NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

  • Inicio
  • Cuentos
  • Poesía
  • Reflexiones
  • La fórmula matemática de la soledad

    Creo haber hallado la formula de la soledad… Hace un par de noches me quedé pensando junto a la almohada sobre si realmente este conjunto de cifras y símbolos explica bien la soledad o -por lo menos- parte de ella.

    SOLEDAD = 0 + 0*(9999999999…)

    Ahora viene la explicación. El primer cero viene a ser la persona cuya existencia no tiene ningún valor. Así como el cero, solo existe para hacer referencia de que no hay nada que contar.

    La suma sería el deseo de agregar algo a esa persona cuya existencia no vale nada, porque todos queremos estar un poquito menos solo de vez en cuando.

    Los infinitos nueves (99999…) serían las infinitas maneras de que uno puede estar acompañado, pero que acaban siendo multiplicados por cero, porque ninguna de esas vías te llama especialmente la atención.

    Sí que tengo tiempo libre para teorizar las sensaciones más profundas de la humanidad. Si sabes alguna otra, por favor avísame.

    Foto: Akash Kataruka – Flickr. Imagen recortada. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    noviembre 23, 2016
    Artículos
    Soledad
  • Cuando las prefieres no tan bonitas…

    Quién no se ha enamorado alguna vez de una cara bonita. Los síntomas son casi siempre los mismos: tartamudeo crónico, amnesia temporal, mariposas en el estómago…

    Lo más curioso de esta sensación es la capacidad de proyectar toda una vida junto a esa persona en cuestión de segundos. Su belleza hace que la quieras ver por el resto de tu vida. Sin embargo, si lo piensas más a fondo, haber enamorado a la persona más bella del mundo puede ocasionarte más de un problema. Y esto se aplica tanto para hombres como para mujeres.

    Arranquemos con lo más básico. La belleza es subjetiva. Sí, esto es bastante cierto; sin embargo, los cánones de belleza impuestos por la industria publicitaria ha hecho que ciertas características físicas sean más apreciadas que otras. Muchas personas se dejan regir por esto, a pesar de ser conscientes de la subjetividad de la belleza.

    El dolor de cabeza viene cuando miles de hombres (o mujeres, según el caso) están detrás de tu pareja por su tremenda belleza. Sin duda que es la prueba máxima para los celosos (o celosas) más fundamentalistas.  Lo más importante en esos casos es indudablemente la confianza y la paciencia para no armar alboroto cuando algún atrevido (o atrevida) intente seducir a nuestra pareja de ensueño.

    La clave es llevar las cosas con humor, preguntarle de vez en cuando: «¿por qué no eres un poco más feita (o feito) para que nadie se fije en ti y solo yo?», y pasarla bien a pesar del asedio de los amantes improvisados. Cuando hay confianza, los dolores de cabeza simplemente desaparecen.

    Foto: Adrianna Calvo – Pexels. Bajo licencia de Creative Commons.

    André Suárez Paredes

    noviembre 22, 2016
    Artículos
    Belleza, Mujeres
  • Algo que nunca entendí de los divorcios

    Algo que particularmente me entristece son las separaciones con hijos de por medio. Obviamente hay casos extremos sumamente entendibles como la violencia familiar o consumo de estupefacientes, pero dedico especial atención cuando los padres simplemente no funcionan como relación y hacen que el menor pierda contacto con la expareja. Lo más terrible es que los padres actúan bajo el pretexto del amor y protección hacia el menor, sin reparar en lo que el pequeñín desea.

    No sé cómo es tener un hijo (en realidad, quisiera una hija), pero algo sencillamente no me cuadra. Cuando alguien dice amar a su hijo, pienso que indirectamente también ama a la pareja con quien concibió al menor. Me explico: un hijo viene a ser el crisol entre dos personas, en su genética guarda una fracción de la pareja, desde la apariencia física hasta el humor y los sentimientos. Por lo tanto, uno cuando ama a su hijo también amaría en una proporción aquellos gestos y detalles que el hijo tiene gracias a la pareja.

    Dicha conexión me parece importante para el desarrollo del diálogo y la estabilidad emocional de la familia. Sentir de corazón que indirectamente guardamos cierto cariño por nuestra pareja (o en vía de ser expareja) replantea el escenario para una mejor negociación. Eso sí, esto no funciona si es que ambos no sintieran y compartieran la misma lógica sobre el alcance del amor a los hijos. Quizá la separación sea irremediable, pero el anillo no hace al amor ni al respeto mutuo para el desarrollo del menor.

