NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • El autómata pensante

    El autómata pensante

    A veces me pregunto en qué pensamos cuando estamos en la nada. Lo más inmediato es recordar las imágenes del pasado, de las cosas que hemos visto y memorizamos, o de los sonidos, de las palabras que aún hacen eco en la memoria. Sin embargo, estar en la nada es como una especie de laguna mental en la que nuestras emociones, pensamientos y demás están al fondo, irrecuperables.

    Y esto resulta inquietante… ¿Quiénes éramos en esos instantes? ¿Seres autómatas? ¿O, más bien, autómatas-pensantes? Si nunca dejamos de ser nosotros mismos durante la vigilia, ¿cómo es que se nos haya escapado el registro de nuestro propio estado por momentos?

    No quiero parecer trágico, menos exagerar en las metáforas, porque el estadío de la nada es tan común que solemos ignorarlo y por eso mismo es «la nada». Uno no puede estar consciente en dicha fase, porque eso ya es «algo» que desvirtúa la nada absoluta. No hay salida, menos solución. La nada será siempre una pieza que recordaremos sin muchas luces; vivencias huecas en las que respirábamos y hacíamos sin pista alguna sobre qué sentíamos o cómo sentíamos.

    La nada… Solemos habitarla cuando suspendemos nuestros pensamientos durante actividades cotidianas, básicamente las actividades deportivas que tienen la etiqueta de ser las más aburridas de todas. Correr, por ejemplo, es aburridísimo. Trato de recordar en qué pensaba en esas largas rutinas de una hora o dos horas corriendo. Creo estar consciente de las motivaciones, de los objetivos, de todas esas cosas que uno siempre tiene en cuenta para «hacer» cualquier actividad, pero no soy capaz de recordar quién era en ese momento.

    ¿Quién corría? Sé que era yo… y fui yo durante todo lo que duró la sesión, solo que no recuerdo mi identidad en el sentido más amplio del término. Hay un olvido allí donde intento hallarme en el pasado y solo veo a un autómata-pensante corriendo, siempre apurado, sudoso y agotado. Las emociones. El esfuerzo. Todo eso sigue en la memoria, pero no forma parte del ser, sino del hacer.

    Y, entonces, llego a la conclusión de que somos piezas indescifrables, hacedores de cosas, una máquina que siente y piensa sin recordar qué siente o piensa en los momentos que no pertenecen al ahora; autómatas-pensantes incapaces de autoconcebirse.

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2022
    Artículos, Reflexiones
  • Los momentos antes del desastre

    Los momentos antes del desastre

    Hay un momento mágico en el cine cuando todo se va a la mierda. Captar el desastre, la desesperación y la tristeza no es tarea fácil, y más aún si es que prestamos atención al proceso creativo de cómo es que el director o guionista lleva al espectador hacia una escena desastrosa, desesperada y triste.

    Algo así como el camino hacia el caos… Y esto último es lo que vengo a compartirles con un video que hallé de casualidad en YouTube, pero que sirve de mucho para analizar cómo los más creativos de la industria del séptimo arte se preparan para recordarte que el mundo es una mierda.

    Las imágenes pertenecen al canal Lonsoo.mp3 y tiene más de 53 mil vistas hasta la fecha. No hay que ser un genio del cine para identificar las películas que aparecen en el montaje: por ahí vemos algo de Parasite, Pulp Fiction, 1917, Elephant, Neon Genesis Evangelion y mucho más. Te dejaré la lista completa más abajo por si juegas a identificar cada película.

    No creo ser un experto en momentos trágicos, aunque sea el administrador de un blog llamado ‘No hablemos de cosas tristes‘, pero sí me he percatado de cierta tendencia. Varias de las escenas dejan la sensación de un respiro hondo como si algo fuese a suceder después, incluso sin saber necesariamente cómo continúa la película. Es algo así como una pausa, como si el tiempo se congelara en un fotograma, en un punto bien alto y del que solo continúa una caída en picada. Al menos eso me ha dejado las escenas de Bastardos sin gloria, Pulp Fiction y Carrie. De seguro hay otras más que tienen el mismo detalle.
    De ahí sigues dos tipos de escenas que se encuentran en los polos opuestos: las secuencias tipo cámara lenta y las que simplemente no te esperas que algo malo vaya a suceder. De las primeras, tenemos el caso de Un puente hacia Terabithia; y de las segundas, Diamantes en bruto.

