NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Todos los humanos sin excepción

    Hace varias semanas escribí sobre la tragedia de Aquiles, el héroe griego que nunca sintió valentía al saber que no moriría en combate. La reflexión giraba acerca de cómo las personas desean nunca equivocarse sin valorar lo que significa ser valiente cuando sentimos miedo. Como extensión de dicho texto, digamos que ese deseo por evitar errores corresponde sencillamente a que los humanos, todos sin excepción, no saben lo que quieren.

    El tema no es nuevo, pues las personas varían sus intereses y expectativas dependiendo de la edad y las circunstancias. El solo hecho de querer algo hace que nos volvamos dependientes, incompletos, hasta inútiles por no contentarnos con lo que ya tenemos. No hablo simplemente de cosas materiales, sino emocionales como la búsqueda del amor no correspondido o la exigencia de gestos a quien no le nace.

    La habilidad reside en no depender de la justicia divina, sino en convivir con lo que tenemos para hacer de las pequeñas cosas grandes experiencias. La meritocracia en la vida cotidiana a veces no resulta, aunque duela admitirlo. El tiempo es ahora sin depender de lo que hiciste en el pasado si es que deseas cambiar la rutina. Y dicho cambio no debería arrastrar lo que quisiste antes, sino lo que quieres para ti desde este preciso instante.

    André Suárez Paredes

    marzo 4, 2013
    Artículos
    Psicología
  • El amor te vuelve idiota

    No lo digo yo, sino una propaganda muy interesante de Sprite. Creo que la idiotez es por quien trata de quedar siempre bien con todo al mismo tiempo que busca conquistar a la pareja, porque tan ocupado estás que te olvidas de ser tu mismo. A la larga, cuando creemos que estamos haciendo bien cosas, realmente solo actuamos como no somos realmente.

    Ser tiernos cuando somos fríos, hablar bonito cuando amamos las lisuras, escribir poesía cuando creemos que es de maricones, los gestos pueden ser miles y dejarían de ser idiotas si es que nos sinceramos con nuestra personalidad para mostrarnos al mundo. Digamos que lo idiota viene gratuitamente cuando somos una caricatura proyectada a satisfacer los expectativas de la persona a enamorar.

    La solución es ser uno mismo, no pensar que debemos cubrir todas las expectativas, sino encontrar a alguien que vea el vaso medio lleno y no medio vacío: que valore las diferencias y admire tu singularidad por cómo ves las cosas. Más que ser un idiota, el amor hace que seas tú mismo sin miedo a perder a quien tanto quieres.

    André Suárez Paredes

    marzo 3, 2013
    Artículos
    Relaciones de pareja
  • Django: «¿Hacer el amor? ¡Di cachar!»

    «Tuve sexo mil veces, pero nunca hice el amor», dice una vieja canción de Ricardo Arjona. Me pregunto cuántas de sus fans creerán esa frase si es mencionada por sus enamorados. Abordando el tema, pienso que la diferencia entre sexo y amor se basa fundamentalmente en un mutuo acuerdo para denominar el coito. Sin embargo, admitámoslo con una mano en el pecho, puede ocurrir que cada parte de la pareja entienda por su lado lo que pasó, lo que desencadena posteriormente en una frustración. En palabras menos elegantes, el romántico enamorado no terminó haciendo el amor, sino sirviendo de consolador humano de la chica (o viceversa).

    Otra cosa que me pregunto es quién habrá dado entender que «hacer el amor» necesariamente tiene que ver con las relaciones sexuales. ¿Acaso nadie puede hacer el amor con compartir un beso, tomar de la mano a alguien o simplemente escucharla cuando más se necesita? Publicaciones anteriores conté que un beso puede ser mejor que tener relaciones, pues depende mucho de cómo se interpretan los gestos de cariño.

    Una huachafada que ahora me acuerdo es cuando alguien dice «la prueba del amor», pues el amor no se constata necesariamente con el sexo. Si alguien no es acrobátic@ en la cama, ¿eso significa que no sabe amar bien? Hay parejas que confunden la satisfacción sexual como parte necesariamente incluida en «hacer el amor», detalle que considero muy banal ya basa el placer emocional dependiente del corporal.

    Hacer el amor, cachar, tener sexo, un chiquitingo, palabras distintas para denominar un mismo hecho: la relación sexual; no obstante, cada término depende de lo que cada uno sienta y qué mejor manera de autentificarlo al saber que lo hiciste con quien correspondió tus sentimientos. Si tú piensa haber hecho el amor y la otra persona siente que no, pues ya sabes qué dijo la abuelita de todas nuestras abuelitas, «mejor solo que mal acompañado».

