Quisiera perderme en las grietas de mi alma
y esconderme hasta que dejen de amarme
desaparecer hasta inventar lágrimas
arrastrar en la brutalidad del resto
y ya no pueda conciliar las pesadillas
con los sueños mientras muera despierto
odiando en lo que se convierten
las personas que se buscan
a sí mismas para luego desaparecer
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Sin título

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Mariposas de mar

A dónde van las mariposas
cuando vuelan al mar
su pequeña existencia
hasta desaparecer
perdidas y desesperadas
viajeras del viento
pasajeras de la brisa
vidas que se agotan
hacia un infinito
al que no pertenecen
que las embulle
hasta ahogarlas
en caricias
y espuma -
Sábanas tendidas

A qué jugamos cuando no hay nosotros
y reímos por complicidad
cuando no hay con quien despedirse.
Y si es que juegan con nosotros
las horas que alimentan el orgullo
del no quiero verte jamás
el silencio de los que gritan
apretándose las manos
la triste calma
de las sábanas tendidas -
Las voces de la vocación

Me gustaría creer todo lo que trato de enseñar a mi sobrina. Ahora mismo, ella está lidiando con la presión sobre qué estudiar y nadie mejor que yo para explicarle en qué consiste la vocación. No estoy mintiendo, porque pasé de ingeniería industrial a periodismo en lo que dura la cola del banco.
Le expliqué que la vocación tiene un origen griego que ahora mismo no recuerdo, pero está relacionado con oír voces sobre qué talentos y habilidades tienes para el futuro. Actualmente, no sé cuáles son esos talentos que han hecho de mí un periodista pero debía parecer convencido para no decepcionar a mi sobrina.
Ya después de la charla pude pensar con mayor cuidado e hice memoria sobre cuáles son esas voces de la vocación. Tuve que repasar un par de años hasta dar con una respuesta más confiable que solo voces en tu cabeza: la respuesta estaba en las voces de otras bocas, pero no de cualquier boca.
Uno siempre es alguien respecto a otro, y es el otro el que te dará ese feedback que necesitas sobre tus habilidades pero no creas que es algo explícito. Deberás estar pendiente de los detalles sobre tu efecto en los demás y darle un sentido al destino con la magia de las pequeñas cosas.
Hoy caí en la cuenta de que ayudé a varios estudiantes sin querer a través de mi tesis, quienes buscaron mi correo para entrevistarme. Luego también tuve la sorpresa de leer comentarios de quienes sí leen este blog y es eso es un aliento para seguir adelante. Incluso, una amiga me regaló una cámara cuando estaba inquieto con un proyecto para este espacio. Es como si el hacer cotidiano te abriera caminos y las voces de la vocación son las interacciones que tenemos con quienes aprecian nuestras habilidades, quienes nos hacen notar que tenemos algo para ofrecer a los demás.
No sé cómo resumir esto para mi sobrina que recién tiene quince años. Solo le diría que haga todo aquello que le nazca para saber después cuáles son aquellas cosas que alimentan su entusiasmo, porque así podrá llamar a las voces de la vocación y escucharlas para recién tomar una decisión.
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Qué nos queda

Cuánto tiempo tuvieron tus ojos
hasta cansarse de llorar
y hablaras como si sobrara
la vida antes de la telenovela.
Te sientes cansada
como si pesaran
los sueños inacabados
y me preguntas
qué nos queda
cuando no hay más qué criar:
tú con las vidas que sombraste
y yo sin dueño de tierras por cultivar.
Qué nos queda en la vida
que nos distancia…
En cuánto tiempo mis ojos
también dejarán de llorar. -
Sobriedad

Quisiera despertarme sobrio
para prometer que las cosas
serán diferentes…
Prometo estar despierto
si escapa el sueño
por la ventana
o la memoria
en los aniversarios.
Prometo estar sobrio
para todas esas cosas
que me cuestan entender
y prometo ser quien
por la noche del domingo
te diga otra vez
que no volverá a tomar. -
Los aburridos

En cuanto tiempo
podré dibujar
todas tus líneas
hasta hallar tu vacío
en el que desesperas
por volverme a ver
por la tarde
y vernos
hasta ser infinitos
y aburrirnos
hasta confundir
el amor. -
Pobredumbre

Soy el hombre que recoge sus pedazos de la cama
la pobredumbre de su humanidad
para transformarla en un nombre
en la mentira del espejo
la cifra del carné de identidad
el animal que se arrastra por la mugre
y tiene sexo entre fantasías
de ilusiones por precio la noche
que destartalado acaba en la puerta
ya casi suicidado a dos metros de la cama
y una mente inerte sobre sábanas
que huelen a todas y a ninguna
que cubren los pedazos
de mi pobredumbre
que recogeré mañana. -
Dos ancianos duermen juntos

Mis abuelos se vieron por última vez la noche del pasado viernes. Él tenía 76 y ella 74. Eran como las once y media de la noche cuando ambos decidieron matarse. Él fue quien trituró las pastillas para disolverlas en té mientras ella se ponía la pijama luego de verse con sus amigas en el bingo. Unos diez minutos después se echaron sobre la cama para decirse adiós tras el buenas noches. Él siempre a la pared y ella hacia el borde. Bebieron el té hasta el fondo. Nunca dejaron de verse a los ojos hasta el momento de dormir. No hizo falta apagar la luz de la mesa de noche.
Ambos cerraron los ojos al mismo tiempo… pero solo ella despertó.
Acudimos a la casa para atenderla. Ella no podía hablar. Llegaron los tipos de la funeraria para vestir a mi abuelo, pero mi abuela pidió estar presente, que sería ella quien vista por última vez a su esposo tras 50 años de matrimonio.
Mi abuela sacó el terno del armario, lo dejó al lado de la cama y pasó a desvestir por última vez a mi abuelo. Cuando estaba por sacar el pantalón, siente con las manos un papel dentro de los bolsillos. Era una nota.
Despertaste y yo no… No te sientas triste por mí. Sé lo que hiciste con Mario. Siempre lo supe. Tanto tiempo engañado hasta ahora… Sé que no ibas al bingo con tus amigas, pero no hace falta lamentarnos. Ya no hace falta para mí. Tras una vida contigo, y a pesar de las mentiras a tantísima edad, solo me quería morir pero me quería morir junto con quien me ame hasta su propia muerte. Morirnos juntos y saber que te querías morir conmigo. Ese era mi sueño de matrimonio y a nuestra edad ya no hay segundas oportunidades… Pero no podía, a la vez, dejarte sin amar a alguien más. Por eso despertaste y yo no. Gracias por morirte conmigo y ahora continúa tu historia de amor.
Mi abuela llegó a vivir hasta los 89 años. Como se quedó viuda, tuvimos que traerla a casa para cuidarla. A las pocas semanas del entierro ella seguía yendo al bingo con sus amigas y no dejó de hacerlo hasta la última noche que nos acompañó. Lo último que dijo fue que esta vez no moriría por segunda vez, que esta vez moriría por ella y nunca despertó.
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Lo bueno, lo correcto y el «vete a la mierda»

¿A veces no se cansan de ser buenas personas? Dudo mucho haberla sido, pero hay un momento en el que para ser «bueno» es a la vez dejar de ser alguien para uno mismo. Hay veces que para ser «buenas personas» debes asumir sacrificios para que otros tengan una oportunidad. Es algo así como ceder el asiento a alguien en el bus: dejas tu comodidad en beneficio de otra persona y así haces algo «bueno».
Pues es aquí donde creo que hay una diferencia clave entre lo «bueno» y lo «correcto». Lo «bueno» es algo así como la impresión que dejas hacia los demás según tus acciones. Algo «bueno» pasa por la evaluación de un segundo o un tercero… Puedes decir que haces el bien por satisfacción personal. También puede ser, pero aún así no deja de ser una evaluación tanto de primera como en segunda y tercera persona. Lo «correcto» es más categórico y desprendido de las emociones. Algo «correcto» no debería estar contaminado por las sensaciones, como sucede con lo «bueno».
Me atrevo a decir que lo «correcto» es una práctica socialmente establecida en la que las acciones tienen valor en sí mismas sin pasar por las evaluaciones emocionales. Habrá momentos en la vida que harás lo «correcto» sin la sensación de estar haciendo cosas «buenas», y eso es una línea que divide a mucha gente hasta el punto de confundirlas.
A lo que iba con toda esta reflexión es que el denominador común entre lo «bueno» y lo «correcto» pasa por una vida en sociedad y las emociones que socialmente hemos instalado en nuestras acciones. Quizá, y solo quizá, descubriendo que el valor del comportamiento humano pasa por un tercero, llegues a la conclusión de que vivimos bajo la presión de un omnipresente tercero para juzgar, incluso, cómo debemos sentirnos por las cosas que hacemos. Y si llegaste hasta aquí, espero haberte dado un poco de libertad.
Al fin y al cabo, todos te dirán cómo vivir pero les importa una mierda cómo te sientas al respecto; solo te dirán cómo deberías sentirte.
