NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Pequeñas delicias de la vida conyugal

    Ella: ¿Me estás escuchando?
    Él: Claro que sí… No puedo dejarte de escuchar, aunque quisiera. No es como los ojos que puedo cerrarlos y ya está. Mis oídos no tienen esa capacidad.
    Ella: ¡Entonces por qué mierda no me haces caso!
    Él: Está bien. Ya, tienes razón, ¿pero por qué gritas?
    Ella: ¡Porque no escuchas!
    Él: Tanto tiempo contigo que recién me entero cómo funcionan las cosas. ¿Acaso yo te grito para que escuches?
    Ella: ¡No, tú no puedes!
    Él: Ah, mira… Es porque soy hombre, ¿verdad? Estoy programado a soportarte según esta lógica machista de la sociedad. Mientras tú te desangras por mes, yo Don Huevón debo pasarte el malhumor. Hagamos algo justo.
    Ella: Ya, ya, no reniegues.
    Él: ¿Qué tal si me das una semana al mes para hacer cualquier estupidez y tú prometes no enojarte? Verás lo rico que es tener carta libre por siete días…
    Ella: Tú no entiendes, porque no estás con los dolores ni el cambio hormonal.
    Él: ¿Y si durante esa semana me pongo piedritas en los zapatos? Eso causaría algo de dolor. Eso también jode mucho.
    Ella: No seas cojudo, quieres…
    Él: Ya estás con esa cara de querer lanzarme algo.
    Ella: (Risas) ¿Tanto se nota?
    Él: Claro que sí, como que se te crispan la manos.
    Ella: Bueno, no me hagas enojar entonces.
    Él: Yo nunca, amor.
    Ella: Más te vale.
    Él: …
    Ella: Te amo.
    Él: Yo también te amo.
    Ella: ¡Pero quiero que te nazca!
    Él: UFFFF UFFFF UFFFF UFFFFF
    Ella: ¿Qué carajo haces? ¡Baja las piernas!
    Él: Pariendo un te amo. ¿No te parece obvio?
    Ella: ¡No hagas estupideces! Hablo en serio.
    Él: Ya estás gritando otra vez… Temo que me gritas ya no solo porque soy hombre. Es porque soy negro, ¿verdad?
    Ella: Tú no eres negro.
    Él: Y encima me discriminas… ¿Qué te vas a enojar?
    Ella: Eres un tonto…
    Él: Tu tonto…
    Ella: ¿Me estás insultando?
    Él: No, ¿en qué parte?
    Ella: Me estás diciendo «tú, tonto».
    Él: ‘Tu tonto’ sin tilde, de posesivo…
    Ella: Ah, ya. Todo bien entonces.
    Él: Cómo no me dan una medalla por aguantarte…
    Ella: Me tienes a mí.
    Él: Pero la medalla…
    Ella: ¡A mí!
    Él: Claro que sí, amor.
    Ella: ¿Crees que soy enojona?
    Él: Bueno, es parte de tu encanto.
    Ella: Dios, qué estaré pagando…
    Él: Lo mismo digo… Pero veamos lo bueno. Tú eres como el tigre de ‘La vida de Pi’. Por momentos me puedes llegar al pincho, pero sin ti me hubiese vuelto loco.
    Ella: Awwww, qué lindo.
    Él: Eso sí me nació.

    * Título homónimo de una canción de Sui Generis en el álbum ‘Pequeñas anécdotas sobre las instituciones’

    Pintura de Béla Iványi-Grünwald. Fuente: Mozaikok a Nógrádi Történeti Múzeum képtárából – Copyrights Wikimedia Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 26, 2017
    Artículos
    Relaciones de pareja
  • Ojos de trozo noche

    Un trozo de noche
    es lo que recuerdo
    de tus ojos oscuros.
    Disfrazada de negro,
    luciendo un collar
    de sonrisa plata.
    Vestida de piel infinita,
    luminosa como estrella
    brillabas y estremecías
    al ritmo de las cuerdas.
    Cerrabas los ojitos,
    susurrabas las canciones
    que tocaban tu calma.
    Expresiones espontáneas de amor
    que encendían las llamas
    de inspiración
    donde una vez
    hubo cenizas de derrota.
    Apareciste como un sueño
    escapaste como pesadilla
    perturbadora por tu ausencia,
    hacedora de armonías
    haciendo simplemente nada.
    Viéndote de lejos engreída
    admirando lo que desconoces,
    las consecuencias de tu haber
    por solo respirar
    en la misma habitación
    donde coincidió
    la necesidad
    y un latido de esperanza.
    Belleza extraviada,
    desaparecida, fugaz…
    Prometo romper el silencio,
    hacerte culpable
    de interrumpir mi ausencia
    en una vida iletrada.
    Leerte estas líneas
    que una vez nacidas
    preguntan por ti.

    Foto: Elliott Billings – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 26, 2017
    Artículos
    Poesía
  • Los hombres también sufrimos del machismo

    Ser hombre en una sociedad machista es difícil.

    Según la Real Academia Española, el ‘machismo’ es una actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. Lo que personalmente añadiría a esta definición es que dicha actitud de prepotencia también afecta a los hombres que piensan diferente.

    Algo que particularmente me afecta es el prejuicio machista contra la libertad sexual de las mujeres. Mientras los hombres se felicitan por la cantidad de mujeres encamadas por noche, las féminas son tildadas de putas, perras y zorras. ¡Pero qué mierda más grande!

    El problema con este aspecto del machismo siendo hombre es que te ganas el descrédito de todos quienes comparten esta idea retrógrada. Cuando defiendes la libertad sexual de las mujeres, los demás hombres te califican como estúpido, engañado, afeminado e ingenuo. Piensan que por defender a las mujeres realmente estás provocando un desorden social, cuando en realidad cuestionas el supuesto poder de los varones más conservadores.

    Realmente es difícil de asimilar cuando afecta tu círculo más íntimo. Me da tanta rabia observar la hipocresía de exigir a las mujeres cierta conducta, mientras los hombres hacen totalmente lo opuesto. ¡Ah, pero ellos sí pueden porque son hombres!

    Confieso que esto sucede frecuentemente cuando un hombre termina con su enamorada para sacar los pies del plato y luego volver con ella. Hay quienes no toleran que sus parejas (o exparejas) mujeres disfruten de su sexualidad como lo hacen los hombres, porque ellos manejan una especie de código para evaluar qué tan ‘cachero’ eres.

    Si alguien se entera de lo que hizo tu chica a tus espaldas, pues quedas como el idiota ‘cachudo’. ¡Ah, pero si tú siendo hombre hiciste lo propio, pues eres un campeón! Hipocresía total. ¿Cuál es la lógica?

    El machismo es un fantasma omnipresente que presiona a los hombres a cuidar un ‘honor’ inventado, basado en una lógica dominante en contra de las mujeres. O lo que puede ser peor, las mujeres machistas que aceptan su subordinación al hombre. Esto no hace más que alimentar al monstruo.

    Espero seguir con vida para cuando el machismo sea erradicado al menos en mi país. Lo dudo bastante, porque el conservadurismo religioso en Perú alcanza niveles insospechados para quienes defienden la libertad de las mujeres. Pero nada se pierde con luchar. Muerte al machismo. Vivan las mujeres. Aquí tienen a un infiltrado entre el enemigo.

    Foto: Jaluj – Wikimedia Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 25, 2017
    Artículos
    Machismo, Mujeres, Sociedad
  • Morir siendo auténtico: una lección del Alzamiento de Varsovia

    Algo maravilloso de conocer nuevas ciudades es mezclar sus hechos históricos con la vida personal. Siempre he pensado que socialógicamente la «personalidad» de una nación se debe considerablemente al pasado, porque los acontecimientos históricos más impactantes se transforman en una marca indeleble en el imaginario colectivo de los ciudadanos. Lo más bonito de este análisis (a lo que denomino turismo nerd) es cuando dicho imaginario se integra a tus sensaciones, se funden en una sola lógica y aprendes a valorar la historia desde una perspectiva humanista.

    No entraré en detalles, pero me sentía anímicamente fatal cuando llegué a Varsovia, la capital de Polonia. Me hallaba por ese entonces en una encrucijada: debía elegir entre la autodestrucción a causa de la fidelidad a mis sentimientos más puros o el completo abandono tratando de ignorar lo auténtico de mis sensaciones. Realmente era una situación difícil, no se la deseo a nadie.

    Estaba indeciso hasta que supe la historia del Alzamiento de Varsovia.

    El Alzamiento o Levantamiento de Varsovia se trata de la mayor rebelión civil contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. Tuvo lugar durante la ocupación nazi de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial, del 1 de agosto al 2 de octubre de 1944. Fue planificado por el Armia Krajowa o Ejército Territorial, que representaba al gobierno constitucional en el exilio. Formaba parte de la llamada Operación Tempestad, cuyo objetivo era liberar Polonia antes de que lo hiciera la Unión Soviética. Las tropas polacas resistieron durante 63 días el asedio alemán, pero ante la falta de apoyo aliado, fueron superadas finalmente por las mucho mejor equipadas tropas alemanas. El final de la contienda se saldó con 250.000 civiles de Varsovia muertos, la mayoría ejecutados, y más del 85% de los edificios de la ciudad destruidos.

    Cuando empezó el Levantamiento, el Ejército Rojo se encontraba a decenas de kilómetros de la capital, y al llegar el 16 de septiembre sólo debían cruzar el río Vístula para liberar Varsovia. Sin embargo, los soviéticos se detuvieron, lo que ha llevado a la mayoría de los historiadores a concluir que Stalin prefería que la sublevación fracasara, para poder gobernar Polonia con mayor facilidad durante los años de la Guerra Fría. Los soviéticos, por su parte, aseguraron que frenaron su avance por problemas de abastecimiento, ya que sus líneas de suministros estaban sobrextendidas desde la Operación Bagration.

    Wikipedia

    Una cosa es leer esta descripción de Wikipedia y otra es vivirla en los lugares donde ocurrieron los hechos. Aún quedan muros con fragmentos de bala de las ejecuciones y las estatuas en memoria de los soldados caídos son bastante expresivas en lo que respecta la valentía y el arrojo por una causa considerada perdida desde su planteamiento inicial. Prácticamente fue un suicidio en masa, pero eso lo sabemos ahora que el tiempo ha pasado. En ese entonces, la esperanza y las ansias de libertad despertaron el instinto más salvaje de supervivencia e independencia nacional.

    El Alzamiento de Varsovia es criticado debido a las posteriores represalias del Ejército Nazi contra la población civil. Se calcula que entre 40 000 y 100 000 personas fueron ejecutadas con la intención de disuadir a quienes pensaban unirse a la resistencia; sin embargo, tuvo el efecto contrario.

    Ahora cabe preguntarse si realmente valió la pena.

    Pienso que este tipo de interrogantes son inútiles, porque requiere del tiempo para finalmente dar una respuesta según las opciones. Usualmente llegas a resolver tus dudas cuando el tiempo para decidir ya pasó.

    Pero arranquemos con que siempre hay un riesgo de fracasar, eso es inevitable. Lo esencial sería entonces guiarse por una interpretación de la realidad, siendo conscientes del número infinito de probabilidades que pueden jugar a favor o en contra de nosotros. Situarse bajo esta perspectiva hace que nuestras decisiones no sean buenas ni malas, sino racionales o irracionales según nuestro análisis.

    Puedes hacer nada y arrepentirte. Puedes hacer algo y arrepentirte. O puedes hacer algo -incluso hacer nada- y aceptar con orgullo que fuiste auténtico según tu perspectiva de la realidad. De alguna forma, dicha perspectiva es el resultado de la capacidad interpretativa de tu personalidad, y no hay nada peor que ser hipócrita consigo mismo.

    Eso fue básicamente lo que aprendí con el Alzamiento de Varsovia: guiarme de mis convicciones circunscritas en una realidad limitada, pero esencialmente mía, y sufrir si hay que sufrir sin dejar de ser uno mismo ante las circunstancias más adversas. Poder verme en el espejo sabiendo que sigo allí.

    Foto: Stefan Baluk

    André Suárez Paredes

    febrero 25, 2017
    Artículos
    Polonia, Psicología, Varsovia, Wikipedia
  • Desde mi nave especial

    La noche envuelve mi nave especial. Existe allí afuera una oscuridad perpetua, en la que se esconden el asombro por lo que aún no hemos visto. Desde el día que se cerró la escotilla, recuerdo con nostalgia mi último adiós. No hay palabras para expresar la sensación agónica de desaparecer, esta sensación de irse tan lejos como si abandonara el mundo de los vivos.

    Ahora mismo soy el recuerdo de quienes me conocieron, soy el instante perpetuo, una fotografía del momento en el que me despedí, una anécdota de quien tenga buena memoria sobre mi vida. Quien soy ahora es la consecuencia de mis circunstancias: un sujeto incapaz de verse al espejo sin reconocerse, porque dejé de ser un individuo social desde el día que me conectaron a estas máquinas que me mantienen con vida a lo largo de mi viaje.

    Cómo ha sido el tiempo que por momentos deseo abrir la escotilla y acabar con el oxigeno de mis pulmones. Tan solo pienso hasta qué punto el dolor causa la muerte, cuál es el umbral de resistencia física, de nervios rotos, para acabar con la vida de un hombre. Cuál es el límite, qué se siente no sentir más, llegar a ese nivel en la que las energías desaparecen y se transforman en nada, en un ser inerte, un cadáver, un objeto lleno de mierda y jugos gástricos.

    Tan solo lo pienso, porque sé que no lo haré, que así entretengo mi cerebro en este viaje programado a una oscuridad infinita, porque ver las tinieblas desde mi ventana te hace creer que cualquier punto del espacio puede ser una opción. No hay que elegir si el horizonte no existe y ya sabes qué hay incluso donde observas los límites del universo: más universo por observar. Y así las magnitudes se hacen inacabables e insufribles.

    Ya ha pasado tanto tiempo que perdí la noción de esta misión hacia la nada. Quizá el reporte oficial tenga el nombre de destino, pero de qué sirve saberlo si al viajero ya no le importa a dónde va. No solo las máquinas pueden automatizarse: la humanidad también tiene ese talento. Ser humano cada vez parece un problema para los objetivos de la humanidad. Qué triste e incomprensible los destellos de lucidez, acosados por la sinrazón que impera la razón, atentados por la ilógica de los fines lógicos. Es como solucionar con la muerte lo que nos quiere brindar más vida.

    Maldita escotilla, quizá nunca te debiste cerrar conmigo adentro. O quizá debí aprovechar mi discurso de despedida para siempre despedirme y así nunca viajar. Pero si no hubiese elegido viajar, no estaría tan lúcido como para escribir estar líneas. Y si así me siento cómodo, con mi conciencia lúcida, ¿de qué me quejo entonces? Pues de lo egoísta que puede ser la soledad como maestra y consejera. Quizá ese sea el límite del conocimiento humano: aprender de la soledad absoluta lo que nunca podrás compartir con alguien más, porque no sería soledad si es que no tuvieras a nadie alrededor. ¡De qué sirve el conocimiento si no lo puedes compartir! ¡De qué sirve aprender de la soledad si para llegar a esta no tienes con quien compartir tus hallazgos! Se trata de un sacrificio por algo trascendente, un sacrificio muy personal y egoísta, así como la soledad misma.

    Un círculo vicioso entre la nada y el todo, donde algo acaba siendo parte del vacío infinito. Así como esta nave extraviada en la oscuridad hasta convertirse en parte de ella. Delicia de naturaleza destructiva: hallándome un espacio en el desorden del cosmos.

    Foto: NASA

    André Suárez Paredes

    febrero 24, 2017
    Artículos
    Cuento
  • Lo que nadie se imagina 12

    Javier Mosquera y David Solano son dos amigos que una buena noche se fueron de putas. Ambos salían del bar luego de una larga jornada de clases en la universidad y buscaban algo de sexo fácil en las calles del Centro de Lima. Para su buena suerte, no tardaron mucho en encontrar a dos bellas casquivanas frente a un bar por la avenida Abancay.

    Los jóvenes fueron sinceros con lo que querían. Estaban considerablemente ebrios como para no guardar las formas. «¿A cuánto el cache?», preguntó Javier sacando la billetera mientras David lo esperaba unos pasos más atrás, mirando con detenimiento a la hembra que dentro de unas horas tomaría en la cama. Ambos ya se imaginaban el disfrute carnal que se venía, y sus pensamientos se concretaron en una erección prematura cuando ambas chicas finalmente acordaron el precio y recibieron el dinero. Ya nada podía salir mal, salvo el porcentaje de error que siempre tienen los condones para evitar el VIH. De ahí todo bien.

    El grupo se dirigió a un hostal barato que quedaba cerca para consumar el contrato sexual. Javier -el más entusiasmado- se adelantó y escogió a quién tomará esa noche, mientras que David no tuvo otra que contentarse con las sobras. Estaba bastante fastidiado por eso, pero quizá fue lo mejor que le pudo pasar esa noche.

    David entró finalmente al cuarto con Esther. Él le pidió sexo oral de buenas a primeras, pero ella hizo que no escuchó y se sentó al borde de la cama para quitarse la blusa. David aprovechó entonces para acercarse por detrás y posar sus manos sobre los grandes pechos de Esther. Él ya lo estaba disfrutando, sentía cómo las ganas se endurecían en sus pantalones, pero el problema era que el disfrute no era recíproco.

    -Sabes que no siento nada allí, ¿verdad?

    Pero esto no detuvo a David, quien siguió toqueteando para su disfrute personal.

    -Imagino porque son implantes. Eso no es novedad-, le respondió.
    -Sí, son implantes, pero no solo las mujeres se ponen tetas…

    David paró en seco.

    -¿Eso quiere decir que tu amiga…?-, preguntó David mientras recogía los zapatos con cierto apuro.
    -Así es.

    David salió corriendo de la habitación, no sin antes disculparse con Esther, y corrió a la habitación contigua donde se hallaba Javier. El reembolso ya era lo de menos, primero estaba la dignidad.

    -¡JAVIER! ¡JAVIER!-, gritaba David mientras molía la puerta a puñetazos.
    -Anda no jodas-, respondió Javier al otro lado de la puerta.
    -¡ES HOMBRE, HUEVÓN, ES HOMBRE!

    No pasó mucho rato para que la puerta se abriera con un Javier desencajado y semidesnudo. Llevaba en sus brazos los pantalones y los zapatos. Ambos salieron apurados del hostal, Javier no tuvo otra que cambiarse en el vestíbulo mientras David salió del local para pedir un taxi.

    -¡Solo me chupo la pinga, puta madre!-, repetía Javier hasta el hartazgo.

    Una vez en el taxi, David y Javier no cruzaron palabras durante todo el viaje. Ya cuando entraron a la Vía Expresa, el chofer bajó el volumen para atreverse a romper el hielo. «¿Estuvo rico el cache, muchachos? Ese hostal es conocido por la zona», preguntó. Ambos se miraron sin saber qué decir. «Ni se lo imagina, señor», dijo David no sin antes soltar una sonrisa nerviosa. Javier le sigue la corriente y así ambos inventaron en lo que dura la luz roja del semáforo la historia que siempre repetirían para ocultar la verdad durante el resto de sus vidas.

    Foto: Henri de Toulouse-Lautrec / Wikimedia Commons

    André Suárez Paredes

    febrero 24, 2017
    Artículos
    Homosexualidad, Lo que nadie se imagina, Mujeres, Putas, Sexualidad, Sida, VIH
  • Al otro lado del azul

    Hay un lugar lejos
    donde los relojes
    se adelantan
    al horizonte
    y las tardes
    mueren de azul
    como si siempre
    estuvieran de luto
    o un ocaso
    de forma de pupila
    que duerme a las seis

    A lo lejos
    donde la vida
    creía otra
    aparecen cosas
    verdades
    o mentiras
    Aquí donde
    el horizonte
    acabó en nada
    en un azul
    y vacío

    Al otro lado
    del azul
    se vive
    y respira
    la soledad
    que habitas
    en un cielo
    estrellado
    pero callo
    mi ruido,
    las palabras
    desesperado

    Al otro lado
    del azul
    no hay nada
    Se acaban
    los colores
    Se termina
    el universo
    tú en otra orilla
    inquebratada
    observas
    retazos de vida:
    el lento camino
    a la muerte

    que aquí
    se respira
    el tiempo
    desfasado
    Tu ojos
    insolente
    y hermosa
    se rinde
    a la tarde
    de besos
    sin labios
    por boca

    André Suárez Paredes

    febrero 18, 2017
    Artículos
    Lírica
  • Una siniestra peculiaridad

    Supe que tengo una peculiaridad cuando vi el final de ‘Al fondo hay sitio’. No sigo el popular programa desde hace varios años, pero sí me dio curiosidad saber en qué acababa. No me di el trabajo de ver todo el episodio, solo me enfoqué en la escena donde muere la antipática de Isabella Picasso Maldini.

    La escena fue muy comentada en redes sociales. «¡Qué terrible que haya muerto Isabella a manos de la antagonista!», «¡Qué perversa es la asesina!», etc. Sucede que -para mí- ese nivel de perversidad que los guionistas prepararon para el final del exitoso programa de América Televisión me parece de principiante.

    «Qué asesinato para más aburrido. Gana puntos, porque lo hizo frente a la madre de Isabella. Pero si yo fuera la asesina, pues le hubiese disparado en el rostro. Así, no tendría un velorio a cajón abierto», pensé en lo más profundo de mi siniestra imaginación.

    Esta reflexión me hizo recordar un pasaje de la novela ‘Tinta roja’, del chileno Alberto Fuguet, en la que los personajes centrales conversan sobre los asesinos que aparecen a diario en los medios de comunicación. «La diferencia es que ellos lo hacen, tú solo lo piensas», algo así iba la reflexión si no me falla la memoria.

    Pienso que esto tiene tanta verdad. Resulta fácil pensar que no es así, que desde nuestra posición sabemos bien qué es lo correcto e incorrecto; sin embargo, esa reflexión no es universal, porque la experiencia individual de cada quien hace posible que las cosas más perversas y brutales tengan cierta validez. No podemos decirle al resto cómo vivir, porque nuestra experiencia nunca permitirá sentir qué piensa la otra persona para actuar de una manera determinada. Eso de «ponerse en los zapatos de otro» es una utopía.

    No soy quien para ponerme en un altar y condenar al resto por las consecuencias de sus acciones. Lo que hay que evaluar realmente es la circunstancia en las que estas se llevaron a cabo. Esta simple lógica quizá te sirva para «humanizar» a los villanos de la historia universal.

    A nadie le gusta ver la maldad o conocer su alcance en la vida cotidiana en forma de noticias sangrientas o investigaciones periodísticas sobre matanzas, mafias y crímenes de estado. Confieso que mi literatura diaria se basa en eso, porque entre tanta basura quisiera hallar algo de humanidad. Quizá busco inconscientemente esa pizca que me devuelva la esperanza, porque «para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada».

    Edmund Burke no se puede equivocar con esta frase. Tiene mucha razón. Lo que más mata en el mundo no es la violencia en sí, ni la perversidad de los más extremistas. Lo que mata y siempre matará es la indiferencia.

    André Suárez Paredes

    enero 30, 2017
    Artículos
    Psicología
  • Lo que nadie se imagina 11

    A Hipólito Severo le enseñaron desde muy pequeño cómo tratar a una mujer. «¿Ahora qué hago con esta cojuda de mierda?», espetó al tiempo que se servía más cerveza para ahogar su frustración.

    Lo curioso es que la cojuda de mierda de quien habla Hipólito no es otra que su enamorada. Ninguna mujer merece ser tratada así, incluso a sus espaldas, pero Hipólito atravesaba una circunstancia bastante «especial».

    «Yo la amo muchísimo y justo por eso me pongo así. Te explico. Resulta que hace unos días la vi besándose con su exenamorado a escondidas… Sé que es prueba suficiente como para dejarla, ¡pero carajo no puede ser así! ¡Cómo puede ser tan cojuda para hacer eso!».

    Efectivamente la chica en cuestión le fue infiel a Hipólito con su exenamorado. La reacción exacerbada de Hipólito no es para menos, porque no se trata solo de su ego herido, sino del desprecio por un mal tan generalizado que las mujeres callan: el hombre que le puso los cuernos a Hipólito había abusado de ella físicamente.

    «Eso mismo, carajo… ¡Qué tiene en la cabeza! Yo como huevón cuidándola tras meses de relación y a esta cojuda se le ocurre regresar con el pegalón… Esa huevona está enferma, ¡ENFERMA!».

    Hubo un silencio incómodo en el bar. A Hipólito poco le importaba su imagen pública. No sabía qué más hacer, en realidad amaba a la chica y la infidelidad era lo de menos, ¡tenía que rescatarla de ese abusador!

    «Pero cómo mierda hago para que ella se fije en mí así como lo hace con…»

    Hipolito dio un brinco de su silla con una cara de haber encontrado la solución. No tuvo tiempo ni para explicarlo, salió del local muy apresurado hacia su carro y enrumbó hacia lo desconocido.

    11:24 p.m. Residencia de la familia Olazábal. Suena el timbre de la puerta, alguien abre…

    -Hipólito, ¿qué haces aquí?
    -Te amo…
    -Lo sé, quería hablarte de es…

    No terminó de hablar. Se escuchó un sonido hueco. Se cerró la puerta.

    Por si no lo sabían, Hipólito estudió mecánica en un instituto barato de Lima… No es muy letrado que digamos, pero cuando bebe se le pueden ocurrir «buenas» ideas porque esa misma noche logró rescatar a su amada de los brazos de su ex, algo que hubiese demandado días de terapia psicológica para desahuevarla. Bueno quizá no la desahuevó por completo, pero al menos la salvó para su bien.

    Hipólito no habló al respecto hasta varios años después. Para esto él ya se había casado con ella y ambos esperan tener pronto una familia. Se nota que están felices. Fue recién en una borrachera cuando Hipólito confesó qué pasó esa noche.

    «Estaba tan ebrio. Simplemente no tenía de otra. Sabía que ella dependería de él, porque ‘más te pego, más te quiero’, ¿verdad? Estaba enferma… Lo que hice entonces fue pegarle más duro que su ex, así dependería incondicionalmente de mí y ya no de él. Suena horrible, lo sé, pero la amaba tanto… Obviamente nunca más la agredí, solo fue esa noche. Quería rescatarla aprovechando su condición. Sé que estuvo mal, pero felizmente todo eso ya pasó».

    André Suárez Paredes

    enero 27, 2017
    Artículos
    Cuento, Mujeres, Relaciones de pareja
  • ‘Lost in translation’: 18 palabras intraducibles al español

    Siempre me han intrigado las palabras que no existen en mi idioma, porque este fenómeno lingüístico demuestra que hay interpretaciones de la realidad a las que no prestamos demasiada atención como para institucionalizarla en una sola palabra. Aunque no lo creas, todo esto tiene su ciencia.

    La sociolingüística es la disciplina que estudia los distintos aspectos de la sociedad que influyen en el uso de la lengua, como las normas culturales y el contexto en que se desenvuelven los hablantes; la sociolingüística se ocupa de la lengua como sistema de signos en un contexto social. Se distingue de la sociología del lenguaje en que esta examina el modo en que la lengua influye en la sociedad.

    Sociolingüistica – Wikipedia

    Ella Frances Sanders abordó esta curiosidad lingüística en su ‘Lost in translation’, un compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas partes del mundo. Lo interesante del trabajo de Sanders son los elementos culturales de cualquier lengua según cada país. El Huffington Post destacó, por ejemplo, que «el alemán encierra muchas referencias a la comida, mientras que el árabe tiende más a adoptar conceptos pasionales».

    En la versión inglesa del libro aparece la palabra en español  «sobremesa». Será que a los hispanoparlantes les encanta disfrutar de la compañía tras uno de los placeres de la vida.

    Aquí te comparto una breve lista publicada por el Huffington Post de las palabras que aparecen en la obra de Sanders.

    1. Kabelsalat – Alemán

    Literalmente significa «ensalada de cables» en referencia al revoltijo de cables enredados que suele formarse dentro de bolsos y mochilas.

    2. Mangata – Sueco

    El reflejo de la luna, como un camino, en el agua.

    3. Kilig – Tagalo

    La sensación de tener mariposas revoloteando en tu estómago.

    4. Tsundoku – Japonés

    Comprar un libro, no leerlo y dejarlo apilado sobre otros libros no leídos.

    5. Trepverter – Yidis

    Especie de frase o respuesta ingeniosa que se te ocurre cuando ya es demasiado tarde para usarla. Su significado literal es «palabras de escaleras».

    6. Karelu – Tulu

    La marca que queda en la piel por llevar algo muy ajustado. El tulu se habla en una región del suroeste de la India.

    7. Samar – Árabe

    Quedarte despierto hasta tarde con los amigos hasta amanecer sin darte cuenta.

    8. Kummerspeck – Alemán

    Su significado literal es «tocino de la pena» y hace referencia al peso que ganamos cuando comemos de más por pena.

    9. Jayus – Indonesio

    Un chiste tan malo que no te queda otra que reír.

    10. Tiám – Farsi

    El destello de los ojos cuando acabas de conocer a alguien.

    11. Warmduscher – Alemán

    Literalmente hace referencia a las personas que únicamente toma duchas calientes. Esto quiere decir que no son capaces de abandonar su zona de confort.

    12. Saudade – Portugués

    El deseo constante por algo o alguien que no existe, o que alguna vez quisimos o perdimos.

    13. Akihi – Hawaiano

    Situación que atraviesas cuando, después de escuchar las indicaciones, las has olvidado por completo.

    14. Hiraeth – Galés

    Nostalgia de los lugares a los que no puedes volver, de lugares perdidos de tu pasado o de lugares que jamás existieron.

    15. Drachenfutter – Alemán

    Literalmente significa «alimento para el dragón» y hace referencia al regalo que entregamos a nuestra pareja como compensación de un mal comportamiento.

    16. Ya’Aburnee – Árabe

    Literalmente significa «Tú me entierras a mí», y hace referencia al deseo de morir antes que una persona cuya ausencia sería insoportable.

    17. Fika – Sueco

    Reunirse en torno a un café y algo dulce para darse un respiro de la rutina y charlar durante horas.

    18. Cafuné – Portugués

    El acto de acariciar con ternura el cabello de la persona que amas.

    Foto: download.net.pl – mobile / Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    enero 27, 2017
    Artículos
    Huffington Post, Idioma, Lingüística
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