildes guardan en el corazón: las agallas de pelear sabiendo que podrían perderlo todo.

    A los dioses lo que es de los dioses y al hombre lo que es del hombre, así de fácil para dominar nuestros sentidos ante el anhelo de ser invulnerables, perpetuos, disfrutando de una felicidad idealizada en la inmortalidad. Si vamos al extremo del conocimiento de las emociones, ¿cómo saber qué es la soledad si es que siempre estuvimos acompañados, tal como lo hemos deseado siempre? o ¿cómo saber si hemos encontrado a esa persona especial si es que nunca la perdemos? He ahí, pienso, la tragedia de los ideales.

    André Suárez Paredes

    octubre 18, 2012
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    Reflexiones
  • Miedo a lo ilógico

    Siempre digo que tengo miedo a lo ilógico, precisamente aquellas cosas que ocurren cuando estás acompañado y te das cuenta de que lo que está pasando no es normal. No hablo de fantasmas ni brujería, sino de cosas más palpables.

    Algo que me ocurrió hace unos días me dejó anonadado, como si los ángeles existieran y lloraran encima de mí. Mientras bebía licor con un amigo en mi casa, me di cuenta que en mi brazo izquierdo había una gota grande y coagulada de sangre. Miré mis manos y toqué mi nariz, nada, todo parecía normal esa noche lluviosa.

    «Te lloró un ángel», me dijo mi amigo. Muy confundido, más aún por haber consumido licor, comencé a asustarme. ¿Sangre? ¿A quién le cae una gota tan perfecta de sangre en la ropa, más aún cuando llueve? «Alguien está llorando por ti», me dio a entender mi compañero de copas caídas.

    Me gusta creer que todo tiene un mensaje, a pesar de que esté asustado. De hecho, esa noche, entre confesión y confesión etílica, alguien más debía estar llorando por lo que decía sin mayor cuidado y desgarro, como si no conociera la pena ajena… como si no tuviera sangre en la cara.

    André Suárez Paredes

    octubre 16, 2012
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  • Comparte las diez canciones de tu vida

    Puedes conocer a una persona por muchas cosas, como su estilo de ropa, cómo habla o hasta cómo escribe, pero también por lo que escucha. Cuando trabajaba en el Canal 4 conocí a un buen amigo, David Gómez Fernandini, que me dijo para hacer una lista de las 10 canciones de tu vida. La idea era compartir el ranking entre dos amigos más y así tener una idea de cómo somos los compañeros de trabajo.

    Lástima que nunca tuvimos el tiempo para hacerlo. Mi contrato se acabó en el canal y me quedé con las ganas de haber hecho la transacción musical. De hecho, la idea me parece buenísima, pues la música que guardas en tu MP3 o celular es la que realmente te identifica. Por ejemplo, a mi me gusta la salsa, pero no tengo ni una en mi celular, pues no es algo que siempre me acompañe en todo el día. Ya sabes, la costumbre de caminar y sentir que vives en tu videoclip de tres minutos y medio.

    Hace unos días hice mi lista y los invito a crear una para que así puedan compartir sus canciones conmigo y los lectores, que por cierto agradezco por leer a este humilde servidor.

    1. Cathedral – Crosby, Stills, Nash and Young
    2. Behind blue eyes – The Who
    3. Confesiones de invierno – Sui Generis
    4. Losing my religion – REM
    5. California Dreaming – The Mamas and The Pappas
    6. Tema del adiós – Pedro Suárez Vertiz
    7. Every wants to rule the world – Fears and tears
    8. Contigo – Joaquín Sabina
    9. Sound of silence – Simon and Garfunkel
    10. El necio – Silvio Rodríguez

    André Suárez Paredes

    octubre 15, 2012
    Artículos
    Confesiones de invierno, Joaquín Sabina, Juego, Lista, Música, REM, Silvio Rodríguez, Simon and Garfunkel, Sui Generis, The Who
  • El mutilador llamado oportuno

    El cantante cubano Silvio Rodríguez, precisamente en la canción «Testamento», dice algo muy cierto: «Le debo una canción al oportuno, al oportuno mutilador de cuanta ala». ¿Hallan el mensaje?

    Tras haber emprendido un largo viaje, y unas copas con mi buen compañero Wan Ly Elías, la frase de Rodríguez es algo que no dejó de picarme la conciencia. Hasta antes de haber partido vivía en un estado continuo sin incertidumbres, barajando proyectos de vida sin mayor cuidado, pero el oportuno hizo lo suyo y me mutiló las alas.

    Como todo oportuno, este aparece para darnos pequeñas muertes y nuevos nacimientos en una secuencia de vida. Bendito o maldito, el oportuno reinventó las perspectivas para besar el suelo de nuevo y volver a crear mis alas de cera. Los viajes, por más cortos que sean, siempre llevan a caminos lejanos y puertos distintos, con gente distinta, con valores distintos.

    Caer duele, pero el horizonte parece cada vez más pequeño cuando te elevas nuevamente hasta que aparece el oportuno, con su puñal para cortar desde las tripas lo que nos mantenía en vuelo: la confianza en saber que hacemos bien las cosas.

    André Suárez Paredes

    octubre 14, 2012
    Artículos
    Reflexiones
  • Crecer al sentido contrario…

    Pensar mucho las cosas dicen que es de maduros, pero resulta que no hacerlo también lo puede ser, por lo menos para quienes desean cuidar su salud anímica. ¿Cuál es el momento ideal para decir basta? Parece que el nivel de responsabilidad con los demás, si es que nuestros actos de alguna manera afectan a segundos, terceros y cuartos.

