NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

  • Inicio
  • Cuentos
  • Poesía
  • Reflexiones
  • Estelar

    En el centro
    de tantos
    colores
    habita
    la más
    oscura
    de todas
    las noches,
    contraste
    de puntos
    y colores,
    de belleza
    congelada
    a verme
    a través
    del alma…
    mientras
    contemplo
    muerto de
    nervios la
    inmensidad
    del vacío,
    de la gracia
    del universo
    hecho polvo
    de estrella
    los contornos
    de tu iris…
    mientras
    el tiempo
    se detiene
    y el espacio
    se transforma
    en nada,
    perdiendo
    la sensibilidad
    de los vivos,
    sintiendo
    la muerte
    de los que
    no buscan
    sobrevivir…
    mientras
    me rindo
    a tocarte
    el vacío
    con la yema
    de los dedos
    y agotarme
    hasta
    transformarme
    en eso,
    en ti,
    en polvo
    de estrella
    moribunda
    en el eterno
    vacío
    de lo que
    miras:
    el mundo
    y yo
    en él.

    André Suárez Paredes

    marzo 5, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Antes de la memoria

    Hay palabras
    que nunca
    te tocarán
    la boca:
    lo que callan
    los labios
    es la herida
    de algo
    que jamás
    sucedió…
    Pero lo vivo
    como un recuerdo
    del futuro,
    que en otro
    tiempo,
    que en otra
    vida,
    que en otra
    ciudad
    me hizo
    alguna vez
    feliz…
    Pues así
    es como veo
    tu silueta
    de bosquejo
    desdibujado
    entre las
    sombras
    de un recuerdo
    que perdura
    desde antes
    de la memoria.

    André Suárez Paredes

    marzo 5, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Ataúdes vacíos

    Aún recuerdo la noche
    eterna y triste
    en la que
    tu cuerpo
    desapareció
    de mis manos,
    en la que
    mis labios
    no te alcanzaron,
    en la que
    no pude devolverte
    el aliento
    del último beso
    que nos dimos,
    en la que
    temblé roto
    de silencio
    y herido
    de sangre
    en el alma,
    en la que
    no pude verte
    hasta el final
    de las horas,
    en la que
    por última vez
    te regalé las flores
    que nunca
    te prometí,
    en la que
    te ocultaste
    para siempre
    en la oscuridad
    de una caja
    de madera
    eterna y
    triste
    también…

    André Suárez Paredes

    marzo 1, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Ira de palabras

    Te propongo durarte para siempre,
    irracional e infinito de misterio
    en el vacío de tu vida inexistente.
    Demostrarte a partir de la lógica
    la sinrazón del temor de los dedos,
    los besos que los labios pierden.

    Pero de conjeturas no vive la pasión
    de extraerte la vida con la memoria
    nocturna de pequeñas luces de ilusión.

    Y seguirte los pasos sin alma
    con las manos llenas de las sobras
    que dejaron la ira de nuestras palabras.

    André Suárez Paredes

    febrero 28, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Memoria del desempleo

    Éramos cinco los valientes que compartíamos una mesa en Vichama, un bar ubicado en el centro de Lima, luego de haber participado en una de las tantas marchas en contra del indulto presidencial a Alberto Fujimori. La cerveza iba y venía mientras la noche se hacía más noche, y la calentura política se transformaba de a pocos en resignación.

    «Yo sé que el Chino no volverá a la cárcel. Sé que estoy aquí por las puras. Sé que nada de lo que piense se hará realidad… Pero estoy aquí porque me indigna, porque me hierve la sangre tanta conchudez», dije mientras destapaba otra botella de Pilsen.

    «Para ser sincero, la verdad no tengo ninguna fe en este país. Lo quiero con toda mi alma, pero nos merecemos toda esta mierda. Aquí se sobrevive, no se piensa en un colectivo común desde el inicio de nuestra república… ¡Somos un proyecto fallido! ¡Un bebé muerto antes de parir!», agregué a modo de broche a mi malhumor.

    El silencio se plantó en la mesa entre el cenicero y las botellas vacías.

    La sonrisa inquieta

    Mentalmente hacía una pequeña reflexión sobre la dureza de mis palabras. «Carajo, debo conseguir un empleo pronto», me dije en broma tratando de apaciguar la amargura. Bueno, en realidad no tanto: aún sigo buscando empleo desde que regresé de España.