    Resulta sorprendente cómo estos tres montajes para retratar la previa a un desastre parecen sacados de nuestra propia experiencia, como si nuestros propios recuerdos trágicos fuesen escenas de una película. Imagino que de ahí viene la idea de que el cine es un retrato de la vida, porque recurre a nuestra manera de cómo observamos el mundo para luego plasmar sensaciones según los elementos que los cineastas sitúan en el encuadre.

    La vida misma en la gran pantalla.

    LISTA COMPLETA DE PELÍCULAS

    1- Parasite

    2- Carrie

    3- Donnie Darko

    4- Bastardos sin gloria

    5- Pulp Fiction

    6- 1917

    7- Incendies

    8- Bailando en la oscuridad

    9- La tumba de las luciernagas

    10- Irreversible

    11- Elephant

    12- Un puente hacia Terabithia

    13- Diamantes en bruto

    14- Black Mirror: «El himno nacional»

    15- Un perro andaluz

    16- Mulholland Drive

    17- The Office

    18- Good time

    19- Neon Genesis Evangelion

    20- La Haine

    21- Boogie nights

    22- El faro

    23- Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

    24- Breaking Bad

    25- Los infiltrados

    26- Goodfellas

    27- El Irlandes

    28- Parasite

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2022
    Artículos, Reflexiones
  • «My Way» o cómo morir de cualquier manera

    «My Way» o cómo morir de cualquier manera

    «I did it my way». No hace falta decir más para suponer que leíste la oración anterior con la voz de Frank Sinatra… ni tampoco hace falta entrar en detalles para entender por qué esta canción de 1969 está prohibida en los hospitales. Hay maneras de morirse y una no es escuchando esta dolorosa canción.

    Siempre es bueno algo de contexto…

    «My Way» habla de un anciano en su lecho de muerte. Cada verso viene a ser una confidencia de los aspectos más relevantes de esa vida que se apaga. Aunque la personalidad de aquel hombre sea admirable por su confianza y determinación, no todos piensan igual, más aún quienes son testigos de la muerte en primera línea.

    Fue en 1994 cuando empezó la censura contra «My Way» en hospitales británicos. “Se trata de que los pacientes conserven las ganas de vivir”, señaló Steve Ford, el primero en oponerse al tema de Sinatra en los hospitales, “no de que se pongan su mejor frac y se resignen a la muerte”.

    Ahora que estamos en pandemia, la canción está más prohibida que nunca, pero hay algo más que contar: los asesinatos de ‘My Way’.

    Así como lo lees, A-SE-SI-NA-TOS. Sucede que ‘My Way’ despertó las ganas de matar en Filipinas en 2017. Sucede que hay una interpretación ‘negativa’ de la canción Sinatra: cantarla refleja un sentimiento de orgullo y arrogancia, como si ya hubieses vivido bien y solo esperar morirte… y eso genera envidia. De hecho, los karaokes y discotecas retiraron ‘My Way’ del playlist para evitar incidentes fatales.

    La moraleja sería que ser uno mismo a su manera acaba siendo peligroso.

    MY WAY | LYRICS

    And now the end is near
    So I face the final curtain
    My friend, I’ll say it clear
    I’ll state my case of which I’m certain
    I’ve lived a life that’s full
    I’ve traveled each and every highway
    And more, much more than this
    I did it my way
    Regrets, I’ve had a few
    But then again, too few to mention
    I did what I had to do
    And saw it through without exception
    I planned each charted course
    Each careful step along the byway
    Oh, and more, much more than this
    I did it my way
    Yes, there were times, I’m sure you know
    When I bit off more than I could chew
    But through it all when there was doubt
    I ate it up and spit it out
    I faced it all and I stood tall
    And did it my way
    I’ve loved, I’ve laughed and cried
    I’ve had my fails, my share of losing
    And now as tears subside
    I find it all so amusing
    To think I did all that
    And may I say, not in a shy way
    Oh, no, no not me
    I did it my way
    For what is a man, what has he got
    If not himself, then he has not
    To say the words he truly feels
    And not the words he would reveal
    The record shows I took the blows
    And did it my way
    Yes, there were times, I’m sure you know
    When I bit off more than I could chew
    But through it all when there was doubt
    I ate it up and spit it out
    I faced it all and I stood tall
    And did it my way
    The record shows I took the blows
    And did it my way

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2022
    Artículos, Reflexiones
  • Cosas sobre «ver el mar»

    Cosas sobre «ver el mar»

    Hay algo en el océano que siempre trato de relacionar con la vida cotidiana. Cuando te pasas más de hora y media viendo el horizonte desde una tabla de surf, la imaginación no tiene límites, más aún cuando tratas de no aburrirte en la espera de la mejor ola.

