NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • ¿Tuviste un mal día? Esto puede ayudarte

    No te molestes leyendo memes idiotas sobre la felicidad. Leyendo un poco de psicología encontré una teoría interesante sobre cómo el cerebro interpreta las emociones, así como una singular táctica para engañar la mente y crear la sensación de felicidad en los momentos más duros.

    Volvamos a la recopilación de Christian Jarrett en su obra ’50 teorías psicológicas fascinantes y sugerentes’, específicamente a la teoría de la emoción de William James y Carl Lange que es fácilmente entendida por el siguiente ejemplo. Imagina que estás en el bosque y te encuentras con un amenazante oso. Si crees que primero sentiste miedo, temblaste y luego corriste, te equivocas. En realidad, según esta teoría, primero temblaste y corriste, y esos cambios corporales hicieron que tu cerebro interprete el miedo.

    Siguiendo esta línea, intenta ahora sonreír, pese a que no te sientas tan alegre como para hacerlo espontáneamente. El solo cambio corporal haría que tu cerebro identifique el gesto con la felicidad y puedas sentir lo agradable de esta sensación. A grandes rasgos, no son las emociones que provocan nuestros gestos faciales, sino que son estos los que provocan las emociones.

    Foto: André Suárez – Modelo: Le preguntaré primero si me deja nombrarla

    André Suárez Paredes

    enero 22, 2014
    Artículos
    Psicología
  • Manifiesto del buen infiel

    Haber sido infiel es tan humano como ser sincero, por lo que merece un espacio para ser analizado. Que sea un comportamiento condenable e impensable para los enamorados más enamorados no evita su existencia en el panorama de las pasiones. ¡Ponte una mano en el pecho!

    Anteriormente hablé de la infidelidad indirecta, pero ahora quiero dedicarme a la raíz de la infidelidad telenovelera. Ya saben, con amantes a escondidas, cuentas falsas en Gmail y conversaciones secretas en WhatsApp, así como las citas lujuriosas que nunca debieron haber pasado. Enfatizo el término raíz porque las consecuencias del engaño amatorio -las aventuras del amante- parten de una primera acción que acaba con la estabilidad de la pareja basada en la autocensura (¡solo me puedes besar a mí!).

    Lo que escribiré será algo difícil, pero pienso que no se debe condenar a los ‘sacavuelteros’ con todos los adjetivos calificativos habidos y por haber. No todos son de la misma estirpe, por lo que los peores son aquellos que sabiendo que hacen mal siguen con la mentira sin confesar la dura verdad. Los mentirosos ‘honestos’ serían quienes se sinceran sobre la confusión de sentimientos y admite haber faltado a la autocensura. Hay que agregar, no obstante, que dicha falta es la más natural y humana de todas. ¡Y no te mientas diciendo «ay sí, pero cuando hay voluntad»!.

    La voluntad es más endeble de lo que crees y los especialistas en la mente lo han probado. El psicólogo norteamericano Roy Baumeister señaló que la fuerza de voluntad es un recurso limitado, que puede ir agotándose a medida que se suman tentaciones prohibidas en un contexto determinado. Así, el enamorado empedernido es vulnerable a las infinitas experiencias y casualidades de un día cualquiera. Un factor determinante para que la tentación gane terreno son las peleas que ponen en tensión el futuro de la relación. Si esta entra en duda, la tentación es cada vez peor.

    Si aún eres de los que creen que la voluntad está ante todas las cosas, te entiendo, pues el colega de Baumeister, Loran Nordgren, agregó el concepto ‘sesgo de limitación’ para quienes infravaloran las tentaciones en momentos ‘fríos’, entiéndase como un estado pasivo frente a hipotéticas situaciones alarmantes. Ser humano es ser consciente de nuestras debilidades. No solo para evitarlas, sino para comprenderlas y tomar decisiones con mejor tino. Al fin y al cabo, perdonar es divino.