    Resulta fácil pensar de esta manera cuando tienes la cabeza fría, pero imagino que la situación es distinta para los padres que están en el proceso de divorcio, porque al ego herido poco le importa nuestra relación con los sentimientos de los demás.

    Me sigo preguntando cómo será tener un hijo, y si tendré la misma cabeza cuando escribí estas líneas. Mejor guardo de cerca este enlace para compartirlo a quien desee acompañarme por el resto de mi vida.

    Foto: elPadawan – Flickr. Licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    noviembre 19, 2016
    Artículos
    Psicología
  • En las buenas y en las malas…

    Siempre me ha llamado la atención las personas que buscan al amor ideal con una especie de lista de las cosas que debe y no debe tener. Lo más interesante aún es cuando estas mismas personas acaban enamorándose de otras que son diametralmente opuestas a lo que buscan. Esta truculenta situación se traduce en una sola frase: «la humanidad nunca sabe lo que quiere».

    El problema de andar por la vida con las cosas «supuestamente claras» en un campo tan inestable como el amor es la frustración que genera cada rompimiento, porque la gente y los ideales sobre la pareja ideal cambian constantemente. El humorista estadounidense Chris Tucker lo resume bastante bien: «Cuando salen con alguien (…) esa no es la persona real, están mirando a sus representantes. No saben con quién demonios están».

    Enamorarse no es fácil. Lo más importante es aceptar nuestra vulnerabilidad emocional, reconocer que nuestros ideales amorosos tan solo son fotografías de lo que queremos en un momento determinado. Esto viene acompañado de una profunda introspección sobre quiénes somos realmente y qué cosas han hecho que seamos aparentemente los mismos en el tiempo.

    Si de algo debes enamorarte es de la esencia que caracteriza a cada persona, porque así no te llevarás sorpresas a lo largo de los años. ¿Pero qué es esta esencia? No es otra que la lógica que guía las acciones más impredecibles de nuestro ser amado. La idea es llegar a amar esa persona como un universo cuyo funcionamiento tiene una lógica única y encantadora. Amarla no por cómo es en un momento determinado, sino amarla por cómo se desarrolla en el tiempo. Esto hace que amemos todo de ella.

    Qué fácil es amar a alguien cuando no se enoja o no se pone celosa, pero eso no es amor, porque está condicionado a una circunstancia emocional. Amar de verdad sería sentirse atraído por cómo se enoja, cómo se ríe, cómo reniega… Amar sus caricias y el peor de sus odios, porque en cada gesto se halla la persona que nos cautivó el corazón. Amarás a esa persona no como el resultado de un todo, sino como un proceso en constante funcionamiento que origina ese todo. Amarás no solo para ser feliz, sino también para estar triste con esa misma persona… Cuando amas esa esencia, sencillamente no dejarás de amar.

    Foto: André Suárez

     

    André Suárez Paredes

    noviembre 17, 2016
    Artículos
    Relaciones de pareja
  • Angie, Noelia, Leyla… Temas musicales con nombres propios

    Las canciones con nombres propios son una especie de ayuda para los amantes que no tienen el talento para componer un tema dedicado a esa persona tan especial. Quienes se han enamorado de alguna Cecilia que siempre dice lo que piensa o de una Laura que nunca está saben bien a qué me refiero.

    Usualmente aprovechamos este tipo de canciones para dedicarlas a ese ser amado, aprendiendo algo de guitarra para una serenata especial por la noche, o para dormir pensando en cómo un nombre tan simple puede denominar a una criatura tan bella.

    Aquí te ahorraremos las horas de búsqueda con la siguiente playlist de Spotify. ¿Crees que falta un nombre en especial? Puedes ingresar desde tu cuenta en Spotify para agregar los temas que consideres.

    Foto: Ludo Rouchy – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons.

    André Suárez Paredes

    noviembre 6, 2016
    Artículos
    Amistad, Enamorados, Mujeres, Parejas, Relaciones de pareja, Spotify
  • Hacia los 30 años y más allá…

    Luego de los 25 años, hago la cuenta regresiva hacia las tres décadas de vida. No sé qué me espera, personalmente odio el número 3. Lo que sí celebro es haber dejado atrás varias maletas que ralentizaban mi viaje hacia la sabiduría que otorgan las canas.

