NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

  • Inicio
  • Cuentos
  • Poesía
  • Reflexiones
  • Cosas de niños…

    Suben a pares las escaleras,
    juegan a ver el cielo
    en busca de estrellas.
    Divertidos piden deseos
    a aviones que se confunden
    con estrellas fugaces.

    Suben a pares las escaleras,
    caminando al mismo ritmo.
    ¡Cómo marchan en la vereda!
    Andan como juntitos
    el soldadito de plomo
    con su damisela.

    Suben a pares las escaleras,
    entrometidos de noche
    saltan todas las cercas
    para no ser vistos
    por el aguafiesta:
    el perro guardián.

    Suben a pares las escaleras,
    dos niños apiadan la ciudad.
    Ella reina de reinas.
    Él su escriba de día,
    amante eterno de noche.
    Niños de inocencia temeraria,
    infantes dueños de todo,
    párvulos del anhelo
    de no separarse jamás.

    Foto: Pink Sherbet Photography – Flick. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 28, 2014
    Artículos
    Poesía
  • El embargo estadounidense y yo…

    El embargo estadounidense contra Cuba, aunque sea un tema sumamente político, hace que uno aprecie ciertos aspectos de la vida cotidiana de los isleños. «El sueño de toda cubana es casarse con un extranjero y salir de esta isla», me dijo la señorita que me proveía de ‘habanitos’ (puros de menor tamaño) en La Habana.

    Como la mayoría de cubanos me confundían por uno de ellos, el tema del embargo en el plano emocional resultó una experiencia asfixiante. Una llamada de solo dos minutos a Lima costaba cerca de 7 CUC (20 ó 22 soles, aproximadamente). Y si crees que el Internet es más barato, te equivocas. Una hora está como 10 CUC (30 soles, aprox.), y cuando te advierten que es muy lento, cree que lo es.

    Estar incomunicado era lo que más odiaba del embargo estadounidense. En efecto, hay censura por parte del gobierno cubano, pero al menos la liberalización del mercado haría que los servicios básicos de la isla sean más accesibles y de mejor calidad. Cuando reflexionaba todo esto, me acordaba de la última llamada que hice en Lima. Fue de un teléfono público al lado de la puerta de embarque del aeropuerto Jorge Chávez.

    Admítelo, cuando metes una moneda de dos soles para hacer una llamada es porque se trata de alguien muy especial. Así pasó. Felizmente ella contestó y hablamos hasta el último segundo antes de partir, imaginando que el embargo estadounidense no era tan malo si es que trataba de contactarla de nuevo: nada más equivocado, pues esa última llamada acabó siendo un «hasta luego» de seis días. Ahora los teléfonos públicos significan para mí un símbolo de libertad.

    André Suárez Paredes

    marzo 28, 2014
    Artículos
    Aeropuerto Jorge Chávez, Cuba, CUC, Embargo, Embargo de Estados Unidos, embargo estadounidense, Habanitos, La Habana, Política, Teléfono público, Teléfonos, Telefonía
  • Más allá de la inspiración

    ¿Recuerdan mi publicación sobre las musas? Lo interesante de las musas es que crean enigmas por doquier, dando base a interesantes reflexiones sobre los placeres del corazón y los mandatos categóricos del cerebro. De alguna manera, esta discusión muy personal sobre lo que puedo sentir por una musa -como sucede ahora mismo- inspira a crear obras artísticas, como la poesía que vengo regalando en estas últimas semanas.

    Mi musa acaba de decirme algo interesante: «Siento que me inspiras para conquistarme. Si me conquistas, adiós inspiración». Siendo ella una musa se transforma en un preciado flujo de imaginación, colocada en un pedestal donde mis manos no pueden tocarla, bella e inalcanzable, apasionándome en las artes para atraerla donde vivo yo con el resto de los mortales.

    ¿Pero qué pasa si esta finalmente desciende conmigo, conquistada por el sacrificio de mis creaciones? Antes de resolver esta pregunta, debo subirme a los hombros de gigantes.