    Foto: Wikimedia Commons – Churchh

    André Suárez Paredes

    enero 20, 2014
    Artículos
    Psicología
  • ¿Eres de los que siempre llegan tarde? Aquí una buena excusa…

    Soy un tardón de tres carajo. Es cierto, pero algo que siempre jode es que nadie te cree cuando explicas que la tardanza se debió a circunstancias ajenas a tu responsabilidad. El tráfico, algún favor de última hora, una llamada importante, etc., nada parece convencer a quien ya juzga que llegaste tarde porque no te interesa. ¡Pero sí interesa! El problema aquí es algo llamado el error fundamental de atribución.

    El psicólogo Lee Ross fue quien estableció este concepto como «la tendencia a atribuir las causas de las conductas de los demás a su naturaleza intrínseca, ignorando las circunstancias que imponen límites»*. La razón se debe a que nuestras circunstancias directas nos parecen más manipulables, por lo que las del resto son juzgadas por la conducta del individuo.

    Si eres tardón de los buenos, aquí tienes una buena excusa para que no te armen el lío del desinteresado que nada te importa. Lástima que aprendí este argumento algo tarde, pero siempre es bueno saber -o sacar en cara- los prejuicios del resto en situaciones sutiles.

    Foto: Flickr – Phil Dokas

    * Explicación extraída del libro ’50 teorías psicológicas fascinantes y sugerentes’, de Christian Jarrett

    André Suárez Paredes

    enero 19, 2014
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    Christian Jarrett, Circunstancias, Error fundamental de atribución, Espera, Horas, Lee Ross, Llegar tarde, llegaste tarde, Reloj, Tardón, Tendencia, Tiempo
  • ¿Por cuánto tiempo debes practicar algo para ser experto?

    El psicólogo Anders Ericsson desarrolló la idea de que la grandeza no es innata, sino que es resultado de enormes cantidades de horas dedicadas a la práctica. Las superestrellas del deporte hoy en día, por ejemplo, no pasarán a la historia por haber nacido con dones sobrenaturales, solo sacrificaron importante tiempo de sus vidas. ¿Pero cuánto tiempo?

    Según estudios realizados por Ericsson con músicos, atletas y jugadores de ajedrez, se necesita unas 10 mil horas de práctica para ser un maestro en la disciplina que elijas. ¡Pero no cualquier práctica! Esta no necesita ser repetitiva, sino compleja al adoptar nuevos conocimientos para seguir desarrollando la habilidad. Algo cierto que menciona el periodista Christian Jarret, de la revista The Psychologist, acerca de la teoría de Ericsson es el requerimiento de la perseverancia y la motivación sobre la idea del don innato.

    Esta teoría la leí recién hace unas semanas, por lo que resulta desesperante que haya perdido tanto el tiempo ahora que tengo 24 años. Un año comercial tiene 360 días; es decir, un total de 8 640 horas. Si le sumamos unos meses (30*24), sería algo de un año y tres meses para cumplir sobradamente el tiempo que sugiere Ericcson. No resulta mucho si te pones las pilas ahora. ¡Aún estás a tiempo!

    Foto: Flickr – Bajo la licencia de Creative Commons y LEOL30

    André Suárez Paredes

    enero 19, 2014
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    Anders Ericsson, Deporte, Don, el periodista Christian Jarret, Horas, Innato, Maestría, Mes, Perseverancia, Práctica, psicólogo Anders Ericsson, Superpoderes, The Psychologist, Tiempo, Vida
  • Trapiche, Gótica, Aura… ¡La misma vaina!

    Ahora sí lo puedo confirmar con todas sus letras. A lo largo de mi vida he visitado distintas discotecas, desde las más improvisadas hasta las más exclusivas de Lima, y llegué a la conclusión de que NO nací para divertirme en ellas. Mi última visita a ‘Aura’ en Miraflores sentenció mi veredicto sobre los supuestos lugares de diversión para mis contemporáneos. Me faltaba asistir a ese último bastión para que los más ‘toneros’ no me digan después que no fui a buenas discos. Bueno, ya está, las discotecas me parecen una reverenda mierda.

    Mi relación con los locales nocturnos es parecida a la carrera de Michael Jordan con el béisbol: parecía una promesa en la cancha, pero acabó regresando a lo que mejor sabe hacer en la NBA. Y lo que yo sé hacer mejor es conversar en un pub que sacudir el cuerpo sobre una pista de baile. Esa actividad sencilla me resulta mejor que las aventuras pipilépticas con desconocidas putifaldas bajo la insoportable bulla del DJ. ¡Qué diversión para más superficial!

    Cada quien se vacila como quiere, es cierto, solo que me hace difícil comprender lo divertido que resulta hablar gritando por la maldita música que no deja escuchar tus propios pensamientos. Peor aún es ver cómo la gente le celebra al DJ su falso talento por apretar botones moviendo la cabeza como autista. En realidad, sorprende que pueda hacer las dos cosas al mismo tiempo.

    Repito nuevamente: NO nací para divertirme en discotecas. Menos para decir que me divierto bailando cual cavernícola alrededor de una hoguera. ¿Y las nenas por doquier, bien tarrajeadas y dispuestas? Lo siento, el intelecto no se arregla con maquillaje.

    Foto: Wikipedia – Fabric

    André Suárez Paredes

    enero 16, 2014
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    Reflexiones
  • Sobre las alas del dragón verde

    Se hace tarde en Miraflores. El olor de tus dedos te mantienen lúcido mientras caminas por Berlín. Miras tu sombra menos difusa sobre el pavimento, te aterra la idea de que se acerque a ti hasta atraparte. Caminas rápido, miras por todos lados sin observar nada. Sientes soltura como para hablar con cualquiera, incluso con los inexistentes.

    Miras el reloj, caminas-corres, persuades con la mirada, sientes la culpabilidad de que todos saben lo que has hecho. Hueles tus dedos nuevamente. Caminas como si el olor hiciera combustión en tus pulmones. Nada parece imposible, todo parece cerca, cualquier cosa te distrae. El pequeño tramo entre la ruta de regreso a casa y alguna librería (o local cualquiera) ocasiona cierta energía por cambiar la rutina.

    Llamas al primero de tu lista, quieres seguirla hasta cagarla con el alivio que tu otra personalidad sabrá resolver las consecuencias. Nadie te contesta. Sabes que no debes llamar a los proyectos pendientes de conquista. «No la jodas aún», te dices. «No seas huevón», te confirmas. Miras con quienes andas, aún no es la hora de las mujerzuelas, de los travestis, de los hombres solitarios de billeteras infladas.

    Camina, camina, camina. Rojo. Camina, camina, camina. Miras la tarde, vas por un trago, hueles nuevamente tus dedos, terminas el trago de un sorbo entusiasta y vuelves a caminar. ¿Por qué diablos se llama esto Parque Kennedy? ¿A dónde va toda esa gente? Recuerdas la trama de la cinta The Truman Show. Todo parece un escenario, una larga escena merecedora de la mejor censura por el control parental.

    Llegas a casa. Sacas la llave de la puerta principal y abres la puerta incrustando el objeto metálico como si apuñalaras la puerta. No hace hambre, solo sueño. Caminaste distritos de distancia, poco interesa, duelen los pies, pero no la conciencia. Incluso cuando quieres cagarla, no hay suficientes cómplices en 24 horas. Echado en la cama, cierra los ojos, huele tus dedos. Descansa, duerme y vomita. Vomítalo todo.

    Foto: Photopedia – Bajo licencia de Creative Commons y Stefano Costanzo

    André Suárez Paredes

    enero 15, 2014
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    Cine
  • La tragedia de las más guapas

    ¿Qué tal si las chicas más guapas de las discotecas se sienten feas porque nadie las saca a bailar, bajo esta idea de que parecen imposibles para el hombre común? ¿Y qué tal si te aventuras a hacerlo, ellas responden afirmativamente porque has sido el único valiente? Creo que una situación como esta debe ser una de las muchas tragedias de las féminas más guapas del planeta.