    ¿Qué había en esas maletas? Temo que la violencia de mis ideologías, mis pasiones más radicales y la esperanza por la gran revolución que cambiaría… Ahora no sé cómo terminar la oración, simplemente eso quedó atrás y mis viejos amigos (quienes luego de años vuelvo a ver) me recuerdan mis tiempos de socialismo, pañoleta y cabello largo.

    Quizá pienses que me convertí a la resignación que tanto denunciaba. No se trata de eso, sino de un cansancio a tantas perspectivas de la realidad que mejor es aguardar con paciencia, nunca precipitarse y analizar la raíz de los problemas. Ya no creer en derechas ni izquierdas, sino en uno mismo y en la potencialidad de los demás. Todos como una sola masa humana, sin enemigos naturales y sensible a las circunstancias que moldean las mentes más despreciables.

    Toda esta sensación se traduce en una frase que suelto con cierto lamento y orgullo, y que originalmente proviene de un libro del sociólogo Daniel Bell: «El fin de la ideología».

    «En ‘El fin de las ideologías’, Bell precede a otros autores que han teorizado, desde posiciones más conservadoras que la suya, acerca del final de la dialéctica de la historia y la aparición del pensamiento único. La historia y las ideologías ceden ante la implantación universal de la democracia y de la economía de mercado».

    Wikipedia – Daniel Bell 

    ¡De eso se trata la vida ahora! No solo en el ámbito político, sino social y artístico. Las estructuras en las que vivíamos seguros ahora cambian y el poder (en su sentido más amplio) dejó de ser el mismo. ¿Para qué amargarse la vida defendiendo lo que a nadie mañana le interesa? Mejor es relajarse, observar la catástrofe-destructiva, sacarle provecho a lo que podamos con suma inteligencia y hallarle humor al panorama.

    Ya la tengo clara, llegaré a los 30 años como la película de James Bond estrenada en 1973: «Vive y deja morir».

    André Suárez Paredes

    octubre 22, 2016
    Artículos
    Tiempo, Vida
  • Para el sujeto del oso gigante en Angamos…

    No quiero ser cruel con este joven que esperó a su amada el pasado jueves en la Estación Angamos del Metro de Lima entre las 7:00 y 8:00 p.m., pero que dé gracias a Dios y todos los santos que ella nunca apareció. Sí, suena algo maldito, pero tengo mis razones para creer que el destino lo salvó de lo que sería un desastre, incluso si la sorpresa le hubiese salido a la perfección.

    Me explico. Algo que aprendí en la vida es nunca poner toda la carne en el asador; es decir, guardar un as bajo la manga para así sorprender a quien sea (enamorada, amigos, profesores, compañeros de trabajo, etc.) Si la sorpresa hubiese salido a la perfección, seguro que el joven enamorado ahora estaría viviendo en el cielo de los unicornios rosas, besando a su chica en cada esquina y viendo películas en Netflix sin imaginarse la jodienda que se aproxima tras los primeros meses de paz. SIEMPRE habrán problemas, eso nunca lo dudes.

    El tema con tremendo detalle romántico es la expectativa que hubiese generado a la chica para el resto de la relación. Realmente no conocemos a las personas en su totalidad cuando empezamos una relación y arrancar con un oso gigante en la calle es un riesgo, porque la magia de los detallistas pasa a ser una rutina que ya prácticamente no recibe ni las gracias.

    ¿No se han dado cuenta que los tipos más fríos que el carajo pueden ser absolutamente tiernos con una pizca de cariño, mientras que los cariñosos tienen la valla más alta, porque siempre fueron así de románticos? El nivel de esfuerzo es distinto. Es más fácil ser cada vez más cariñoso desde la frialdad que arrancar la escala desde la cima. De esta manera, puedes sorprender con mayor facilidad.

    Otra cosa. En realidad estuvo bien que la chica no fuera. ¿Qué tal si llegaba y solo por presión mediática aceptaba la confesión de amor del joven? Hay parejas que adoran el exhibicionismo, pero no se dan cuenta que esto condiciona el comportamiento. Mejor es recibir un «no» sincero (en este caso implícito) que un «sí» cobarde e inseguro.

    Igual hay que felicitarlo al amigo en cuestión y que camine con la frente en alto. Realmente lo hizo perfecto, hay chicas que se hubieran derretido por el detalle. Nada se le puede reprochar, porque hizo lo que un buen enamorado hace… Al menos la ausencia de la chica le ahorró tiempo de vida para seguir buscando a otra musa.

    André Suárez Paredes

    octubre 21, 2016
    Artículos
    Enamorados
  • El Teatro Soledad

    Hay quienes creen que viajar absolutamente solo es algo aburrido y hasta tedioso. En cierta parte tienen razón, pero es entonces cuando la creatividad hace que la calle y la naturaleza se vuelvan un escenario teatral en el que tú eres el único espectador si observas con atención a los transeúntes.

    ¡Pero qué puestas en escenas tan cómicas! Recuerdo haber visto a una niña de cuatro años casi renegando con su mamá para que esta le invite un chocolate a su papá. O esa vez en la que un padre se esconde de su hijo para observar qué reacción tiene el menor al enterarse que se perdió en el centro comercial. O los niños que se divierten hasta el hartazgo reventando pompas de jabón en medio de la plaza… ¡y la más pequeñita solo atina a seguir a los más grandes, porque sus manitas no alcanzan las burbujas!

    Uno en realidad no viaja solo, sino con una mochila bien pesada de recuerdos que se aproximan cada vez que observamos la vida del resto. Recordamos nuestra infancia, a nuestros hijos, a los sobrinos, a papá… a mamá… a todos. Incluso experimentas una especie de catarsis teatral en plena calle, llegas a sonreír pensando qué diría tu mejor amigo de lo que eres testigo. Sonríes hasta parecer loco, pero un loco feliz.

    ¿Pero sabes qué es peor que la soledad? Como diría el poeta español Ramón de Campoamor,  «es todavía más espantosa la soledad de dos en compañía».

    Foto: Frédéric Raspail – Wikimedia Commons. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    octubre 21, 2016
    Artículos
    Teatro
  • El troglodita

    Cruzar el charco es una aventura social muy interesante, porque observas las diferencias entre la idiosincrasia de tu tierra natal y las costumbres europeas del primer mundo. Lo mejor de esta parte es tu experiencia como observador-participante. ¡Diablos, sí que aquí las cosas funcionan!

    Obviamente que en todas partes de cuecen habas: España y el resto de Europa enfrentan sus propias crisis, pero en lo que respecta los servicios más elementales (seguridad, iluminado público, transporte urbano, nivel de educación, etc.) la realidad es contundente.

    Prácticamente te sientes como un hombre de las cavernas cuando tratas de descubrir cómo funciona el sistema de buses por tarjeta, cómo guiarse en el metro o hasta cómo cruzar la pista (seamos sinceros, irse hasta la esquina para recién hacerlo es una utopía en Lima). Incluso hasta para comprar en el supermercado o pagar una factura en el banco. Solo ayer me di cuenta que el sistema de colas es una aberración de convivencia social: la última persona que ingresa a un espacio pregunta simplemente quién es el último y espera donde le plazca, no necesariamente en fila india.

    Otra práctica interesante es cómo la gente automáticamente ya sabe que en las escaleras eléctricas deben situarse al lado derecho para así dejar espacio a quienes desean adelantarse. Esto sucede bastante en las estaciones de metro.

    Esta experiencia me ha llevado a la siguiente reflexión: ¿qué pasaría en Lima si en una mañana toda la infraestructura urbana (carreteras, hospitales, paradas de buses, líneas y estaciones de metro, etc.) fuese como la de una ciudad del primer mundo?

    La respuesta obvia sería que todo se echará a perder debido a que la sociedad limeña -sobretodo sus líderes políticos y burocracia- no está preparaba para tremenda responsabilidad. Es decir, el individuo social sería el mismo a pesar de los evidentes cambios que lo rodean.

    Otra perspectiva sería creer que la ciudadanía se adaptaría a esta nueva infraestructura acogiendo una mayor responsabilidad y así sostener la nueva urbe con los años. En otras palabras, la arquitectura urbana generaría cambios en el individuo social.

    Si eres pesimista, seguro creerás que la primera respuesta es la más acertada. Coincido contigo, nada es perfecto, pero también creo que el ambiente físico puede generar un cambio en el individuo.