    Claro, eso vendría a ser la máxima categórica, pero la solución no es tan sencilla si se trata de experiencias nuevas, riesgos y posibilidades de un cambio de vida a un ritmo degenerado e increíblemente sexy. Cuando se trata de un pacto, pues las cosas son mucho más simples en lo que respecta al deber, no para el «puede ser que».

    ¿La solución? Exactamente no la sé, pero escribirlo en un blog como este sin duda que ayuda. ¿Parte de crecer? Sí, crecer, pero al sentido contrario. ¡Eureka! ¡De eso se trata! Lo hallé de casualidad.

    Pasa que la vida nos hace crecer a puñetazos, saltando de tres en tres las escaleras, con experiencias duras como la muerte, la infidelidad o la resignación para pensar las cosas más detenidamente. Madurar, como lo dijo Ribeyro, es la excusa de los aburridos para no hacer las cosas divertidas. Así, al parecer, se queman etapas y la imagen del maduro es un ente no bien desarrollado, pues ¿cómo tienes la idea de que algo está mal si nunca lo experimentaste antes? Claro, te cierras a la idea que está mal porque está mal, y si eso basta, pues bien, pero se debe admitir que no se tiene la experiencia de esa mala idea para crecer.

    Entonces, bajo esta premisa, se debe regresar al llano y crecer al sentido contrario: experimentar aquellas emociones que resultaron prohibidas, forjar aún más el carácter y cambiar las patentes de la madurez. Esto, lamentable, no es gratuito.

    André Suárez Paredes

    octubre 14, 2012
    Artículos
    Crecer, Madurez, Relaciones de pareja
  • El alcohol medicinal para el alma

    Cuando me raspaba de niño, mi madre utilizaba alcohol para limpiar mis heridas. Ahora, que ya crecí, las heridas pasaron al reverso de mi piel y me arden el alma. Como el alcohol no puede traspasar mis poros, decidí beberlo para cicatrizar desde adentro el malestar.

    Las consecuencias resultaron ser las inesperadas: una confesión sincera, la derrota de una promesa, uno que otro escupitajo al espejo y una lágrima ahogada en la garganta macerada en pisco. Ya es tarde como para arrepentirse, creo, y la resaca es como el friecito que se siente cuando se curan las heridas con alcohol medicinal, algo confortable, pero también doloroso.

    Ahora queda poner la curita, esa cosa llamada excusa, para que deje de brotar sangre en donde había una promesa. Cerrar la botella de alcohol, guardar el algodón y decirme que ya no duele, que los niños viejos no lloran, que creo sentirme bien…

    André Suárez Paredes

    octubre 14, 2012
    Artículos
    Bohemio, Cerveza, Licor, Pisco
  • ¿Por qué no te conozco en diez años?

    ¿En algún momento de sus vidas no han estado con alguien quien desean haber conocido en un futuro? Observando a varios amigos -también por experiencia propia-, suele pasar que tenemos por pareja a alguien quien sabemos que nos será incondicional para todo, que siempre estarán allí, pero por razones propia de la edad nos sentimos oprimidos.

    Más que no valorar, se trata de una búsqueda natural en sentir distintas cosas que dicen ser «prohibidas» para la estabilidad. Me refiero al dolor de la muerte, la infidelidad, la frustración… Aquellas cosas que de alguna manera hacen de una persona con más historias que contar.

    Si sientes que ya estás con ESA persona, quien es LA persona de tu vida, pues como que las historias se pierden, pasarías a una continua estabilidad, que seguro la buscarás en un futuro pero no tan joven a los 22 o 25 años.

    No abogo por la infidelidad justificada, sino en reconocer algunos detalles que debemos considerar mucho para ser sinceros. ¿La vida perfecta? Hasta hace unos años nos pareció un estilo de vida, pero quizás no nos enseñaron a equivocarnos. Peor aún, quizás no nos enseñaron a confiar en nosotros mismos para seguir adelante.

    André Suárez Paredes

    marzo 26, 2012
    Artículos
    Edad, Madurez, Relaciones de pareja, Vida
  • ¡Carajo, me enamoré de una señorita!

    Una pregunta para los caballeros. ¿Has ido a una fiesta con la chica que más te gustó en algún momento? Seguro que sí, más aún cuando eres víctima del friendzone y apuesto a que pasaste por lo mismo que yo, cuando en plena juerga veraniega te sientes orgulloso de esa persona en especial. A ver, comienzo con la anécdota.

    Hace unas semanas fui a Coco’s Beach, un local sureño en la playa El Silencio. Juerga, litros de licor y muchas chicas con ropas putañeras para provocar las miradas, o decir discretamente «soy amiguera, pero mi cuerpo es para otro». Bueno, ocurre que fui con un grupo de amigos y una chica en especial que me gustó hace muy buen tiempo. Mientras el alcohol cobraba sus primeras víctimas, miré a mi alrededor en un chispazo de lucidez y concluí lo siguiente:

    «¡Qué raro! ¿Por qué justo la chica que más me gustó es la que menos ropa putañera viste en un tono de este calibre? O sea, ¿esta es la prueba irrefutable -por método comparativo- que me atrajo más una chica por su personalidad que por las carnes que se maneja? ¡Carajo, he madurado porque me enamoré de una digna señorita!».

    Claro, para esto recordemos a Aristóteles quien señaló que una vía externa de la felicidad es un mínimo de placer intelectual y físico, pero ¿quién no es feliz con las imperfecciones y sobrevive para contarlo? Exacto, el placer de sobrevivir para contarlo, como los veteranos de guerra… o como diría Pelo Madueño, en la peor de las guerras.

    André Suárez Paredes

    febrero 22, 2012
    Artículos
    Aristóteles, Coco’s Beach, El Silencio, Playa, Verano
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Disculpa si te puse triste…

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