    La modelo y fotógrafa Lee Miller fue la musa más cotizada en las principales revistas de modas. En París, conoció al pintor surrealista Roland Penrose, con quien posteriormente contrajo matrimonio. En la obra Noche y Día, su marido la retrata como una dioda flotando en el cielo: la inspiración siguió moviendo el pincel de Penrose hasta 1949 cuando ella falleció de cáncer.

    De las muchas musas de Bob Dylan, como Karen Dalton, Suze Rotolo, Joan Baez, Edie Sedgwick y Marianne Faithfull, la sensacional Sara Lownds fue quien inspiró temas como “Sad eyed lady of the lowlands”, “Blood on the Tracks”, “Abandoned love” y “Sara”. Dylan tuvo con ella nada menos que cuatro hijos. A pesar de que posteriormente acabaron su relación en 1977, la inspiración no desapareció.

    Elena Ivanovna Diakonova, mejor conocida como Gala Dalí, fue figura por inspirar a varios artistas surrealistas como Louis Aragon, André Breton y Max Ernst. No fue hasta cruzar su vida con Salvador Dalí a quien, según el pintor, logró «salvarle de la locura» por toda la inspiración contenida, la misma que el arte ahora halaga en exclusivos museos.

    Rembrandt se casó con Saskia Van Uylenburg en 1634, solo al año después de conocerse. Él era un simple hijo de molinero, pero la posición social de su mujer hizo que ascendiera rápidamente. Sin más talento que su arte, se inspiró en su esposa para encarnar figuras mitológicas como «Flora» y «Artemisa», talento que lo hizo una personalidad mundial del arte. Incluso, en el cuadro «Hijo pródigo», Rembrandt se autorretrata junto a Saskia, inmortalizando así su alegría antes de que ella falleciera de tuberculosis a los 30 años. La inspiración nunca se fue, hasta en los peores momentos.

    No tendré mucho talento como los artistas que acabo de mencionar, pero me asombra cuán lejos pueden llegar simples hombres por tener cerca a la musa de sus creaciones. Yo tengo una ahora y me lleva de la mano por obras que cada vez más son mejores recibidas. Yo tendré el talento, pero ella la inspiración. Y esta no se agota al solo conquistar la musa, solo se transforma mediante se explora un alma infinita. Comprendo a Dalí, si no fuera por la musa, estas pulsaciones me llevarían a la locura por abstinencia.

    La poesía no tiene el fin de conquistar, la lírica no es un fin en sí mismo, sino un medio de expresión de los rincones más profundos del ser. El objetivo no es ganar, sino dejar atrás los miedos a la derrota, a la vergüenza de ser sensible y entregarse al sacrificio de vida por más vida. La inspiración no desaparece, solo se renueva en nuevos estilos para perfeccionar el lenguaje de los sentimientos que no se expresan por sí solos.

    André Suárez Paredes

    marzo 25, 2014
    Artículos
    Karen Dalton, Saskia Van Uylenburg
  • Calle Libertad

    Ocultos de luz callejera,
    habitan cuerpos escondidos
    detrás del oscuro pórtico
    pasiones de besos entregan.

    Desaparecen en imaginación,
    siembran memorias en calles
    de Miraflores con amor
    la musa de mis artes.

    Lee en mis labios sus letras,
    amparada de la piel
    que mece su tranquilidad
    de ternura y belleza.

    Camuflados por la noche,
    se hunden en la dermis
    como vagabundos sin hogar,
    tímidos al amor en derroche.

    Y sedientos de placer
    se miran a los ojos,
    detienen el tiempo,
    se acarician sin doler.

    Luego renacen las emociones,
    se rinden a la verdad
    de dos almas entregadas
    en una noche de alegría
    en la calle Libertad.

    André Suárez Paredes

    marzo 24, 2014
    Artículos
    Poesía
  • Mi problema con los interruptores

    La imagen que observas en esta publicación fue captada en el dormitorio 1309 del hotel Habana Libre, ubicado en el centro de Cuba, donde pasé mi primera noche en la capital caribeña. Dormir en cualquier lugar que no sea tu casa es una experiencia singular, como que el cuerpo se siente ajeno al espacio donde reposará indefenso en zonas desconocidas; un instinto salvaje muy propio del hombre cavernario, siempre atento a los peligros que atenta su sobrevivencia cuando baja la defensa en horas de sueño.

