NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • ¿No le puedes sacar el Facebook?

    Hace varios meses fui al cumpleaños de un viejo amigo. La fiesta era por San Borja, si bien recuerdo, y estaba mi amigo acompañado de dos chicas. Llegué a la reunión acompañado de otros dos amigos, quienes intentaron acercarse a una de las chicas que estaba guapa. Mi amigo insistía en conocerla más, pero ella parecía evitarlo, pues las intenciones eran claras: tener su número telefónico o tenerla conectada en Facebook.

    Rendido, mi otro amigo también acechó a ver si tenía mejor suerte. Su joven apariencia hizo que llame la atención de la fémina, quien no tardó en preguntar su edad. Entonces fue cuando soltó una frase clave: «¿Quieres saberlo? ¿Pues entra a mi Face?» ¡Bang! Dio en el clavo, ella activó su smartphone e inmediatamente lo agregó para resolver su duda.

    La escena me hizo pensar sobre cómo la tecnología hacer que prefiramos el Facebook que al número del celular. De hecho, la red social es más impersonal. Escribir por chat es menos comprometedor entre dos personas que recién se conocen que una conversación por teléfono. La táctica aplicada por mi amigo me hizo pensar en otras…

    1) Aunque no seas buen fotógrafo, trata de captar las imágenes de tu nueva amiga posando con el grupo. En algún momento, ella te preguntará por las imágenes y le puedes decir «Te paso las fotos por Face».

    2) Si descubres algo interesante para ella de lo que tú sabes que existe en Internet, dile que se lo pasarás por Facebook para que también lo vea.

    3) Invéntate un amigo en común falso para tener más familiaridad y le dices que la pensaste agregar, pero no te atrevías. Prestar atención si ya tienen al menos una persona real en contacto para inventar al segundo sujeto.

    4) ¡Utiliza tu blog personal! Experiencia propia, si la conversación va en buen camino, le hablas sobre tu blog y le dices que se lo pasarán por el chat del Face.

    Foto: Flickr – West McGowan

    André Suárez Paredes

    noviembre 2, 2013
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    Amistad, Atraer, Blog, Enamorados, Facebook, Flickr, Gilear, Internet, Parejas, Redes sociales, Smartphone
  • Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido

    Ella te mira atravesándote el cerebro pidiéndote explicaciones. Tú callas. Alza la voz, no quiere abrazarte, está desesperada… y tú sigues callando. Ella amenaza con irse a su casa, que ya no quiere verte, dice no entenderte y exige comprensión al mismo tiempo, pero la sigues mirando sin atinar a responder. Se aleja y otra vez vuelve hacia ti para ver si reacciones ante una falsa amenaza. Al final dice que se va y efectivamente lo hace, y la sigues mirando sin decir nada.

    Lo que la fémina no sabia por las calenturas del momento era que mejor es callar cuando embarga la rabia. Quedarse callado, de hecho, no significa que no te importa un carajo, sino que ante la agresividad mejor es tener un espacio para pensar las cosas y qué mejor espacio que nuestra mente, sea de lo que fuese el tema que se está discutiendo. Además, en términos antropológicos, esta postura hace del sujeto de nuestra breve historia un observador no participativo, lo que amplía el panorama para interpretar con quién realmente estamos pasando el tiempo cogido de la mano.

    Las veces que uno hace esto, retraerse en el infinito espacio mental, uno concluye cosas como «¡Vamos! No te pasarás toda la vida con ella», «Total, en un momento íbamos a terminar» o «Pero como jode, esperaré a que se tranquilice y ahí veremos». Cualquier pensamiento es bueno mientras no se prolongue la discusión en círculos interminables de orgullo, del «¡ves como eres! No me prestas atención».

    Las veces que pasé por escenarios parecidos siempre me tildaron de ser muy racional, pues acabo preguntándome ante la discusión temas como si realmente uno merece estar gastando el tiempo en reconciliar lo que no tiene solución, mientras la inflación parece estar subiendo en el Perú. ¡Vamos! Hay cosas más importantes que lo emocional en materia práctica que se traduce en una satisfacción emocional, como el dinero que lo compra todo (hasta la felicidad).