    Solté una sonrisa inquieta. Mi amiga se dio cuenta al instante. «¿De qué te ríes, André?». Le conté mi trajín de los últimos meses tratando de sobrevivir económicamente sin trabajo. No imaginan todas las peripecias y oficios que nunca pensé hacer en mi perra vida… siempre con la frase «el trabajo dignifica al hombre», de Karl Marx, para darme ánimos de que haga lo que haga me hace una mejor persona.

    «No te desesperes… Yo estuve casi un año sin trabajo y fue la mejor experiencia de mi vida», dijo mi amiga. «Aproveché ese tiempo para hacer todo lo que me gusta. En verdad lo necesitaba para saber de qué era capaz».

    La escuché en silencio mientras reflexionaba sobre qué cosas dignas de mención hice durante mi desempleo. Aprendí cosas interesantes. Se me ocurre, por ejemplo, los personajes lacra que se aprovechan de la situación laboral de miles de jóvenes desempleados. Aprendí a detectar el malhumor de las recepcionistas encargadas de llamar a cientos de postulantes. O cómo ganarme a las entrevistadoras con una bonita sonrisa, frases de baúl y un terno multifuncional según el evento social.

    El trueque profesional

    Pero lo que sí realmente destaco -y si eres un joven desempleado, aprovecha este consejo- es una práctica que llamo el trueque profesional. Este consiste en brindar un servicio profesional a cambio de otro servicio profesional. De esta manera, por ejemplo, conseguí ahorrarme una campaña de posicionamiento de este blog y cupones de consumo donde el dentista.

    La cuestión es pensar que tú -mi buen amigo profesional- eres capaz de generar valor sin estar metido en la oficina. Tú realmente no vales únicamente la cifra que aparece mensualmente en tu recibo de pago. ¡Nada que ver! Tú vales lo que estás dispuesto a brindar al mercado según las capacidades que tengas.

    Obviamente los profesionales dedicados al derecho o a la administración la tienen más fácil en el sentido que cuentan con herramientas para ser autónomos y emprendedores sin problemas. ¿Pero qué hay de los «inútiles» de ciencias humanas y sociales? ¿Tienen alguna oportunidad o solo viven con la mentalidad de empleado?

    La potencialidad de los ‘inútiles’

    Personalmente pienso que todo profesional tiene la capacidad de generarse el autoempleo o gestionar su propia marca. ¡De eso se trata el mercado laboral! La cuestión es mantenerse activo, incluso cuando no tengamos trabajo, porque así te abres espacio bajo el título que tú desees. Puedes ser especialista, analista, comunicador, consultor… Lo importante es no desconectarse de lleno hasta conseguir un próximo empleo de oficina.

    Siendo periodista me dije esa noche: «si soy un buen comunicador, si estudié para comunicar, ¿por qué no destaco en mi área? ¿Por qué no me vendo a mí mismo mis propios servicios profesionales en beneficio de mi posicionamiento laboral?»

    Eso fue un chispazo que ha cambiado mi perspectiva totalmente… y es algo además que nunca pude haber llegado a imaginar si no fuese por el desempleo, por la necesidad de hacer algo. Obviamente no espero que el desempleo me dure toda la vida. Lo qué sí le agradezco es la oportunidad haber puesto a prueba mis potencialidades, de convencerme que puedo ser -y hacer- lo que yo quiera.

    Foto: André Suárez

    André Suárez Paredes

    febrero 27, 2018
    Artículos
    Centro de Lima, Desempleo, Vichama
  • Proceso estocástico, Andrei Márkov y la vida cotidiana

    La mejor manera de complicarse la vida es mezclando las matemáticas con la vida cotidiana. Esto es algo que siempre hago en mi búsqueda de la verdad plena… o al menos una aproximación bastante interesante -y al mismo tiempo muy nerd- sobre cómo explicar con ecuaciones o postulados matemáticos las situaciones más emocionales de la vida.

    Pero bien es cierto que no somos máquinas. En este blog he derramado mucha tinta argumentando sobre la incertidumbre de nuestra naturaleza. Sin embargo, como seres de este mundo y de las leyes universales de la física, algo tenemos en nuestro organismo que obedece a esas macroreglas de números, sumas y restas.

    No creas que estoy exagerando. Sabías, por ejemplo, que la sucesión de números de Fibonacci está presente en muchos eventos de la naturaleza como en la reproducción de las abejas, en las flores de los girasoles, en las ramas de los árboles y un largo etcétera.