    Eran las once de la noche, recuerdo, cuando tomé la fotografía tras una larga ducha. Estaba escuchando a todo volumen el Festival de Viña del Mar, se presentaba Carlos Vives. No es que sea fanático de su música, sino que no había más que ver en la televisión cubana. El sonido se amplificaba por los rincones del dormitorio que era excepcionalmente espacioso para una sola persona.

    Ya vestido con la pijama, me eché por un rato para ordenar mis planes de mañana. Miré a mi alrededor para saber si se me había extraviado algo, pero todo estaba en su lugar. Mientras me acomodaba para dormir finalmente sentía que la sensación de soledad resulta mayor cuando el espacio físico que ocupas resulta insignificante respecto al que te rodea. Es más, parecía una tortura limitarme a ocupar la mitad del espacio rentado cuando fácilmente pude haberlo compartido con quien deseaba tanto en ese momento que me acompañe. Todo era doble: dos vasos para beber agua, dos toallas adornadas como cisnes en medio de la cama, dos jabones y esto, ¡una cama con dos interruptores!, detalle que acabó siendo el tiro de gracia.

    Al darme cuenta que ambas luces no se apagaban con el mismo interruptor, me levanté para coger la cámara y hacer la fotografía, como un recuerdo sutil de esa primera noche y de quien habitaba en mi mente, incluso, en su más plena ausencia. Regresé a la cama algo más afligido que del principio. «Vamos a dormir, tontito. Apagaré la luz», imaginaba la voz de alguien muy especial en mi mente, recostado en el extremo de la cama observando el desierto de sábanas que me rodeaba.

    Ansioso de tanto extrañar, desordené las sábanas que no ocupaba para sentir, al menos, que ella estaba ahí conmigo, solo que había salido por unos instantes, que luego regresaría, inventando sus huellas donde jamás había estado: un escape al desespero de dormir sin decirle «Buenas noches, preciosa. Descansa».

    No recuerdo bien en qué momento me quedé dormido, pero sí que a la mañana siguiente desperté observando los supuestos rastros de su presencia hechos girones en el colchón. Sonreí por unos instantes imaginando cómo la despertaría, quizás con cosquillas o con besos en los hombros… No obstante, la realidad vino de golpe antes de rasgarme los ojos cansaditos de sueño: nadie había apagado su interruptor.

    André Suárez Paredes

    marzo 23, 2014
    Artículos
    Poesía
  • La musa es…

    Antes de rebanar el alma con mi perspectiva, acudamos a los griegos. Como refiere la Real Academia Española, las musas eran «cada una de las deidades que, según la fábula, habitaban, presididas por Apolo, en el Parnaso o en el Helicón y protegían las ciencias y las artes liberales, especialmente la poesía. Su número era vario en la mitología, pero más ordinariamente se creyó que eran nueve». Acerca del significado cotidiano del término, la Academia sugiere entenderse como «el ingenio poético propio y peculiar de cada poeta» y «estar inspirado para componer versos, acudirle con afluencia y fecundidad las ideas».

    Lo común que tienen las tres acotamientos del mismo término es que se trata de un ente metafísico, entendido como deidad, inspiración e ingenio, que provoca la disposición del escriba a crear en el campo de las artes. ¿Pero dónde se halla esta materia no tangible en la realidad? Personalmente, opino que se encuentra en el amor. No trato de ser cursi, sino puntualizar en la pasión desbocada por las incertidumbres más bellas de la vida: el querer sin racionalizarlo en número o razones suficientes, sino querer por querer porque se siente querer.

    Cabe destacar que no se trata de cualquier amor. Uno puede llegar a amar a l@s enamorad@s, pero no por esto la musa inspirará poesía. Por ejemplo, este blog lleva tres años de funcionamiento y recién escribo versos. Por lo tanto, hay un elemento más: el deseo de sacrificar la vida, de no temer a lo que podemos llegar a hacer por amor. Escribir es una inversión de tiempo, de vida y de ternura, una labor mecánica que es resultado de una pasión por expresar una verdad inacabable. Digamos que es una ofrenda de vida a quien inspira las emociones más entrañables, aquellas que creemos que han desaparecido de nuestras vidas en la inocencia y nos golpean la cara de adultos.

    A lo largo de mi vida habré tenido tres musas -contando la de ahora-. Curiosamente, la primera fue la que inició mis párvulos versos en el 2003 (¿2004?), mientras que la actual hizo que volviera a la lírica tras tildar a esta de inútil, infantil y perversa.

    Volviendo al tema, ¿qué es una musa? El ente metafísico antes referido, pero depositado en una mortal, elevándose así a un pedestal donde brilla inalcanzable. Ahora más crecido, siento que una musa es lo más preciado por quienes se reencuentran con sus temores creativos al titularlos de amor; y, de esta manera, se reinventan en hombres mejores, despojados del miedo al fracaso cuando la vida se trata de eso: «El hombre que no ha amado apasionadamente ignora la mitad más bella de la vida», diría Stendhal. Una musa que inspira, incluso, cuando desaparece o amenaza con huir. Y el escriba atrás, bebiendo de su memoria, para decirse al final de cada poema: «Están bonitos los versos, pero aún no me hago sentir lo suficiente».

    PD: Curioso, esta publicación me lo inspiró también una musa. Espero que lo esté leyendo ahora.

    Foto: AlicePopkorn – Flickr. Bajo la licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 22, 2014
    Artículos
    Poesía
  • Desde el jardín

    Arropada por la sombra
    de la extensión de las ramas,
    en oscura luna llena,
    escucha las palabras
    de una confesión sincera.

    Noche de cabellos revueltos,
    desnuda de piel sedienta,
    acaricia el verso
    de quien grita quererla
    hasta en pleno silencio.

    La hierba une sus manos,
    coordinan los latidos,
    suspiran los miedos,
    se alejan como el ruido
    salvaje del deseo.

    Callan viéndose el alma,
    tiemblan al oír el ruego
    de la pasión envolvente,
    que convierte estas palabras
    en verdad consumida por los besos
    que resultan cada noche insuficientes.

    Foto: Steve Sawyer – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 22, 2014
    Artículos
    Poesía
  • Cada una de las palabras

    Acribilla con tu rabia los restos de memoria, que no puedo hacer más.
    Remátalos que de culpa tienen hacer sentir profundos sueños,
    anhelos que de sentirlos dan alegría, pruebas intermitentes de felicidad.

    Muérdeles los labios a esos mismos restos como si simularas besarlos,
    no te apiades del líquido derramado, parecido al agua, que bordean los ojos.
    Ya no mires al entrecejo, que de olvido sobrevive mi verdad de desahuciado.

    No contemples a quien supones yace inerte cuando está desaparecido,
    que te veo cuando tus manos buscan tocarme en segundos de oscuridad.
    Te observo en ausencia compilando la pasión condenada injusta al olvido.

    Herido de muerte, revivo del respiro de un verso tímido y también eterno.
    Reparo el reflejo de mis ojos donde tus ojos te observaron con tristeza,
    que ahora tiemblo como las hojas marchitas de otoño en las manos de Céfiro.

    Ahora tirito como beso extraviado en el vacío que separa nuestras bocas,
    retiemblo como la brisa tímida de rozar el aire con tu belleza.
    He aquí un beso huérfano de amor que reza milagros en silencio.

    Aquí un herido de muerte que respira de la pasión desembocada,
    aquí la prueba de una poesía sonriente a la más terrible dureza
    de quienes sospechan del sacrificio en cada una de estas palabras.

    Foto: recompose – Flickr. Bajo la licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 20, 2014
    Artículos
    Poesía
  • ‘Pastelito de queso’

    «Mi vida», «mi cielo», «mi tesoro»… Sería imposible reseñar todos los apodos que por cariño decimos a nuestras parejas. Unos son más populares que otros, pero no falta quienes salgan de la costumbre para decir cosas muy románticas a su estilo.

