NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • La estúpida excusa de los padres

    La peor excusa de quien reconoce que está en problemas es echar la culpa a los padres. «No puedo dejar el licor, porque mi padre una vez me dijo…» Hacer eso muestra no tener carácter ante las experiencias personales, pues pienso que uno se siente triste o incomprendido, porque así desea sentirse. Nadie puede obligarte a sentir de una manera determinada, a menos que tú así lo decidas.

    La tristeza no se contagia, sino se genera. La decepción no se contagia, sino se genera. La vergüenza no se contagia, sino se genera. Todo lo que sentimos lo generamos nosotros luego de evaluar las experiencias y dictaminar cómo sentirnos ante las circunstancias.

    Culpar a los padres de nuestras costumbres (y malas costumbres) es una manera muy fácil de huir de nuestras responsabilidades emocionales. Creo que esto sucede, porque responsabilizar a los padres es regresar a los errores acontecidos en los mecanismos de crianza en los que sentimos una dependencia emocional directa. Mi padre me lo supo resumir en una frase a los 18 años: «Ahora dejé de ser tu padre para ser tu amigo».

    No eches la culpa al resto, menos a ti mismo, por cómo te sientes, sino aprende a cómo procesarlo para decidir cómo sentirte en el momento adecuado.

    André Suárez Paredes

    febrero 12, 2013
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    Crianza, Emocional, Familia, frase, la culpa, Licor, los padres, Padres, Responsabilidad, resumir
  • Hoy puede ser un día distinto

    Hasta hace unas semanas tenía la energía de hacer cosas distintas todos los días, desde tomar un bus diferente para ir al trabajo hasta ir a comer donde nunca antes imaginé. Esta práctica es divertida hacerla cuando tienes con quién compartir esta filosofía, sea una pareja estable o solo un amigo.

    Lástima que a veces nadie comprende estas ganas de romper con la rutina, pero siempre hay excepciones a la regla. Si llegas a conseguir a alguien o si ya tienes la suerte de que ese alguien sea tu pareja, pues aprovecha en detenerte un día antes de ir al hotel y decirte: «Hoy hagamos algo diferente». Ese algo no necesariamente tiene que ser muy costoso (aunque la mayoría es así), sino cosas sencillas pero que nunca antes se hicieron como, por ejemplo, ver el amanecer desde el cerro San Cristóbal o pasar la noche en el Presbítero Maestro.

    Cada vez que hablo mucho del tema me condenan de hipster, pero ocurre que solo quiero contagiar estos ánimos de no ser conformistas y dejarse sorprender todos los días. Divertirse donde menos se te ocurre, como en la cola del banco, es donde explotamos nuestra creatividad para pasarla bien en una comedia muy improvisada.

    André Suárez Paredes

    febrero 12, 2013
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    Amistad, cerro san cristóbal, comedia, Hipster, Hotel, improvisada, Parejas, Presbítero Maestro, Relaciones de pareja, San Cristóbal
  • ¿Qué animal te gustaría ser? Si dices elefante…

    Recuerdo aún las enseñanzas de filosofía en la Universidad y entre ellas se destaca el anima mundi, aquella fuerza subyacente en toda la naturaleza, incluida los seres humanos. Esta idea de una energía universal hace que siempre pregunte a las personas qué animal gustarían ser, así determinas parte de su personalidad.

    Perros, gatos, iguanas… Muchos animales he escuchado en mi vida. Personalmente, siento que tengo mucho carácter de tortuga: lento, pero seguro con un caparazón en donde se encierra para sentirse protegido. Sin embargo, creo que nadie me ha hablado de un elefante. Si tú, querido lector, me dices que tienes algo de elefante, te contaría la siguiente historia.

    En un país asiático, creo que la India, los elefantes son atados a un árbol gigantesco desde muy pequeños para que no se escapen. Cuando crecen, basta con atarlos a ligeras ramas para que eviten siquiera huir tras años de intentos fallidos. Pese a su gran fuerza en un futuro, las frustraciones hicieron que el animal deje de seguir buscando su libertad por acostumbrarse al pasado.

    El relato se adapta a nuestras vidas cuando ahora vemos hacia atrás, sonriendo por todas las trabas que parecían gigantes, pero que ahora son solo parte de la vida ya superada. Aprendamos de los animales si es que estás convencido de que el anima mundi existe, esto hará que halles respuestas en la simple naturaleza de las cosas.