    La sucesión de Fibonacci comienza con los números 0 y 1,2​ y a partir de estos, «cada término es la suma de los dos anteriores», es la relación de recurrencia que la define.

    0,1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89,144,233,377,987,1597…

    En mi búsqueda por más material como este, me topé con un simpático canal de YouTube llamado ‘Derivando’. Allí aprendí algo sumamente interesante que ha cambiado mi perspectiva sobre la calidad de nuestras acciones sobre la vida cotidiana.

    Hablemos del proceso estocástico

    Un amigo economista me resumió el proceso estocástico en solo dos palabras: el azar. Si queremos ser un poco más quisquillosos, diríamos que es un concepto matemático utilizado para advertir de la sucesión de variables aleatorias a través del tiempo.

    Dentro de los diferentes tipos de procesos estocásticos, la Cadena de Márkov es interesante al establecer que la probabilidad de que ocurra un evento dependa únicamente del estado actual del sistema. En otras palabras, cada evento que está por ejecutarse no guarda memoria del pasado.

    Esto lo podemos notar en la ruleta de los casinos. Si ha salido cinco veces seguidas el casillero negro, ¡en el siguiente no hay razón para pensar que será rojo! La bolilla simplemente no guarda memoria de lo que ha salido anteriormente para decidir cuál será el siguiente resultado.

    Mejor que el mismo Eduardo Sáenz de Cabezón te lo explique en este video.

    [embedyt] https://www.youtube.com/watch?v=VPuRoEOVogo%5B/embedyt%5D

    Márkov y las emociones cotidianas

    Muchas veces he argumentado que estamos acostumbrados a crear categorías o etiquetas para reducir la incertidumbre de una realidad infinita de experiencias. Imagino que esta tarea debe resultar casi imposible cuando uno se topa con un proceso estocástico tipo Cadena de Márkov, porque no tienes un referente histórico para plantearte una base de suposiciones y posibles resultados.

    ¿Pero qué cosas pueden ser procesos estocásticos en las emociones del día a día? Imagino en todas aquellas en las que sentimos angustia por cómo afrontar nuevas experiencias. Como nunca hemos vivido algo parecido, el resultado dependerá únicamente de nuestras acciones y de las circunstancias del presente. Las probabilidades del futuro no tienen cabida donde los hechos del pasado no existen.

    Un ejemplo sería el proceso de cómo nos relacionamos con un desconocido. Solemos desconfiar por naturaleza debido a experiencias pasadas, ¿pero de ahí que más? No tenemos ni idea de cómo esa persona tomará nuestras acciones, ideas o reflexiones cuando recién entablamos conversación.

    Usualmente aplicamos reglas generales de comportamiento para tantear el terreno. Solemos ocultarnos en una neutralidad emocional y cierta indiferencia para descubrir algo medianamente predecible en la otra persona. Digamos que es un protocolo de actuación… uno bastante falso.

    Si no podemos prever el resultado de conocer a alguien, ¿por qué no ser uno mismo desde el principio? ¿Para qué no arriesgarse si ante la falta de previsión de resultados cualquier cosa es posible?

    Eso es lo divertido de la Cadena de Márkov en la vida cotidiana: poder ser uno mismo siendo consciente de los infinitos resultados en plena incertidumbre.

    André Suárez Paredes

    febrero 26, 2018
    Artículos
    Matemáticas
  • En la nada

    A veces te pienso
    en las endiduras
    del tiempo
    o entre los
    puntos suspensivos
    del silencio
    para luego
    perderte
    el rastro
    al ver
    que el reloj
    anda en una
    dirección
    contraria
    a la que
    me lleva
    tu vida.
    Así de simple
    solo desapareces
    en dimensiones
    incomprensibles,
    en espacios
    surreales
    de memoria
    extinta
    como ceniza
    de luciérnagas
    echadas al fuego.
    Pues así
    solo desapareces
    en la nada
    cuando extravío
    mi mente
    en el vidrio,
    en la brisa,
    en tu imagen
    tatuada
    dentro de
    los párpados.