    Consejo. No te amargues la vida. Marca el camino y ve si te siguen. Abre tu mente cuando los platos dejen de volar en la cocina para unir los escombros en miras de un mejor futuro. Y si te los vuelven a tirar… ni los levantes, no seas cojudo.

    Foto: Flickr – Ilya

    André Suárez Paredes

    noviembre 2, 2013
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    Amor
  • ¡No te lo creas! Ese carro nunca llegará

    A menos que seas hijo de papá, no te creas la promesa del carro cuando ingreses o termines la Universidad. Yo me la creí y me fui de bruces con la realidad, aunque ahora, ya resignado, creo que mejor es no tenerlo por la ola de asaltos y dinero suficiente para costear el mantenimiento.

    Si tu viejo ya te lo prometió, no le creas y dile «no, papá, me lo pago yo», pues macho que se respeta sin Social Day se compra las cosas con el sudor de su frente. Además, así tu viejo no te saca en cara que a lo largo de tu vida fuiste un deuda viviente para su bolsillo.

    La estafa que mi padre me hizo (lo llamo estafa, porque lo prometió) arrancó primero «Ya, hijo, ingresas a la Universidad y te compro el carro». Claro, así me motivó a ingresar, pero una vez adentro me dijo que mejor trabaje una vez egresado para que pague el seguro del vehículo. Una vez que acabé la Universidad, mi padre arremetió diciéndome «bueno, no podré pagarlo por qué estoy jubilado».

    ¡Qué rayos! Me hizo el puente con mucha habilidad. No es su obligación, es cierto, pero digamos que es el premio a la meritocracia injusta existente en mi familia. Pasó un tiempo considerable para que mi padre me ofrezca nuevamente un carro, pero le dije que el transporte público es la solución más barata. El carro es un lujo y ante la insistencia de mi padre, quizás sintiéndose en falta conmigo, de que iba a comprarlo, le dije que ya no quería y que mejor es comprarse uno sus propias cosas.

    No soy resentido, si eso es lo que piensas, sino que la dureza de mi padre respecto al tema hizo darme cuenta una enseñanza más profunda: la de Leónidas dejando que su hijo sea golpeado brutalmente para hacerse hombre. En este caso específico, la rotura de una promesa para mostrarme lo cojudo que fui, aprendiendo del panorama socioeconómico para darme cuenta que estoy condenando al transporte público por ser la mejor opción a mis pocas necesidades.

    Si esa fue su enseñanza, pues lo aprendí mejor que él. Meses después comentó maravillado en la mesa sobre lo barato que es tomar bus luego de años de manejar su propio vehículo. Por lo menos, me ahorré 30 años de vida para llegar a la misma conclusión. Ni modo, gracias papá.

    Foto: americanartmuseum – Fotopedia

    André Suárez Paredes

    octubre 29, 2013
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    Reflexiones
  • Nunca debes hacer esto en la discoteca

    No suelo ir a discotecas, pero las veces que me toca ir por obligación de los amigos me la paso inventando las peores situaciones para reírme del resto. Incluso, con los amigos de la Universidad comparto mis actuaciones sobre el peor sujeto que puedes encontrar en lugares como estos. Antes de comenzar, está bien, lo admito, no sé bailar y por eso odio las discotecas.

    1) «¡Te mueves bien, ah!» JAMÁS lo digas si es que quieres decir que la fémina tiene talento para bailar. De hecho, esto pasó en realidad a una amiga. Ella no supo qué hacer, solo atinó a reír e irse a bailar con otro sujeto.

    2) ¡No tomes alcohol pensando que te dará agallas para bailar! Cierto, y con una mano en el pecho te lo confirmo. Ayuda un poco el licor, es verdad, cuando se trata de bailar sin temer a los prejucios de los que SÍ saben bailar. Piénsalo dos veces, pues el aliento a alcohol resta puntos y peor si tienes una mala dicción.

    3) «¿Baila conmigo esta pieza?» Si la fémina está con sus amigos, seguro que alguien hará hincapié en la última palabra de esa pregunta.

