NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Manifiesto del pésimo bailarín

    Odio a todos los que bailan… y que felices están.

    Será porque tengo dos pies tan izquierdos que parecen comunistas, o que el ritmo no nació conmigo -a pesar de mis raíces afrodescendientes-, pero el baile es una actividad que se me hace tan ajena que es motivo de mi diversión en las fiestas, en las discotecas, en el antro.

    Nunca oirás de mí «siento ganas de bailar», porque nunca creo haber sentido esa sensación de expresar con mi cuerpo un estado anímico tan impulsivo que me motive a mover los pies, sacudir la cadera y hacer hombritos.

    La razón es que bailar nunca me pareció una vía de expresión adecuada para mi psique. Nunca entenderé ese agrado por sacudir el esqueleto, algo tan desconocido para mí como lo fue para los primeros exploradores europeos que apreciaron alguna danza salvaje de las civilizaciones más desconocidas.

    Pues el baile me parece la incontinencia psicológica de una emoción que el cerebro no es preciso en asimilar, que cada rumba y voltereta es como un cable a tierra que conduce tanta energía acumulada, inexplicable e incontrolable. Algo cuya alteración se traduce en giros y media vueltas en armonía, o como los gritos de gol que son imposibles de mantener en boca, porque nos descontrolamos ante las sensaciones de euforia, alegría y orgullo.

    Así llegué a la idea que bailar es la domesticación de los impulsos al accionar retrógrado del desenfreno, de ese algo que te cuento que el cerebro es incapaz de procesar. Y sí, hablo domesticación, porque bailar se rige por una convención social de qué diablos hace a uno un «bailarín». Porque a veces somos crueles. Porque nos engañamos con «bailar es un arte y no hay formas correctas», y tachamos a los otros bailes auténticos huérfanos de son, de timba… pero no de pasión.

    Porque bailar es una expresión corpórea dispuesta al escrutinio público, salvo en la soledad de los espacios cerrados, donde podemos libres, salvajemente libres sin enrarecernos o pretender andar de dos, imaginándonos en un amplio salón a oscuras mientras besamos el espejo.

    Bailar… Eso es algo que nunca entenderé, aunque envidie a los bailan.

     

    André Suárez Paredes

    noviembre 3, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Selfies que matan | Al menos 250 personas mueren por hacerse un autorretrato

    Los selfies son más peligrosos de lo que crees. ¿Qué riesgo puede haber en tomarse un autorretrato junto con los amigos o a solas cuando andamos de viaje o en momento especial? Aparentemente nada, salvo el deseo de captar algo espectacular para los seguidores de Instagram y Facebook. Y por espectacular hablo de la temeridad de quienes están dispuestos a un baño de popularidad en redes sociales.

    Pues resulta que más de 250 personas en todo el mundo pierde la vida por hacerse un selfie. ¿Pero cuáles son las circunstancias? Veamos el tema con pausa.

    Selfies que matan

    El portal Washington Post informó sobre un estudio realizado por el Instituto de Ciencias Médicas de Nueva Delhi. La investigación, publicada en el Journal of Family Medicine and Primary Care, dio cuenta que entre octubre de 2011 y noviembre de 2017 se registraron 137 incidentes donde al menos 259 personas mientras se hacían un selfie.

    Las causas de las muertes varían entre ahogamiento, caídas desde elevadas superficies, golpes de vehículos, quemaduras y muertes trágicas. Ciertamente la variedad de catástrofes es interesante, teniendo en cuenta que el riesgo de hacerse una selfie es andar de espaldas para captar un buen paisaje de fondo y hallar el ángulo ideal, pero también se incluye quienes graban retos de Internet.

    De hecho, el tipo de incidente más reportado están relacionados como el transporte (impacto de un tren o cualquier otro vehículo), seguido por caídas de una altura considerable y finalmente los incendios. Llama la atención que estos tres tipos están relacionados precisamente con retos virales de YouTube, como el Auto Challenge (bailar con el auto en movimiento), el Fire Challenge (echarse alcohol y prenderse fuego en una bañera), entre otros.

    “Los incidentes por ahogamiento más comunes incluyeron arrastrarse por las olas en la playa, volcar los botes al remar, hacer clic en selfies en la costa sin saber nadar o ignorar las advertencias”, señalaron los investigadores.

    ¿Qué hacían para morirse en una selfie?

    De las muertes registradas, 142 se debieron a algún tipo de comportamiento de riesgo, mientras que 69 ocurrieron en circunstancias menos temerarias.

    Lo preocupante es que la edad de los casos fatales oscila entre los 10 y 29 años, la mayoría de ellas -tres cuartas partes- protagonizada por un hombre.

    Los países donde más gente murió por hacerse un selfie fueron India en primer lugar, seguido por Rusia, Estados Unidos y Pakistán.

    Las muertes por selfie son algo que se pueden prevenir con cierta facilidad. Solo hay que estar al tanto del riesgo al que estamos expuestos. Eso sí, olvidarse de destacar mientras más riesgosa y osada sea una fotografía. Lástima que este tipo de comportamientos, cuando sale bien, es bien recibida con docenas o miles de likes en redes sociales.

    Foto: Flickr – R4vi. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    octubre 30, 2018
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    Psicología
  • ¿Cuántos rostros puedes reconocer? La ciencia ha dado con el resultado

    Siempre es un papelón no reconocer a alguien en la calle, peor aún si pasa frente a tus narices. Casi siempre nos damos cuenta cuando nos pasan la voz y -si es que no sentimos vergüenza- preguntamos quién efectivamente es esa persona. En el mejor de los casos, la situación se resuelve con un par de carcajadas, pero las cosas se pueden poner feas si es que hay resentimientos encontrados.

    «Disculpa, ¿de donde te conozco?», es lo que solemos decir en estos casos. Pero ahora la ciencia nos da una salida más diplomática: «Disculpa, simplemente llené mi memoria de rostros conocidos y se me hace humanamente imposible poder acordarme de ti». Suena feo, pero resulta que tiene mucho de cierto. Así como el smartphones o la PC que ahora manipulas, la memoria humana tiene un límite en la cantidad de rostros que puedes recordar.

    ¿Cuántos rostros puedes reconocer?

    La Universidad de York, en Inglaterra, hizo un estudio sobre la cantidad de rostros que puede recordar una persona promedio. El resultado dio una cifra alrededor de los 5000.

    La investigación reunió a 25 voluntarios de dos universidades de Escocia. Estos fueron sometidos a una exposición constante de rostros por una hora con el objetivo que recordaran la mayoría de ellos. Entre las imágenes habían excompañeros, colegas, parejas, vecinos, etc.

    El rango de reconocimiento registrado estaba entre 167 y 524, lo que resulta un promedio de 362 rostros reconocibles.

    En la siguiente parte del estudio, los voluntarios fueron expuestos a imágenes de 3000 personas famosas como actores, deportistas, políticos, etc. Al principio pudieron recordar varias caras rápidamente, pero luego esto fue desacelerando, detalle que fue considerado por los investigadores para dar con un resultado final.

    El resultado final es…

    Las conclusiones dieron con un intervalo de 1000 y 10 mil personas, dando un promedio de 5000 caras.

    Quizá te preguntes para qué sirve la cantidad de rostros recordables. Pues para la psicología tiene mucho que aportar, debido a que este detalle sirve para dar seguimiento al comportamiento de las personas a través de los años.

    ¿Te agradó la investigación? Aquí puedes hallar más datos How many faces do people know? Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences.

    André Suárez Paredes

    octubre 28, 2018
    Artículos
    Ciencia, Psicología
  • Ideas sueltas que chocan con el techo

    Por un instante tuve todo entre mis manos,
    la vida en un reflejo de luces amarillas,
    la nostalgia de una oscuridad perpetua
    en instante de caricias fugaces,
    el aroma de los labios que saben a recuerdo,
    la maravilla de los encuentros
    que parecen los últimos…
    Tuve también el caos universal de la inmadurez,
    las tentaciones en plena guerra fría,
    la soledad compartida en ambos lados de la cama…
    Lo prohibido de las intenciones,
    el rezago de los veranos inconclusos,
    tuve -al menos por una vez- el universo
    recubierto en ámbar entre mis manos.

    André Suárez Paredes

    octubre 28, 2018
    Artículos
    Poesía
  • No soy tu sueño

    Una tarde
    me enseñaste
    a volar, aunque
    nunca te dije
    que le temía
    a las alturas.
    Me arropaste
    entre tus plumas,
    me enseñaste que
    la gravedad es opcional
    cuando las raíces
    están en las moléculas
    del viento, que la vida
    no yace bajo la tierra,
    que la alegría se eleva
    como las carcajadas
    al cielo y del cielo
    al amar. Aunque incrédulo
    sentía cómo se elevaban
    los pies del suelo
    hasta perder la noción
    del horizonte, de las líneas
    de la tarde entre tus ojos
    y el mar en cada lágrima…
    porque sabía que volar
    te hacía doler si era conmigo,
    que no me importaba lastimarme
    en las caídas…
    Que en la tierra
    siempre pude apreciarte
    desde lo lejos
    como un sueño
    inalcanzable,
    y aunque me hallas
    invitado a soñarme contigo,
    nunca aprendí de tus fantasías a soñar.

    André Suárez Paredes

    octubre 22, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Sans Forgetica, la tipografía que te ayudará a memorizar textos

    Se acercan los exámenes finales en las universidades y siempre cae bien uno que otro consejo para lidiar con tantos textos, exposiciones y trabajos finales. No me acuerdo precisamente dónde hallé la información de que el color rojo hace que el texto que subrayes sea más fácil de recordar. Tiene cierta lógica, pues el color rojo es muy llamativo a simple vista y, por ende, fácil de recordar.

    Pero sucede que ahora el mundo estudiantil puede llegar más lejos. Y todo esto gracias a la ciencia y a un equipo de diseñadores que confeccionaron una tipografía que hace del texto más fácil de recordar.

    Sans Forgetica

    Investigadores del Australia’s Royal Melbourne Institute of Technology dieron con una tipografía llamada Sans Forgetica que es capaz de hacerte de estimular la memoria.

    ¿El truco? Pues hacer todo lo contrario de lo que hace una tipografía: dificultar la lectura del texto. Suena paradógico, pero tiene una razón sencilla. La lectura se hace más a conciencia y la mente retiene mayor información por el esfuerzo extra.

    El Sans Forgetica está pensado desde los principios básicos de la Gestalt, al invitar al cerebro a completar figuras inacabadas.

    [embedyt] https://www.youtube.com/watch?v=CEXzSehu5HM%5B/embedyt%5D

    La nueva tipografía fue sometida a prueba entre estudiantes universitarios. Los resultados arrojaron que el 57% de las personas que leyeron en Sans Forgetica retuvieron la lectura respecto al 50% que lo hicieron en Arial.

    La diferencia no es considerable, además de que el Sans Forgetica puede acabar siendo contraproducente en textos largos. La dificultad de lectura puede jugar en contra con cansancio ocular o pérdida de la concentración. Si lo utilizas en pequeños textos, como los ayudamemoria, tendrás mayor éxito.

    Cómo usar la Sans Forgetica

    ¿Interesado en probarla? En este enlace puedes descargar la tipografía para instalarla en tu PC. También hay una extensión para aplicarla sobre un texto que estás leyendo en una página web.

    André Suárez Paredes

    octubre 21, 2018
    Artículos
    Ciencia
  • La dictadura del entendimiento

    «¡Pero no me entiendes!». Siempre he pensado que esta frase es peligrosa cuando tratamos de argumentar sanamente y mantener las formas, pero siempre acaba en una discusión interminable. El entendimiento es una especie de arma en el que la razón parece única, pero tan única que su sola mención en un debate la hace categórica hasta el punto de que debe cambiar las mentes del planeta.

    Sabemos que eso nunca sucede, por más razón que uno tenga, por más poderoso argumento que exista en el mundo de las letras, porque sucede que la frase «¡Pero no me entiendes!» origina lo que yo llamo la paradoja de la fuerza imparable que choca contra un objeto inamovible. Como se imaginan, el resultado es el desastre.

    Veamos un caso

    Vayamos al terreno de la vida cotidiana. Imagina que discutes con alguien sobre cualquier tema. No importa realmente el motivo. Habrá un punto en el debate que ambos defienden la esencia de cada idea, porque eso siempre sucede cuando uno argumenta con los demás: desarrolla su idea hasta dar con la partícula más indivisible, el átomo de nuestra idea.

    Ya para este punto, no hay forma de convencer al otro de que tenemos razón. Obviamente, este otro también tendrá su razón que es incompatible con la tuya. Es entonces cuando uno cree que el error no está en la idea, sino en cómo se explicó.

    Allí entra la frase «¡Pero no me entiendes!».

    La discusión vuelve entonces no hacia las ideas, sino en un intento constante de tratar de mejorar la comunicación para decir prácticamente lo mismo pero con otras palabras. El «no me entiendes» se vuelve así en una especie de insulto al entendimiento. Es como decirle «bruto» al receptor de nuestro mensaje.

    Mi salida favorita

    Me tomó mucha paciencia entender que las ideas no se entienden por la lógica del entendimiento y la racionalidad, sino también por las emociones. No solo se tiene razón, sino se «siente» que así deben ser las cosas. Y ese sentir es justo lo que corrompe el diálogo, porque personalizas las ideas, las haces tan tuyas que eres incapaz de contradecirte o de entender el «entendimiento» del interlocutor.

    Para esto siempre tengo una frase maestra. Espero que alguien le ayude.

    «No es que no te entienda. De hecho, entiendo todo lo que me estás diciendo y la lógica de tus ideas. Pero que te entienda no significa que automática cambiaré de opinión. Solo tengo una perspectiva distinta, porque mi experiencia me llevó a esta conclusión. Sí te entiendo, pero no comparto lo que dices, y no lo comparto porque pienso que las cosas pueden ser diferentes. Es cuestión de fe».

    Touché… Porque creo que de eso trata las ideas: la fe en algo tan nuestro como nuestras ideas, y estas llegaron a nosotros no por la lógica y el raciocinio, sino que además hay algo emocional que nos hace tan obstinados. Quizá eso sea el átomo indivisible de las ideas, nuestra fe en creerlas.

    André Suárez Paredes

    octubre 21, 2018
    Artículos
    Psicología
  • Palabras de odio entregadas

    Hay palabras que vuelven
    para reírse de uno,
    que se sacrifican
    en nombre de la vanidad,
    de la desnudez
    memorable de quien
    transformó en lágrimas
    las sangre que
    quiero dejar
    en este papel.
    Hay palabras
    a ti debida
    que me reprochan
    donde estuve
    cuando solo
    quise escapar.
    Y palabras
    que me cierran
    la boca
    hasta vomitar.
    Palabras que
    suenan al
    sacrificio
    en tu nombre,
    de tu odio
    de amor
    entregado
    a mi libertad.

    André Suárez Paredes

    octubre 21, 2018
    Artículos
    Amor
  • La explicación científica al «sentir mariposas en el estómago»

    «Sentir mariposas en el estómago» es una frase cursi. La utilizamos cuando conocemos a alguien especial o en momentos importantes. La sensación es como un aleteo dentro de la panza, como si algo se estuviese regurgitando en medio la tripa.

    Pero como en ‘No hablemos de cosas tristes’ me encanta romperme la cabeza asesinando ilusiones, veamos el fundamento científico de la sensación «sentir mariposas en el estómago». Siento que al saberlo, por fin podremos dejarnos de tonteras románticas y saber exactamente qué sucede en nuestro organismo, esa extraña respuesta que algunos llaman amor.

    Sistemas simpático y parasimpático

    La sensación de mariposas en la panza tiene que ver con el sistema nervioso autónomo, responsable de las tareas a las que no debemos hacer funcionar voluntariamente. Uno no tiene que activar la sudoración, por ejemplo, sino que esta ocurre automáticamente cuando hacemos ejercicios.

    Dentro de este sistema, existen dos subcategorías: el parasimpático y el simpático. El primero está encargado en la producción y el restablecimiento de la energía corporal cuando estamos relajados. El simpático, por su parte, es capaz de activar los músculos lisos, el músculo cardíaco y las glándulas de todo el organismo en situaciones extremas.

