NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • El hombre del saco de yute (8)

    Con un pan duro bajo el brazo, Jano salió del hospital en dirección a ninguna parte. No recordaba bien en qué lugar se quedó su compañera de destinos, por lo que decidió andar hacia cualquier lado antes de detenerse y creer que malgasta el tiempo. Esconde bien su bolsita de yute en el bolsillo y los dos soles cincuenta que logró robar de la limosna al santo del vestíbulo. Felizmente, no era de su devoción.

    Se maldecía por no recordar nada, caminaba más rápido como si tratara de alcanzar la respuesta que poco a poco se le escapaba de la mente. Desesperado, abre un poco la bolsa de yute y mete algo de papel en su boca para calmar los ánimos.

    Ahora sí ya está perdido. No reconoce las calles y la gente parece de poco fiar. Con un ladrillo, comienza a escribir en una pared: “Jano estuvo aquí”. Se le ocurre una buena idea, aunque la ciudad sea grande y sobrepoblada. Sin saber a qué dirección van los autobuses, abordó cualquier que esté lo suficientemente vacío para ubicarse en la ventana y así, mientras el vehículo hace su ruta normal, ver por las aceras para buscar a Karem sin la necesidad de gastar energías.

    Calles largas y cortas, señoras con bastón y niños con pelota… Había de todo en el panorama urbano, pero nadie parecido a Karem. El cobrador se acerca de mala gana y a Jano se le prende la imaginación. Antes de acercársele, Jano aprovechó en abrir la puerta con fuerza para bajarse y subirse a otro bus. Su idea es aprovechar el poco dinero que tenía para alargar la trayectoria de su búsqueda.

    La suerte no parecía de su lado, recostó la cabeza sobre el vidrio para ver de reojo a los peatones con la esperanza de detectar alguna prenda morada, la mínima pista que tiene para detectar a Karem entre la muchedumbre de limeños. Un joven se sienta a su lado, no le presta mucha atención hasta que suena el celular. Hablaba con su enamorada, parecía amargado, discutían sobre algún que él minimiza pero que su compañera extendía hasta la saciedad. Cortó la llamada con un suspiro y cerró los ojos para descansar el mal rato.

    Ambos desconocidos pasaron buen tiempo en el bus, Jano tuvo la suerte de que el cobrador pasó de frente sin cobrarle. El sujeto que estaba a su lado bajó del bus en el cruce de las avenidas Larco y Benavides. Cruzó la pista en dirección a un viejo edificio vivienda sin antes pasar por un kiosko ambulante para comprar unas galletas de chocolate con menta. El bus arranca de nuevo y Jano pierde de vista la escena.

    La luz del día empieza a caer en el horizonte. Jano baja del bus rendido, la luz amarilla de las calles le impide seguir buscando, por lo que decide ir a pie tratando de seguir tentando a la suerte para que se acuerde de él. Pasaban las horas, él no podía seguir andando y el sueño corrompía su lucidez, ya no miraba e instintivamente comenzó a colectar cartón corrugado para que sirva como colchón.

    Trepó la reja del Parque Reducto con mucho cuidado para no herirse con las púas, pasa el cartón recolectado por las rendijas y se escabulle a rastras para no llamar la atención. Se abriga bien por el frío y coloca varias ligas en las extremidades de su ropa para evitar que las hormigas invadan su cuerpo.

    Siempre hay determinada hora de la noche en la que la mente recae en la nostalgia sobre el día que uno desea vivir y que no fue. Cerró los ojos tratando de conciliar el sueño, pero sencillamente no podía. Antes, acostumbrado a andar de vagabundo sin mayor responsabilidad que sí mismo, no hubiese pasado por esta inquietante experiencia. Ahora los días son otros, no es el mismo que fue en el pasado y, de seguro, en los próximos meses no será el mismo que del presente. ¿Pero quién es Jano? Resulta que Jano es todos ellos en una misma carne, los impulsos instintivos de supervivencia que han caracterizado al personaje en todas materias, sea en el miedo o en el hambre de amor.

    Miró al cielo para ver las pocas estrellas que habían. De entre todas, escogió una para hablarle. Hay una en especial que llama la atención por su brillo, para el resto de mortales se llama Sirius, pero Jano tuvo el ingenio de llamarlo Junior, por lo que es una luz pequeñita en el resto del universo, donde de seguro habitan millones de cuerpos celestes muchos más grandes y abusivos que esa pequeñita luz. Cualquier cosa es válida para soportar la soledad. Un compañero imaginario es mejor que nada, y nada no se compara con tener el alivio de ver al objeto inanimado al que le hablas.

    Cierra los ojos nuevamente, pero a las pocas horas despierta con un dolor indescriptible en el pecho, porque el problema no es físico, sino mental. No aguanta la terrible espera de saber cómo estará Karem, si ella se pregunta por él o si está en el mismo lugar esperándolo para dormir juntos o si también está perdido como él tratando de encontrarlo en la bastedad.

    Jano se levanta creyendo que tiene la solución; recoge un montón de ramitas y hojas secas para meterlas todas en una bolsa que tenía cerca. Las aprieta todas en el fondo del empaque para formar una masa consistente, hace un nudo en el tope y se recuesta nuevamente en el húmedo césped.

    Abraza la bolsa con cuidado, como si se aferrara a ella tratando de sentir la calidez de un cuerpo humano. Mira el cielo de reojo y recuesta su cabeza sobre el plástico creyendo que se apoya sobre el pecho de Karem. La noche se oscurece cada vez más en los ojos de Jano y percibe entre sueños cómo se apagan las luces de las calles. La oscuridad se hace profunda, la respiración de nuestro personaje se detiene con cada latido, no percibe las longitudes del tiempo.

    Dormir. Una actividad fácil de hacer, pero difícil de lograrlo para quienes guardan laberintos en la mente, los cuales espantan el descanso. Lo recomendable son ocho horas de sueño por día, pero si soñar es hermoso, ¿por qué tan pocas horas? Mantengamos la cifra, que la vida y el tiempo hagan el resto.

    Foto: «New York City Omnibus GMC Old Look TDH-5101 2969» by AEMoreira042281 – Own work. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons.

    André Suárez Paredes

    diciembre 3, 2014
    Artículos
    Cuento, Enamorados, Parejas, Relaciones de pareja, Yute
  • Del corazón un filete sushi

    Me haces del corazón un sushi y de la fortuna una galleta que remite con mi nombre. Pues haces de este corazón criollo de vaca pedacitos Chi Jau Kay que endulzas con aquellas manos blancas porcelana. Aquella porcelana como las estatuillas gaishas que aman el arte de amar.

    Pues, creo, que hiciste del corazón un manjar oyuki, donde las fibras contaminadas del corazón impuro se purifican en sillao. Y del corazón haz hecho aquello que no sé como diablos se dice en español -que aparece en el menú de un chifa-, pero que de seguro algún encanto debe tener de ti como para relacionarlo.

    Y lo que tampoco sé decir en español -y mucho menos en japonés- es que no sé si terminé escribiendo un poema, un verso largo de dos párrafos o simplemente un viaducto de la imaginación contenida cuando te veo, cuando veo tu melanina de ánime que sabe a vainilla si alguien se atreve a besarla.

    Creo que firmo este texto con algún garabato kanyi para mentirte que te conosco mejor. O firmaré esto con las palabras típicas que salen al final de cada episodio de Candy o Dragon Ball. O mejor me despido como aquel superheroe que prometí ser, como Ultraman o Astroboy, que pueda rescatarte de todos los aprietos que tengas o darte un beso bajo el ocaso del sol imperial. Un sol rojo como tus mejillas que se parecen a las de Hello Kitty cuando dices que hace un sol de mierda.
    Bueno, ese héroe de ánime seré. Por ti seré, por ti seré.

    André Suárez Paredes

    diciembre 1, 2014
    Artículos
    Poesía
  • SIEMPRE encontrarás a un chico así en las discotecas…

    No es broma. El alcohol no solo entorpece los sentidos, también ilumina la mente en los lugares más sórdidos. No hay escritor, poeta o pintor no haya elaborado alguna hermosa obra cuando se entrega de lleno a las genialidades de Dionisio.

    ¿No me crees? El video de un joven siendo entrevistado en una discoteca muestra cómo de repente la sensibilidad artística se proyecta en medio de la chacota. Chicas, quizá parezca increíble la respuesta del entrevistado, pero si hurgan bien en las discotecas siempre hallarán a uno que, lejos de ser un ebrio embarazoso, tiene alguna reflexión hermosa a flor de labios. Te lo digo por experiencia, yo soy uno de ellos.

    Foto: Andi_Graf – Pixabay. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    noviembre 19, 2014
    Artículos
    Bohemio, Cerveza, Dionisio, Discoteca, Internet, Juerga, Redes sociales, Video, Viral, YouTube
  • Los cuentos de Disney acaban en el matrimonio porque…

    ¿Saben por qué los cuentos de Disney acaban con el matrimonio de la princesa? Fácil, porque luego no hay mayor felicidad que mostrar.

    No recuerdo bien quién me dijo ese chiste, pero si lo analizas a fondo, entenderás que siempre hay ‘algo’ más para todo lo que conseguimos en nuestras vidas y nos aferramos a una parte de la historia. Una vez que obtenemos algo tratamos de redireccionar nuestras expectativas para mantenerlo a nuestro gusto, pero luego olvidamos lo fundamental y nos decepcionamos de lo que ya tenemos. Creo que esta reflexión suma al refrán ‘nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde’.

    Digamos que una chica supercelosa logra casarse, pensando que de esa manera tendrá la seguridad de que su pareja no le será infiel; sin embargo, el riesgo siempre existe y con la convivencia el aburrimiento puede afectar aún peor las buenas intenciones del flamante esposo. Por ello, la insegura mujer cambia de expectativa y poco a poco va dejando atrás la promesa de lealtad que el hombre asumió en el altar.

    ¿Qué es más importante: la seguridad constante y cumplimiento de nuestras expectativas con el tiempo (por más variantes que sean), o la seguridad fundamental de que en las decepciones cotidianas (por cambios de expectativas) está la promesa de alguien que no huirá jamás?

    La respuesta se adecua a cada tipo de persona y relación. Una pista que debemos tener siempre en cuenta es la paradoja del barco de Teseo para preguntarte quién crees ser ahora.

    Foto: Allan Ajifo – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    noviembre 18, 2014
    Artículos
    Relaciones de pareja
  • El hombre del saco de yute (7)

    ¿Qué eran esas manchas rojas que rodeaban el suelo del generador eléctrico abandonado, donde Karem había dormido plácidamente? Esa pregunta seguía en la cabeza de la joven sin temer lo peor. En realidad, no había mucho que comparar a “lo peor”, si es que su compañero de callejuelas parecía haberla abandonado.

    Luego de levantarse de la supuesta cama de cartón de leche y manzanas, dobló el anuncio como un tubo y lo entrecruzó en su morral. Se limpia los ojitos con las mangas de su casaca y acaricia sus mejillas para calentarlas un poco. Mira hacia el suelo sin descifrar qué eran esas manchas rojas, que no yacían frescas en el suelo, sino coaguladas y mezcladas con polvo.

    Era inevitable ver el espacio donde supuestamente debió echarse Jano. Incluso en la ausencia de las cosas, la memoria de Karem reinventaba la historia y veía en vivo la figura de Jano abrazándola por la noche. Pensar eso hacía que ella tiemble y sienta terror a enamorarse, pues cómo hacerlo de alguien que de la noche a la mañana desapareció. Rendida a comprender la situación real, se rascó la frente tratando de aliviar su mente con malos pensamientos. Metió su mano derecha al morral para buscar entre sus cosas la medicina de un alma herida. Lástima para que no logró hallar lo que venía buscando: fue interrumpida por guachimán.

    -¿Qué haces acá? ¿No sabes que estás en una zona residencial? Ya, anda vete, aprovecha que no hay policías para denunciarte-, amenazó el guardia de la cuadra, vestido con su traje café y con los ojos pequeños, se acababa de despertar.

    Karem lo mira en silencio sintiendo culpa por no haberse dado cuenta dónde había decidido dormir. No quería fastidiar a nadie con su presencia, pese a que quienes viven en la calle, la propiedad privada es un pedazo de cielo que merece ser de todos. A pesar de los principios fundamentales, nadie tiene el derecho de quitarnos el sueño, aunque sientan que no puedan dejarnos dormir.

    El susto hizo que olvide por unos ratos lo que buscaba en su morral. Caminaba rápido con cierta pena al mercado más cercano para tomar desayuno, el más barato que haya, pues se dio cuenta que el dinero no era suficiente, a pesar que tiene las monedas ganadas por Jano el día anterior. “¿Por qué no se llevó todo su dinero, si es que pensaba desaparecer?”, se preguntó.

    Un lado de ella quería preocuparse por la desaparición de Jano, pero el otro quería evitar mayor compromiso con quien conoció desde hace poco. Sus aspectos racionales trataban de interpretar la realidad, cuando en realidad sentía emociones dispares a lo que es “correcto” sentir ante la ausencia de quien… Eso, ¿de quien qué? Karem no podía completar la descripción al ser una ensalada de emociones por las estrechas calles de Lince. En suma soledad, a unos cincuenta metros del puesto de caldo de gallina, se convenció de que lo correcto era que él se haya ido. No hizo más que desordenar su rutina, alterar sus espacios donde dormía, hasta golpear a un guardia de seguridad con un bastón de madera, ¡algo que en su sano juicio hubiese imaginado!

    A pesar de los argumentos muy racionalizados, habitaba en ella un desvarío: se sentía ansiosa en las situaciones donde se encontraba a sí misma, como ahora, que come en silencio su desayuno para iniciar el día. Por momentos, miraba algún punto vacío del panorama para sumergirse en sus pensamientos, temblaba por momentos, aunque su mente se sienta segura contra remordimientos futuros.

    Tragaba los últimos sorbos del platillo, absorbía los fideos haciendo el menor ruido y dejaba el dinero sin mayor cuidado por la propina. Se levantó de la silla larga y continua donde también habían tres comensales más. “Me pregunto si a él le hubiese gustado comer aquí”, se preguntó Karem para luego soltar una sonrisa nerviosa, señal de que pensaba en alguien a quien trataba de condenar al olvido. Parecía ilógico, de alguna manera, estas reacciones de la joven quien caminaba bien aferrada del último detalle que Jano hizo antes de desaparecer. “¿Le habré dicho algo malo? ¿Qué hizo yo?”, se preguntaba amargada, aunque con cólera a sí misma por hacerse preguntas como esas por alguien que ha desaparecido.

    Caminó por unas tres cuadras más del mercado, mirando algún desprevenido a quien venderle sus pastillas de la vida, trocitos de papel vacíos que contenían el misterio de la felicidad, dependiendo del color de la envoltura. Se acordó de lo que estaba buscando en la mañana antes de ser interrumpido por el guachimán. Mete nuevamente su mano derecha al bolso buscando lo que tanto necesitaba. Eran momentos de angustia extrema, el bolso se sacudía con fuerza como si fuese una adicta que buscaba el antídoto y veneno de su necesidad, pero de una sublima enfermedad: el mal de la sonrisa espontánea, del letargo enamoradizo censurado por la ausencia repentina.

    Temblorosa coge entre los envoltorios el papelito que deseaba. Sin dudarlo, abre la envoltura con fuerza y deja caer su contenido vacío a la lengua de Karem. Desde ese momento, ella siente el alivio que el comprimido de aire debería hacerle al alma. Respira rápido y las ansias se rinden al efecto placebo de la pastilla.

    -¿Se encuentra bien, señorita?-, un canillita se acerca donde Karem dejando de lado sus periódicos. La toma del hombro para medir su equilibrio, parecía que la joven se iba a caer de un descuido.
    -Sí, ya estoy bien-, dijo sin ver a los ojos al canillita. Mira hacia el horizonte, donde se pierden los edificios en una mancha gris. Se soba uno de los ojitos y bota al suelo la envoltura roja de la pastilla que acababa de consumir.

    Foto: Wikimedia Commons. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    noviembre 8, 2014
    Artículos
    Cuento
  • Facebook: Jamás habrá el botón ‘No me gusta’

    Ya he escrito estas cosas sobre la red social de Mark Zuckerberg: Siete pequeñas cosas que te deprimen en Facebook, Usuario de Facebook, el cortometraje que debes ver, ¿No le puedes sacar el Facebook?, Cómo identificar al ‘amixer’ de Facebook y El depresivo problema del ‘visto’ en Facebook. Lo que me faltó, y que ahora es noticia en todos lados, es por qué Facebook no tendrá nunca un botón de ‘No me gusta’.

    Según Tech Radar UK, el exdirector de tecnología de Facebook y creador el botón ‘Me gusta’, Bret Taylor, tuvo «la sensación de que si hubiera un botón de ‘No me gusta’, acabará por tener aspectos sociales muy negativos. Si desea poner que algo no le gusta, probablemente debería escribir un comentario, porque es probable haya una palabra para lo que quieres decir».

    Entiendo su lógica, pero hay veces que se prefiere un ‘No me gusta’ como botón en lugar de una amedrentada de madre, como tantos trolls y haters practican a diario. Por dar un ejemplo, YouTube tiene este botón y parece no tener problemas con sus usuarios. Creo ahora con mayor convencimiento que Facebook sitúa al usuario en una burbuja infranqueable, tan sobreprotegido en un espacio donde todo es maravilla. Lastimosamente esta invulnerabilidad no corresponde con la realidad, generando así la depresión que tantos estudios advierten.

    Foto: LoboStudioHamburg – Pixabay. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    octubre 22, 2014
    Artículos
    Dislike, Facebook, Internautas, Internet, Like, Me gusta, No me gusta, Redes sociales, Tecnología
  • Me gusta caminar bajo la lluvia porque nadie me ve llorar

    Hace un par de meses leí un interesante artículo llamado «El secreto de ser feliz (todo el maldito tiempo)», escrito por Jessica Larsen.

    El texto arranca con una escena muy particular que de seguro te ha sucedido: prefieres el mal tiempo -por ejemplo, la lluvia- cuando te sientes tristes, como que «es el único momento en el que el exterior coincide con mi interior». O como diría el actor británico Rowan Atkinson «Lo que me gusta de caminar bajo la lluvia es que nadie me ve llorar».

    ¿La razón? Imagino que debe ser por la temperatura de nuestro cuerpo para determinados sentimientos. Así como puedes observar en la siguiente imagen, la depresión se caracteriza por un centro frío (azul), mientras que el amor como una llama roja que se expande por todo el cuerpo. Los psicólogos denominan como ‘congruencia’ a la armonía y el balance que existe entre nuestros pensamientos, acciones y emociones.

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    De acuerdo con Larsen, cuando hacemos lo contrario a lo que queremos ser (ella cita el ejemplo de querer adelgazar, pero nos limitamos a comer dulces en el sofá), la frustración aumenta hasta convertirse en estrés.

    La solución, como ya te lo imaginas, es sencilla. No puedes vivir de una manera cuando piensas que debes vivir de otra. Ahora que está saliendo el sol en Lima, date la oportunidad para que tu interior también brille.

    Nota: Puedes leer el artículo completo de Larsen aquí.

    Foto: Thomas Leuthard – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    octubre 21, 2014
    Artículos
    Clima, Depresión, El secreto de ser feliz, Exterior, Felicidad, Interior, Rowan Atkinson, Sentimientos, Tips de felicidad
  • ‘Ainda dá Tempo’, lo que debes saber antes de imaginar el futuro

    «Aún hay tiempo» es un experimento social realizado en Brasil que consiste en preguntar a varios adultos sobre cómo imaginan el futuro para que luego escuchen lo que desean sus hijos ser de grandes. Las reacciones son emotivas, pues cuando juzgamos el devenir no consideramos a quienes nos rodean.

    “(Las imágenes son) un proyecto independiente que busca que las personas nos demos cuenta que para conseguir un cambio primero hay que pensar que es posible. El mundo nos pertenece a todos y necesita nuestro optimismo para que un cambio sea un cambio real”, reza la descripción en Vimeo.

    Recuerdo haber visto las imágenes en el trabajo e inmediatamente me acordé de este espacio. Quizá ya lo observaste en otro medio, pero sentía una deuda con ustedes por no difundirlo.

    Foto: Intergalacticrobot. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    octubre 20, 2014
    Artículos
    Brasil, Documental, Experimento social, Familia, Futuro, Hijos, mensajes, Padres, Tiempo, Video, Vimeo
  • Poesía: ¡No seas ordinario utilizando estas frases!

    No había noche de copas que entre los amigos de la universidad contaba cuál es la mejor manera de acercarse a una chica. No importaba si era una discoteca, un bar o un pub. Mi estrategia era infalible, aseguraba con una sonrisa mañosa. «Mira, te acercas donde la niña, la miras a los ojos y le dices «Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca’. Luego, sacas un poco la lengua y te saboreas los dientes de abajo. ¡La mujer cae rendida!», decía tras hacer el desagradable gesto con la boca.

    De hecho es solo un chiste, pero imagino que en su tiempo habrá habido conquistadores que utilizaron el recurso lírico para atraer a las féminas. Si eres de los románticos que aún quieren intentarlo, te aconsejo que revises la siguiente lista.

    El blog ‘The Inky Fool’ recopiló las frases poéticas más citadas en Internet. Para determinar cuáles eran, se indexó cada frase exactamente igual al original en Google y se anotó cuántos resultados habían. Toma nota, no será que hagas el papelón. Puedes revisar la lista completa aquí.

    10. “Es mejor haber amado y perdido, que nunca haber amado”, Tennyson – 2 400 000 veces

    9. “¡Contemplad mis obras, hijos de los poderosos, y la desesperación!”, Shelley – 3 080 000 veces

    8. “Esforzarse, buscar, encontrar y no ceder”, Tennyson – 3 140 000 veces

    7. “Pisen blando porque estás caminando sobre mis sueños”, W.B. Yeats – 4 860 000 veces

    6. “No con una explosión sino un quejido”, T.S. Eliot – 5 280 000 veces

    5. “Pero tengo promesas que cumplir, y millas que recorrer antes de dormir”, Robert Frost – 5 350 000 veces

    4. “Vagué solitario como una nube”, Wordsworth – 8 000 000 veces

    3. “El niño es el padre del hombre”, Wordsworth – 9 420 000 veces

    2. “Yo soy el amo de mi destino”, William Ernest Henley – 14 700 000 veces

    1. “Errar es humano, perdonar es divino”, Alexander Pope – 14 800 000 veces

    Foto: Alanscottwalker – Wikipedia. Bajo licencia de Creative Commmons

    André Suárez Paredes

    octubre 19, 2014
    Artículos
    Poesía
  • Usuario de Facebook, el cortometraje que debes ver

    Agradezco a Mark Zuckerberg la posibilidad de tener amigos en Facebook con la posibilidad de ocultar las estupideces que publican. ¡En serio, gracias!, porque no soporto la vida pseudoperfecta de quienes aparentan ser felices todos los malditos días. Sé que me dirán envidioso, pero admite algo: Facebook está hecho para que los usuarios editen sus estados únicamente para mostrar lo mejor de ellos, es una máscara que cada quien lo colorea a su mejor estilo.

    ¿Acaso un suicida social se atreverá a publicar una foto que no le conviene, o contar su historia de despecho sin darse la razón? ¡Jamás, salvo contadas excepciones! La situación resulta tan odiosa como los ‘facebookeros’ que abusan del hashtags en sus actualizaciones o que creen ser más ‘cool’ por sacar a relucir el inglés para ideas que fácilmente se pueden decir en español. Olvídate, ya no existe el «Comiendo buffet con los amigos», sino «All can you eat con mis friends!».

    Tratando de calmarme, comparto este cortometraje publicado en YouTube por HigtonBros. «What’s on your mind?» es una espléndida lección para quienes como yo dudan de todo lo que ven en Facebook; una parodia fría para los (in)felices de las redes sociales.

    Foto: Ksayer1 – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    octubre 19, 2014
    Artículos
    Cine
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Disculpa si te puse triste…

 

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