    André Suárez Paredes

    marzo 3, 2013
    Artículos
    Sexualidad
  • La relatividad de los detalles en la pareja

    Un tema que siempre ocurre entre las parejas. Uno se esfuerza en dar un bonito detalle y la dama simplemente lo manda a la mierda, porque no era lo que esperaba. Pasa lo siguiente, el hombre dice algo como «¡Pero entiende que para mí vale mucho!» y ella dirá algo como «¡Solo piensas en ti! ¿Acaso crees que eso me gusta?». Él rematará la noche con un «¡No sabes cuánto me esforcé por hacer esto!» y ella puede rejoderlo con un «¡Pero no tiene nada especial para mí!».

    Cuando ocurre una escena como esta, cómo desearía estar en medio para decirles que el principal problema, pienso, es a qué llaman algo «especial». La dama piensa que algo «especial» para ella necesariamente tiene que gustarle y el joven entiende lo mismo como el desprendimiento y dedicación que merece ser valorado por cualquier persona.

    En el ejemplo se observan dos tipos de personalidades: el que valora lo «especial» del detalle como algo que necesariamente debe complacerlo y el que considera lo «especial» como la dedicación en un detalle que debe ser valorado por todas las personas.

    El primer tipo me parece muy egoísta en el sentido que todo su universo de valoración gira en sus gustos, obviando otras perspectivas y sensibilidades. Acerca del segundo tipo, este podría pecar de orgullo al sentir que todos sus actos deben ser valorados por solo tratarse de él.

    La solución es una lección básica de sociología de Pierre Bourdieu. La sociedad está compuesta por infinitos campos sociales, cada uno identificado por intereses distintos y ninguno de ellos está por encima del otro. Si para ti ir al estadio a ver Alianza Lima jugar es lo más importante -como todo hincha del club-, no necesariamente es igual de importante para quien desea ir al concierto de Fito Paez -como todo seguidor del cantante-.

    Lo mismo se aplica en las parejas cuando cada parte reclama lo que cree que es importante. La enseñanza de Bourdieu es la base para el diálogo en las resoluciones de conflicto en medio de las diferencias. Si dejamos de creer que nuestras ideas son más importantes que las del resto y que no merecemos toda la atención por lo que hacemos, evitaremos episodios como el narrado al inicio del texto.

    André Suárez Paredes

    febrero 24, 2013
    Artículos
    Relaciones de pareja
  • La moneda corriente de los gestos

    Siempre me pregunté cómo saber si la actitud de una persona es especial únicamente contigo o si se trata que así es su personalidad con todos sus amigos. Esta pregunta, como debes darte cuenta, es la típica de un enamoradizo empedernido, y es muy cierto, pero también la de un valiente que arriesga sus sentimientos para saber si existe un pedazo de cariño sincero en la otra persona.

    Una mecánica simple para saberlo es estando en su grupo de amigos para determinar si tiene los mismos gestos como, por ejemplo, abrazarlos al reír, tomarlos por los brazos al caminar o empujarlos cuando molestan con algo tonto. Al ver cómo se comporta esa persona ante los demás es como observarla en su hábitat natural, donde puedes ubicar qué gestos son de moneda corriente en su rutina social.

    Cuando descubro que me dejé llevar por las ilusiones del enamoradizo empedernido, me siento como un veterano de guerra que vuelve de la batalla a casa y no se acostumbra a la gente. Digamos que es una especie de Rambo que ha sufrido tanto por los amores no correspondidos que cualquier gesto de atención, como dar simplemente la hora o decir ‘salud’ al estornudar, siente que significa algo más. Qué podemos decir, no peor guerra que el amor, dijo una vez nuestro amigo Pelo Madueño.

    André Suárez Paredes

    febrero 24, 2013
    Artículos
    Amistad, Gestos, Ilusiones, la casa, la hora, Pelo Madueño, por ejemplo, Rambo, Sentimientos
  • La esquizofrenia emocional es como el sube y baja

    Hace unos días escribí mis principales motivos para hacer algo diferente todos los días. Creo que mucho pensar en eso hizo que me flagelara con una actitud que jamás entendí de una fémina. No trato de generalizar, sino digamos que es una particularidad, un fenómeno demencial propio de las ciencias médicas.

    Primero comencemos con darle un nombre, yo lo llamo esquizofrenia emocional. Un día una persona puede ser la mejor del planeta, cuidadosa, atenta y hasta reflexiva, pero basta que solo pasen las 24 horas para que sea completamente distinta. Si entramos al terreno romantico-emocional, se imaginan cómo va la jugada: un día te dice de todo, el otro te manda al diablo, el subsiguiente día intiman y esa tarde te dice que ni un beso más… Una especie de sube y baja que tiene por destino un aterrizaje forzoso de caída libre cuando una de las partes abandona el juego.

    Suele pasar. Parte del remedio depende de la seriedad que pongas a las cosas: si tomas todo a la ligera, como que no hay heridos de por medio y un compromiso no mancillado. El tema también pasa por la honestidad ante el placer conyugal; es decir, decir la verdad desde un principio para no herir susceptibilidades, solo que no todos manejan el mismo código ético para evitar las bajas civiles de la pasión.

    Digamos que más se sufre de la esquizofrenia emocional cuando no la diagnosticamos a tiempo, porque el problema es soportar las locuras de alguien pensando que así es su personalidad, cuando realmente el mal no ha sido diagnosticado. Recomienda el doctor mucha paciencia, buena observación y torniquetes de pasión para evitar el derroche de frustraciones.

    André Suárez Paredes

    febrero 18, 2013
    Artículos
    derroche, Esquizofrenia, Esquizofrenia emocional, Frustaciones, intiman, la honestidad, Medicina, Psicología, Relaciones de pareja, Romanticismo, sube y baja, torniquetes
  • Fue el destino… No, solo buenas decisiones… Creo que sí fue el destino…

    El Diccionario de la Real Lengua Española describe la palabra destino como el encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal, y la circunstancia de serle favorable o adversa esta supuesta manera de ocurrir los sucesos a alguien o a algo. La pregunta cae por sí sola: ¿crees en el destino?

    Personalmente, tengo una filosofía sobre el tema. El destino siempre será un relato lineal que encadena varios sucesos, tal como los capítulos de un gran libro llamado vida. Bajo esta perspectiva, el destino siempre será único, pues nadie puede tener dos vidas paralelas para saber qué decisión fue la correcta. Percibirlo requiere detenernos un momentito y mirar siempre hacia atrás para ver la línea única que dejamos.

    Suelo decir que no existen destinos fatales o equivocados, sino decisiones erróneas que nos hicieron sentir de una manera determina. Nadie puede elegir dos opciones a la vez, por lo que tampoco nadie puede decir que tiene un destino fatal, ya que nunca sabrá las consecuencias de la otra opción. En la película ‘Mr. Nobody’, el personaje cuenta que en un punto de su vida tuvo que elegir entre vivir con su madre o su padre tras la separación; por lo tanto, se cuenta cómo el protagonista vive sus dos vidas por separado, pero sin arrepentirse ya que su decisión traía cosas buenas y malas también.

    Mi propuesta gira en el pasado; no obstante, en el presente también hay señas para darse cuenta del destino. Hagamos un ejemplo, un día te animaste por salir a caminar por la calle y te cruzas con una persona muy carismática. Se conocen, salen a tomar unos cafés y la pasan muy bien juntos. Te sientes feliz, te sientes contento y te preguntas si esa persona genial estaba escrita en tu destino. La respuesta es simple: se cruzaron de casualidad tras haber elegido antes un destino (animarse a salir a caminar) para luego decidir conocer a la persona en cuestión, este solo hecho hace que el primer destino se fusione con el segundo (conocerse con el individuo) para seguir todo por un mismo tramo.

    En síntesis, la actualidad es una constante fusión de destinos elegidos anteriormente bajo una sola narración de los hechos y son nuestras decisiones las que determinan la continuación del destino elegido en el presente con proyección al futuro.

    André Suárez Paredes

    febrero 18, 2013
    Artículos
    Psicología
  • Como eyaculación de quinceañero precoz

    Para quienes me conocen de tiempo, siempre digo que un día volveré a la poesía, solo no me pidan fecha, porque aún no tengo la menor idea. Ahora la poesía me parece ridícula, pues me peleé con ella desde hace cuatro años, debido a que no me llevaba a nada. Cierto es que descansaba las pulsaciones amatorias en cada verso, pero siento que ya no estoy para seguir haciéndolo.

    Poesía para los poetas y mentiría al decir que soy uno. No soporto leer mis propias líneas, ya que las siento estúpidas, infantiles, tristes hasta el tuétano y cojudamente ilusas con un ritmo que perturba mi estabilidad. Admito haber escrito poesía, admito haber vivido, solo que si vuelvo a escribirla sentiría que regreso al ‘André’ ingenuo que perdía su tiempo.

    Y si no me llamo poeta, ¿qué soy? Sé que el título me queda muy grande, pero bajo mis cánones de humildad siento que soy un cronista de la vida cotidiana con una fuerte dosis informativa sin atarantar románticos idiotas con explosiones de palabras dulces hasta la diabetes. Si han leído a Javier Cercas o «Prosas apátridas» de Julio Ramón Ribeyro, seguro me entenderán algo mejor.

    Eso soy y no me compadezcas. Poeta no soy o no lo seré hasta buen tiempo, a menos que algo llamado amor me vuelva idiota para volver a caer en la poesía. Claro, sería una suerte de idiota bonito. Shakespeare dijo que en la amistad y en el amor solo estamos felices bajo la mentira.

    Admito nuevamente que estaba muy cerca de escribir un nuevo poema. Casi, casi, como eyaculación de quinceañero precoz, pero se frustró como quien pregunta cuánto cuesta el servicio sabiendo que no tienes ni un sol para el troca. Si leo poesía, poca y muy selecta. Juan Manuel Rosé y Lizardo Cruzado pueden citarse con muchos filtros de por medio.

    Repito, poeta no soy más, por lo menos hasta que me dure el arrebato. Mejor lo digo acá, sino nunca. Si vuelvo a escribir poesía, señor lector, cuídese mucho, pues será un vómito lírico de hace cuatro años. Y si nos cruzamos por la calle en estas circunstancias y me ve feliz, cuídese dos veces, es más, llame a la policía, porque andará por las calles de Lima un joven desnudo de alma gritando que halló el amor.

    André Suárez Paredes

    febrero 18, 2013
    Artículos
    Poesía
  • Tiempo al tiempo, ¿realmente funciona?

    Hagamos de la vida una ciencia y de las circunstancias un problema matemático que debemos solucionar para dar con el siguiente paso. Como no todos tienen el mismo nivel de habilidad, unos resolverán el problema más rápido que otros. La respuesta puede ser algunas veces la misma para todos o también equivocada, por lo que se requiere aún más de tiempo.

    El tiempo sencillamente es relativo, por lo que «dar tiempo» a los problemas para que se solucionen significa que no somos muy hábiles emocionalmente hablando para dar con la respuesta segura (no necesariamente la correcta). Siguiendo el ejemplo del acertijo matemático, mientras más problemas resuelvas o analices desde el principio harán que tengas mayor experiencia y así evitar el engorroso papeleo anímico de «dar tiempo al tiempo».

    Obviamente, creo que todo esto también pasa por la confianza de uno mismo para estar seguro si la respuesta es la correcta, ya que dudamos ante cualquier tipo de pregunta matemática. Si me lo preguntas, pienso además que esto se debe a que las circunstancias de la vida son enigmas no de opción múltiple, sino para rellenar con nuestro mejor argumento de que estamos haciendo lo mejor.

    André Suárez Paredes

    febrero 18, 2013
    Artículos
    Psicología
  • La accidentada conversación de un mendigo y un cobrador

    Los cobradores por más tacaños que sean no dejan de ser humanos. El año pasado observé una escena dentro de la couster que me dejó pensando sobre las aspiraciones personales y cómo la economía nos deja sin aliento por más ganas que tengamos de salir adelante.

    Era una mañana fría, como las 8:30 a.m., cerca de la avenida Alfonso Ugarte. Un mendigo aprovecha la luz roja para subirse al bus y dar su discurso correspondiente: buenos días, no quiero fastidiarlos, hoy por mi, mañana por ti, tengo una familia con hijos, etc. El caso fue que el señor se dio toda una charla sobre los valores que duró aproximadamente como 10 cuadras y algo más, mientras el bus estaba en movimiento. El cobrador le dijo al mendigo para que termine su monólogo, pues el vehículo se iba llenando cada vez más de gente. La idea disgustó al mendigo que comenzó a alzar la voz para protestar y decir «Está bien, ya me bajaré. Solo te diré que mis hijos jamás terminarán siendo cobradores como tú».

    El silencio incomodó a los presentes. El cobrador, muy joven, de gorra roja y camisa celeste, lo miró desconcertado con una tensa calma esperando un impulso físico para mandarle el primer puñetazo. El mendigo pasó su mano por los asientos y bajó por la puerta trasera del bus.

    Miré al cobrador esperando un gesto, una reacción ante el insulto. El joven miró a través de la ventana cómo el mendigo se alejaba. «Ahora es cuando te arrepientes por lo que hiciste», murmuró como quien habla consigo mismo para aliviarse el mal rato, buscando las palabras que forman el dicho de que el trabajo dignifica al hombre.

    No sé nada de la vida del cobrador, si tiene enamorada, si tiene un pan que llevarse a la boca o si tiene familia. No lo sé, y es cuando busco lo más dentro de nosotros como seres humanos para sentir compasión. La persona no es el abogado, el albañil, la prostituta, el marca, el violador o el ciclista, sino sus valores intrínsecos, como la sensibilidad de sentirse triste ante la adversidad o la felicidad de saber que un desconocido como yo piensa en alguien para dejar una lección de vida.

    André Suárez Paredes

    febrero 18, 2013
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Disculpa si te puse triste…

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