    Se trata de algo sencillo. El mar tiene formas… A veces tiene olas grandes, otras pequeñitas… A veces está ‘pasado de vueltas’ (jerga sufista) y otras hasta parece un río por la corriente. El mar no siempre es el mismo: cambia constantemente y los buenos días sobre las olas pueden variar con un ligero cambio en el tiempo, en la marea, en el swell. Nada es para siempre, y me imagino que es la razón por la que hay veteranos que llevan décadas yendo a la misma playa, dando consejos a los más nuevos y uno que otro gritando a los ‘lanzas’ (otra jerga surfista).

    Ahora, dentro de todas estas formas, hay un aspecto que me parece loquísimo. Si te dijera «mira el mar», lo más probable es que te tome menos de dos segundos para que observes desde la costa -o en medio del mar- todo el horizonte. Es algo fácil, se trata de una gran masa de agua, allí frente a nuestras narices.

    Pero no es así de fácil…

    El horizonte es tan grande cuando estás mar adentro que los ojos no se dan abasto, a pesar de la simpleza del océano. Bien puedes recorrer todo el horizonte en segundos buscando una buena ola, pero siempre se te escaparán algunas, ya sea más abajo de donde estás o unos metros más allá o menos acá…

    Diría que hasta resulta inevitable, por lo que creo haber aprendido algo de esta experiencia: lo más «simple» no necesariamente es dominado por los sentidos… O como reza la frase trillada de los manuales de autoayuda, no todo es lo que parece. Aunque es probable que hayas escuchado el refrán antes de leer esta publicación, creo que son muy pocas las personas capaces de hallar el mismo significado en la naturaleza. Solo es cuestión de ver… y sentir.

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2022
    Artículos, Reflexiones
  • La palabra japonesa para los libros que compras y no lees

    La palabra japonesa para los libros que compras y no lees

    Hace un tiempo escribí sobre las razones para ser un comprador compulsivo de libros. La idea giraba principalmente en la oportunidad de gastar el dinero destinado a libros en la primera oportunidad que veas una obra interesante para tu biblioteca personal. Tarde o temprano igual acabarás haciendo ese gasto, y mejor es hacerlo en un solo plazo -o como dice mi padre, en un solo dolor- que ir gastando a plazos cada vez que no tengas qué leer.

    Ahora, quizá te digas que no vale la pena comprar libros de más si es que no los estás leyendo o quizá nunca lo leas. En esos casos, uno puede decir que el gasto fue un despilfarro; sin embargo, hay motivos para tener una biblioteca llena de libros que aún no pasan por tus ojos.

    Lo usual es sentir culpa de no estar leyendo los libros que adquieres, porque solemos dar cuenta de lo que conocemos a partir de las obras que disfrutamos eventualmente. Digamos que leyendo formamos nuestro propio mundo, la manera en cómo lo interpretamos. No obstante, el desconocimiento -y por extensión, los libros que aún no lees- también forma parte de esa interpretación del mundo. La incertidumbre es tan determinante como el conocimiento para tener una idea de cómo funciona el universo.

    Al respecto, Nassim Nicholas Taleb escribió en su libro The Black Swan lo siguiente respecto a las bibliotecas personales.

    «[La biblioteca] debe tener tanta información desconocida como lo permitan tus finanzas, las tasas hipotecarias y el actual estado tan limitado del mercado de bienes raíces. Acumularás más conocimiento y más libros conforme envejezcas y, desde los estantes, el número creciente de libros que no has leído te parecerá amenazador. En efecto, cuanto más sepas, más grandes serán las filas de libros no abiertos. Digamos que esa colección de libros sin leer es una antibiblioteca”.

    Ahora, ¿cuál es la palabra precisa para todos aquellos libros que no has leído aún? El español no tiene la solución; el japonés, sí. El término es «tsundoku» y está relacionado a la compra de todo material de lectura que acaba amontonándose sin leerlos.

    «Tsundoku» es un término de argot japonés que proviene de la unión de los términos tsunde oku (積んでおく), que significa empacar cosas listas y dejarlas para más tarde, y dokusho (読書), lectura de libros. También se utiliza para referirse a los libros listos para una lectura posterior cuando están en una estantería. En su grafía actual, la palabra combina los caracteres de «apilar» (積) y «leer» (読).

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2022
    Artículos, Reflexiones
  • Shay Bradley y el insólito mensaje para su funeral

    Shay Bradley y el insólito mensaje para su funeral

    La muerte puede ser tan triste… y a la vez una oportunidad genial para despedirte con humor. Los funerales son todos iguales, llantos por aquí, moqueos por allá, pero nada se compara con lo que hizo Shay Bradley para su propio entierro. De alguna manera, él se las ingenió para estar presente y dejar un último mensaje antes de que su cuerpo yaciera unos dos metros bajo tierra.

    El último deseo de Bradley era dejar un mensaje para los asistentes de su propio funeral, el cual se llevó a cabo en octubre de 2019. El momento fue tan épico que Andrea Bradley, hija del fallecido, decidió compartirlo en Facebook. No tuvo que pasar mucho tiempo para que las imágenes se viralizaran.

    El video muestra a los familiares y amigos de Bradley congregados en torno a la tumba. Luego de la música ceremonial, el audio preparado por Bradley comenzó a sonar para sorpresa de todos los asistentes.

    «¡Hola! ¡Déjenme salir, está jodidamente oscuro aquí! ¿Es un sacerdote lo que escucho? (…) Los puedo escuchar. ¿Quién está ahí? Soy Shay, estoy en una caja. No estoy delante de ustedes, estoy muerto (…) Solo llamaba para decir adiós. Voy a morir», dice Bradley en el audio.

    Según el portal Bored Panda, Anne Bradley, la esposa de Shay, la grabación se hizo en una sola toma y más de un año antes del funeral. «Mi hijo me contó sobre la grabación el día antes de su funeral”, reveló Anne, y explicó que la familia más cercana estaba al tanto de la grabación.

    Shay, como ya se lo imaginarán, era todo un bromista en vida. «Siempre pensaba fuera de la caja y quería dejar a su familia riendo”, explicó la esposa. «Era un personaje más grande que la vida y lamentablemente lo extrañaban todos los que lo conocían», concluyó.

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2022
    Artículos, Reflexiones
  • Lo que nadie te explicó sobre el mito de los esquimales

    Lo que nadie te explicó sobre el mito de los esquimales

    Seguro te enseñaron en el colegio que los esquimales tienen la capacidad para diferenciar entre varios tipos de blanco, debido a que están en constante interacción con la nieve. Todo bien hasta allí, digamos que es algo que ya se sabe por cultura general, pero hay todo un trasfondo académico que probablemente no te explicaron.

    Lo que parece algo tan sencillo de entender tiene todo un debate en los teóricos del lenguaje. Los estadounidenses Edward Sapir y Benjamin Whorf llegaron a una conclusión algo obvia pero interesante. A partir del estudio a los esquimales y cómo es que tienen más palabras para referirse al blanco que otras lenguas, llegaron a la conclusión que las palabras en sí determinan cómo pensamos y percibimos el mundo.

    Ahora, la hipótesis de Sapir-Whorf fue un aporte importante desde su publicación en 1940; sin embargo, para 1994, las cosas tomaron un giro importante sobre cómo los humanos interpretamos el mundo. Y es que tú mismo puedes darte cuenta. Si solo somos capaces de pensar en cosas para las que tenemos palabras, ¿cómo aprenderíamos el lenguaje?

    El psicólogo Steven Pinker, en su libro El instinto del lenguaje, explicó que la situación de los esquimales debe ser analizada de manera inversa: ellos no diferencian los tipos de blanco, porque tienen más palabras para hacerlo, sino que utilizan más palabras para referirse a los tonos de blanco porque han aprendido a reconocer los matices de este color.

    Todo esto me lleva a una situación algo incómoda, ¿somos incapaces de pensar en conceptos para los que no tenemos palabras? De acuerdo con la hipótesis de Sapir-Whorf, no podemos tener la idea de algo si es que no tenemos una palabra para saber de su existencia. No obstante, a través de la experiencia, sí seríamos capaces de identificar ese concepto -como aprendieron los esquimales a identificar los varios tipos de blanco- que desconocemos para otorgarle una palabra.

    Menudo debate, y todo por algo que aprendimos en el colegio sin mayor explicación.

    Fuente: 50 teorías psicológicas fascinantes y sugerentes – Christian Jarrett

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2022
    Artículos, Reflexiones
  • Las peores personas de la historia

    Las peores personas de la historia

    A veces me sorprendo de cuánta «gente mala» hay en mi biblioteca personal, y de todos esos libros me quedo con el que mejor resume mi afición por las historias de asesinatos, conspiración y violencia injustificada. Se trata de Mala gente, las 100 peores personas de la historia, de Miguel Ángel Linares.

    La obra me atrajo principalmente por el criterio a través del cual uno selecciona a las «peores personas de la historia». La explicación de Linares es bastante sencilla.

    El término ‘maldad’ es muy amplio, por lo que en esta obra nos vamos a centrar en el que, objetivamente, es el peor tipo que existe: el deseo de la muerte ajena. Las cien peores personas de la historia que hemos seleccionado son asesinos que han terminado con muchas vidas, demasiadas. Más de cien millones de personas han encontrado la muerte tras cruzarse con algunos de los hombres que vamos a ver en los siguientes capítulos. Todos han sido muertes violentas, llevadas a cabo por mentes diabólicas que, con sus criminales actos, han ocupado su propio huevo en la historia de la humanidad.

    Lo curioso es que Linares se toma el trabajo de dividir a la «mala gente» según categorías para reducir así su extensa lista y, entre ellas, hay una que me pareció divertida: «Los malos del cuento»; es decir, personajes de ficción que merecen un espacio entre las peores personas de la historia. Algo que no me agradó es una sección dedicada exclusivamente a España, así que imagino que es por cuestiones editoriales.

    ¿Con la intriga de saber quiénes son las peores personas de la historia? Aquí dejo una parte de la lista según lo que leí en este libro.

    Ted Bundy, el asesino encantador
    Jim Jones, el predicador de la muerte
    Pol Pot, el genocida camboyano
    Luis Alfredo Garavito, La Bestia
    Josef Frtizl, el Monstruo de Amstetten
    Jeremy Bamber, el asesino impaciente
    Myra Hindley, la asesina de los páramos
    Maria I de Tudor, Bloody Mary
    Atila, el azote de Dios
    John Wayne Gacy, el payaso asesino
    Ed Gein, el carnicero de Plainfield
    Jack el Destripador, el rey de los asesinos
    Gilles de Rais, el ‘Barba Azul’ real
    Andrei Chikatilo, el carnicero de Rostov
    Vlad, el empalador, el verdadero Drácula
    Adolf Hitler, el más malo de todos
    Idi Amin Dada, el genocida bufón
    David Koresh, la tragedia de los davidianos
    Bin Laden, la ‘espada de Alá’
    Los Bender, los hospederos asesinos

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2022
    Artículos, Reflexiones
  • Cuánto tiempo tardarías en leer los clásicos de la literatura

    Cuánto tiempo tardarías en leer los clásicos de la literatura

    Una de las cosas que tenemos en cuenta a la hora de comprar un libro es evaluar aproximadamente cuánto tiempo demandará terminarlo. Obviamente, la cantidad de páginas leídas depende de cada lector y de la complejidad del libro, así que no hay regla universal para medir cuánto tiempo requiere un libro para disfrutar cada una de sus páginas hasta el final.

    Lo que sí se puede hacer es trabajar con promedios para dar con una respuesta aproximada a la realidad. De acuerdo con una prueba de velocidad de lectura hecha por Staples, un adulto promedio lee 300 palabras por minuto. La referencia es ideal para nuestro propósito, pero debe tomarse con pinzas, debido a que está basado en el promedio de lectura en Estados Unidos.

    Haciendo esta precisión, las páginas web Personal Creations y Verne han evaluado cuánto tiempo de lectura requieren estos clásicos de habla inglesa y española.

    Toda la saga de Harry Potter, de J.K. Rowling, por ejemplo, demanda 60 horas de lectura, muy por debajo de lo que hace falta para disfrutar de A Song of Ice and Fire de Game of Thrones, de George R.R. Martin, (98h 33m).

    Echando un vistazo rápido a lo publicado por Personal Creations, la cantidad de tiempo de lectura más constante es diez horas, lo que se traduce a poco más de una hora al día durante una semana. Nada imposible si es que disfrutas de la lectura en cualquier momento del día.

    Por su parte, Verne ha considerado obras interesantes de la literatura latinoamericana. Rayuela, de Julio Cortázar, requiere de 9h 35m. Por su parte, 100 años de soledad, de Gabriel García Márquez, toma 7h 40m.

    ¿Qué te parece? ¿Está bien distribuido el tiempo para cada obra? Imagino que sí es posible acabar, por ejemplo, Madame Bovary, de Gustave Flaubert, en 8h 43m, pero bajo lectura constante, algo muy difícil para quienes están habituados a las pausas para imaginar aún más el detalle de cada frase u oración. Entonces, digamos que el cálculo está basado en condiciones idóneas y poco naturales para los aficionados a la lectura.

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2022
    Artículos, Reflexiones
  • Los villanos más terribles de la ficción

    Los villanos más terribles de la ficción

    La maldad es algo muy amplio de entender. Hay muchas maneras de «ser malo» y algunas de estas varían según su proporcionalidad. Mentir a una persona no es lo mismo que asesinarla. Digamos que hay «niveles de maldad» para evaluar así la perversidad de la gente.

    De acuerdo con Miguel Ángel Linares, autor del libro Mala gente. Las 100 peores personas de la historia, la peor maldad de todas es el asesinato, debido a que se trata de un daño irreversible, una tragedia que nada del mundo puede reparar.

    Linares se tomó le trabajo de evaluar una larga lista de «gente mala» para dar finalmente con los peores de la especie humana. Lo interesante de su trabajo es que abordó a los personajes de ficción, sean del ámbito del cine o la literatura. Su colección se limita a ocho únicos personajes que merecen ser temidos, aunque no existan en la realidad.

    ¿Pero qué tienen de especial para ser «mala gente» respecto al resto de asesinos reales? Una perspectiva interesante es el nivel de maldad ideado por el autor para diseñar la psique del villano perfecto, la del psicópata ideal tan terrible que -felizmente- solo existe en el plano ficcional.

    MENTES CRIMINALES Y MALDITAS

    En los casos de Mr. Hyde, Norman Bates, Jack Torrance y Hannibal Lecter, por ejemplo, sus respectivas psiques son considerablemente miméticas al desarrollarse en un ámbito real de la vida cotidiana y de los extremos que ocasionalmente podemos considerar si es que estamos sometidos a circunstancias críticas. Y es que todos tenemos algo de Bates a un nivel enfermizo de amor por la madre o de Mr. Hyde al renegar de los placeres a los que no podemos acceder para «mantener las apariencias».

    Joker, Darth Vader y Lord Voldemort, por su parte, pertenecen a los personajes cuyo origen dentro de la ficción es maldad pura. Quien fue alguna vez Anakin Skywalker se transformó en un villano cuyo legado se extiende a nueve películas. Joker goza de una maldad atemporal, de una locura que, a pesar del paso del tiempo, sigue vigente para poner en aprietos a Batman. Finalmente, Lord Voldemort es un producto del odio y sus contradicciones, y cuya esencia es tan terrible que su solo nombre espanta en el reino mágico.

    LOS PEORES VILLANOS DE LA FICCIÓN

    Ahora sí veamos la lista de los peores villanos del cuento según el libro Mala gente. Las 100 peores personas de la historia.

    Mr. Hyde, el Malo que todos llevamos dentro

    Drácula, el Rey de los Vampiros

    Joker, el antítesis de Batman

    Norman Bates, amor de madre

    Jack Torrance, locura total

    Darth Vader, el Lado Oscuro de la Fuerza

    Hannibal Lecter, ‘Aníbal el Caníbal’

    Lord Voldemort, ‘El-que-no-debe-ser-nombrado’

    André Suárez Paredes

    mayo 21, 2022
    Artículos, Reflexiones
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Disculpa si te puse triste…

 

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