NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Nadie te hará favores

    Hay cosas que se tienen y otras que nunca se tendrán. PUNTO. No hay más. Ahora que me acerco a los 30 años, vengo reflexionando sobre todas aquellas cosas en las que aún me digo: «carajo, la justicia divina algún día llegará». Quizá pueda morirme diciéndome la misma frase y seguir teniendo fe en tremenda cojudez.

    Pues llámalo resignación o simple alpinchismo. Lo que vengo a predicar ahora es que llanamente hay cosas que se tienen y otras que nunca se tendrán. Nunca esperes algo si es que ese algo no depende directamente de ti. Pero sobre todo nunca esperes algo de quien se supone tiene obligación alguna de actuar o reaccionar según las circunstancias.

    ¿O acaso crees que no existen los paradigmas más insólitos que solo la realidad puede engendrar? Temo creer que es así, que simplemente el orden que nosotros creemos sobre cómo deben funcionar las cosas no es más que una pretensión ingenua de querer ordenar al mundo mediante la moral. Nada más patético que no creer, por ejemplo, en madres que sean auténticamente felices asesinando a sus propios hijos o padres disfrutando auténticamente la vida que nunca pudo tener gracias a que prostituye a su propia hija con síndrome de Down. ¿Vamos, en realidad crees que no es posible? ¿O dirás que no puede suceder, porque ellos nunca «deberían» actuar así?

    A lo que voy es que en memoria de quienes aún sufren la vida y de quienes tomaron la vía fácil al exigir cosas que al mundo le vale mierda me atrevo a decir que no hay a quién reclamar lo que por justicia tú crees que debe existir. No existe una mesa de partes para cada desgracia. No hay atención al cliente ni soporte técnico para corregirte las heridas de una vida lastimada por los deberes ajenos de quienes se supone amor y recibes odio.

    Vive con eso y si mueres, deja morir a los demás en paz, porque nadie te hará favores ni para enterrarte.

    André Suárez Paredes

    agosto 14, 2017
    Artículos
  • Los niños no son idiotas

    A veces pensamos que los niños son unos idiotas, que poco saben sobre lo que hacen, piensan o incluso sienten. Los niños tienen la desventaja de no contar con kilometraje suficiente en la vida, por lo que poco se puede esperar de ellos. Sin embargo, su gran potencial es la capacidad de procesamiento de información -¡pero si son como esponjas!- y la observación libre de «etiquetas sociales».

    Lo cierto es que los niños operan según una lógica que, si tienes la suficiente curiosidad, puedes dilucidar muchas cosas interesantes de cómo ellos entienden el mundo (o incluso el mundo que los adultos les presentan). Los niños no son locos o berrinchudos para hacer las cosas porque sí. Al igual que los adultos, los niños también operan según acciones lógicas en un marco de lo que ellos consideran razonable. Entender así las cosas resulta muy saludable psicológicamente para quienes no solo tienen la obligación de entender el mundo, sino también la de ser comprendidos por sus tutores. Se trata, entonces, de una relación bidireccional: atrás quedó la idea de una educación dictatorial en el que el menor debe amoldarse a los estándares y exigencias.

    Hoy me sucedió un episodio curioso, por ejemplo, con mi sobrina y su deseo de adquirir un kit de accesorios para sus muñecas. «Necesito como 260 dólares para comprarme unas cositas en Internet», me comentó de buenas a primeras en Facebook. Yo me quedé lelo y sumamente preocupado, porque veo que no tiene idea del valor real del dinero. Ella me explicó que se trata de miniaturas japonesas de la empresa Re-Ment y me copió unos enlaces para que viera algunos productos.

    Me tomé el tiempo de revisarlos e investigué un poco a la empresa. Descubrí que sus productos son en realidad juguetes coleccionables en sí mismos y no simples «accesorios» para muñecas. De ahí que el precio sea excesivamente alto para lo que se supone que era.

    Con esta información, volví al chat con mi sobrina y le expliqué la situación. Si realmente quiere accesorios para su muñeca, pues podemos conseguirlos a un mejor precio, porque los productos de Re-Ment son en realidad coleccionables, no juguetes en el sentido estricto del término. Felizmente me entendió y ella aprendió que no todos los juguetes son iguales ni exclusivamente para niños. Lo que sí es que tengo que trabajar el tema del dinero: no concibo cómo a su edad (recién cumplirá diez años) puede pedir sin tapujos 260 dólares.

    Me sentí feliz por la experiencia, porque yo también hubiese querido a alguien como yo que me entienda mis gustos singulares en la niñez y la adolescencia. Aún recuerdo la Navidad cuando le dije a mi padre que deseaba los cómics de Tintín que aún me faltaban. Yo con mi propio dinero me había comprado solo unos tres y me faltaban varios. «¡Pero cómo vas a pedir eso! ¡Es como que te compre Condorito!», recuerdo que me lo dijo con una sonrisa tan burlona que me sentí estúpido. No sabía qué pensar en ese momento: o es que realmente mis gustos son de segunda categoría o es que no se toman el tiempo de al menos escucharme.

    Al menos agradezco la experiencia para ser más cuidadoso respecto a lo que sienten o piensan los niños. Pude ser un amargado toda la vida. Hay personas que se anclan en el pasado exigiendo respuestas que nunca llegarán. Felizmente no es mi caso. A veces hasta siento envidia por el tipazo de padre que mi hijo tendrá. Pensarlo me hace sonreír.

    André Suárez Paredes

    agosto 14, 2017
    Artículos
    Niñez, Niños
  • ¿Qué tipo de persona eres cuando debates?

    Últimamente estoy cayendo en la cuenta de que existen dos tipos de personas al momento de debatir: quienes consideran su propio conocimiento como lo verdadero sin reparar en la existencia de algo más que escape a su perspectiva y quienes son conscientes de los límites de su propio conocimiento, permitiendo así el desarrollo de más perspectivas sobre lo que desconoce y no por eso es inexistente a la realidad.

    Me explico con mayor detalle. Las personas que únicamente creen en su conocimiento como lo verdadero tienden a negar la existencia de una realidad más allá de los límites de su propio entendimiento. El problema de pensar así es que el debate se limita a un solo aspecto de la realidad, precisamente en aquella donde esta persona se siente más cómoda y es incapaz de desenvolverse (o incluso aceptar) que la realidad es tan amplia como las infinitas interpretaciones de la verdad. Debo advertir que esta actitud es propia de quienes al debatir ponen el ego por encima del desarrollo del conocimiento. Simplemente no quieren arriesgarse a cambiar de opinión, porque lo toman como una derrota personal.

    Las segundas personas, aquellas que son conscientes de los límites de su propio conocimiento, son capaces de empatizar con las perspectivas del resto y ocultar el ego de su propia posición en beneficio de una verdad constructiva. Usualmente este tipo de personas se limitan a escuchar los argumentos, a mantener silencio durante las intervenciones y tratando de construir un panorama uniforme según las distintas perspectivas. Eso no quiere decir que no tengan una opinión o argumentos sólidos sobre lo que se discute. Todo lo contrario, lo que hace en verdad es alimentarse de esas intervenciones para bosquejar una panorama común, porque él es consciente de que la realidad es amplia e infinita, y no siempre se puede tener la razón. Este tipo de personas apuestan más por el intelecto que el ego de tener la última palabra, y son más hábiles al salir de su zona de confort intelectual para adaptar nuevas ideas de lo que él mismo reconoce no saber.

    Pongamos un ejemplo sencillo: el matrimonio homosexual en Perú. Alguien que solo cree en su conocimiento como lo verdadero podría opinar que no deberían existir las familias homoparentales, porque confundirían al niño respecto a los roles del hombre y la mujer en sociedad. El problema de aferrarse a esta lógica es la incapacidad de reconocer que existen homosexuales capaces de criar a un menor de edad según las normas de convivencia y que los «roles del hombre y la mujer en sociedad» son, en realidad, construcciones sociales. El rol «masculino» y «femenino» dentro de la familia no está ligado necesariamente al sexo de los padres, sino al rol que cada uno adopta a la hora de conformar una familia.

    Por otro lado, quienes son conscientes del límite de su propio conocimiento, atenderán la lógica de quien cree que las familias homoparentales no deberían existir para dilucidar más aspectos sobre esta lógica, incluso cuando no la comparte. Esto puede llevarlo, por ejemplo, a temas como la religión y crianza familiar. Lo que hace esta persona es adaptarse a las nuevas informaciones para elaborar un análisis completo sin prejuicio ni desestimando las experiencias de quienes están en contra a su posición.

    Cabe señalar que entre los dos tipos de personas que describo existen miles de grises. Hay personas que se sientan cómodas en los extremos y otras jugando en el medio al sentirse comprometidas en el tema que se debate. De hecho, el tema de los grises siempre varía según la intensidad del debate. Insultos, frases con doble sentido y la falta de respeto son elementos que enturbian el proceso de creación de conocimiento y, por ende, la calidad de desarrollo de ideas.

    André Suárez Paredes

    agosto 12, 2017
    Artículos
    Debatir
  • No sirvo para trabajar

    Hoy llegué a la conclusión de que no sirvo para trabajar. No lo digo porque sea indisciplinado o no tenga las competencias necesarias para ejercer mi labor profesional como periodista. Todo lo contrario. Soy lo bastante bueno para adaptarme a distintos medios de comunicación, desde la fotografía hasta la edición de videos y redacción de reportajes e investigaciones. Pero mi tema es algo más profundo que el hacer periodístico.

    Siento que mi talento no está basado en la producción de algo, sino en la creación de algo. Me explico. A lo largo de mi trayectoria, he sido testigo de lo absorbente que puede llegar a ser el periodismo. Me he topado con periodistas muy buenos que hacen trabajos excepcionales con temas variados todos los días de la semana. «Las noticias nunca son las mismas», reza el dicho entre los colegas.

    Ahora mi preocupación con la producción informativa es creer que se progresa profesionalmente cuando realmente se trata del mismo hacer según la coyuntura noticiosa. Por hacer periodístico me refiero a la mecánica de contrastar la información, verificar fuentes, adaptación del texto según los lineamientos del medio de comunicación y del público objetivo, etc. «Las noticias nunca son las mismas», eso es muy cierto, pero el hacer periodístico sí lo llega a hacer. Lo peor es que el hacer periodístico no supone un progreso intelectual o de calidad profesional con el paso de los años. Basta encender la televisión para ver a los periodistas de toda la vida haciendo lo mismo y obteniendo el reconocimiento por una trayectoria que se resume en años de servicio, de experiencia en la calle por su hacer periodístico.

    Conste que el hacer periodístico sí requiere de un trabajo intelectual y perspicacia, pero el aporte se limita a la coyuntura informativa y su reconocimiento según las tendencias sociopolíticas del público objetivo de determinado medio de comunicación. Hay excepciones como las investigaciones periodísticas que tienen repercusión nacional e internacional, abriendo así un debate en la opinión pública en general. Lástima que son los menos.

    El periodista es en sí mismo un medio por el cual la información es analizada, contrastada y difundida a la opinión pública para un correcto ejercicio de sus derechos ciudadanos en democracia. Así pintado suena de maravillas, pero a lo que voy es que no me contento con solo ser «un medio».

    Siento que tengo más habilidades como para dedicarme exclusivamente al hacer periodístico por el resto de mi vida. Es aquí cuando siento que lo mío no es la producción de algo, sino la creación de algo; es decir, abandonar el hacer periodístico para dedicarme a la creación de conocimiento intelectual. Por eso digo que no sirvo para trabajar: me aturde saber que gasto mi tiempo en una labor mediática sin mayor aporte que fungir de simple «medio» para una audiencia, practicando el hacer periodístico hasta el hartazgo según las circunstancias y los intereses del medio de comunicación.

    Ahora mi objetivo es ir más allá. Ya no deseo dedicarme al hacer, sino a la investigación académica multidisciplinaria del hacer para generar conocimiento a partir de la realidad social en relación con los medios de comunicación. De este modo, aumentaré el reto intelectual para sentir que mi aporte como profesional trasciende lo que supone que hace un «simple periodista». Deseo crear conocimiento así como lo hacen otros profesionales en sus respectivas ramas de la ciencia. Sucede que la comunicación también es una ciencia y, como tal, requiere de profesionales -no de simples ejecutores del hacer periodístico– para su pleno desarrollo.

    André Suárez Paredes

    agosto 11, 2017
    Artículos
    Periodismo
  • Lo que nadie se imagina 19

    Fue divertido salir a caminar contigo esta tarde. La pasé muy bien, hablándote de mis cosas a lo largo de la avenida de siempre iluminada y vertiginosa. Lo mágico es que no me juzgabas por lo que te confesaba mientras te detenías en las vitrinas para revisar algún descuento. Siempre hacías lo mismo: encender un cigarro en cada cruce, revisar el móvil -no te preocupes, nunca me ofendió ese manía tuya ante mi presencia- y perder el tiempo en una que otra tienda de moda.

    Se te veía tan linda, con esos labios tan pequeños como si cupieran en el beso de un niño. Linda hasta los huesos. Me pregunto si eres tan guapa así incluso en las radiografías. Solo espero poderte acompañar mañana por la tarde y todas las tardes que sean necesarias hasta que finalmente… sepas que existo.