    No falta quienes se aprovechen de sus atributos naturales para conseguir favores de los hombres, pero también hablo de las más sencillas que desconocen el poder de su atractivo para con los conquistadores. La tragedia sería encontrar al amor indicado en medio de la sobreoferta masculina: muchas opciones para solo ligar con una y sentir que es la media naranja. Una amiga muy guapa me lo confirmó: «Sé que hacen fila por mí, pero no llega el que yo quiero». Debe tener razón, yo estaba haciendo esa cola hace varios años.

    Como hombre debo confesar que resulta extraño saber que chicas tan guapas pasen por esos problemas del corazón. Cuando uno se entera de un infidelidad, por ejemplo, se pregunta sobre lo injusto que puede ser la vida para haber cruzado a tan bella chica con tremendo patán. Luego se acaba la reflexión bajo la idea de que si fuera yo el protagonista, nada de eso hubiese ocurrido, pero lástima que ella aún no sabe que existo.

    Sin embargo, pongamos el punto sobre las íes. Las chicas más guapas, incluso, pueden ser unas loconas en ámbitos más privados, pero su belleza acaba siendo una caja de resonancia ante esos males. Pienso que la costumbre debe hacer que los hombres ya no valoren a la bella mujer que tienen al frente y decidan hacer con ellas lo que harían con cualquiera.

    Felizmente la belleza es un consenso social, por lo que puedo conquistar a la rubia de mis sueños cruzando la frontera. Mientras ahorro, habrá que seguir intentando por si ocurre el milagro.

    André Suárez Paredes

    enero 13, 2014
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    Belleza
  • Siete pequeñas cosas que te deprimen en Facebook

    Además del ‘leído’ de Facebook, hay otras pequeñas cosas de la popular red social que deprimen a cualquier usuario, más aún si eres periodista y no tienes feriados como el resto. Haré un corto recuento de situaciones que hacen de Facebook la peor dosis de depresión, después de las drogas duras. ¡Allá vamos!

    1) Semana Santa, Año Nuevo o Navidad. La espera por la primicia hace que te quedes en la redacción los días libres, mientras el resto de los mortales festejan de lo lindo. De alguna manera, te sientes bien porque haces productivo en momentos que a nadie le interesa la estabilidad del país. Entras a Facebook para ver si tienes con quien conversar, pero no hay nadie conectado, solo sus terribles fotos en la playa o en la discoteca. Todos felices, hablando de Asia, como si siempre fuese feriados para quienes se la llevan fácil. Lo peor en ese momento es comparar tu vida social real con la supuesta vida ‘divertida’ en el mundo virtual.

    2) Recuerdo haber leído en el Huffington Post un artículo sobre las 23 cosas que toda mujer debería de hacer. Entre ellas, figura nunca «quitar nuestro nombre a todas las fotos ‘desfavorecedoras’ de nosotras que están en Internet». Además de significar una falta de amor propio, «¿cómo no va a sentirse mal alguien que dedica el lunes por la noche a recorrer las fotos de vacaciones de su expareja o a leer los comentarios entusiastas de esa amiga que trabaja en el sector de la moda durante una fiesta llena de famosos?». Una solución sencilla es apagar el ordenador.

    3) La solicitud de amistad que nunca es contestada. Lo peor de la sensación de espera es quitar la solicitud para reenviarla, y así creer que esa persona no vio el mensaje. Pasado los meses ya te vas dando cuenta que nunca se acordó de ti o, por lo menos, no quiere tenerte entre sus contactos. Y para acabar con esta angustia, uno llega a creer que al hacer el reenvío realmente no aparece como mensaje nuevo, sino simplemente se activa el primero que enviaste. Todo vale por tener una pequeña esperanza.

    4) Cumpleaños. Decides hacer tu fiesta en casa, por lo que creas un evento en Facebook para que todos tus contactos sepan. Obviamente, habrán personas que no podrán asistir. Lo diplomático es poner un ‘quizás vaya’ para evitar los malos entendidos, pero lo peor de esa situación es recibir las malditas notificaciones de «Carlos Paredes RECHAZÓ tu solicitud». Lo jodido aquí es la palabra RECHAZÓ. ¿No hay una menos dolorosa?

    5) Siguiendo el punto anterior, lo deprimente está ahora que de los 30 confirmados solo asistieron cinco personas. No queda otra que sonreír para evitar la vergüenza entre quienes saben que habían confirmado mucho más personas. Aquí es cuando te preguntas cuántos amigos tienes en la vida real.

    6) Vuelves a la soltería, entras a Facebook y ¡BOOM! la depresión te invade. Al igual que el punto 2, aquí el truco es no es comparar tu vida real con la virtual de los demás. Aquí no falta el pensamiento frío del «Se ven muy felices, pero ¿acaso durarán para siempre? ¿Se irán a casar? Ni cagando». Luego vienen las actualizaciones de despecho y las dedicaciones indirectas de canciones románticas. En ese orden.

    7) Te tomas la molestia de informarte muy bien para publicar una conclusión intelectual en tu muro de Facebook. Recibes unos tres ‘likes’ de tus amigos más interesados en el tema. No falta dar tres ‘scroll’ para ver que un perdedor publica «Nos vamos a Asia, huevonaaaaa» para recibir 37 ‘likes’. Momentos como esos agradeces a Mark Zuckerberg por haber habilitado la opción de ‘No mostrar en noticias’.

    Foto: Flickr – Bajo la licencia de Creative Commons y stevegarfield

    André Suárez Paredes

    enero 13, 2014
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  • ¿Crees en fantasmas?

    Yo sí. No me preguntes qué es exactamente, solo puedo decir que he sido testigo de eventos paranormales. A lo largo de mis comisiones como periodista, tuve la oportunidad de visitar la Fortaleza Real Felipe de noche con el grupo Darma, especializado en estudios paranormales, y el Cementerio Presbítero Maestro, también de noche, por lo que puedo contar vivencias reales.

    A continuación comparte mi primer trabajo de este tipo. Lo hice para la Revista Digital Número Zero en mis tiempos de practicante. Aún tengo los masters de lo que se observa en el video. Algo que no añadí fue el audio de un llanto de mujer mientras caminaba entre dos torres. No lo puse por motivos de que no pude aislar los canales de audio, así que mejor es no vender ‘humo’ a los espectadores.

    Lo que me dejó estupefacto es la sensación de la carga negativa sobre mis espaldas cuando utilizamos la ‘frame box’ en ese pasadizo muy angosto, que colindaba con los calabozos del fuerte. No trato de decir que se trata de espíritus o fantasmas, sino que existe dicha sensación que logra manifestarse mediante tecnología especializada en emisiones de radio.

    Este otro video es más reciente. Lo hice para el diario Publimetro, donde trabajo como redactor web. El motivo del video no era lo paranormal, sino un recorrido nocturno en el camposanto. Una experiencia que no logré captar con la cámara era una voz muy extraña. Ocurre que me alejé unos cinco nichos del guía y pasé por varios pasadizos para alcanzarlo. Primero escuché la voz original del guía a cientos de metros y luego, por unos segundos de desfase, escuché la misma voz en el mismo volumen viniendo una galería muy oscura, integrada por cuatro estatuas negras con flores marchitas. No se trataba del eco, pues era un espacio abierto.

    Para acabar, vayamos a la experiencia personal. Mi abuela Bertha falleció en su casa una noche de los años noventa. Desde entonces, siempre tuve dudas sobre si ella se manifestaba en el día. Mi abuelo me contó que Bertha le apaga la luz en las noches para dormir, pero nada que yo experimente personalmente hasta que llegó mi cumpleaños 17.

    Estaba sentado en el jardín de la casa hablando con mi madre sobre mi abuela Bertha y qué diría en la actualidad si hubiese visto a mi sobrina Nicole, hija de mi hermano Alex. Bromeando sobre sus hipotéticas respuestas, le pregunté a mi madre si la presencia de mi abuela rondaba por la casa por mi cumpleaños. Pasaron unos minutos de haber mencionado eso para que el volumen de la radio se eleve de la nada.