    Analicemos, por ejemplo, el servicio del Metropolitano. ¿No te has dado cuenta que al menos este servicio cuenta con mayor civismo por parte de los pasajeros que en las combis y couster? La actitud de la gente es otra, se hace cola en las estaciones para abordar el bus -con cierto enojo, porque los vehículos no transitan con frecuencia- y hasta podría decirse que hay mayor cuidado con los asientos e infraestructura.

    Es cierto que este sistema es operado mediante una licitación, no es la ley de la jungla que impera en el transporte público corriente, pero sí hay cierta diferencia en el comportamiento de la gente. Unos pueden atribuirlo al precio del pasaje, pero pienso personalmente que también se debe a que el individuo ve afectado su comportamiento de acuerdo al ambiente de donde está. Obvio que nunca falta quienes transgredan el orden, pero psicológicamente nuestra mente atribuye comportamientos según espacios determinados.

    Tengo fe que las cosas cambiarán para mejor en Lima y así evitar que los limeños se sientan unos trogloditas en el extranjero al no saber cómo funciona un sistema integrado de transporte o dejar de mirar atrás siempre para evitar ser perseguidos por algún sospechoso.

    Viajar -o sentirse un troglodita con frecuencia- acaba siendo una práctica recomendable para escapar a lo que llamamos «normal». René Descartes bien lo dijo que quien emplea demasiado tiempo en viajar acaba convirtiéndose en un extranjero en su propia tierra, algo que me parece estupendo para analizar una realidad sin apasionamientos chovinistas.

    Foto: Flickr – Ian Dexter Marquez. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    octubre 5, 2016
    Artículos
    Sociología
  • El derecho universal a conversar

    Unos días antes de viajar a Madrid, conversé con un investigador del Ministerio de Cultura que había vivido como ilegal en Japón. Lo que más recuerda de esa experiencia es el nivel de introspección que alcanzó para no volverse loco en una ciudad que no hablaba la lengua de Cervantes.

    «Habían días que no hablaba. ¡No hablaba con nadie! Lo que hacía era armar conversaciones conmigo mismo en mi mente. Yo mismo me preguntaba y respondía sobre lo que veía», me lo contó riéndose como si la soledad no le hubiese fastidiado para nada en los cuatro años, aproximadamente, que habitó en la capital nipona.

    Aquí en Madrid no pensé que me iba a ocurrir lo mismo. Lo bueno es que al menos todos compartimos el mismo idioma, el problema es que no se efectúa una comunicación rica en sensaciones y en transmisiones de ideas.

    Por cualquier cosa que me preguntaban en la calle, desde la hora hasta los jóvenes que me ofrecían dulces en los parques, trataba de articular una conversación fluida, porque sencillamente tenía cosas que compartir y nadie de confianza -de momento- estaba dispuesto a escucharme. ¡Sí que es terrible!

    Me juré acordarme de la primera persona con quien pudiera charlar por más de cinco minutos. Para mi buena suerte no ocurrió muy lejos de donde habito en Madrid, de hecho fue a unos pocos metros. Una noche compartí mesa con uno de los inquilinos de mi piso, venía de Francia pero es natural de Argelia.

    No se imaginan esa sensación, sientes cómo las tripas gritan y sencillamente no quieres dejar de hablar. Esta experiencia se debe a que no sabemos realmente cómo estamos sin la ayuda del otro.

    Cuando se conversa, no solo se expresan ideas, sino también reflejos de nuestra propia situación emocional en un momento determinado. No somos conscientes de nosotros mismos sin la interacción con el otro. No sabemos hasta qué extremo pueden llegar nuestras conjeturas y reflexiones si no las vemos reflejadas en los rostros de asombro o terror del oyente.

    Conversar debe ser un derecho universal, porque a nadie se le puede negar observarse a través del resto.

    Foto: Arnold Lakhovsky – The Conversation

    André Suárez Paredes

    octubre 2, 2016
    Artículos
←Página anterior
1 … 65 66 67 68 69 … 94
Siguiente página→

Disculpa si te puse triste…

  • Suscribirse Suscrito
    • NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES
    • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
    • NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES
    • Suscribirse Suscrito
    • Regístrate
    • Iniciar sesión
    • Denunciar este contenido
    • Ver el sitio en el Lector
    • Gestionar las suscripciones
    • Contraer esta barra