    André Suárez Paredes

    febrero 12, 2013
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    Anima mundi, Animales, Asia, Elefante, India, Libertad
  • Los vestidos de una ilusión

    La besé sin que ella se dé cuenta y me correspondió con una mordida en los labios, como quien marca su propiedad en nombre de la lujuria. Ella sonrió como nunca, pues nunca antes la había besado, así como nunca antes la había visto en mi vida. No sé cómo, menos por qué, esa chica desconocida correspondió a mis labios cuando la vi pasar por el malecón de Miraflores.

    Ella trotaba muy deportiva en dirección al norte y yo sentado viéndola pasar mirando al sur. No sé dónde se quedó mi clásico nerviosismo, pero sí que arriesgarme a besarla valió la pena cada milésima de segundo. Lejos de saludarme con una bofetada por atrevido, ella abrió los ojos para ver dentro de mi alma desde esas ventanitas marrones que me apasionaron en menos de un minuto.

    -No me digas tu nombre, por favor-, le dije antes de que abriera los ojos.
    -¿Quién eres?-, dijo ella exhalando el último bocado de aliento que dejé en su boca.
    -Nadie malo. Solo no me digas tu nombre para seguir sintiendo que no eres de este planeta, que eres diferente al resto de mortales que tienen nombres y apellidos.
    -Pero… ¿Acaso yo no puedo saber tu nombre?
    -Mi nombre es el que tú me quieras dar cuando sientas algo de mí en tu vida. Ese día, recién para ti, tendré un nombre.

    Aún seguía parada frente a mí sin mayor miedo que separarse de mis brazos. Debo conseguirle algo, solo que no tengo ni una puta moneda en el bolsillo. ¿Acaso es posible monetizar los obsequios para guardar los recuerdos para siempre? Habían tiendas por todos lados, pero en ninguna nada de lo que podía comprar. Claro, a menos que sea gratis.

    -Espérame, quiero regalarte algo que nunca antes recibiste-, le dije mientras corría alrededor de ella, quien no dejaba de reírse por mi desesperación.
    -Creo ya tener todo, no tienes por qué molestarte-, dijo mientras me seguía con la mirada.
    -¡Aquí está! ¡Cierra los ojos!-, le dije mientras cerraba sus párpados con la yemas de mis dedos. Si la suerte existe, pues esa tarde estaba conmigo.- ¡Ábrelos ahora!

    Sus ojitos se abrían de a pocos, pero solo hasta la mitad, pues el resto los abrió de golpe al ver que en mi mano solo había una piedra gris.

    -¿Esto es lo que me ibas a regalar?-, dijo muy intrigada por mi obsequio.
    -Sí, esto es. ¿Único, no?
    -¡Pero es una piedra común y corriente!-, gritó en medio de carcajadas al saber que hablaba muy en serio.
    -¿¡Pero quién en toda tu vida te regaló una piedra!? Si es tan obvio que existen por montones en la ciudad, ¿por qué nadie se tomó el trabajo de darte una?

    Se rió tanto que los vecinos voltearon para vernos. Ella trató de taparse el rostro para aguantar el ruido, pero le dije que no tenga vergüenza, pues nos tienen envidia ya que reímos más que ellos en este momento. Volvió a besarme con los brazos en mi cuello como si fuese a desmayarse por un instinto que acababa de nacer esa tarde.

    *****

    Ese mismo día, pero horas después, nos sentamos en la vereda del Parque Kennedy. Ella ahora luce un vestido floreado con girasoles que combinaban con sus mejillas pecosa, deliciosas como chocolate cuando las besas suavemente.

    La miraba en silencio, admirándola por cómo observa el panorama sin dejar de sonreír. Por momentos ella voltea para preguntarme qué tanto la miro, solo atinaba a reír nervioso sin mayor comentario. Tampoco tuve tiempo como para explicárselo, pues de pronto ocurrió una pelea frente a nuestros ojos.

    Un policía arrastraba a un ebrio que no dejaba de insultarlo. Muchos peatones voltearon para ver la escena y las palabrotas que el detenido espetaba sin mayor consideración a los menores.

    -Sabes algo-, trato de llamar su atención para que deje de ver la pelea-, quería decirte que te quiero por la puta madre.
    -¡¿Pero qué mierda tienes tú?!-, gritó en plena calle, asustando hasta a policía y al ebrio por tremendo escándalo.
    -¡Qué tanto gritas, en realidad debes estar orgullosa!
    -¡No seas idiota! ¿A qué clase de chica le gusta eso?
    -Si te dijera por años que te amo y un día cualquiera te digo “vete a la mierda”, ¿no te enojarías inmediatamente, pese a que tantas veces antes te haya dicho lo importante que eres para mí?
    -Claro que sí me molestaría…- La interrumpo con un beso para calmarla y anticipar que lo que diré tiene buen camino.
    -Entonces eso significa que las palabras negativas tienen más fuerzas que las positivas. ¿Por qué no utilizarlas para algo bueno? Así se puede reciclar la mala onda de una palabrota para algo bonito.
    -No entiendo…
    -Solo entiende que te quiero tanto como un conchatumadre que espetarías a tu peor enemigo, así con esa misma energía, pero convertida en algo bueno.

    Me abrazó muy aliviada, ya que esperaba lo peor. Pobre, creo que la hago víctima de mis arrebatos por buscar nuevas formas de expresar lo que siento. Sin embargo, parece divertirse tratando de comprenderme, como quien cuida de un niño que depositó su inocencia en manos ajenas.

    *****

    Ahora ella me espera en las afueras del edificio mientras yo corro por las escaleras en busca de cumplir una promesa. La noche algo estrellada en Lima preparó mi oportunidad para demostrarle de qué estaba hecho. Eran cerca de las 9:00 p.m. y mi Dulcinea aguardaba ansiosa a unas cuadras de distancia del Hotel Westin en la avenida Javier Prado. Estaba muy bella, con aquella blusa de puntitos y una falda que me dejaba boquiabierto. No puedo fallar, debo seguir corriendo por las escaleras pese a los guardias de seguridad.

    Por ratos ella me llama al celular preguntándome si es que aún sigo corriendo. Le respondo muy agitado que sí, que sigo corriendo por los escalones con el objetivo de llegar a la cima del rascacielo más alto del Perú. Mi tarea no es nada fácil, ya que los guardias supieron de mí al saber que no era el turista chileno que aparentaba ser.

    Fugazmente veo las señalizaciones del recinto. Ando por el piso 26 de 30, así que ya falta poco para lo que me propongo. Ella vuelve a llamarme, decido no contestar, pues los guardias casi respiran detrás de mi cuello. No creo que pase lo peor, pues mi única intención es llegar al techo. No robo nada, solo la oportunidad de estar por encima de todos los limeños por unos minutos. Suena el teléfono otra vez. Lo mejor es no desesperarla.

    -¡Qué tanto quieres probar! ¡Ya baja, idiota!- Me grita por el teléfono muy desesperada sin tener idea de lo que trato de hacer.- La policía está aquí. ¡Esto va a acabar feo!
    -Tranquila. Ya casi. Me falta solo un piso más para llegar exactamente al techo. ¡Te dejo, debo forzar la puerta!

    Mi cuerpo embiste la puerta de metal. Logro abrirla de un buen golpe que me lesiona el hombro. Escucho los pasos y lisuras de los guardias de seguridad del hotel. Piden refuerzos sin dejarme de amenazar. Nada importa, dicen, cuando se trata de hacer lo que quieres.

    Ahora sí, ya casi llegan. Me apresuro en subir encima de algunos conductos de ventilación para estar cada vez más alto. ¡Debo comenzar ahora, sino nunca podré otra vez!

    -¿Oye, chiquillo, se puede saber qué mierda estás haciendo?- Grita muy cansado el guardia de seguridad. Posa sus manos sobre sus rodillas para descansar la fatiga.
    -¡Acaso no ves! ¡Solo déjame seguir intentando!-, le digo mientras salto cada vez más alto exactamente parado en el mismo lugar con los brazos extendidos hacia el cielo oscuro.
    -¡Este huevón se quiere suicidar, que alguien llame a los bomberos!-, grita un segundo guardia que acaba de llegar al techo.
    -¡Nada que ver, es todo lo contrario!-, digo mientras salto cada vez más alto con la misma pose que nadie parece entender.

    Llegó la policía de rescate por el ascensor, momento en que mis intentos dieron por acabado. Personal de la PNP me bajó del sitio con un par de carajazos y unas esposas muy frías en mis muñecas. Me llevaron a la comisaría más cercana, lugar donde la mujer de mis delirios apareció para que abogara por mi libertad. Todo quedó resuelto con tres billetes de cien y uno de cincuenta.

    -¡¿En qué pensabas, quieres pudrirte en la cárcel?!-, decía muy desesperada, casi hasta las lágrimas. La asusté mucho, ahora me siento algo culpable.
    -Lo hice por ti, pero no quería que te pongas así-, paso mis manos sobre sus mejillas frías para borrar sus lagrimitas.
    -¿Qué tanto querías lograr?
    -Traerte una estrella. No tengo mucho dinero para una nave espacial y menos contactos en la NASA como para que me ayuden…
    -¡Ya, dime a qué quieres llegar!-, me corta tajantemente sabiendo que suelo redondear las cosas para que suenen bonitas.
    -El punto es que estando en el último piso del edificio más alto del Perú puedo decir que me ubiqué lo más cerca posible de cualquier intento para bajarte una estrella entre los limeños que habitan esta ciudad. Salté algo de 30 cm, no es mucho, pero debes sumarle la altura del edificio como para decir que sí lo intenté.