    Todos pensamos que era Nicole que andaba por la sala con su andador, pero todos nos quedamos en shock cuando vimos que ella estaba en la cocina. Mi padre vio cómo el volumen se elevó sin más, hecho que nunca había ocurrido con el equipo. Lejos de asustarnos, todos sonreímos porque mi abuela Bertha se había acordado de mí.

    Foto: Wikimedia Commons – Gallowglass

    André Suárez Paredes

    enero 13, 2014
    Artículos
    Fantasmas
  • El regalo de mi tío ‘cachivachero’

    Poco me acuerdo de mi tío Mario Paredes Guardamino. De él me quedan los apodos que me puso por ser morenito de niño y su interpretación de ‘Drácula’ cuando se sacaba la dentadura postiza para asustarme. Era bien jodido, eso sí lo recuerdo, pero quién iba a decir que con los años tendríamos una afición en común. Lástima que recién me doy cuenta más de diez años después de su muerte. Ambos somos cachivacheros, aficionados a guardar toda antigüedad pese a su poca funcionalidad en la actual era digital.

    El dormitorio de Mario en la casa de mis abuelos maternos aún mantiene sus viejos tesoros que poco a poco he ido coleccionando para no faltar el respeto a su memoria. La mayoría de objetos los rescato cuando veo que en el patio cada vez hay más cosas suyas entregadas al olvido. Unas cosas me las robo sin pedir permiso, porque mi tío tuvo una vida difícil por su homosexualidad, así que mejor es evitar discusiones dentro de la familia.

    Mi última adquisición fue su tocadisco de vinilo, que estaba por ser echado a la basura debido al espacio que ocupa en el segundo piso del domicilio. Los ojos me brillaron, mi madre se dio cuenta de mis intenciones y me dijo para traerlo a la casa. Estaba con mucho polvo, parecía roto, pero nada se pierde. Este sería el segundo equipo musical de la época que guardo en mi cuarto, pese a las quejas de mi padre por tratarse de cachivaches obsoletos.

    Lo enchufé con temor en la sala. Nadie parecía estar interesado, salvo mi sobrina Nicole, de 6 años, quien me veía manipulando la maquinaria. La base del disco giraba, la aguja se veía algo oxidada, solo era cuestión de probarla con un disco real. Felizmente compré hace tres años un disco de vinilo llamado ‘Una sola palabra. Ayudémonos’, dedicado a las víctimas del terremoto de 1970, sin tener la mínima idea que lo escucharía de verdad.

    Todo estaba listo. Enchufé las salidas de audio a una vieja radio para utilizar los parlantes en auxiliar. Solo era cuestión de darle ‘play’. «¡Funciona!», grité dentro de mi alma, mientras Nicole no entendía cómo la música se reproducía por la aguja. «Escucha, pequeña, así era cómo tus bisabuelitos oían sus canciones», le dije. Tuvo que sonar el vals ‘Idolatría’, de Eloisa Angulo, para que mi madre cante desde el segundo piso, y sentir que el mágico momento traído del pasado fue un regalo de la afición de mi tío por cuidar sus viejos tesoros.

    Espero que las chucherías que mi padre desea botar de mi cuarto sean el orgullo de mis nietos por saber que uno de sus antepasados fue el curador de su historia familiar. Cómo espero que ya estén grandes en un futuro para contarles sobre este tocadisco, así como la máquina de escribir de mi madre cuando era secretaria. También el reloj de pulsera que me acompañó toda la universidad, las piezas de vidrio moldeado que traje de las playas de Viña del Mar, en Chile, cuando cumplí una vieja promesa y la afición de mi tío por cuidar el pasado como si fuese un regalo del futuro.

    Foto: Flickr – Bajo licencia de Creative Commons y Mayarí Schilling

    André Suárez Paredes

    enero 13, 2014
    Artículos
    Coleccionista, Curador, disco de vinilo, Discoteca, Drácula, Eloisa Angulos, Familia, Futuro, Historia, Historia familiar, Idolatría, Mario Paredes Guardamino, Música, Tiempo, Tocadisco, Vinilo
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Disculpa si te puse triste…

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