La extraña alegría
de irte de casualidad
inesperada aunque predecible
no podia ser de otra manera
que de las peores
ya no duele el silencio
traducido en indiferencia
ni los reclamos
en existencias del ego
Extraña la alegría
de irnos como villanos
que se amaron
hasta odiarse.
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Villanos

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Promesas

No prometí grandes cosas
que pocas son las cosas
las que doy por vivir.
No prometo vestirme de gala
sino bailar de noche en casa
y siempre antes de dormir.
Prometeré ser yo quien ames
aunque nos duela a mares
amarnos hasta herir. -
El inexistente

De qué culparnos ahora que no existo. Qué debo sentir si no hay nervio que responda a tu ausencia el mismo día en el que me viste nacer. Ya qué más duele si soy la casualidad de tu estupidez, la inocencia hija de tu culpa, el desagrabiado del que no pidió nacer. No hace falta leernos si ya otros padecieron nuestros dolores y en vida hacemos como si no existiéramos para ahorrarnos el orgullo y las razones. Pero te dueles a ti misma y me lastimo siendo yo. En qué acaban los muertos en vida. Qué aman los que no existen. En qué te dolió, si es que acaso aún sientes, haberte abandonado a las soluciones. Quedémonos así, yo con la cuenta de deberte todo y tú partiendo el pan con quienes no tienen hambre.
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Escapa el amor

Hay silencios que duelen
donde no debe haber nada
hay algo más donde la cordura
atormenta los impulsos
de habernos visto
en casualidades desaprovechadas
del te diré luego que no se oye
del cuídate siempre
como si después nos preguntáramos
qué hicimos despues
tú cuesta arriba
y yo en dirección al mar
desde donde te veré partir
acaso del silencio me atrapé en tu vida
acaso nos duele lo mismo
que no nos decimos
mientras escapa el amor. -
Casitas de Ancud

Hay un momento de la tarde en el que las casitas de Ancud parecían invitarme a soñar que detrás de cualquier puerta estaba quien de un beso se robó mi cordura. Y andaba así pendiente de las caras, cada una menos conocida que la otra y, aunque la geografía nunca haya dado la razón a mis corazonadas, seguía imaginándome la vida, nuestras vidas, detrás de cualquier puerta. No hacía falta mucho espacio para soñar a lo grande: verte tender la ropa en camisón, discutir de los impuestos y callarnos sin sentirnos lejos esperando que la tarde se haga infinita en el dominó o en la cena antes de desnudarte quitándote el mismo camisón…
Que las casitas de Ancud guardaron los sueños de que los sueños no son tan imposibles cuando vives para soñar.
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Líneas

Te veo en líneas cuando cierras los ojos para sentirme sin verme. Desdibujo tus formas, te saco la piel antes de la ropa y me quedo con los contornos de las sombras que proyectas: la mínima expresión de tu existencia. Digo amarte así reducida a trazos. Amarte así casi desaparecida y en dos dimensiones, repasarte con los ojos para descifrarte en cada estímulo. Tenerte así imaginada para dibujarte de memoria las veces que la cama hace de lienzo y ya no estás.
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Hilo azul

Atado a la cintura la cordura de esta noche, volaste a ojos cerrados. No tan alto para no desmayarte en el intento de vivir más allá de nuestro tiempo ni tan cerca como para prohibirnos de los recuerdos que alimentan el amor. Volaste hasta rozarnos los dedos mientras recogía el hilo azul en una madeja para hallarnos en la oscuridad, tú dormida y atada a los sueños y yo en los sueños de atarte a mi vida antes de dormir.
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No pudo ser mejor

Haber callado los impulsos
estirar las palabras
hasta que nos ganara la noche
en la sutileza de tocarnos sin tenernos
repirarte para sentirme dentro tuyo
y verte hasta decifrar lo que por silencio
no pude traducir de un gemido
tendidos como si de placer nos hubiese bastado
nunca decirnos buenas noches
para reírnos despues como si la noche no acabara
convencidos de que nada pudo ser mejor
porque nos gustamos aún así estuviéramos haciendo nada
tan solo sintiendo las pulsaciones de sentirnos
y sentirnos en las emociones de nuestras palabras. -
Agotados de suspirar

Bailamos junto a las polillas. Bailamos por los años que se nos fueron en los después y hasta luegos. Te tomé de la cintura al ritmo de nada y marcábamos los pasos como si nos llevaran a cualquier lado, pero solo dábamos vueltas sin más enredo que el de mis manos en tu cabello. Tenias trabajo y yo debía escribir. Te subiste a mis pies para dejarnos caer en la imaginación y un beso en la frente que me negabas por pudor a robarte los sueños. El reloj pudo más que nosotros cuando nos sentimos dueños del tiempo. Te dije adiós con el decoro de quienes callan la imaginación para no asustarte. Nos abrazamos haciendo que los instantes sean eternos. Así se dijeron buenas noches dos cuerpos agotados de suspirar.