    Ella me miró desconcertada sin mayor comentario que un largo suspiro y una sonrisa que parecía inacabable. Su pequitas se veían más oscuras bajo la luz anaranjada del farol. Decidimos irnos a comer algo para aliviar el susto con algo dulce. Todo parece indicar que yo invitaré, pues pagó mucho dinero por mi libertad. Lo que ella no sabe, pienso, es que realmente ahora me siento doblemente libre: por estar fuera de la carceleta y por expresar mis arrebatos de cariño sin el más mínimo temor.

    *****

    Hacía cada vez más frío en las calles de Barranco. Ella posa su brazo sobre el mío y acomoda su rostro sobre mi hombro como si lo acariciara con la mejilla. La besaba en la frente sin dejar de decirle que estaba hermosa, que su jean oscuro combina con la noche, así como su polo rosado con un búho de anteojos con su personalidad cotidiana.

    Caminábamos sin destino aparente, jugando a pisar tres veces cada cuadrante de la vereda y metiéndonos zancadillas para hacernos perder. Lo que ella no sabe aún es que perdía a propósito para verla siempre feliz cuando ganaba.

    No recuerdo cuánto tiempo pasó para darnos cuenta que nos ubicábamos en medio de casas abandonadas en calles muy oscuras. Unas eran más viejas que otras, pero todas muy despintadas como si las paredes se cansaran de abrigar familias dentro del inmueble.

    Ella, siempre calurosa, no trajo un abrigo y digamos que mis brazos no son tan gruesos para taparla con mi piel, pese a que fuese mi intención. Me acerqué donde estaba la puerta más cercana de una vieja casa anaranjada, que apenas cerraba el interior con un candado oxidado. No tardé en romper la cerradura con una piedra para que entremos sin miedo a ser arrestados por intrusos a propiedad privada. En realidad, quién se tomaría la molestia si es que nadie parece cuidar de estas residencias que dejaron de ser hogares para ser guaridas de ladrones, drogadictos y prostitutas.

    -Sé que esta no es mi casa, pero me gustaría que lo fuera, pues así comenzaríamos algo en un espacio que guardó las frustraciones de familias pasadas-, le dije mientras la jalaba hacia el interior. Se veía una especie de sala pequeña con varios sillones rotos de aspecto muy colonial.
    -Pero si esta casa está toda vieja…- Me dijo pisando muy delicadamente los escombros que caían del techo.
    -Ven-, le cojo las manos y las acerco a mi pecho. Le cierro los ojos con un beso en cada párpado para hacer más oscura la noche en su mente y contagiarla de mi pasión-. Escucha solo mi voz…
    -Dímelo…- Lo dice como si exhalara un suspiro que logro respirar, la única manera física de sentirla dentro de mis órganos y lo más próximo al corazón.
    -No veas esta casa como rezago del pasado, sino como un cimiento para algo nuevo. Dime que no temes comenzar de nuevo o que ya te cansaste de volverlo a intentar, pues si bien la casa te parece la misma que otras, aún no le das la oportunidad para que sea diferente al resto.

    Abrió sus ojos de par en par. Sus pequeñas ventanas del alma me miraban con algo de miedo y un poco de precaución, como si guardara en ella una pasión placentera que puede llegar a quemarla si no es controlada por unas manos que en verdad la amen. Me respondió con el silencio para ponerme a prueba qué tanto sé de ella para interpretar sus gestos, pese al poco tiempo que la conocía. Su misterio me cautiva, pero me inspira a seguir descubriéndola. Ella esconde un tesoro que deseo descubrirlo.

    -Siéntate aquí. Tan solo espérame-, le dije acercándola a un viejo diván rojo que estaba apoyado junto a un gran ventanal lleno de polvo. Me alejo en dirección a la puerta que estaba en frente de ella. Parece impaciente.
    -Buenos días, mi señora. He aquí el desayuno, ¿cómo amaneció esta mañana?-, le digo mientras le acerco una charola de plata algo oxidada y unas tazas rotas.
    -¡¿Qué estás haciendo?!-, dijo ella muy divertida, tapándose la boca con las manos para no exhibir su sonrisa a tanto polvo.
    -Sé que no sé preparar tostada francesa. Sé que lo digo siempre, pero siempre te gustan y me dices que soy un tonto con buenas intenciones-, le digo mientras bajo las cosas en el suelo.

    No deja de repetir que estoy loco mientras me alejo de ella para llevarle un supuesto periódico formado de puro papel tapiz caído de las paredes. Piso fuerte con mis zapatillas el apolillado suelo de madera para hacer sonar mis pasos en toda la casa.

    -Escucha, se acaba de despertar la pequeña Casandra-, le digo mientras miro el techo como si su cuarto quedara en el segundo piso de la casa. No se me ocurrió otro nombre por alguien a quien solo ella y yo podíamos ver esa noche, tal como una canción de Sui Generis.
    -¡Pero qué nombre! Me gusta, es raro, pero lindo para una niña-, dijo entre risas moviendo sus pequeños pies ante mis ocurrencias-. ¡Escucha como sigue caminando con sus piecitos!
    -Espera, pero si yo…- Ella volteó para notar inmediatamente que estaba arrodillado atándome las zapatillas.

    Recuerdo que no terminé de atarme los cordones, pues tuve que correr detrás de ella para tranquilizarla. Su miedo a lo predecible resultó más que mi temor a no atender a Casandra en caso de quedarse sola en casa esa noche.

    *****

    Las estrellas parecen un universo muy limitado si es que llegas a ver la espalda de ella. Su cantidad de pecas me provocaban unir imaginariamente aquellos puntitos para ver si mi vida está escrita en su piel. Repaso mis ojos por el reloj. Son las 11:43 p.m. y ella yace ahora con el mejor vestido que Dios le pudo haber dado, su dermis desnuda sobre una cama de un hotel.

    La veía echada de espalda como si durmiera profundamente bajo una confianza infinita al saber que no le haré daño. Paso mi dedo índice por cada peca para dibujar figuras, formas, palabras y frases en busca de hallarme en ella para que ella también se dé cuenta que habito en alguna parte de su cuerpo, un inmenso mapa en donde pretendo escribir con ayuda de la imaginación.

    Ella voltea de momentos para acomodar su largo cabello, me mira como esperando un beso y mis manos frotan su espalda como quien percibe la calidez de un alma con la yema de los dedos. Suspira un poco para luego romper el silencio preguntándome que le hable sobre algo. Lo que no sabe es que en esos momentos hablaba con lo más profundo de mí para contarle sobre ella y cómo llegamos a este lugar tras unas copas para quitarnos el susto de la vieja casa. Hablaba de ella conmigo mismo y a través de ella hablo sobre mí.

    La beso en los labios para seguir en silencio, callo sus palabras con mi boca para seguir describiendo el placer que va más allá de lo físico o de lo hormonal. Suspiro sobre su cuerpo para tallar en ella mi aliento en sus venas, hago de ella un lienzo de arena donde puedo repasar mis manos haciendo surcos en su piel. Siento cómo sus piernas se mezclan con las mías, como si danzáramos entre sábanas al ritmo de los latidos.

    La admiro observándola a través de mis ojos cansados como buscando una ruta para no perderme ningún centímetro de su piel en mis labios. Repaso con ellos cada pliegue de su cuerpo como si me alimentara de tan solo oler la ambrosía de los dioses.

    Sus gemidos tras cada caricia bosquejan su pasión deliberada, el goce que escucho cada vez que cierro los ojos por instantes infinitos. Cada vez que eso pasa, cuando exhalo las tripas de mi alma frente a ella, siento pánico. Lo admito y lo sé. Pánico del más sincero por miedo a dormir y perder horas de mi vida sin poder tocarla.

    Han pasado menos de 24 horas. Las cifras no me apoyan si es que no me crees lo que siento, solo que aún no inventan aquella palabra para explicarte todo esto y menos aún para quien ahora reposa en mi hombro cansada de mi silencio. ¿Cómo gritarte a través de los ojos si estos se cierran antes de besarte?

    Me pregunto qué hace falta para congelar el tiempo para hundirme en su calma actual, en aquella sensibilidad que la hace feliz conmigo ahora antes de que el Sol vuelva aparecer, trayendo consigo la incertidumbre de quién será ella al despertar. ¿Quién será mañana? O peor aún, ¿quién seré yo para ella cuando vuelva a verme? Cómo no puede ella dormir con los ojos abiertos para ver a quien sueña estando despierto a su lado.

    Son las 11:45 p.m. Tan solo pasaron dos minutos y ella me pregunta para que inicie la conversación nuevamente. Se había quedado dormida por poquísimo tiempo. Me pide que encienda la luz del dormitorio.

    -Espérame que busco el interruptor… ¡Ya está, dormilona!

    *****

    El Sol brilla sobre mí como un gran foco que acaba de ser encendido. Sigo todavía en el malecón de Miraflores con varias bolsas con ropa en mis manos, cada una de ellas con vestidos de diferentes modelos y ocasiones.

    -¿Dónde estabas? ¡Sabes que tienes que llevar la ropa donde la señora García!-, dijo la voz de mi jefe, que se dedica al comercio de ropa exclusiva. Yo soy el encargado de entregar las encomiendas en las casas de los clientes.- El vestido floreado de girasoles debe estar en su destino dentro de 30 minutos y la blusa de puntitos en La Molina dentro de hora y media. ¡Qué diablos esperas!

    Apagué el celular y solté las bolsas con ropa para ver si ella aparecía nuevamente en medio del panorama. La tarde se volvió noche y la noche, madrugada. El frío comienza a calar en mis huesos sin atreverme a abrigarme con la ropa de quien antes lució en un sueño mío.

    -Disculpe, señorita. ¿Le queda este vestido?-, le dije a una joven mientras esperaba el bus en la avenida Larco, cerca al Hotel Marriot.
    -¡Aléjate idiota de mierda!-, gritó desesperada, un frase que logré escuchar tantas veces que ya ni me ofende cuando trato de hallar quién puede lucir los vestidos que adornaron un sueño.

    La búsqueda me demandó poco más de un mes, tiempo necesario para que los vecinos me apodaran de formas crueles ante mi terquedad. Caminando por las aceras me iba dando cuenta que quizás debo dar chance al tiempo para que sea efectivamente tiempo en mi vida, y que no todo es tan inmediato como arropar a alguien con los vestidos de una ilusión para que mágicamente se vuelva la mujer que espero.

    Tener los vestidos preparados para ella era lo único que tenía, lo único que parecía importarme, y ahora son solo trapos que recuerdan mi egocentrismo por un amor ideal que no siempre corresponde a la realidad. Y es que los ideales no son más que sueños para terminar enamorándose de uno mismo, algo que ella me enseñó estando en ausencia.

    Abandoné las bolsas con los trajes hilados de ilusiones perfeccionistas en un jardín, las dejé junto a mi reloj para que el tiempo pase apurado sin que me dé cuenta y caminé sin rumbo abrazando la oscuridad para sentirme menos misterioso que el destino que me espera.

    Si pienso en ella, pues sí, precisamente en cada silencio o punto ciego del panorama en el que mi mirada tropieza con mi mejor sonrisa. Pienso en ella mientras ando con una piedra en el bolsillo para regalársela el día que se enamore de quien esperó su llegada durante meses. Será entonces cuando agradeceré su regreso no como la continuidad de una ilusión, sino como el nacimiento de una nueva realidad.

    André Suárez Paredes

    febrero 7, 2013
    Artículos
    Cuento, Literatura, Miraflores, Parejas, Relaciones de pareja, Soledad
  • Manifiesto a la paternidad moderna… O metida de pata

    La siguiente publicación es una suerte de discurso que preparé para alguien especial, que ahora será madre moderna por cosas del destino (¿o descuido juvenil?).

    Ser padres es una tarea tan difícil que por eso creo que no existen universidades sobre la materia, ni institutos especializados, pese a que muchos crean que la labor se limita a los quehaceres de la casa. Nada para más equivocado, pues criar a un niño no es lo mismo que mantenerlo económicamente. Incluso, al mirar el pasado y conocer la historia de nuestros padres, como que la lección es difusa para entender exactamente cómo ser mejores papás que nuestros papás.

    Me parece penoso meditar sobre estas cosas que aún no experimento por la sencilla razón que alguien más joven que yo sí las sobrellevará. No soy nadie para juzgar a las personas, así que advierto que me limitaré a expresar mis opiniones desde mi punto de vista al que trataré de ser más imparcial posible.

    En primer lugar, traer un niño al mundo no debe ser desgracia alguna, pero sí lamentable en el sentido que se quemaron etapas de un porrazo (dependiendo de la edad del madre/padre moderno). Lo peor aún, siento, es el orgullo infantil de quienes justifican el embarazo porque dicen sentirse más felices alejados de la familia o escondidos en una casa que no es la suya.

    Segundo lugar, el amor no es el mismo del enamorado que del padre. Las experiencias y responsabilidades son distintos por más promesas que se juren compromisos. Afirmar el futuro bajo ilusiones resulta peor al hallar la crueldad de la necesidad económica, la conciliación familiar, la carrera profesional truncada y una autocensura a reconocer la culpa de que aún no era tiempo para crecer tan rápido con un bebe en brazos.

