¿Cuántos granos de arena hace una montaña?

Si un kilómetro son mil metros y un metro son 100 centímetros, ¿cuántos kilómetros, metros o centímetros son suficientes para estar convencidos de que «lejos» es realmente lejos y «cercano» es realmente cercano? O en otras palabras, ¿a qué llamamos distancia?

Ya sé en qué estás pensando. La respuesta obvia sería que la distancia es relativa, a pesar de que existen unidades internacionales de medida. Lo mismo sucede con el tiempo, ¿cuántos años, días y horas conforman lo que denominamos «pasado», «presente» o «futuro»?

No lo sabemos, pero analizando con atención notaremos una constante cada vez que nos aventuramos a utilizar estas etiquetas. Quienes consideran algo como «lejano», «cercano», «pasado», «presente» o «futuro» es porque están recurriendo a un discurso de la realidad, una manera de situarse en el tiempo y el espacio para trazar una línea de pensamiento personalizada.

Algo peligroso de esta práctica es el egocentrismo: creer que nuestro discurso -por más real y lógica que nos parezca- debe ser compartido por el resto de mortales. Pasa siempre que no compartimos los mismos tiempos, ni los mismos pasados o metros de lejanía, de consecuente soledad…

Hay que ser poco romántico con las cifras. Bastan los segundos que tardas en leer esto para llamarlo «pasado» y los nanosegundos inmediatos que estás por vivir sería parte del «futuro», mientras que el «presente» es la consciencia de un instante perpetuo del ahora.

Y lo «lejos» y lo «cerca»… Son solo dos ideas que la humanidad creó para desprenderse sin asco de las cosas, para ponderar el valor de la distancia, para crearse un plan de vida a medida según los intereses individuales de las personas. He allí los discursos, la supuesta realidad que todos nos inventamos y todas parecen inciertas.