    Tú eres como el tigre de la película ‘La vida de Pi’: insoportable, agresiva y hasta dan ganas de desaparecerte, pero sin ti me volvería loco.

    Luego de volver de mis vacaciones, siento que cada nación tiene su propia manera de mostrar el cariño hacia los demás. Hablando con Yunior, un bicitaxista de La Habana, me explicó que los cubanos tienen la chispa a flor de piel, que insisten con el verso hasta que pique el corazón de una dama. «Si una llega a verme, le metes y le metes. Cualquier cosa puede pasar», me dijo mientras bebíamos un ‘mojito’ en el bar Dos Hermanos, en La Habana Vieja.

    Mientras me enseñaba la ciudad, pude ver su prosa en acción: «Caramba, pero si acaba de verme la niña más linda de toda la isla», le escuché decir a una conocida en la Plaza de San Francisco de Asís. Tomé apunte de su creatividad para dedicar el mismo entusiasmo cuando llegue a mi ciudad. Estaba entusiasmado, mi creatividad se quería contagiar del ánimo habanero.

    Regresando al aeropuerto José Martí, observé una pinta cerca de la Universidad de La Habana que me marchitó el corazón: «Te amo, mi pastelito de queso». Lo leí entonando el dejo caribeño en mi mente, al menos el de Yunior; la sonrisa se dibujó en mi rostro en pocos segundos. «Mi pastelito de queso de labios fresa», armaba el verso en mi imaginación. «Mi pastelito de queso, de labios fresa y rastros de vainilla», sonreí para mis adentros esperando narrar esta historia al postrecito que me esperaba en Lima. Obviamente, se lo narraría con dejo cubano.

    André Suárez Paredes

    marzo 20, 2014
    Artículos
    Amor
  • Nos volvemos a encontrar, José Martí…

    Antes de partir de Lima hacia Cuba, dejé en este blog mi primer poema luego cuatro años (o cinco) de sequía inspirativa. Haber descargado esos versos provocó, como inevitablemente sucede con las demás artes, leer nuevamente obras líricas para perfeccionar mi sensibilidad (o recuperarla).

    Así como me sucedió en Santiago de Chile, donde me volví un ‘nerudito’, La Habana fue el lugar perfecto para reencontrarme con un viejo compañero de líricas colegiales, de verso sencillo y de amor inquebrantable a la belleza, así como dolorosa por ser inalcanzable. Hablo del poeta cubano José Martí, recordado, entre muchísimas cosas, por ser el creador del Partido Revolucionario Cubano.

    Fue durante la visita a la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña cuando encontré una copia del poemario ‘Versos sencillos’, obra que mi profesor de Literatura en la secundario gustaba leer. La nostalgia vino a mí como un puñetazo al letargo que sufría por el recuerdo de una musa. Admito haberme sentido avergonzado por comprar un poemario cuando años atrás juré nunca más hacerlo. Nunca hay que decir nunca, pero era inevitable. Estar lejos de este blog, así como la fuente inspirativa de futuras creaciones líricas, movieron las fichas para que mi orgullo se rindiera a la desventura que era escribir a una mujer.

    Resulta difícil explicar ahora qué se siente hacer poesía nuevamente. Reencontrarme con Martí ayudó significativamente para dejar el temor al error, pero también despertó la pesadilla del rechazo. Poesía debería ser un medio de expresión, no un fin en sí mismo; no obstante, cómo estar seguro de seguir esta línea si quien dirige mis pulsos de escritura hoy en día es un ente temeroso de amor. Sea como fuese el resultado, así como revolucionario desangrado en la jungla de puro ideal, no me cuestionen si resulté herido de amor.

    André Suárez Paredes

    marzo 20, 2014
    Artículos
    Poesía
←Página anterior
1 … 74 75 76 77 78 … 94
Siguiente página→

Disculpa si te puse triste…

  • Suscribirse Suscrito
    • NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra