NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • «¿Qué tal, te divertiste?»

    «¿Qué tal, te divertiste?» es una pregunta constante cuando me preguntan por mis viajes en solitario por Europa. Hace unas semanas tuve la oportunidad de conocer Bruselas, Brujas, Amberes, Rotterdam, Amsterdam, Berlín, Varsovia, Cracovia y Praga. Suena genial, ¿verdad?

    La cuestión es que el viaje, de hecho, sí fue bastante genial… pero la palabra «divertido» simplemente no encaja para describir toda la experiencia. No siento haberme divertido, porque la mayor parte del tiempo me la pasé caminando, divagando en soledad, investigando algo de historia, analizando algunos mapas, conociendo a otros viajeros solitarios y observando la vida cotidiana de todo lo que ocurría a mi alrededor. ¡Hacer eso realmente me encanta y llega incluso a hacerme feliz!, pero no puedo llamarlo «un viaje divertido».

    «No sé a qué llamar divertido», suelo responder. «Quizá preguntas desde tu perspectiva. Resulta que la pasé muy bien, eso sí, hasta me divertí en algunas ocasiones, pero no puedo decir que el viaje fue divertido».

    La palabra «diversión» me trae la imagen mental de juerga, lujuria, discotecas y tantas otras cosas que caracterizan al desenfreno juvenil. Admito que es un prejuicio de mi parte, porque estoy desvirtuando el valor real de la palabra «divertir» con un significado social.

    Según la Real Academia Española, «divertir» es entretener y recrear. En ese sentido estricto, sí me divertí y muchísimo, pero cuando te lo preguntan personalmente, hay que interpretar las cosas no solo con la exactitud semántica, sino también con la social.

    ¿Por qué me complico tanto la vida con una simple pregunta? Pues fácil, soy una persona aburrida a niveles insoslayables y no quiero parecer un bicho raro con tantas reflexiones insólitas. Siempre es bueno advertir de lo que se viene cuando tratas de ampliar mentes con las pequeñas cosas que nadie más se pregunta. Eso sí me divierte.

    André Suárez Paredes

    enero 26, 2017
    Artículos
    Amberes, Amsterdam, Berlín, Brujas, Bruselas, Cracovia, Diversión, Real Academia Española, Rotterdam, Soledad, Turismo, Varsovia, Viajes
  • ¿Cuántos granos de arena hace una montaña?

    Si un kilómetro son mil metros y un metro son 100 centímetros, ¿cuántos kilómetros, metros o centímetros son suficientes para estar convencidos de que «lejos» es realmente lejos y «cercano» es realmente cercano? O en otras palabras, ¿a qué llamamos distancia?

    Ya sé en qué estás pensando. La respuesta obvia sería que la distancia es relativa, a pesar de que existen unidades internacionales de medida. Lo mismo sucede con el tiempo, ¿cuántos años, días y horas conforman lo que denominamos «pasado», «presente» o «futuro»?

    No lo sabemos, pero analizando con atención notaremos una constante cada vez que nos aventuramos a utilizar estas etiquetas. Quienes consideran algo como «lejano», «cercano», «pasado», «presente» o «futuro» es porque están recurriendo a un discurso de la realidad, una manera de situarse en el tiempo y el espacio para trazar una línea de pensamiento personalizada.

    Algo peligroso de esta práctica es el egocentrismo: creer que nuestro discurso -por más real y lógica que nos parezca- debe ser compartido por el resto de mortales. Pasa siempre que no compartimos los mismos tiempos, ni los mismos pasados o metros de lejanía, de consecuente soledad…

    Hay que ser poco romántico con las cifras. Bastan los segundos que tardas en leer esto para llamarlo «pasado» y los nanosegundos inmediatos que estás por vivir sería parte del «futuro», mientras que el «presente» es la consciencia de un instante perpetuo del ahora.

    Y lo «lejos» y lo «cerca»… Son solo dos ideas que la humanidad creó para desprenderse sin asco de las cosas, para ponderar el valor de la distancia, para crearse un plan de vida a medida según los intereses individuales de las personas. He allí los discursos, la supuesta realidad que todos nos inventamos y todas parecen inciertas.

    André Suárez Paredes

    enero 23, 2017
    Artículos
  • Lo que nadie se imagina 10

    Juliano Brero es uno de esos hijos de puta que encontró al amor de su vida. Aún recuerdo esa vez que se me acercó feliz de la mujer con quien planeaba tener dos hijos, una casita alquilada en Barranco y quizá un perro, porque ambos odian a los gatos.

    No seas ingenuo al creer que el amor de su vida es efectivamente una modelo de ojos azules, piel de azúcar moreno y un trasero de infarto. Nada más equivocado. De hecho, aquel ser que Juliano llama «el amor de su vida» parece una aberración de la misma vida que ahora tanto celebra. No quiero entrar en detalles, pero seguro te preguntarás cómo un tipo como Brero puede ser tildado de «hijo de puta» cuando se supone que halló a la mujer ideal-menos-perfecta-de-todas.

    La razón es sencilla…

    La Victoria. Diciembre 12, 2007 – Hostal Clímax

    -Vamos, mi amor… Ya sácate toda la ropa… Te la quiero meter de una vez.
    -¿Estás seguro de lo que vamos a hacer?
    -Sí, carajo. Tú solo cierra los ojos… 

    [Ella desnuda, abierta de piernas. Él se echa encima no sin antes colocar las extremidades inferiores de su pareja sobre sus hombros, activa el smartphone… Inicia el acto sexual]

    Ya sé en qué estás pensando. Tienes razón en que sí activó la cámara, solo que nunca grabó nada. Lo que hizo fue aplicarle filtros a la cara de su enamorada para embellecerla en pleno cache, solo así podía alcanzar el clímax y darle un sentido a su vida sexual gracias a la revolución tecnológica.

    ¿Si son felices? Jodidamente felices, incluso ella sabiendo la artimaña del pendejo de Juliano. Qué podemos hacerle, ese hijo de puta sí que es feliz.

    André Suárez Paredes

    enero 17, 2017
    Artículos
  • Lo que aprendí con Fidel…

    Hace cuatro años aproximadamente viajé a La Habana con un entusiasmo bastante particular. Mi sueño era conocer «la Cuba de Fidel». El tiempo apremiaba, porque habían muchas dudas sobre la salud de Fidel Castro por aquel entonces y este no se debía morir antes de que yo pisara su isla. ¡Era una carrera contra el tiempo! ¡Debía visitar la isla con él en vida!

    Tuve la suerte (y la dedicación) de visitar la mayoría de museos y sitios turísticos de La Habana. Mi intención era analizar la historia de Fidel Castro y la Revolución Cubana mediante la visualización de material de primerísimo orden sobre cómo se gestó tan importante hecho histórico. Sentía que solo así podía interiorizar la experiencia de Fidel, no solo por lo que siempre cuentan en la opinión pública internacional, sino experimentando sensaciones a través de fotos, videos y artículos históricos.

    Fue durante esa investigación que aprendí algo importantísimo sobre Fidel Castro. Hoy en día podemos achacarle a Fidel miles de cosas negativas como la violación de Derechos Humanos, el control estatal sobre los medios de comunicación y un largo etc. Esto no lo discutiré para nada, porque también soy consciente en qué se desvirtuó la Revolución Cubana. Pero quisiera que te detengas en algo muy especial.

    Fidel Castro fue tan humano como cualquiera de nosotros durante la dictadura de Fulgencio Batista, y como humano que fue no podemos negar que él tuvo miedo en momentos determinados de su vida. ¡Hay que ser estúpido para no sentir miedo durante una revolución!

    A pesar de la cruel represión de Batista, del horror que se vivía en las calles por las políticas anticomunistas, Fidel tuvo la valentía de derrocar a un gobierno dominado por los intereses de Estados Unidos, una de las máximas potencias durante la Guerra Fría.

    Todos sabemos en qué se convirtió finalmente la Revolución Cubana, pero hay algo que sería mezquino no reconocer en Fidel Castro: la determinación que tuvo en momentos cruciales y específicos de la historia, independientemente de las desviaciones políticas que hubo en el futuro. En otras palabras, si algo hay que admirar de Fidel Castro, sería la entrega que tuvo independientemente de los resultados y en qué se acabó convirtiendo Cuba.

    A Fidel Castro le podemos achacar la culpa de todos los males -incluso, con excelentes razones-, pero no podemos negar que entregó su vida por una causa, estemos o no a favor de esta. Lo que se admiraría, entonces, sería el arrojo personal que tuvo en un momento determinado de la historia, un carácter sin igual, enfrentando el miedo a morir por lo que él creía para cambiar la historia del continente americano. No se trata de evaluar con resultados si arriesgar la vida o no valió la pena, Fidel simplemente lo hizo por sus ideas de lo que era mejor para Cuba en un momento determinado. Esa entrega por sí sola es digna de valorar, sea como fuese el futuro a largo plazo.

    Esta reflexión puede aplicarse con los dictadores más polémicos de la historia. Es un trabajo bastante difícil cuando el prejuicio opaca la calidad humana de los personajes más criticables de la opinión pública internacional. La idea es humanizar las sensaciones, ponerse en la piel y en las circunstancias históricas en las que este personaje actuó para evaluar el miedo, el terror y la entrega que tuvo, independientemente de que estemos o no a favor de sus ideas políticas.

    Es fácil criticar desde una tribuna. El miedo es omnipresente y ahora podemos insultar a los muertos sin un ápice de consideración sobre las experiencias, sobre las circunstancias históricas. Como digo, sería mezquino no reconocer la entrega que hizo Fidel Castro, a pesar de lo que se convirtió Cuba con los años. Hablo de la calidad humana, de las sensaciones universales y de una mente que se impuso sobre una realidad determinada. Hablo de una historia donde no hay buenos y malos, y lo único seguro es la entrega, el riesgo, el temor o la parálisis por sobreponerse y resucitar la pasión por lo que crees.

    Lo que aprendí con Fidel fue analizar la historia sin prejuicios, humanizando las acciones en tiempos determinados de crisis para valorar la entrega de la vida, no por los resultados que este tendrá en el futuro, sino por la superación del miedo a dejar de existir por las más profundas convicciones.

    Foto: Marcelo Montecino – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

     

     

    André Suárez Paredes

    diciembre 16, 2016
    Artículos
    Cuba, Fidel Castro, Fulgencio Batista
  • Cuando no dices adiós

    Cuando no lo haces
    se te extienden los mechones,
    tus cabellos
    apuntando que dejas atrás
    el instante ocurrido,
    el pasado que olvidarás
    con cierta sonrisa
    que opacas
    al alejarte.
    Y cuando no lo haces,
    pues se va contigo
    y tu último mechón
    que rosa el viento
    el instante aturdido de palabras
    que vomitan una anécdota
    y un poema
    que no se sabe escribir.

    Foto: woodleywonderworks – Flickr. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    diciembre 8, 2016
    Artículos
    Poesía
  • Vacaciones en Silmido

    Me apetecerá masticar la arena,
    gritar desnudo en la orilla
    con fusil gritando patria
    y las balas rozan mi cabeza
    buscando que me calle
    y hasta el silencio grita.

    Pues irse a matar comunistas
    al norte de Corea
    sin documentos en la maleta,
    con foto de mamá
    con vestido antes de ir al colegio,
    patear cabezas,
    caerme y romperme todos los huesos.

    Y me mandaran a matar
    o yo buscaré mi propia muerte
    siendo héroe o cobarde de reserva
    cuando la batalla
    se extinga
    y con ella la memoria
    y con la memoria
    el botón malogrado
    de mi VHS.

    André Suárez Paredes

    diciembre 8, 2016
    Artículos
    Poesía
  • Sin título

    Odio las puertas
    que se abren,
    la roñosa partida
    de tus cartas
    y mis naipes.

    Odio las escaleras
    que te invalidan
    las alas,
    las pestañas
    que se erizan.

    Odio, pues,
    lo que no
    se me ocurre,
    la ausencia
    de atención.

    Odio, además,
    los «además»
    que se quedan
    en más
    y hago menos.

    Odio los índices
    que te hacen menos.
    Menos que el colofón
    Odio los testamentos
    y odié decirte adiós.

    André Suárez Paredes

    diciembre 8, 2016
    Artículos
    Poesía
  • Sin título

    Lineas
    van
    que
    te muerden
    los talones
    desnudos
    y
    cubren
    tu vientre.

    Las líneas
    van
    que
    te persiguen
    la sombra
    desnuda
    y
    cubren
    tu
    vientre.

    Lineas
    van
    que
    no
    vienen

    y
    se
    te quedan
    y no hay
    quien
    pierde.

    André Suárez Paredes

    diciembre 8, 2016
    Artículos
    Poesía
  • Islas

    Rugen
    mares
    y mareas,
    y rocas
    que se estrellan
    con tus mareas
    y rocas
    que rugen
    desde tu mirada.

    Que pareces
    libre
    al borrde del mar
    que en tus pies
    quedan las orillas
    del mundo,

    que si caes,
    tus rocas
    rompen
    rocas,
    tu mar
    divide la mar.
    Que eres mujer
    y ella también.

    Naturaleza misma
    que hace a la mar
    y mas nada pasó,
    que no caíste,
    que no te llevó
    la corriente.
    Que las gotitas
    dejan tu cuerpo
    y ellas te lloran
    por no haberlas
    sacudido
    del cuerpo,
    de tu vientre,
    de tus hombros,
    de tu isla…

    De tu tan solitaria isla

    Foto: Dominio Público

    André Suárez Paredes

    diciembre 8, 2016
    Artículos
    Poesía
  • Al punto de inicio (otra vez)

    Ver ancianos dedicados a la computadora
    es como ver al bebe que trata de conocer el mundo.
    Pues son tan iguales en su calvicie
    como el olor de sus pañales,
    uno más grande que el otro,
    creo que se trata de la tragedia
    de crecer mejorando
    y a la vez restando
    el tiempo de nuestras vidas.
    Pues encontrar a mis abuelos
    quejándose del villano
    de Bonanza,
    me recuerda mis gritos
    de niño al ver los payasos asesinos,
    la mano que mece la cuna,
    el moustro del lago ness…
    Pero seguro que diferencia no hay,
    que ser anciano y bebe es regresar
    al mismo punto de partida,
    a ese punto que no sabemos como es,
    cómo se vive, cómo llegue,
    porque antes de nacer
    o como será después de morir
    pensamos que existimos
    desde siempre
    y exageramos al llamarlo
    eternidad.

    Foto: Wikipedia- Bajo licencia de Creative Commons CC BY-SA 4.0

    André Suárez Paredes

    diciembre 8, 2016
    Artículos
    Poesía
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Disculpa si te puse triste…

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