NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Para Eva del Edén

    Mi debilidad son las rubias y yo aún no creo haber bailado con una. Es más, no solo bailar, sino también enseñarle a bailar salsa cuando yo soy pésimo haciéndolo. Y la cuestión es fácil de explicar, porque dicha rubia encantadora, pupila de mis pasos de baile inventados, no es peruana, sino checa. Su nombre es Eva, nunca supe su apellido, pero yo siempre la llamaba Eva del Edén, sea por el encanto de una mujer de novela, sea por la mujer de encanto de quien puedo hacer novela.

    Ella llegó a Lima como intercambio cultural gracias a AIESEC, una red social de universitarios alrededor el mundo. Eva trataba de explicar qué funciones hacía dicha red, pero solo me bastaba entender el milagro que era que una rubia así viviese por unos tres meses al lado de mi casa. Parecía ensueño como los sueños que soñaba al cuestionarme «¿cuándo bailaré con una rubia?», tipo de mujer que por instinto o razones sociales me encaramelaban el corazón; incluso cuando la mayoría la personas piense que son algo tontitas.

    Supe que ella estudiaba en Inglaterra, al norte de Londres. Estaba siguiendo la carrera de ciencias políticas europeas, me lo decía en un español entremordido mientras bebía un Cartavio con Coca-Cola: la gracia del TLC con el país del norte nos ayudaba con la tarea de embriagarnos. Mi inglés no era tan fluido como para hacerme entender, aunque me las daba de buen orador. Luego de un tiempo ella comenzó a hablar español de manera más fluida, así como su melanina comenzaba a dorarse y ponerse chaposa como los niños de nuestra sierra. Más que nunca en ese momento fue Eva del Edén, recuerdo, mientras en su piel se curtía el brillo de nuestro cielo en una piel blanca, extranjera, diferente a los 27 millones de peruanos que la rodearon los tres meses que estuvo en Lima.

    Recuerdo sus faldas floreadas, sus casacas de buzo con capucha y su predica antitabaco primer mundista que me hacía ver como un troglodita de la era cavernaria. Y recuerdo su primera vez en un micro, una carrera de espanto entre semáforo y semáforo, entre cortos recesos para decir «Why do i take this fucking bus?» Y como el tiempo avanza, con sus recuerdos, fotografias y silencios entre dos culturas distintas, Eva del Edén viajó al otro lado del mundo, a ese lado donde ensueño viajo y como en sueño espero que hayan tan lindas rubias como lo fue ella. Y sobre todo que ninguna sepa bailar salsa y entrar yo como profesor improvisado de pies izquierdos y que todas, con las mejilla chaposas, me digan «But you dance good, Andre», como alguna vez me dijo Eva del Edén.

    Ella será la rubia, como siempre le diré, porque forma parte de un primer acercamiento a una ilusión triste como para ser nacional, pero hermosamente posible si me largo del país. Y la noche antes de su partida llegó, como el respiro intoxicado de pena y con la idea loca de decirle «And… if you dont take the plane?»

    Legalmente sería una ilegal, pero legalmente sería peruana por contar amigos peruanos y ser querida por los amigos que aquí conoció. Y sería peruana, porque forma parte de un ideario de un peruano llamado André Suárez Paredes. Que sobre y baste, la nacionalicé por el aduanas de mi imaginación y de una inspiración fugaz. La noche previa Eva estuvo en la casa de mi amiga Sharon, que la hospedó, y yo que me tomé el tiempo para despedirme. La conversación se llevó a cabo en una oficina, llena de libros y una laptop. Eva estaba sentada doblando las rodillas y mostrando su melanina nacional: la blancura de sus piernas. Comencé a preguntar a Eva sobre su familia, sobre su país, sobre si tuvo un familiar que luchó en la segunda guerra. Sus ojos azules contestaban mis preguntas con respuestas exhaladas por la tristeza. El azulejo de su iris era un mar conmocionado por decir «good bye». Pues bien, nunca lo dijo, porque despedirse es dificil. El sueño de puntualidad inglesa le cerraba los ojitos a Eva del Edén que se destinaba a dormir.

    «Well, i don´t now how say good bye. I prefer to say i will see you later», le dije en un ingles medio muerto, medio vivo, medio nostálgico.

    «I know, I know…», ella se acercó y me tendió un abrazo con aquella polera amarilla con capucha. Un beso en la mejilla y la rubia ensueño se prepara para dormir, mientras que yo parado en medio de la oficina soñaba despierto e imaginando cuánto costará un pasaje a República Checa. Quizás para volverla a ver o para ver a otras rubias más a quien enseñar salsa. Y quizás haberle enseñado a aquella rubia europea que no todos los peruanos somos ladrones o traficantes, sino que también sabemos cómo acoger a los amigos del continente viejo. Verla, hablar con Eva del Edén, pues era también un intento de existir en un imaginario diferente al nuestro y que en un futuro, que en la tierra de The Beatles, diga «No todos los peruanos son iguales», mientras ve alguna noticia en CNN.

    Sharon evitaba las lágrimas mientras le preguntaba cómo la pasó con Eva durante su estadía. El moco y la garganta ahogada en una lágrima espesa era su respuesta. Eva pensó que iría al aeropuerto a despedirme, pero el trabajo no me permitió. Ella se fue, viajó lejos en un avión con destino a Londres y yo no fui. O bueno, quizás sí fui, porque en su memoria podría recordar a un moreno pelucón con quien bailó salsa una noche, a un moreno pelucón que tiene por debilidad a las rubias y que ella es cómplice para que el sueño del moreno en conquistar a una rubia sufra de esperanza, o sea que pueda ser posible, o sea menos imposible, osea con probabilidades… o sea una fe.

    Foto: Ed Schipul. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 30, 2018
    Artículos
    Cuento
  • Leyendo policiales

    Por orden del juez de Paiján, La Libertad, fue internado en el penal El Milagro de Trujillo el obrero cajamarquino César Chávez Gamarra (30), conocido como el «Monstruo de Paiján», acusado de violar al anciano Francisco Lara Cárdenas (83), hecho ocurrido el pasado 20 de enero. La detención del sujeto se produjo cuando se encontraba en las inmediaciones de la calle Callao y Ayacucho, en el sector Monterrey.

    23 de Enero del 2010 / Diario Ojo

    Noticias como estas son las que confirman que el Perú es el país del Nunca Jamás. Y digo que es del Nunca Jamás, porque Nunca Jamás nuestra patria dejará de ocurrir cosas estrambóticas, deprimentes e inmorales, como estas. Hace un par de años recuerdo la nota de prensa que un joven fue asesinado por resistirse a que le roben sus zapatillas.

    Desde ese momento, en que supe que para unos criminales la vida valió un par de suelas de jebe usadas, el Perú fue denigrándose debido a ciertos elementos que perturban la vida civil. ¿Educación, posibilidades laborales, clasismo social?

    Leer policiales es de cierta manera entretenerse de un humor negro, morboso, con una sonrisa de media mejilla en la semblanza gris llamada resignación, dejadez porque todo sigue igual y qué se irá a hacer.

    André Suárez Paredes

    marzo 29, 2018
    Artículos
    Periodismo
  • Confesiones

    Casi nunca las hago, porque me considero una persona directamente indirecta cuando quiero decir las cosas. Las maquillo, las hago un enigma para que el desentendimiento sera mi vía de escape a lo que pienso, a lo que quiero decir, pero que resulta ser hostil. Y bueno, qué decir, entonces. ¿A qué todo esto? Bueno, hay cosas de las que debo confesar que me desagradan.

    Es público, pienso, que quienes odio son los nazis, neonazis y protonazis. También odio los Nextel, los racistas y, mis favoritos, los cristianos. Los odio, lo admito, y es delicioso explicar el porqué los odio, pero prefiero ahorrarme las palabras y sincerarme con ellos, que los odio, que jamás debí ingresar a una de sus iglesias, a pesar que me enamoré de dos cristianas en mi vida. Odio a las personas que en el MSN siempre dicen que están feliz, ¿acaso no conocen la tristeza o es que son necias y no ven el otro lado del mundo, el que se pudre, el que se corrompe, el que sufre de hambre y de ignorancia?

    Odio los ricos, odio a los ingenieros mineros, a los poetas que se hacen novelistas, a los reguetoneros. Detesto a los fanfarrones, a las mujeres que se creen modelos de Hawaian Tropic, odio quienes gozan del superavit de nuestro país mientras las clases bajas comen miserias. Odio la miseria, odio el congreso, detesto a Humala, odio a los ultraderechistas, odio el poder no correspondido, odio al cerebro de hormiga de Hugo Chávez.

    Odio…. a los que no ceden el asiento a los ancianos, a los cobradores de combi que tutean por unos centavos más, odio la violencia juvenil, detesto al Presidente….

    Odio…. en fin, cosas…. las odio….

    ¿Y qué es lo que amo?

    André Suárez Paredes

    marzo 28, 2018
    Artículos
    Cuento
  • Apocalypse Now

    -Saigón…

    No sé dónde desperté, en qué cuarto de hotel barato en alegría, en qué zanja llena de vietnamitas muertos donde apesta la vida y se fecunda la muerte. Pues no sé si saldré de esta ciudad bombardeada de mierda, si el fusil armado de espinas degollarán al enemigo, en su corazón pétalo de rosa. Dónde ir… guerra hay más allá de la guerra; la paz, el tiempo suficiente para repensar un contraataque.

    ¿Qué más hacer que hacer nada? ¿Por qué sobrevivir en guerra si se muere por vivir? Quiero dormir en el barro, besar los gusanos que llenan mi boca de alimento, tener sexo con alguna conejita del Playboy o nadar desnudo por el río buscando a un hijo de puta que merece morir.

    El camino es largo y mi película dura tres horas y media de acción innecesaria, de un viaje cada vez más lejano con destino a la incertidumbre. ¿A dónde voy, Comandante?

    A Saigón, a matar, señor…me voy a matar.

    Foto: Keven Law – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    marzo 27, 2018
    Artículos
    Cuento
  • La felicidad es como un cerillo encendido

    Ver a mi sobrina jugar me hace entender un poco más la felicidad y diría que esta es como un cerillo encendido: cualquier momento se puede acabar ante cualquier sutileza o mala jugada del viento. Y ese cerillo consumido por el fuego se quiebra volviéndose ceniza y desaparece en el suelo sin dejar huella de su prematura existencia.

    ¿Notan la analogía?

    André Suárez Paredes

    marzo 26, 2018
    Artículos
    Felicidad, Reflexión
  • El besucón de la avenida Arequipa

    Ramiro Zapata Morales, alias ‘El Besucón’, fue capturado por la policía la noche de ayer en Miraflores, luego de haber abordado a su última víctima en la cuadra 39 de la avenida Arequipa. Fue ella quien dio aviso a la policía tras haber sido violentada por Zapata quien -con arma en mano- se limitó a robarle un beso.

    «Vino hacia mí cuando estaba en el paradero. Puso el arma en mi espalda y me dijo que me quedara callada. En eso me ordena dar la vuelta y me dio un beso en la boca para luego correr. No me robó nada, solo me besó y ya. Después se puso a gritar que en el mundo faltaba amor», dijo la víctima de 29 años quien prefirió pertenecer en el anonimato.

    Las autoridades hallaron entre las pertenencias de ‘El Besucón’ un revólver sin munición, una libreta con poemas y dos libros de Paulo Coelho: ‘A orillas del río Piedra me senté y lloré’ y ‘El vencedor está solo’. Ambos originales.

    El serenazgo de Miraflores estaba tras los pasos de ‘El Besucón’ desde inicios del presente año. Anteriormente había cometido cinco atracos y todos con la misma modalidad. Solo se limitaba a robar besos para luego irse vociferando que en el mundo faltaba amor.

    Tratamos de conversar con tan pintoresco delincuente, pero este prefirió guardar silencio en todo momento, desde el interrogatorio policial hasta su traslado a la carceleta del Poder Judicial, donde será procesado por amenaza con arma de fuego. Será allí también donde la justicia debatirá si a este procedimiento se suma el cargo por hurto agravado, teniendo en cuenta la subjetividad del robo de un beso bajo amenaza.

    Foto: © 2014 Cadeau. Licensed under CC-BY.

    André Suárez Paredes

    marzo 25, 2018
    Artículos
    Cuento
  • Conocí a una chica

    Una vez conocí a una chica…
    Y sabes qué fue lo peor,
    que le gustaba mi amigo;
    y sabes qué fue peor que eso,
    que mi amigo era un jugadorazo;
    y sabes aún qué es peor,
    que terminaron siendo pareja;
    y también qué es lo peor,
    que ella sufrió varias mentiras;
    y sabes qué es lo peor de eso,
    que ella se decepcionó del amor;
    y sabes qué es lo peor de todo,
    que esa chica me gustaba.

    André Suárez Paredes

    marzo 25, 2018
    Artículos
    Poesía
  • Estado: soltero

    Son estas horas de la madrugada (3.24 AM.) en que uno se pregunta si ser soltero refiere implícitamente a la soledad. Y no es que lo diga, porque la noche provoque deseos lujuriosos, sino en el sentido sencillo de la realidad. Son momentos como estos, cuando los hombros se me tensan de tanto escribir y el frio hiela mis pies, en que uno tiene las ganas de tomar un cafecito con aquella chica a quien quise por enamorada, pero las cosas no salen como uno las desea.

    Y así detallaría -como al mismo tiempo sueño de paso- cómo besaría sus dedos fríos debido a que lavó las tazas donde bebimos café, o como la arropo con una frazada hasta el cuello para que no tenga frío, o las cosquillas que le haría en las costillas mientras trataba de hacerme el serio, o ver la televisión sin verla´y hablando cualquier cosa de las que no se hablan, como el chiste que nadie se ríe, como sus juegos de medias diferentes cuando el tiempo la apura…

    En fin son cosas como estas que pienso ahora tan de madrugada. Son las 3.35 AM, pasaron 11 minutos desde que inicié a escribir esto. Fueron 11 minutos dé evidencia en que ser soltero es sinónimo directo de soledad.

    André Suárez Paredes

    marzo 24, 2018
    Artículos
    Cuento
  • Sexo con condón: el placer y las construcciones sociales

    A quién no le gusta el sexo. Desde la aparición de los métodos anticonceptivos en la revolución sexual, la humanidad ha adoptado nuevas perspectivas sobre la intimidad. Se rompieron muchos tabúes como el sexo prematrimonial, el reconocimiento de las parejas homosexuales, el activismo del feminismo, la convivencia de las parejas de hecho, entre muchas otras cosas.

    Hubo bastantes cambios en la vida cotidiana, solo que me quiero detener en los anticonceptivos. Me llaman especialmente la atención, porque han intervenido en algo que siempre me llamó la atención en el sexo heterosexual. Hablo de las expectativas sexuales basadas en el placer a partir de una actividad aislada de su capacidad fundamental: la reproducción.

    El sexo: construcción social y plano físico

    Quizá en este punto estés frunciendo el entrecejo, extrañado por lo que acabo de escribir. Pero vayamos por partes. No temas que no me he vuelto un loco conservador.

    Hay que diferenciar dos cosas: el sexo como idea generada a partir de una construcción social y el sexo como la actividad sexual propiamente dicha, o en buen cristiano, meter el pene en la vagina. Conste que también se puede meter en otras partes, pero refiero exclusivamente al plano físico del sexo en sí.

    La idea del sexo como construcción social tiene infinitas interpretaciones. Tenemos, por ejemplo, la libertad sexual del occidental contemporáneo, el conservadurismo sexual del cristiano promedio, el fetichismo de las nuevas sectas urbanas, etc. Ninguna es mejor que otra mientras estas no perturben la convivencia social del resto. Ya saben lo insufrible que pueden ser los evangélicos cuando se las dan de predicadores. Todos merecen respeto sobre cómo uno desea desarrollar su intimidad.

    Volviendo al sexo como construcción social. Hemos dado cuenta que hay muchas interpretaciones sobre lo mismo: la actividad heterosexual que consiste elementalmente en meter el pene en la vagina (y en otros más lugares). Todas las perspectivas sociales, religiosas y políticas parten de eso con la intención de dar un significado al sexo.

    ¿Los anticonceptivos son antinaturales?

    Teniendo esto claro, ahora sí vayamos a los conceptivos. El condón -además de prevenir las enfermedades de transmisión sexual- es utilizado como método anticonceptivo para la práctica del sexo seguro. Lo que hace el profiláctico es aislar la capacidad reproductiva del sexo para enfatizar el placer sexual. Esto a la larga lo que hace es generar todo un código sexual respecto al placer en el que los precoces, los ‘mecha corta’ y los disfuncionales eréctiles son los apestados de la fiesta.

    Dicho código sexual es también una construcción sexual generada a partir del uso del condón. El placer sexual pasa a dominar el escenario; y la reproducción, una opción controlable para la pareja.

    ¿Los anticonceptivos son antinaturales? De alguna forma intervienen en el acto sexual impidiendo la reproducción. Es «antinatural» en el sentido que es un elemento ajeno al cuerpo que interviene en el acto sexual en sí. Ya sabe, eso de meter el pene en la vagina. Sin embargo, hemos naturalizado los anticonceptivos al adoptarlos en nuestra cotidianidad. No estoy exagerando, pues la humanidad se ha caracterizado por socializar todo. Basta observar cómo hacemos lo mismo con la tecnología, creando códigos de conducta en Facebook o WhatsApp.

    El buen sexo

    Lo que sí me parece un problema es creer que esta forma del sexo basada en el placer sea compartida como estándar de calidad sexual. Como repasé anteriormente, el sexo como construcción social tiene muchísimas aristas. Ninguna puede superponer ni intimidar a las demás. Sería injusto criticar o calificar al resto según nuestros gustos sexuales por tratarse de perspectivas muy subjetivas.

    El buen sexo puede durar desde 2 minutos hasta media hora según cada pareja (o trío, quién sabe). ¡Punto! Si algo en común tienen todas las perspectivas sexuales, es que se tratan de experiencias compartidas. Es en ese espacio en el que las personas crean su propio escenario sobre el sexo ideal según sus personalidades.

    No tiene que haber una macroreferencia sexual sobre cómo disfrutar el «buen sexo». El «buen sexo» es el que se disfruta mutuamente según las expectativas y perspectivas de cada persona. Lamentablemente vivimos bombardeados del mismo discurso sobre cómo debe ser el hombre y la mujer en la cama. Basta googlear un poco para ver hasta cómo medios de comunicación se dedican a darle espacio a este tema. Incluso, dando tips o consejos como si todos fueran programados con el mismo discurso y goce sexual.

    Aclaración

    Especifiqué al inicio del texto que el análisis iba a girar en torno a la actividad heterosexual. Lo hice para analizar los anticonceptivos como aisladores de la reproducción en la actividad sexual. No obstante, soy consciente de que la actividad sexual no necesariamente está vinculada con la reproducción.

    En el caso de los homosexuales, la actividad sexual es el placer en sí y cómo las parejas -así como los heteros- también crean un escenario específico sobre cómo debe ser el buen sexo. La incapacidad reproductiva no es razón para creer que los homosexuales no pueden disfrutar de la misma manera el sexo que los heteros. Como ya dije, el sexo es una construcción social basada en la experiencia.

    Quiero dejar en claro que no estoy predicando nada en este artículo. Mi objetivo es dar cuenta que existen matices en lo que pensamos respecto al sexo. Entender que el sexo como lo conocemos es una construcción social en el que debemos reflexionar antes de criticar a los demás. No se trata de hallar una verdad en un mar de subjetividad, sino de admirar y respetar cómo algo tan simple como el sexo tiene infinitas interpretaciones, prácticas y sensibilidades. Eso es lo realmente hermoso del sexo.

    André Suárez Paredes

    marzo 23, 2018
    Artículos
    Homosexualidad, Sexo
  • Consulta

    Hola. Sabes algo, hay personas quienes parecen nacer viudos. Y tú, que me conoces tanto, sabes que me refiero a mí mismo, que soy viudo desde que el enfermero golpeó mis nalgas para que me desahueve en esta vida que la llevo sobreviviendo.

    Resulta, doctora… Lo sé, no te digo así, porque aún no terminas la Universidad, pero lo eres desde el momento que vomité bilis en tu vereda mientras el mundo que conocía -o creí conocer- se enfrascaba en una botella de licor. Pero te diré doctora, a pesar de que me digas que aún no lo eres.

    Resulta que este último mes, doctora, que una cadena de eventos desafortunados colman mi paciencia y no sé…

    ¿Qué doctora? ¿Si tengo alguna necesidad?

    Pues sí, no muchas, pero tengo básica y elementalmente una, que ahora me avergüenza mencionarla. ¿Que debo decirla? Tú ya lo sabes, aquello que me motiva… ¿Musas? Ellas mismas y las de siempre, doctora.

    Hasta hace unos días la poesía fluye por sensaciones forzadas a mi sentir. ¡Se trata de buscarle la quinta pata al gato, doctora! Se está tratando ahora la poesía con cierto cinismo a la amargura, a las desavenencias caprichosas del destino correspondido, para sonreirle a la vida con un verso. Doctora, entiéndame, me están volviendo cojudo…

    ¿Quién lo hace? El mundo, doctora. El mundo me tiene así. Nadie sabe lo que los demás quieren, a pesar que el derecho categórico de mejoría sentimental sea lo más idóneo. El mundo parece mandar al carajo a Kant, doctora.

    ¿Que me tranquilice, que ya pasará? Tendrá razón doctora, pero cómo no relacionar esta serie de hechos desafortunados conmigo mismo, cómo no trazar un hilo conductor de cordura a las acciones «cuerdas» de los demás que me involucran o, peor aún, a la verdad antipática que no brinda oportunidades a mi buena voluntad, a la poesía inocente, enamoradiza y niña.

    ¿Qué hechos desafortunado, doctora? Temo no querer decírselos… ¿Que debo? Mantenga el secreto, por favor, doctora…. Lo siento, sé que respeta el derecho profesional que recién está aprendiendo. Sucede doctora que, en resumen de los hechos desafortunados, no puedo escribir más. No puedo, entienda, y no es porque voluntariamente no quiera, sino que más parece una labor masoquista al insinuar relatar bellos pétalos de una rosa, que solo está hecha de espinas. ¿Que me haga explicar, doctora? Le diré, está bien, sucede que ya las musas resultan mediáticas, doctora, se van ni a penas la poesía las describe como aquellas personas que las imagino, y que solo imaginaré, porque lamentablemente parecen ser más hermosas mientras menos las conozca. No tengo aquella musa que…que…

    ¿Que ya entiende mi necesidad, doctora?

    Sí, exacto, de ese se trata, que me hace falta aquella musa a quien poder por fin cogerla de la mano, verla mientras duerme observando la televisión, pelliscarle las costillas para forzarle una sonrisa cuando se enoje conmigo, jugar michi cuando estemos aburridos viéndonos la cara, que me convenza inutilmente que soy un buen bailarín y transformarme en pañuelo cuando el hoy parece eterno en su trajín majadero…

    De eso se trata doctora… No, qué diga, no se trató de las necesidades metabólicas de todo hombre, ni que lo diga.
    ¿Me entiende ahora, doctora? Sí, de escribir poesía desde «dentro» de lo que expongo y no de puro observador-imaginario-no-participativo. ¿Y por qué no lo hago, por qué no lo intento? Ay doctora… Esa es una historia más larga, pero se resume en intentos fallidos, de saltos de trampolín a una piscina vacía, de rosas escondidas en las carteras, de entumecer el cuerpo mientras se vomita un verso ausente de felicidad, de escarapelar el cuello cuando el invierno posa sus labios en él haciendo más presente su ausencia…

    ¿Lo ve doctora?

    ¡Acaba de suceder otra vez! Volví a escribir aquellos versos plañideros…

    ¿Tendrá todo solución, doctora? ¿Que ya es tarde? Sí, lo sé doctora, debe descansar… ¿Y mañana podemos hablar? Ya veo, tiene reunión de colegas… ¿Y pasado? ¿Tampoco? Bueno, sí, lo sé, tiene que hacer. ¿Cuándo la veo entonces? ¿Que Ud. me llama? Está bien, mi número es… ¿Ah, ya lo tiene? Bueno… ¡Qué bonito su consultorio, doctora, ese cuadro me recuerda a…! ¿Qué me dice? ¡Qué bonito lapicero, doctora! ¿Quién se lo regaló?

    Está bien, no tiene que gritar, doctora. ¿Me llama, no? Espero su llamada. ¿Y tiene mi número? Sí, ya escuché que me dijo que sí, pero queria asegurarme. No tiene porque empujarme, conozco la salida.

    ¡Qué bonita foto, doctora! ¿Viajó a Cajamarca, no?

    ¡Yaaaaaaaaa!, ya me voy. Hasta mañana… que descanse. Yo trataré.

    André Suárez Paredes

    marzo 23, 2018
    Artículos
    Cuento
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Disculpa si te puse triste…

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