    Tercero, suponiendo que existe el beneficio de la duda sobre el futuro de la pareja de padres jóvenes, los logros personales pasan a ser segundados por el cuidado del niño. No promuevo el egoísmo, sino que reconozco que el interés en uno mismo debe dejar se existir para desarrollarse como padre o madre. Obviamente, este desprendimiento personal va de la mano con la edad y los jóvenes (con mano en el pecho) sueñan con aspirar a mayores logros que ser madre acabando la educación secundaria.

    Cuarto, con un trasfondo más personal, ¿qué sentido tuvo recuperar el tiempo que no aprovechaste para acabar ahora siendo madre, cuando así apresuraste el valor de crear una familia? No trato de decir que los niños son un obstáculo personal, pero sí un proyecto que debe considerarse en el mejor momento de la vida, cuando se le puede dar todo aquello que los padres no tuvieron, sin que sienta la necesidad, que nada le falte. Amamantar un niño con un brazo mientras el otro guarda un pan medio mordido sin un título profesional como individual hacen una mesa precaria.

    Quinto, pues creo que el suspiro que acabo de exhalar ya que no dejo de preguntarme hasta cuándo dura la ceguera de una felicidad infantil en los próximos 15 años. Repito, digo no sentir pena por el embarazo, sino por las circunstancias tan inmaduras camufladas en un orgullo estúpido sin mayor reconciliación con el pasado, con los padres que serán abuelos o con uno mismo.

    André Suárez Paredes

    enero 9, 2013
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    Crianza, Educación, el orgullo, Embarazo, Embarazo juvenil, Familia, Niños, Orgullo, Padres, punto de vista
  • ¿Has notado que la música se escucha mejor cuando estás desnudo?

    El título corresponde a una frase de Braulio Piñero, que no solo refiere a la desnudez física, sino también a la del alma. Por esto pienso que la radio tiene un poder único: reproducir aquellas canciones que menos esperas en el momento adecuado. Caminando por la plaza o mirando por la ventanilla del bus, siempre la radio nos encuentra para sumergirnos en un videoclip hiperrealista frente a nuestros ojos, en el que somos protagonistas de nuestras historias imaginarias.

    Ahora son pocos quienes escuchan radio, pues la memoria de los mp3 es cada vez más grande, así como la colección musical que puede albergar. Si bien puedes programar el orden de tus temas favoritos para la tarde, mejor es cuando las canciones llegan de forma inesperada a través de la radio. Digamos que así se puede creer más en el destino o que alguien manipula nuestras vidas para algo.

    Personalmente me encanta escuchar Radio Mágica por los clásicos que siempre pasa y porque corresponde a mi visión de la vida según un filme independiente y de bajo presupuesto. Imagino que cada tipo de personalidad tiene su estación radial favorita en busca del mismo fin: sintonizar lo que ven con lo que sienten en casi tres minutos de canción.

    André Suárez Paredes

    enero 3, 2013
    Artículos
    Curiosidades, Estación radial, Música, Radio, Radio Mágica, Videoclip
  • Seis cosas que mejor no debes ‘googlear’

    Hay cosas que jamás en la vida debes buscar en Google. No lo digo por el historial que luego puede ser revisado por nuestros padres de casualidad, sino por la información que puede sugestionarnos a la máxima potencia. Luego de conversar con varios amigos sobre el tema, pasaré a detallar una breve lista sobre los tópicos que mejor no es averiguar mediante el motor de búsqueda.

    1) Enfermedades o motivo de alguna dolencia que padecemos
    Jamás lo hagas y te lo dice un hipocondríaco empedernido. Pasa que solo buscas información sobre cómo tratar una tos que no deja de fastidiar para terminar luego autodiagnosticándote un tipo de cáncer incurable. Lo mejor es consultar a un profesional.

    2) ‘Two girls and one cup’
    Sí, lo dice alguien que ya lo vio. Y mejor es advertir de las imágenes antes que otro incauto sea sometido a la misma broma.

    3) Sobre si embarazaste a tu enamorada
    Lo peor de estas consultas en Google es que llegas a revisar Yahoo! Respuestas, donde nunca falta un troll que quiera hacerte sufrir hasta el último momento con informaciones inexactas. Para colmo, terminas más freakeado que nunca.

    4) ‘Obedece a la morsa’
    Recuerdo que muchos mitos se levantaron sobre el video de un transexual sobreviviente a la polio bailando con un paraguas en un cuarto. Como señalé más arriba, mejor es advertir antes que caigas en la joda de otro.

    5) Videos ‘Snuff’
    Si tienes nervios de acero, seguro que está de más este punto. Los videos ‘Snuff’ son grabaciones de asesinatos reales para su comercialización en Internet. El último caso, recuerdo, fue el video realizado por Rocco Luka Magnotta, actor porno que descuartizó a su víctima con un picahielo. El tema también podría a extender a todo tipo de registro violento real, como los ajusticiamientos de carteles mexicanos.

    6) Sexo pervertido
    No todas las personas toleran las mismas prácticas sexuales, así que hablo de la necrofilia, la zoofilia y una especie rara que un amigo me contó sobre pornografía de enanos mutilados. Si ya te hiciste la idea, pues mejor déjalo ahi sin alguna imagen que constate mejor tu imaginación.

    André Suárez Paredes

    enero 2, 2013
    Artículos
    Sexualidad
  • ¡Gracias a todos los lectores por el 2012!

    Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

    Aquí hay un extracto:

    600 personas llegaron a la cima del monte Everest in 2012. Este blog tiene 2.000 visitas en 2012. Si cada persona que ha llegado a la cima del monte Everest visitara este blog, se habría tardado 3 años en obtener esas visitas.

    Haz click para ver el reporte completo.

    André Suárez Paredes

    enero 2, 2013
    Artículos
    Blog, Lo que nadie se imagina, monte everest, reporte, Wordpress
  • Cómo saber si un gesto es genuino…

    Seguro te has preguntado si la atención que recibes de alguien es sincera o solo una respuesta a lo que tú expresamente has pedido. Todo gesto que se denomine genuino debe ser desinteresado, debido a que es un producto voluntario sin mayor impulso previo que lo motive.

    Imagina que estás saliendo con alguien especial y quieres saber si su cariño es sincero. Si esa persona te da un beso (o una caricia), debes analizar la situación porque existen dos posibilidades: que haya sido motivado por un gesto previo que tú hiciste (un beso o una caricia anterior) o que haya nacido de pura voluntad desinteresada sin gesto previo.

    El segundo caso resulta más original que el primero, pues los gestos sin impulsos previos son los que se originan de pura voluntad; es decir, con mayor cuota de confiabilidad al no corresponder naturalmente a un ademán. Sin embargo, no falta el caso de quienes buscan aprovecharse de las personas, por lo que siempre debe tomarse en cuenta a la persona que analizamos.

    André Suárez Paredes

    enero 2, 2013
    Artículos
    Amor
  • Del ‘me gustas’ al ‘te quiero’ y algo más

    Hay quienes diferencian muy bien el «me gustas» del «te quiero» y, por supuesto, del «te amo» con mucha cuidado para no acelerar las primeras expresiones de cariño en una pareja. Obviamente, las tres frases responden a una escala emocional que pasaré a detallar más abajo.

    Comencemos con el «me gustas». El enunciado se ubica en el nivel más bajo de la relación entre dos personas, pero algo más especial que el amigo corriente, o sea el friendzone. Decir «me gustas» es el inicio de una relación que puede ser cualquier cosa sin la necesidad de que haya un compromiso o exclusividad de decir la frase a cualquiera. A diferencia de los dos otros enunciados, el «me gustas» es menos posesivo y más libre como para decirlo sin temores a quienes sentimos más cerca.

    El «te quiero» es parecido al «me gustas», pero en una escala mayor respecto al compromiso. Solo mencionar «querer» como que resulta algo posesivo que denota una necesidad, pues sientes que algo te falta y esa persona la corresponde. Usualmente la frase se utiliza en el inicio de las parejas formalmente establecidas, algo diferente con el «me gustas» que puede pronunciarse a los amigos de verdad.

    Finalmente, el «te amo». Como que esta frase ya es el máximo de los máximos en lo que respecta expresiones de cariño. Muchos temen utilizarla al inicio de la relación, pues como que se queman etapas y apuran el compromiso a niveles mayores. No obstante, la importancia de la frase está muy limitada pues sentimos amor por todo, solo que utilizamos etiquetas como «te quiero» y «me gustas» para calibrarla emocionalmente.

    Qué problema resulta a veces decir «te amo» muy pronto y sentir cómo estrangula el silencio mientras esperas la respuesta de la pareja. Debemos considerar que el amor no solo se proyecta cuando decimos «te amo», sino en todas aquellas frases (o acciones) que evocan una sensación especial por alguien. De esta manera, el «me gustas» y el «te quiero» guardan amor en pequeñas medidas, solo que autocensurado para no mostrar nuestra parte más sensible al decir lo que sentimos.

    André Suárez Paredes

    enero 2, 2013
    Artículos
    Amor
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Disculpa si te puse triste…

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