    Pues si no me juzgabas por lo que contaba, era porque no escuchabas. Si no escuchabas, era porque te seguí por toda la avenida sin que te enteraras, deteniéndome justo a tu lado en las vitrinas para ver cómo nuestro reflejo me hacía creer que andábamos acompañados. Y así lo vengo haciendo durante tres meses y catorce días, siempre desde la calle 15 hasta la 23, entre las 5:23 p.m. hasta las 7:13 p.m, de jueves a sábado y ocasionalmente los domingos. ¿Qué dices, salimos mañana a caminar?

    André Suárez Paredes

    agosto 11, 2017
    Artículos
    Lo que nadie se imagina
  • ¿Qué es el racismo?

    La respuesta parece obvia: discriminar a las personas por su raza. Sin embargo, el término es algo más específico que eso y no toda discriminación racial es racismo. Ya sé que suena medio confuso, pero vayamos a la Real Academia Española para aclarar las cosas.

    racismo
    De raza1 e -ismo.
    1. m. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive.
    2. m. Ideología o doctrina política basada en el racismo.

    Aquí podemos observar dos cosas interesantes: el protagonismo del grupo étnico a la hora de exacerbar el «sentido racial» y la noción de convivencia con el otro que se discrimina. Ambos elementos hacen del racismo una actividad segregacionista del tipo racial dentro de una comunidad. Dicha actividad trae consigo la discriminación racial, pero planteada desde una perspectiva específica en alusión al grupo étnico del racista. No se trata, entonces, de una discriminación racial cualquiera, sino de una que tiene por objetivo la diferenciación con el otro en el sentido racial de una etnia determinada.

    Frases como «siendo negro no sirves ni para esclavo», «los cholos como tú deben estar en la chacra» y «de lo rubia seguro tienes lo estúpida» no son racistas en el sentido estricto del término, sino alusiones a estereotipos raciales cuyo único fin es denigrar a la víctima. A esto se le denomina discriminación racial en el sentido que -volviendo a la RAE- se da «un trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, etc.»

    Lo que faltaría para que dichas frases sean racistas auténticas es la exacerbación racial del grupo étnico al que pertenece el discriminador. Decir «eres bruto porque eres negro» no significa necesariamente una exacerbación de mi propia raza sobre el discriminado, sino un razonamiento estereotipado sobre las personas afrodescendientes, dando cuenta de un trato desigual por razones raciales, y de ahí el argumento para denominarlo discriminación racial y no racismo.

    Algo interesante de la interpretación de la RAE sobre el racismo es la frase «suele motivar la discriminación…» Es decir, el racismo en sí puede limitarse a la exacerbación racial del grupo étnico sin necesariamente llegar a la discriminación. ¿Pero cómo se puede «exacerbar el sentido racial» de una etnia sin discriminar al otro? Pues del mismo sentido que estás orgulloso de tu país sin necesariamente discriminar al resto de naciones: mediante la puesta de valor de determinados elementos que no afectan las sensibilidades de los demás.

    En el caso del racista no discriminador, podría ser el gusto estético por las facciones singulares de su propia raza sin que ello signifique necesariamente el rechazo a las demás etnias. Es tan simple como que te guste el ketchup en lugar de la mostaza. Sé que parece un tanto inocente pensar así -alguien advertirá que dichos gustos es producto de la publicidad aspiracional, pero también hay los casos de gustos auténticos-, pero lo que hago es ampliar aún más el análisis y cubrir todos los aspectos de lo que es ser racista para comprender su complejidad.

    Tanto el racismo como la discriminación racial son condenables cuando se afectan los derechos, las libertades y la honra de las personas. Aclarar que algunas cosas no sean «racista» sino «discriminatorias» no significa que deje de ser condenable. En el fondo denunciamos lo mismo, pero siempre debemos tener cuidado con utilizar los términos apropiados para interpretar con mejor detalle las circunstancias.

    André Suárez Paredes

    agosto 11, 2017
    Artículos
    Discriminación racial, Racismo, RAE, Real Academia Española
  • A la hora de dormir

    Suelo verte en silencio
    mientras duermes.
    Nunca te lo conté.
    pero balbuceas y tiemblas,
    gritas y gimes,
    hasta roncas y lloras…
    No sé de qué,
    pero lo haces…
    Siempre dormida
    en la orilla de la cama
    con el brazo extendido
    apuntando al suelo
    como un péndulo,
    como si quisieras
    tocar el suelo
    para no separarte
    del mundo
    a la hora de soñar…
    como si no quisieras
    separarte de mí.