    4) Mojarse el cabello hace pensar que la persona está sudando y con el brillo de las luces resulta algo asqueroso, peor aún ahora que los peinados tipo gallito de las rocas está de moda.

    5) Si no sabes bailar y la chica se aventuró a danzar contigo, ¡JAMÁS IMITES AL PROTAGONISTA DEL VIDEOCLIP SI SE TRATA DE UNA CANCIÓN CONOCIDA! ¿Te imaginas que pongan por allí una canción de Rolling Stones? Mick Jagger es Mick Jagger, no lo intentes.

    6) ¿No pasa que cuando ponen perreo todos los hombres sacan a bailar, incluso el más cojo? Si quieres atraer a una chica, lo más recomendable es esperar otra canción, pues digamos que el tema es muy sugestivo si buscas algo serio. Como buen cazador, espera el mejor momento guardando las apariencias.

    7) Típica seguidilla de preguntas: a) ¿Cómo te llamas? b) ¿Qué edad tienes? c) ¿Siempre vienes a este lugar? De las chicas que me tocó conocer en discotecas, este cuestionario es el más repetido. Un amigo me dijo algo cierto, nadie en la discoteca te conoce, por lo que tienes mucha libertad en cómo abordar. ¡Piensa un poco!

    8) Creo que está de más recomendar que no cantes la canción que suena para dar la indirecta a tu pareja de baile. Depende de los gustos, pero mejor es evitarlo. Ahora que hablo de esto, me acuerdo de Churrito cantando ‘tú eres mi chica positiva’ a Itamar. Dios, no… ¡No!

    Foto: alexander yee – Fotopedia

    André Suárez Paredes

    octubre 29, 2013
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    Discoteca
  • Estar enamorado es como el secuestro

    Así es, el mejor de los secuestros, claro está, pues cada parte de la pareja sufre una especie de síndrome de Estocolmo, reacción psicológica en la cual la víctima desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con el secuestrador.

    Como escribí anteriormente sobre la estabilidad de las parejas vía autocensura, digamos que la libertad se reduce a experimentar con el sexo opuesto únicamente con una sola persona, evitando las infinitas experiencias restantes. Esta situación hace que haya un mínimo de responsabilidad que bien puede ser ignorada (entiéndase mujeriegos) o considerada por quien pretende haber encontrado la felicidad última.

    La sola aceptación de dicha responsabilidad hace que haya fuerzas en juego, estas forjan a cada parte de la relación a cuidar algo etéreo y sublime como el amor. A mi opinión, esta situación hace que empiece el síndrome de Estocolmo: la conciencia (si es que existe, cada persona es distinta sobre las responsabilidades) coacciona al amante más sensible a no querer desprenderse de la autocensura para no seguir experimentando con demás personas. «No me imagino mi vida sin ti» (acabando en sonrisa), sería una de las frases más representativas de lo que escribo.

    ¿Profeta del amor libre? En parte, siempre y cuando las cosas queden bien claras. De hecho, no tiene nada de malo sufrir el síndrome en caso de ser feliz sanamente. Solo incido en la autocensura, que la vida no se acaba allí y que los secuestros emocionales pueden ser los más placenteros, como los crímenes perfectos de dos amantes que, cual villanos de historieta, prometen no escaparse en pleno robo.

    Foto: euthman – Fotopedia

    André Suárez Paredes

    octubre 29, 2013
    Artículos
    Autocensura, Enamorados, Parejas, Relaciones de pareja, Responsabilidad, síndrome de Estocolmo
  • Coitus interruptus

    Hace buen tiempo que no vuelvo a escribir, pues las responsabilidades académicas y laborales absorbieron mi tiempo hasta esta madrugada, a las 1.20 a.m., en la que decidí volver sin antes pedir disculpas por mi desaparición. Sin mucho regodeo, volvamos a lo nuestro.

    Aquí tengo algunas sorpresas bajo la manga, solo que debo ponerme al día con mi lista roja de temas. Volvemos a lo nuestro, señores. Volvió la no tristeza de las cosas.

     

    Foto: Tomás Fano – Fotopedia

    André Suárez Paredes

    octubre 29, 2013
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    Blog, Escribir, Lo que nadie se imagina
  • Ellas los prefieren ‘Gringashos’ (?)

    En mi época de estudiante universitario, recuerdo que un amigo me dijo algo cierto: «Cuando una mujer te dice que eres lindo es porque seguro eres muy atento, trabajador y responsable, pero que jamás en la vida estará contigo». Pasaron los años y el tema lo volví a conversar con otro amigo quien añadió un término sumamente impecable para describir esta difícil situación, el trabajador inteligente.

    Este personaje, de alguna manera, resulta ser lo que toda mujer quiere, pero que jamás se atraerá a la fémina por su condición de hombre destinado a un futuro de grandeza. El trabajador inteligente sería el perfecto amigo gay que todas las chicas desean, un universitario estudioso, todo un caballero sin memoria, con trabajo y sueldo fijo, bien parecido, hasta dedicado a laborar en días feriados, pero que no llega a atraer al sexo opuesto por todas sus cualidades. Salvo las suegras que miran al chico como una billetera con patas para la hija.

    Inquieto por esta figura del trabajador inteligente, pregunté a varias amigas sobre qué pensaban del tema. Muchas dijeron que estaba incorrecto, que realmente ellas sí buscan a un tipo de buena estirpe, pero al final terminaban dándome la razón ya que les sacaba en cara qué calaña de enamorados tenían. Hay excepciones, lo admito, pero la figura del macho rebelde suele terminar venciendo al hombre encaminado por buen sendero.

    No sé si las chicas querrán a un Gringasho, el famoso sicario adolescente, pero la sensación de peligro sí que atrae corazones hambrientos de lujuria. Imagino que son etapas de cada persona dependiendo de su edad emocional, pues algunas gustan vivir en el mundo de lo mediático sin considerar la estabilidad como una opción. El secreto está en ser rudo para algunas cosas. No agresivo ni malcriado, sino rudo cuando debes defenderte o respaldar tu autoestima con firmeza. A la larga, esa actitud desata un sex appeal muy valorado y que llama seguridad en uno mismo.

    André Suárez Paredes

    abril 19, 2013
    Artículos
    Sexualidad
  • Ni lomo ni churrasco… La belleza de las imperfecciones

    Entre los machos cabríos utilizamos como herramienta de calificación de belleza la popular escala del 1 al 10. La materia a ser evaluada, el cuerpo físico de la fémina, suele contar con algunos referentes para determinar a qué los hombres se refieren con el 1 y qué dotamos de divinidad con un 10 rotundo.

    Casi siempre para determinar los extremos, en especial el 10, se nombra a una bella modelo, como Tilsa Lozano o Andrea Luna, mientras que para las escalas más bajas se hace recuerdo a quien jamás conoció la popularidad ni en pelea de perros; en otras palabras, una mortal. Lo difícil siempre está en ubicar la materia en escalas medias, pues se requiere de mucho subjetivismo para dar pie a un resultado final. Es más, nunca faltan los perfeccionistas que califican hasta con decimales.

    A veces ocurre, con una mano en el pecho, que hay chicas que superan tan exageradamente el 10 que se transforman en 1, pues no sienten mayor atracción por una belleza perfecta. Suele pasarme que cuando veo modelos en vivo y en directo simplemente me parecen objetos de lujuria ajena, perdidas entre los castings en busca de un dinero fácil ante el deseo varonil.

    Cuántos amigos me molestaron de cabro por esta idea, pero insisto en el fenómeno llamado la belleza de las imperfecciones. Dicha clase de belleza se caracteriza por relucirse por consecuencia de una imperfección (sea física o emocional) que hace destacar otras cualidades de la persona analizada. Incluso, puede ocurrir que dicha imperfección sea a la vez atrayente por ser diferente a los estándares de belleza impuestos por la moda.

    Cuando descubrimos que fuimos encantados por la belleza de las imperfecciones, creo que al paralelo sentimos el popular «no sé qué» sobre quien admiramos de alguna manera. En caso de los ex, es bien fácil darse cuenta cuando uno ve las fotos del Facebook en el pasado y se pregunta «¡CÓMO CARAJO ME COMÍ ESO!». Pero viendo el lado amable de la vida, el «no sé qué» resulta un encanto cuando sabes que esa persona tiene algo especial que no se limita en las escalas del 1 al 10, sino en un humor compartido que hace olvidarte de los prejuicios del resto.

    André Suárez Paredes

    abril 17, 2013
    Artículos
    Belleza
  • El lamento de un peruano débil por las rubias

    Debo confesar que sufro una debilidad por las rubias, y también debo reconocer el dolor que esto implica cuando eres peruano, uno no tan alto, metro setenta y cuatro, morenito, ojos negros, de piel oscura, con cabello largo, así alguien como yo.

    Imagino que mi debilidad por las rubias es porque son muy pocas en nuestro país de 30 millones de compatriotas, ya saben, la belleza exótica. También puede ser que me dejo llevar por la publicidad y sus imposiciones socioculturales de la belleza blanca, pero en suma todo se resume en un padecimiento nacional de quien gusta de las blondas en un país harto de prejuicio social.

    No hablo de que son tontas por naturaleza, sino de la típica gringa pituca de ‘La Recoleta’ que vería por encima del hombro, si es que nota su presencia, de quien estudió en un colegio que con las justas fue privado. Conquistar a una rubia peruana es prejuzgar en algunos detalles, como el dinero, buena residencia, clubes privados, carro del año, ¡¡¡Asia Huevona!!!, códigos lingüísticos distintos y un apellido extranjero, cosas que hacen a las pocas rubias nacionales más introvertidas en sus círculos sociales como para integrarse a un estilo diferente, como el de la gran mayoría de pieles «clase medieras».

    La otra cara de la moneda sería ser peruano con debilidad por las rubias en países en donde ellas abundan, así no habría tanto problema en enamorarse de una sin temer la choteada olímpica con aroma a Gótica, o ser subestimado por tu aspecto «Made in Peru». Como comparto con los amigos de la Universidad, estoy hablando de ser ‘El Latinazo’ en donde tú recién eres la belleza exótica entre tantas blondas que te miran muy interesadas al ser de una cultura distinta.

    Al fin y al cabo, la belleza es relativa y la debilidad por ciertos elementos del sexo opuesto depende de cómo está estructurada la sociedad en donde vives. Digamos que a mí no me tocó un buen lugar para nacer, o estrato socioeconómico, quizás, pero sí la chance de ser un embajador milenario en caso de que viaje a Suecia, por ejemplo, para conquistar a la rubia que nunca me dio chance en Miraflores o La Molina. Soñar no cuesta nada, pero un viaje en avión sí.

    André Suárez Paredes

    abril 2, 2013
    Artículos
    Belleza
  • La eyaculación precoz según Stemberg

    Un viejo amigo me pasó un video muy curioso, era de Leonardo Stemberg, propulsor de la psiconeurociencia, sobre la eyaculación precoz. El punto del viejito con barba es interesante, basado en la moderación del tiempo que dura la relación sexual según la naturaleza de cada animal y que el hombre es el único que desfiguró lo natural a una costumbre sociocultural -exigirse más en la cama-.

    Acerca de Stemberg, creo que no hay mucho por decir, salvo que Wikipedia eliminó su información, pues estaba llena de publicidad para que internautas se inscriban a su curso del contranálisis. La página oficial explica de qué se trata esta corriente de pensamiento con mucho marketing, pero contiene lo básico de la relatividad de las relaciones sociales y «no aplicar excesivamente los procesos analíticos» en nuestra vida diaria.

    La explicación del especialista tiene un punto que no me cuadra, el de la satisfacción femenina pues requieren mayor argucia física que los hombres para que ella también perciba la eyaculación natural, a menos que también sea cómplice de la moda pornográfica anti natural de durar 50 minutos de película. Se los dejo a su criterio, a ver qué opinan.

    André Suárez Paredes

    abril 2, 2013
    Artículos
    Cama, costumbre, Enamorados, Eyaculación, Eyaculación precoz, leonardo, Leonardo Stemberg, marketing, Naturaleza sexual, Porno, Pornografía, Relaciones de pareja, Satisfacción sexual, Sexualidad, Sociología, Wikipedia
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Disculpa si te puse triste…

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