    Foto: Wikimedia Commons. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 20, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Testigos de ciudad

    Cuánto silencio
    tuvo el tiempo
    para descubrir
    lo que callas
    por los ojos
    y niegas
    con los labios
    los besos
    que se
    escapan
    de tu boca
    al respirar
    dentro
    de mí.
    Qué hubo
    del misterio
    que nos embarga,
    de la duda
    que me sonríe
    cuando no
    me dabas la cara,
    la risa
    evidente
    del brillo
    de tus ojos
    al guardar
    la noche
    en un recuerdo
    soñado debajo
    de tus párpados.

    Y me pregunto
    cuánto silencio
    de tiempo
    y misterio
    embargado
    y risa
    evidente
    y recuerdo
    soñado
    volverán
    a cruzarse
    entre la niebla,
    la ciudad
    y las banquetas:
    los testigos
    de nuestra
    soledad.

    André Suárez Paredes

    febrero 19, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Que nunca llegó

    Te extendí
    la mano
    para tocar
    el alma
    que de
    pedazos
    moraba
    el cuerpo
    desnudo
    en soledad.
    Con mis dedos
    te toqué
    la fibra
    sensible
    de lo
    espontáneo,
    el éxtasis
    de tu felicidad,
    apreté la
    lágrima
    que derramas
    al amar.
    Y así
    en tu cuerpo
    mendigué
    las caricias
    gratuitas
    de tus
    impulsos,
    lo que regalas
    de noche
    y te olvidas
    de día.
    Te mendigué
    el beso
    del saludo
    para rogarte
    el beso
    del adiós
    que nunca
    nos despidió.

    André Suárez Paredes

    febrero 18, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Lo que nadie se imagina 24

    Percy Aragón toma un poco de aire antes de comenzar a escribir. Mira el blanco de los píxeles de su pantalla. Trata de enfocarse sobre la nada. Escribe palabras sin sentido para luego borrarlas: una manera de provocar a la imaginación para que de un chispazo encienda la pradera.

    «Hola, ¿estás allí?»

    No hay necesidad de más palabras. No hace falta escribir. Percy presiona el botón «publicar» y se olvida del resto… hasta que apareció su jefe.

    «¡Qué mierda te pasa! ¡Cómo vas a publicar eso en redes sociales! ¡Somos la burla de todos!»

    El editor de cierre del diario El Comercio golpea el escritorio de Percy para que este reaccione a su ira. Sin embargo, Percy sigue imperturbable observando la pantalla. Su jefe le dice que borre inmediatamente la publicación que ha hecho en las redes sociales del grupo. Pero Percy hace oídos sordos. Percy aguarda por algo más hasta que…

    «¡Ya está! ¡Acaso no ves! ¡Me está leyendo!»

    La publicación acaba de recibir un like en Facebook. Percy lee el nombre del usuario. El nombre le es familiar. «¡Lo sabía, siempre estabas allí!»

    «¡Pero qué mierda sucede! ¡Por qué no borra aún el mensaje!», pregunta del director del diario al jefe de Percy.

    La tensión aumenta en la redacción, pero Percy vive en otra realidad. Los griteríos continúan hasta que Percy se levanta y deja el escritorio. Sale por la puerta, sale del edificio y camina hacia Jirón de la Unión para perderse entre la gente.

    En pleno andar, saca su celular y envía el siguiente mensaje: «Sabía que aún me leías en las noticias. Quería decirte que no he podido olvidarte».

    A los pocos minutos recibe una respuesta: «Yo sí».

    Percy está en la Plaza Mayor cuando llega el último mensaje y decide volver al trabajo, aun sabiendo del infierno que le espera. Para esto aprovecha el camino de vuelta para comprar un lapicero en la bodega y dirigirse directamente a la oficina de Recursos Humanos. Percy sabe que si iba a firmar su carta de renuncia, no lo haría con un lapicero prestado.

    ¡Hay que tener orgullo hasta para renunciar antes de ser despedido!

    A la salida del trámite administrativo, Percy coge sus pocas cosas del escritorio y se retira para nunca más volver. Una mancha así dura un par de buenos meses en la comidilla periodística. Pero eso no parece importarle, porque finalmente resolvió un misterio que lo embargaba desde hace cuatro meses: saber si su ex novia lo había olvidado por completo. Su osadía le costó el trabajo, pero al menos vive aliviado y cojudamente feliz.

    André Suárez Paredes

    febrero 17, 2018
    Artículos
    Amor, Cuento, El Comercio, Felicidad
←Página anterior
1 … 45 46 47 48 49 … 94
Siguiente página→

Disculpa si te puse triste…

  • Suscribirse Suscrito
    • NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra