Tengo miedo a lo que no sé temer
me espanta la nada del estar bien
qué supone el peor de los males
a qué enfrento si no hay con qué…
Me alimento de sonrisas nerviosas
de las palabras sin boca
del ya será agendado para ayer…
Y sigo con miedo al no sé quién
si no soy yo el mismo
quien planteó las pesadillas de ayer…
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El mismo

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Mi último tesoro

Soy ladrón y mi botín, tesoros insignificantes guardados en baúles de objetos perdidos o de los que hago perder. Mi fortuna son los recuerdos; mi riqueza, las sensaciones y la tangibilidad de mi historia a partir de la colección de lo ajeno y prescindible. Es hacer de mi relato el museo extraviado de los demás.
Mi última adquisición, la libreta de quien perdió la voz en la noche que no supimos despedirnos. Cada hoja es su palabra viva de una voz afónica de quien no sabía cómo hacerse entender en las horas previas del adiós, de los abrazos largos que duelen a desgarro. Son letras que no podrán alterarse con el tiempo ni tergiversarse con el olvido, testimonios de las emociones en momentos en los que se detuvo el tiempo hasta lo inevitable que es el silencio detrás de las puertas a la hora -y maldita la hora- de decirse adiós, sin que duela menos abrazarse del amor de quien prometió amarla toda la vida.
Y es que guardo esta libreta con el recuerdo de no haber confesado la tristeza del «hasta luego» por miedo a entristecerla y como registro literario para los archivos de la nostalgia. Así, puedo traerla de vuelta de donde ha ido para acariciar sus sueños mientras yo, al mismo tiempo, sueño con acariciarla y haberle dicho lo agradecido que me siento de tenerla en mi vida.
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Al amanecer

A mi regreso vine con el sol y me despediré a la vuelta del amanecer. Me quedaré hasta alimentar las supersticiones, hasta desgajar las mentiras de mi esperanza y honrar los propósitos de un mal sueño en noches de amor eterno tras el mal sexo. Me saldrán raíces donde no pienso quedarme hasta que el olvido haga parecer que estuve de regreso y otra vez volviendo con el sol para despedirme en el amanecer.
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Tostadas al anochecer

Hay una edad en la que el amor se encuentra en la última tostada del lonche y compartiendo con quien debates haciendo fila en el supermercado o quien te arropa una vez dormido después de la valeriana. Es que las emociones están sobrevaloradas como los viajes a Europa y cenas de dos en dos en Instagram cuando viajas con quien te lleva a todas partes sin alzar vuelo y el hambre simplemente es la anécdota del día aunque no sepamos qué iremos a comer después. No me malinterpretes que no me jubilo aún del trabajo aunque ya quisiera jubilarme del amor; cobrar a cuotas los besos para quejarme de que siempre hacen falta y discutir sobre quién será el último en dormirse para apagar la televisión y el primero en despertar para desnudarse a la hora de amar. Es que no quiero encontrarte donde todos buscan sino encontrarnos donde no hay nada que buscar, y así andar contigo y andar por andar al ritmo de improvisaciones, casualidades y tostadas al anochecer.
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Testigos de nada

Soñé con detenerte en un arranque de malas ideas y convertirme en quien protagoniza mi propia historia. Así me verías al mismo tiempo que hurgo a través de tus ojos en recuerdos imposibles, curando los episodios de universos alternativos, invitándote a las cenas que no tuvieron noches o riéndonos del mal sexo de los amantes primerizos aunque sepamos que nunca nos tuvimos primero. Girando el tiempo hasta haber creído que de un beso te arrebaté el amor de un aliento, girando hasta el momento en el que nos despidamos sin haber sido testigos de nada.
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Paltita

Paltita es la mujer que me gusta por sonreír así llueva o truene, nieva o solee, invulnerable al pesimismo y risueña incluso para dormir. Puede golpearte la cara para contagiarte la sonrisa y es experta en el arte de picarte las costillas antes de soñar sin arruinarte el sueño mientras sueño con ella agotado de las ganas de no dormir. Me gusta por ser habilidosa en el sigilo de palmearte el trasero así sea en la calle porque somos fáciles de olvidar para el resto mientras nunca nos olvidamos de nosotros mismos. Y me gusta especialmente por todas esas cosas que aún desconozco de ella, así alimenten la incertidumbre, porque aún con esas, o a pesar de esas cosas, Paltita sabe enamorarme en cada brinco por susto y en cada gusto cuando duerme conmigo.
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Hormigas

Son pequeñas las desesperaciones que alimentan a las hormigas que invaden mi cuerpo, que saborean mis pequeñas desilusiones, migajas dulces de la ansiedad. Ellas vienen para rasgarme la piel, casi siempre unas dos veces por año, para recordarme la fragilidad de mi hoy en comparación de la sobrevivencia del ayer. Hago mal en ignorarlas, porque aparecen a gusto de pesares, de pequeños pesares endulzados con angustia. Será mejor alimentarlas, cuidarlas de mi torpeza, ahuyentarlas de mi silencio.
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Odio

Solo creeré en Dios para sentir que habrá un infierno en el que te pudrirás después de morir, y prefiero morirme primero para esperarte allí y hacerte más tortuosa la vida después de la muerte. Saldarnos las cuentas para recapitular tus pecados sin que huyas cobarde tirando la puerta, porque en vida la verdad nunca te significó la justicia. Ya no se trataría de nosotros en la otra vida, porque nunca fuiste mío en la mía y, una vez muertos, podremos escaparnos de los modales para afianzarnos, en la más sincera discusión, sobre qué culpas hemos cargado del uno hacia el otro y viceversa. Porque solo en la eternidad podrás por fin darte el tiempo de escuchar a quien en vida trataste de endurecer siendo un cretino, y yo acabé convirtiéndome en el cretino que no respetaste. No daremos paso a las formalidades. No tendrás que deberme nada ni esperes lo mejor de mí. No tendrás que disculparte conmigo por las cosas que nunca te importaron ni hará falta que me escuches lo que eres incapaz de entender.
Esperaré ese día para convertirme en odio. Quiero ese día en el que, cuando no tenga nada más que perder, seas testigo de tu mayor obra inspirada en tu podredumbre. Y, especialmente, espero ese día en el que te mueras para aliviarnos del maltrato de los vivos.
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Menos conmigo

Pudiste ser cruel, debiste ser cruel
para no convertirte en ideas inacabadas
en tiempos muertos, en silencio,
en excusas en las que te disculpo
aunque no valgan ya la pena.
Es que te rescato de juicios en mi memoria
y sales libre de los peores agravios,
te libero si bien debiste ser cruel
para dar sentido a lo que pagaste
con maldad para ser feliz
en todas partes
menos conmigo. -
Fuimos

Fuiste aliento, susurro de caricia…
Fuiste brisa de suspiro…
Fuiste respiro y sinrazón…
Fuiste ilusión de verso…
Fuiste espejo y vacío…
Fuiste desvarío…Y yo fui la tarde,
las horas,
el té,
la propina
y el adiós.
