De ser yo tus miedos y tú los miedos que no confieso, cómo culparte de la poca confianza que me tengo si por miedo se me huyen de los labios tus besos. Y el silencio aprieta los nervios como si me ataras a nada que por nada acaso el miedo dice haberme enamorado, mientras esperamos a que mañana se disiparan los sueños, a despertarnos sin sentirnos miedo.
-
Cositas mías

Sabes algo… Ya es momento de preguntarte qué tanto de mí hacia mí hubo en tu compasión que han despertado en mí tantas inspiraciones. También quiero preguntarte qué hubo de mí en ti ahora que te ríes avergonzada, si es que acaso hay algo mío en ti o de mí que tú guardas solo para mí dentro tuyo. Pasa que dudo, ya por cosas mías y no tan mías ahora que estás conmigo, sobre cómo decirte esas cosas que ya no quiero que sean solo mías para que sean solo nuestras. Pero no te asustes… Son cositas sencillitas como las cosas sencillas pero en pequeño… Cositas como te amo y no sé cómo mierda decirlo.
-
Después del té

Hay tipos y tipos y tipos mejores que yo. No hacía falta que me hables para imaginarte en mañanas inalcanzables y en besos después del té. Pero me hablaste aunque me hicieras tanta falta como la que nunca te diré por miedo a asustarte, a que corras del tipo que no es como los otros tipos porque, de todos los tipos, creo ser el tipo que te amará sin que lo ames aunque de amor no hablaremos quizá hasta sentir que las mañanas son alcanzables y pueda besarte después del té.
-
De tal palo tal astilla

De tal palo tal astilla. Una vez prometí, cuando tenía diez años, nunca más darte oportunidades de yo quererte como hijo y tú quererme como padre. Ya ni recuerdo por qué ni qué pasó, pero sí recuerdo la promesa de rendir honor a mi juramento patricida… y así fue hasta casi haber cumplido los cuarenta años. Ya para esto bordeabas los setenta, y me hablabas y me reclamabas y me pedías explicaciones sobre mi indiferencia sin saber a qué mierda se debía. Nunca te lo dije ni merecías saberlo; así lo preferí siempre.
Pero tú estabas obligado a quererme como padre y yo a esconderte el rencor para convertirme en el mejor hijo. Pero ya decía mi madre que somos tan parecidos, algo que se comprobó ese día en el que dijiste basta sin decirme y prometiste nunca más darme oportunidades para yo quererte como hijo y tú insistirme en tener mi cariño como padre. Saliste una noche sin dar explicaciones, ya harto de mí aunque no lo dijeras, para perderte Dios sabe a dónde porque ni Dios te halló años después hasta que encontraron tu cadáver en una playa al sur de Lima.
Me llamaron a reconocer tu cuerpo, aunque solo identifiqué el cadáver de quien me adelantó mi propio destino: el anonimato de los muertos que guardan promesas intactas. Me llenaste de orgullo, viejo… Prometo seguirte aunque quizá no compartamos el mismo cielo… De tal palo tal astilla, que ahora ni en mis rezos te confieso lo que hizo prometerme que jamás tendrías una oportunidad en mi vida.
-
Hasta desaparecer

A veces pienso en qué nos diremos
cuando se venzan las garantías del después
y no me aterra oír lo que por dignidad no merezco
ni me asusta las cosas que tú me puedes decir.
Nos portamos mal siendo mal queridos
aunque nos amemos de las formas más dolorosas.
Total, qué sienten los inexistentes,
¿no será que hemos muerto en tanto silencio?
¿Será que ya nos despedimos antes del adiós?
¿Será que no existimos al odiarnos hasta desparecer? -
Al otro lado de ti

Qué seríamos sin las promesas ni las invenciones,
sin el cuento de las fantasías ajenas
que en mis propios sueños soy humilde
para no despertarme jamás de la rutina.
Que la salud está de más si se apagan las luces.
Que las luces están donde no te asomas:
al mundo que brilla al otro lado de ti. -
Amor

Hubiese preferido no amarte nunca para nunca haber amado de verdad. Aunque me odies por las razones más justificadas del amor, no prometí que por amor sería el hombre perfecto para ti, porque amarte fue entregarte también lo peor de mí. Las mentiras descaradas, el sexo sin amor de los engaños y el irremediable pesar de estar convencido de que pudiste amarme por siempre a pesar de mi, y es que te amé a pesar mío aunque nos haya dolido amarnos hasta desprendernos del amor.
No te culpo ni me culpes, ni te culpes a ti misma. Que de amor soy irreparable y por amor creíste haberme sanado cuando nunca confesé haber estado incompleto en mis maneras de amar, pero que aún así, así herido de alma, no digas nunca que no te pude amar de verdad. Te amé a pesar de mi verdad.
-
Dientes bonitos

Cómo vivir cuando eres insuficiente por las razones equivocadas. En qué creer cuando nadie más cree en tus verdades y los rumores convencen más que tus intenciones. De qué reír si me ordenan hacerlo. A qué llorar cuando habitas en la inexistencia. A qué sabe el amor no correspondido que lo hace tan adictivo y a los impulsos que nos aprietan sin dejarnos tocar, tú desnuda en la imaginación.
Y solo nos queda reír, reírnos juntos porque tenemos dientes bonitos.
-
Hacia atrás

Adoro las ideas que flotan de tu cabeza como mariposas y se pozan en todas las cosas que se relacionan contigo. Te quedas grabada en la memoria de los objetos cuyas historias en esta casa son las aventuras de haberlas llevado del dormitorio a la cocina y del comedor a la cama y de la ducha al amor. No volaron contigo por la ventana cuando cruzando la puerta amenazaste con ser feliz en otro lugar. Qué culpa tienes de haber sido siempre hermosa y yo tan roto. Volaste donde hacías falta mientras me haces falta para terminar esta línea. En qué termina el para siempre. Hacia dónde van las mariposas si decido mudarme. Qué espero cuando el tiempo solo gira hacia atrás.
-
Pedacitos

Quédate con un pedacito mío
no tienes más no por egoísmo
ni porque no lo merezcas
guarda ese pedacito como prueba
de que amé aunque te hice sufrir
como testimonio de que te herí
de que si comparto contigo
es de dolor y alaridos
de romperme en ansiedades
que pueden espantarte
cuando te decía amor
sin amarme yo.