    «Sentir mariposas en el estómago» bajo la lupa

    Hasta aquí ya debes tenerla clara. La sensación de mariposas en el estómago es una respuesta involuntaria en momentos de tensión o de peligro.

    Lo que sucede exactamente es que la sangre del intestino y del estómago se desplace hacia las extremidades para huír de la amenaza. Dicho desplazamiento ralentiza la digestión, ocasionando el «sentir mariposas en el estómago».

    Pero la magia de esta sensación tiene una consecuencia interesante: las ganas de querer ir al baño. Sucede que el estómago reacciona liberando adrenalina, ocasionando la contracción de las paredes intestinales y la relajación del esfínter anal externo.

    En realidad, la sensación es más parecida a un hormigueo, pero lo de las mariposas es más bonito para quienes están sugestionados por alguien especial.

    André Suárez Paredes

    octubre 6, 2018
    Artículos
    Ciencia
  • ¿Qué pasaría si los limeños se dedicaran a leer en el transporte público?

    Yo tengo la costumbre de leer un libro mientras viajo en transporte público. Reconozco que es difícil por los baches y la velocidad temeraria del chofer, pero si consigues un buen asiento (preferiblemente junto a la ventana), podrás acabar varias obras en las horas que uno se aburre en el bus.

    Digamos que es una buena manera de sacarle la vuelta  al tráfico. Si tantas horas perdemos en el transporte público, al menos debemos aprovecharlas leyendo un buen libro para el camino. Pero hagamos algo interesante: imagina que todos los limeños nos dispusiéramos a leer un libro durante el tráfico, ¿en qué ubicación estaríamos en el ranking de los países más leen?

    El tráfico en Lima

    Una investigación hecha por el PAD – Escuela de Dirección de la Universidad de Piura reveló que el 51% de los limeños pasa menos tiempo con sus familias por culpa de la congestión vehicular. De este porcentaje, la agencia española Marketwin especificó que los limeños pierden al menos dos horas diarias para desplazarse a sus centros laborales o de estudios.

    «Esto nos refleja las condiciones en las que tiene que someterse más de la mitad de la población estudiada, es decir al menos 60 horas perdidas en el tráfico durante un mes”, señaló Willard Manrique, coordinador de la investigación.

    El estudio tuvo como muestra a más de 1400 personas que residen en el norte, este, sur y centro de Lima.

    Una Lima lectora

    Ahora vivamos la utopía. Supongamos que de la noche a la mañana, esas 2 horas perdidas en la congestión vehicular las invirtiéramos en leer un buen libro.

    Como el estudio se refiere al tiempo desperdiciado en los desplazamientos al trabajo o a los estudios, podemos suponer que esto ocurre durante los días de semana, de lunes a viernes. Los institutos y la mayoría de centros laborales no operan los fines de semana, así que podemos cerrar aún más la muestra.

    Si son cinco días a la semana que la mitad de los limeños pierde 2 horas dentro del bus, esto significa que semanalmente la mitad de los limeños leería 10 horas en el transporte público.

    Pero como nos referimos únicamente a la mitad de Lima -y suponiendo que la otra mitad no lee absolutamente nada-, la población total dedicaría 5 horas semanales a la lectura. Me siguen, ¿cierto?

    Ranking de los países que más leen en el mundo

    Teniendo este dato esclarecido, vayamos al estudio realizado por la agencia NOP World, parte de la consulta GFK, sobre cuántas horas semanales dedican los países más lectores del mundo.

    El podio está compuesto por India con 10.42 horas, Tailandia con 9.24 horas y China con 8 horas a la semana. Como Lima tiene un promedio de 5 horas, estaríamos ubicados en el puesto 28, empatados con Taiwán.

    Increíblemente, superaríamos a Japón que tiene un promedio de 4.06 horas y estaríamos por debajo de Brasil con sus 5 horas.

    Ahora que tomes el bus, pues anímate a llevar un libro para hacer la espera más placentera. Además, harás que Lima mejore en los índices de lectura semanal si es que nos comparamos con los gigantes del extranjero.

    André Suárez Paredes

    octubre 5, 2018
    Artículos
    Cultura, Libro
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Disculpa si te puse triste…

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