NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Lo que nadie se imagina 5

    Calma, mi anciana preciosa. Sabíamos que esto era inevitable. No puedo ahora secarte las lágrimas del rostro, menos decirte aquellas palabras que nunca te dije, pero que, de seguro, te tranquilizarían. Tómate tu tiempo, ancianita mía, que así sin dientes me atrevo a decirte que te he besado, que no has dejado de ser linda desde antes que se nos cuarteara la piel, antes de que ahora llores así en público. Calma, mi ancianita preciosa.

    Acabo de decirte que pares, no sigas más, esposa mía. Ya cálmate que me apena el camino que debo ahora partir, hacia donde no me puedes acompañar. Sécate de nuevo las lágrimas, las mismas que brotan por los mismos ojos que alguna vez también lloraron de felicidad con mis excentricidades, con mis bromas por criar a quienes en nada se parecen a mí, solo tienen mi apellido y tu hermosa sonrisa. Eso me bastaba, siempre bastará.

    Basta, no llores más, jovencita. Poco tiempo me has conocido, o me has vuelto a conocer luego de tantos años. Ahora ya no puedo verte, tu voz parece ser la misma de aquella vez que nos dejamos de hablar. Lástima tenerte tan cerca sin aún haberte podido ver, al menos sé que estás aquí a mi lado, en el mismo lado donde hace instantes tu voz también era la de mi anciana preciosa y esposa mía que jamás me tocó conocer, pese a que el deseo nos prohibió por eventualidades un futuro que ahora ya no importa proyectar juntos.

    El grave sonido de la madera anuncia el final de los adioses. Un puñado de tierra golpea mi frente. Ahora escucho el silencio infinito de las entrañas del planeta.

    Foto: chotda – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 19, 2014
    Artículos
    Relaciones de pareja
  • El problema de dejar la cerveza

    El mayor problema de dejar la cerveza -o cualquier licor, en general- es que con ella también abandonas a los amigos. Te lo digo por experiencia, aunque reconozco que la regla no es así de radical. Primero, te reclaman y te obligan a beber para compartir el compadrazgo, pese a que ya tomaste el brindis inicial respectivo. Segundo, dejas de figurar en sus listas de teléfonos preferidos para irse en pedo. Tercero, finalmente, eres el último que se entera para planes por fechas especiales, como Año Nuevo y Semana Santa, por el simple hecho que prefieres estar lúcido durante el resto de la noche y sano por la mañana del día siguiente.

    Al menos, tengo una buena excusa para no beber en exceso: sufro de cálculos renales. Lástima que, para la calentura del momento, nadie parece importarle cuando se trata de solo pasarla por unas horas. ¡O sea que pasarla chévere por unas horas está por encima de la salud a largo plazo! Cada vez creo parecer más aburrido con esta rutina de buena salud, cual es necesaria por mi condición, pero es difícil explicarla a una generación que chilla como monos en celos en las discotecas y violan bajo consentimiento luego de un marea de copas.

    Ser ‘pollo’ debe ser algo que debe apreciarse demasiado. Claro, porque así se ahorra un montón de plata para llegar al mismo estado calamitoso. Viendo las cosas en retrospectiva, he vuelto a ser el mismo párvulo que hacía su noche con solo dos cervezas de 750 ml y con una resaca que dejó de durar horas por días. Lo que si nunca cambiará, sea un vaso, lata, botella o caja de ‘rubias’ bien heladas, es el terror por la mañana sobre qué Judas te delató en Facebook con una etiqueta por la espalda. Eso sí nunca cambiará.

    Foto: Jeremy Brooks – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 17, 2014
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    Relaciones de pareja
  • Los sueños, esos pequeños trozos de muerte

    Creer en los sueños te hace infeliz, siempre y cuando estos sueños dependan de las personas que te rodean. Algo sencillo que puedes hacer, según la filosofía kantiana, es hacer de tu máxima -meta profesional, objetivo en la vida, etc.- una regla que sea aplicada a nivel universal, así hallarás las contradicciones de los ideales.

    Hagamos un ejemplo. Yo soy periodista. Mi sueño profesional podría ser el presentador más conocido del mundo en BBC. Esta meta resulta inaplicable, según Kant, porque si toda la humanidad tuviera la misma meta, todos serían igualmente conocidos y no hay tanto espacio como para que todos sean presentadores de una cadena televisiva. Debemos reducir aún más el espectro, yendo a lo más básico que es informar a los demás.

    Si bien este cambio de sueño máximo del periodista se transforma en un simple enunciado, no es porque tenga pocas metas para la vida, sino que éstas no deben ser el fin, sino el medio para la felicidad. La vida no es para ser exitoso, sino feliz haciendo lo que uno mejor sabe hacer: su propia pasión. Y nada mejor que compartirla ayudando al resto. Como reza el refrán, no es pobre quien poco tiene, sino quien mucho necesita.

    *Título por Edgar Allan Poe
    Foto: Jose Hernandez – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 15, 2014
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    Relaciones de pareja
  • Feliz San Valentín, mediocre

    No soy de las personas que celebran el ‘Día de los Enamorados’, menos el mes a mes de mis relaciones, pero si algo revienta mi paciencia son aquellos amantes frustrados que se identifican con la estúpida frase «si no es feliz conmigo, que sea con otro». Nada más insensato para quienes se rinden ante la aparente injusticia divina.

    Si eres de las personas que se llenaron la cabeza con esta mentira, quisiera decirte que levantes la mirada y, así como ignoraron tus sinceras intenciones, sigue tu camino sabiendo que una ignorante se pierde lo que pudiste haber hecho. Los que me conocen dirán que hablo por la herida, puede ser cierto, pero no limitemos la verdad de los hechos sobre la experiencia que me llevó a revelarla.

    Pensar que la dama a quien idealizaste como el amor de tu vida puede ser feliz con otra persona es subestimar tu capacidad de amante. Por más caprichosa que la fémina pueda ser, tú sabes bien que puedes aguantar sus peores actitudes y siempre responder con una sonrisa. El futuro es largo e incierto, es verdad, pero al menos sabes bien que en el porvenir inmediato eres la mejor opción para quien reclama no haber hallado al indicado. Y no quererse lo suficiente es admitir que habrá otro sujeto que la haga feliz, poniendo en desventaja tus propias cualidades.

    La intención con este post no es motivar a los tercos/tercas a seguir intentando a quien no se atreve a intentar algo diferente. Todo lo contrario, reconocer en qué situación del friendzone te encuentras para dejar de derrochar tu vida en otras vidas que subestiman tus mejores disposiciones. ¡Hay que quererse un poco!

    Para acabar, quisiera hacer una última reflexión muy dura. Así como los defensores del «si no es feliz conmigo, que sea con otro» se engañan diciendo que la indicada para ellos también está en el futuro, siento contarte que la indicada/indicado no aparecerá en tu vida hasta que ésta esté por acabar. Es fácil afirmarlo con tanta certeza cuando aún no has experimentado las incertidumbres del futuro para tener un mejor juicio. La indicada/indicado, por lo tanto, figura cuando ya no tengamos más chances de seguir viviendo, una manera de unir cabos sueltos para darle sentido a una vida jodida por el «si no es feliz conmigo, que sea con otro».

    Es más, creo que nada puede ser considerado como «de tu vida» si es que esta aún continúa. Debe ser en el último trecho de vida, cuando ya no hay más posibilidades de sobrevivir, para recién calificar los elementos que han figurado tu destino. Desde las alturas del futuro juzga las profundidades del pasado.

    Foto: Wikipedia

    André Suárez Paredes

    febrero 13, 2014
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    Relaciones de pareja
  • Lo que nadie se imagina 4

    Matilde Pereira era una profesora de inicial como cualquier otra en nuestra gran ciudad. Trabajaba en una escuela privada, encargado de unos 15 niños entre 4 y 5 años. Era la favorita entre las madres de familia, tan graciosa con los adultos y tierna con los niños más problemáticos. Nunca desdibujaba una sonrisa, parecía la profesora ideal, hasta que la más oscura de sus intenciones mancharon para siempre su expediente.

    – Atención, niños. Hoy haremos algo diferente. Todos saquen un papel de su cuaderno y dibujen una linda carta para alguien a quien aman mucho, pero que está ahora muy lejos. ¿Listos, niños? Luego los ayudo a poner sus nombres al final del dibujo – ordenó Matilde.

    Los menores la tarea con mucho detalle, dibujaron al supuesto personaje inventando como una bello amigo que se extraña a por montones. Unos lo dibujaban de piel rosa, cabello marrón claro y una vestimenta de colores cálidos. Matilde coleccionó todos los dibujos y los guardó en su maletín de cuero, sonriendo por lo que acaba de hacer.

    Pasó el mediodía para que los niños dejaran el centro de estudios y regresen a casa. Matilde se despidió, como de costumbre, del director y de las auxiliares con mucha calma. Lo que no fue costumbre era la ruta de regreso a su casa. Tomó el camino que no debía tomar y el bus que tampoco debía abordar. Llevaba su maletín con mucho recelo, pero despreocupada por lo que estaba por hacer. Hizo una llamada por celular, pagó el pasaje y bajó la siguiente esquina, a unas cuadras para llegar al Penal de Lurigancho.

    – ¿A quién busca, señora? – Preguntó el guardia de seguridad.
    – Emilio Zapata, pabellón número tres – respondió Matilde, con un tono de voz que denotaba haber mencionado la misma frase desde hace cuatro años.

    Matilde es conducida hasta la celda de Emilio. Ella abre su maleta y le entrega todos los dibujos que sus alumnos habían hecho en clase, sin antes darle un beso. Emilio se mete una mano al bolsillo, se frota el pene con especial gusto y se despide de Matilde sin antes agradecerle su visita.

    La profesora Matilde regresó a clases la mañana siguiente. Una madre de familia le pregunta por los dibujos que hicieron los niños. Traga un poco de saliva, suda por las manos y atina a mentir. «Se los dí a una amiga psicóloga para que los analice», inventó Matilde. Cualquier mentira vale, pensó una vez echada en su cama esa misma noche, cuando tuviste por novio a un violador de menores.

    Foto: Giacomo Carena – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 12, 2014
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    Relaciones de pareja
  • ¿Tienes un vaso de sed?

    Mi sobrina Nicole, de seis años, es una fuente de sabiduría espectacular. Si bien su edad es muy temprana para razonar sobre la filosofía de la vida, al menos tiene el análisis muy fresco sobre ciertos temas cotidianos. En otras palabras, los niños tienen menos prejuicio que los adultos.

    La inocencia también es un elemento importante. Este video titulado Ainda dá Tempo («Aún hay tiempo») muestra la clara diferencia entre los niños y sus padres acerca de lo que esperan del futuro. Si te gustó esta perspectiva sociológica, te recomiendo este informe preparado por BBC Mundo llamado «El diccionario de niños que sorprende a los adultos», que trata sobre la recolección de significados según niños de entre ocho y diez años.

    Ainda dá Tempo (There is still time) from Ainda da tempo on Vimeo.

    A todo esto, una tarde mi sobrina preguntó por equivocación algo que cambió mi perspectiva sobre las voluntades humanas: «Tío, ¿me puedes traer un vaso de sed?» Obviamente fue un error léxico, pero si profundizas el significado de la pregunta, descubrirás que la mayoría de nuestras necesidades fisiológicas corresponden a consultas sobre elementos determinados (agua, comida, etc.). No solemos preguntar por nuestras necesidades en sí, sino por el medio que las satisface. Si te sientes satisfecho y quieres tomar agua, no podrías a menos que te autoexijas la sed, algo totalmente impensable.

    Piensa ahora en otra necesidad, pero no fisiológica, sino en un deseo alcanzable a partir de nuestra voluntad. Siguiendo la lógica anterior, fácil es solicitar a la justicia divina las oportunidades y medios para alcanzar nuestras metas, pero no la disposición por hacerlas de una vez por todas. Así como el vaso de sed de mi sobrina, nadie más que uno mismo, sea por desesperación o carácter heredado por genética, puede exigirse la necesidad de lograr los objetivos de nuestras vidas. Solo pedimos sin exigirnos la necesidad de lo que solicitamos.

    André Suárez Paredes

    febrero 11, 2014
    Artículos
    Mujeres
  • Lo que nadie se imagina 3

    Un loco de mierda rondaba por las últimas cuadras de la avenida Universitaria para golpear a quienes esperaban al transporte público cada mañana. Los vecinos cuentan que siempre lo veían a las 6:30 a.m. en el mismo paradero desde hace tres años; sin embargo, nadie daba razón del porqué agredía a los transeúntes cuando estos detenían los buses de la zona.

    Tuvo que pasar varias golpizas para que los vecinos llamen a la policía y arrestaran al pobre loquito pegalón. «Suéltame mierda, son unos traidores. ¡Yo les hago el favor a ustedes», decía el señor loco mientras era trasladado a la comisaría más cercana. Las acusaciones por agresión sin razón aparente hacían indignar aún más al loco de mierda, ya que aseguraba ser un buen ciudadano en la caza de fascistas alemanes.

    «¿No ve acaso cómo hacen el saludo al Führer cada mañana?», explicó a las autoridades, quienes se vieron obligados a averiguar un poco de historia para comprender su agresividad. Bastaba con ver películas como ‘La lista de Schindler’ para tener algunas luces. Los policías no hicieron más que reírse y cerrar al loco por una par de horas, hasta que los demandantes salieran de la comisaría.

    A la mañana siguiente, todos vieron nuevamente al loco en el paradero observándolos con mucho recelo. Ahora que se había pasado la voz sobre qué lo alteraba, los transeúntes no tuvieron más opción que detener los buses levantando el pie, una medida original para evitar el ‘Heil Hitler’ matutino.

    Foto: Wikimedia Commons – German Federal Archives

    André Suárez Paredes

    febrero 10, 2014
    Artículos
    Adolf Hitler, Avenida Universitaria, Comisaría, Enamorados, Führer, Heil Hitler, Historia, Hombres, La lista de Schindler, Lo que nadie se imagina, Loco, Locura, Mierda, Mujeres, Nazismo, Paradero, PNP, Segunda Guerra Mundial, Universitaria, Xvideos
  • Razones para dejarse la barba

    Hace varios meses -¿o años?- escribí las razones para dejarse el cabello largo siendo hombre. Ahora vayamos a otra parte del cuerpo. Las próximas líneas estarán dedicadas al porqué debes dejarte la barba.

    1) Ahorras tiempo en la mañana

    ¿Apurado por salir rápido hacia la universidad o la oficina? Si tienes barba, puedes ahorrar unos 15 minutos de tu vida frente al espejo y gillete en mano cada día. Sin embargo, habrá un día que tengas que arreglar el vello facial, pero puedes hacerlo sin problemas el fin de semana para que la barba esté pareja durante más de siete días.

    2) Ajusta el bolsillo

    Afeitarse todos los días hace que la navaja se gaste con mayor prisa. Y si tienes la piel sensible, debes comprar crema para afeitar cada mes, ya que el aloe de la gillete se seca en menos de una semana. Fácilmente puedes ahorrarte mensualmente unos 15 soles en crema y navaja. ¡Un sol ahorrado es un sol ganado!

    3) ¿Me hablas a mí? ¿Me estás hablando a mí?

    Según un estudio publicado por la revista Behavioral Ecology, los hombres con barba imponen tácitamente mayor respeto sobre los demás lampiños de cara, así como a las mujeres. Sin embargo, el mismo informe también dice que las mujeres no se sienten atraídas por los barbudos, ¡pero el respeto es más importante!

    4) ¡Hace frío!

    El vello facial realmente sí abriga el rostro, lo digo por experiencia personal. Si sumas una chalina, no tendrás problemas en invierno en lo que respecta a las zonas más expuestas: cara y cuello. Gracias a la barba, no pondrás cara de puñete cada vez que una brisa toque tu piel.

    5) Pensar es un poco diferente

    Rascarse la barba mientras se piensa es algo casi instintivo. No sé exactamente la razón, pero sí admito que es inevitable. Sentir el picor de los vellos faciales hace que distraigas las manos mientras tu mente se sumerge en lo más profundo del ego.

    6) ¡Revolucionario!

    Como señalé anteriormente sobre el cabello largo, los revolucionarios del Cáucaso se caracterizaban por su barba muy poblada, un rasgo físico muy característico de los combatientes comunistas en el mundo. La razón de este ‘look’ se debería al sacrificio de un ideal sobre la apariencia física. Los soldados oficialistas, por ejemplo, se afeitan en plena campaña, mientras que los revolucionarios poco se fijan de su apariencia.

    7) Tiene su lado sexy

    He conocido mujeres que gustan de los barbudos a la hora de tener relaciones. Según señalan, el picor de la barba sobre la piel desnuda en zonas erógenas, como la espalda y cuello, hace que la experiencia sea más agradable. ¡Ya saben!

    8) Intelecto y madurez

    Así como los lentes de nerd, la barba tiene su lado intelectual y maduro. Primero, el vello facial hace creer al resto que la edad de uno es mayor a la que aparente. Segundo, siguiendo la lógica anterior, el barbudo también aparenta tener mayor experiencia de vida.

    Foto: movember.com

    André Suárez Paredes

    febrero 9, 2014
    Artículos
    Mujeres
  • Paracaídas que llevan al cielo

    Una vez soñé que vivía en el sueño de una joven de pies descalzos. Su imaginación, que en realidad era creación de la mía, hacía que ella volase por los aires de la ciudad con suma libertad, apuntando siempre a las nubes más bajas para beber el agua de la lluvia antes de caer al suelo. O robándose algunas prendas coloridas de los tendederos para luego lucirlas en lo más alto del cielo.

    Todos en la ciudad parecían estar acostumbrados a sus travesuras aéreas, pero mi curiosidad y su aparente belleza -la veía desde el suelo- hicieron que la quiera conocer. Lo más frustrante era no poder desafiar las leyes de la física, a pesar que era autor intelectual de mi propio sueño. ¡Hasta en mi imaginación, ella dominaba mis habilidades! Esa bella dama parecía dominarme desde lo más creativo de mí, y hacía de mis ganas por conocerla un verdadero reto a mi imaginación que se enfrentaba a sí misma. Ella, esa linda chica, era mi imaginación.

    Parecía extraño que nadie se hubiese dado la tarea de conocerla, ni siquiera quienes vivían en los edificios más altos en la ciudad -o las agraviadas del robo de prendas por las azoteas-. Basta con verla caminar sin rumbo por el cielo para darme cuenta que ella vivía en un universo paralelo a la tierra, donde las nubes funcionaban como suelo firme. Entonces, si hablamos de un universo paralelo, lo que debería hacer es aterrizar en ese «otro suelo». ¿Pero cómo aterrizar sobre una masa blanca muy inestable a la presión de mis huellas?

    Lo que debo hacer, pensé, es aterrizar sobre ese cielo -o nueva tierra-. Pensé en el funcionamiento de los globos aerostáticos y me dispuse a coger varias bolsas plásticas para atrapar la niebla en horas de calor en la cima de los edificios, ya que esta se elevaba mejor que la niebla fría. Demoré un par de días para captar suficiente niebla caliente para hacer una especie de paracaídas que me lleve al cielo, al hábitat de tan misteriosa mujer descalza.

    ¡Y funcionó! Cada vez estaba más cerca, ella parecía esperarme tranquila desde arriba, sabiendo que la había visto desde el suelo con tanta admiración. Ella dio un par de pasos sobre acolchonadas nubes para tenderme la mano y así evitar que me eleve hasta el infinito. Recuerdo sus ojos, eran muy oscuros como su melena negra y algo lacia. Sonría sin mostrarme los dientes y su piel blanca, llena de lunares rosados, hacían el contraste perfecto entre la oscuridad y la luna llena.

    Luego de tomarme de las manos, acercó mi cabeza a su pecho e hizo que escuchara sus latidos. El ritmo de su corazón hizo que mi perspectiva del mundo cambiase: ahora el planeta era el cielo que veía desde mi nueva tierra, las nubes.

    De un momento a otro, un sonido estridente asusta a toda la ciudad. Volví mi mirada hacia la chica de pies descalzos, pero ya no estaba a mi lado, sino a varios metros de altura huyendo a toda velocidad. Cerré los ojos y tapé mis oídos con mucha fuerza. ¡La bulla era insoportable! Cuando abrí mis ojos nuevamente, estaba echado en mi cama con el despertador marcando las 8:00 a.m. Ahora me pregunto cuándo la volveré a ver; cuándo podré hacer nuevamente paracaídas que me lleven al cielo.

    Foto: Flickr – U.S. Army Europe Images. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 8, 2014
    Artículos
    Arte, Cuento, en lo más alto del cielo, Enamorados, Flickr, Historias de amor, Nubes, Ojos, Paracaídas, Parejas, pies descalzos, Relaciones de pareja, Sueño, Sueño lúcido, universo paralelo, Volar, Xvideos
  • Nacer es algo antinatural

    Quién iba a decir que leyendo la historia de las ecuaciones matemáticas uno iba a aprender cosas de la vida. El libro «Cinco ecuaciones que cambiaron el mundo», de Michael Guillen, resume detalladamente el contexto científico y social en el que los pensadores Isaac Newton (Ley de la Gravitación Universal), Daniel Bernoulli (Ley de la Presión Hidrodinámica), Michael Faraday (Ley de la Inducción Electromagnética), Rudolf Clausius (Segunda Ley de la Termodinámica) y Albert Einstein (Teoría de la Relatividad Espacial) desarrollaron las funciones matemáticas más importantes de la humanidad.

    Fue la historia de Clausius que me motivó a compartir la siguiente información sobre la energía universal, el calor y lo antinatural que resulta la vida humana. Exacto, esa es la palabra: antinatural. Mejor que Guillen lo explique haciendo referencia a la muerte de la esposa de Clausius cuando daba a luz a su última hija.

    La creación de la vida era un acto antinatural, un deshacer provisionalmente al natural desorden de las cosas. En resumen: ¡la vida desafiaba las leyes de la naturaleza! ¿Y cómo era posible ese desafío a las leyes de la naturaleza? ¿Cómo era posible que la vida llegara a darse en un universo regido por una ley enemiga de la vida?

    Clausius sabía ahora la respuesta: como todo comportamiento antinatural, la vida era el resultado de cierta máquina cuyos efectos coercitivos eran capaces de invertir las leyes del comportamiento normal, a la manera de una refrigerador que era capaz de hacer fluir el calor de lo frío a lo caliente. La máquina de la vida (…) era un misterio, desde luego, pero una cosa era segura: inevitablemente sus maquinaciones suponían cambios de entropía, algunos positivos y otros negativos.*

    Su propio retoño recién nacido correspondía al mayor cambio negativo de la entropía de la máquina: es decir, al caos de las sustancias químicas y biológicas que daban como resultado la combinación de un óvulo con un espermatozoide y que en último extremo se convertía en un organismo sumamente ordenado, disminuyendo así la desorganización del universo. Como tal, la vida representaba una enorme pérdida, una experiencia poca provechosa para el casino cósmico.

    Según la ley de la entropía de Clausius, que no perdonaba, sin embargo, los cambios negativos útiles de la entropía producidos por la máquina de la vida siempre debían quedar superados por los cambios de entropía positivos, cambios de desperdicio. En otras palabras, científicamente hablando, la creación de cierta cantidad de vida se veía inevitablemente acompañada de una cantidad de muerte muchísimo mayor.

    * La entropía es un concepto utilizado para referirse a los cambios de energía y de temperatura como una sola variante. Según la Ley de la No Conservacion de la Entropía, la entropía positiva (cambio de energía y de temperatura que se dan espontáneamente – ejemplo: una taza de café enfriándose a pocos) resulta siempre mayor a la entropía negativa (cambio de energía y temperatura obligado por una máquina – ejemplo: refrigerador que fuerza al calor a ir de un sitio frío a otro más o menos caliente). De ahí que haga referencia a la «máquina de vida» y las probabilidades mayores de muerte que a la vida.

    Foto:  Lunar Caustic – Wikipedia

    André Suárez Paredes

    febrero 5, 2014
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Disculpa si te puse triste…

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