    André Suárez Paredes

    agosto 10, 2017
    Artículos
    Poesía
  • Cicatrices adorables

    Llevaba unas semanas en Madrid cuando accidentalmente me hice una laceración en el dorso de mi mano derecha. Con el tiempo la herida cicatrizó hasta convertirse en una fina línea que va desde la muñeca hasta el nudillo del medio. «¡No te rasques por más comezón que tengas!», me habría advertido mi madre, pero ella no estaba conmigo cuando el maldito mosquito hizo de las suyas en mi piel.

    Pensé que con el tiempo la cicatriz desaparecería. Han pasado once meses desde entonces y aún sigue allí para recordarme la desobediencia a los consejos que mi madre me repitió hasta el hartazgo en la niñez.

    Lo curioso es que actualmente me encariñé con mi cicatriz, ya no quiero que se vaya, porque me recuerda con ternura mi inexperiencia durante los siempre difíciles primeros días en España, momentos en los que ni sabía cómo hacer arroz en una olla normal -toda la vida he utilizado la olla arrocera-. Pero más precisamente porque lo siento como una marca de sobrevivencia, de cómo uno se las apaña para seguir adelante, a pesar de las circunstancias y de los errores.

    Obviamente no todas las cicatrices son iguales. Aquí solo me dedico a aquellas que son lo suficientemente superficiales como para convivir con ellas sin suponer un problema estético. Hablo de esas pequeñas cicatrices que son marcas indelebles de la experiencia, como si la piel fuese un lienzo donde la casualidad y el devenir marcase a su antojo líneas rectas por doquier. Y aceptarlas es una forma de reconciliarse con el pasado.

    André Suárez Paredes

    agosto 5, 2017
    Artículos
    Cicatriz
  • Pagarás con maldad

    Del silencio te conocí. No sé qué llevas encima, qué sientes o cómo resultó la vida para que de millones de espermas, sea yo quien plantó cara a la realidad. No sé y espero no saberlo nunca, porque de la ignorancia aprendí que puedo inventarte tantas veces como desee, tantas como las veces que solté de tu mano para insultarte, sintiendo asco incluso de las caricias vacías, de la prosapia y su apelativo que me recuerda de dónde vengo pero no a donde voy.

    No puedo decir que te conozco con solo haberte visto tantos años. No sé qué cosas dibujan tu sonrisa si es que alguna vez sonreíste de verdad. Eres tan desconocido como los exabruptos y la intolerancia, como las contradicciones de tus deseos, tus palabras y tus acciones.

    Aún así aprendí lo que nadie merece aprender. Será por eso que te agradezco y te beso la mejilla como Judas, esperando quitarte la vida cuando ya no exista más tiempo para nosotros. Verte morir cuando crea conveniente en la más plena felicidad para así creer que en el punto final de los finales fuiste alguien que sonríe.

    No me juzgues por lo que lees, que mis razones tengo y quizá nunca las entiendas. Siempre fue así, las razones y las disculpas nunca tuvieron espacio, porque la incomprensión se solucionaba con el silencio perpetuo, con la censura al pasado y con heridas abiertas que no cicatrizan, sino que pudren el alma hasta gangrenarse.

    Contigo morirá la hipocresía, las alergias y el egoísmo. Tendrá lugar mi libertad del secuestro en convivencia. Toda una maravilla que tus ojos no apreciarán, porque de la muerte renace las ganas de vivir… y la vida es lo que privas a quien nunca pidió nacer.

    Así creo que siempre se dieron las cosas entre los dos: nunca pedimos lo que nos tocó vivir. Tenemos en común el mismo destino y -a nuestra manera- un universo complejo y antonomásico. Porque quizá soy ahora quien me enorgullezco ser por la vida de mierda que tuviste, de la cual aprendí a través de ti a nunca replicar en mi futuro.

    Te viví con los sentimientos más negativos para descubrir luz en las tinieblas y con dolor te doy gracias por hacerme de valores en la desesperanza. Que mi vida ya no es la tuya, que ahora siembro lo que pagaste con maldad.

    André Suárez Paredes

    agosto 4, 2017
    Artículos
    Poesía
  • Alma en boca

    Mi alma quería tocarte la piel
    saliendo desde mi boca
    hacia tus manos.
    El deseo de abrigarte
    hasta con el calor
    de las entrañas…
    Mezclarte con la vida
    de colores amargos
    y verdes y grises…
    Mi alma quería tocarte,
    resbalar entre tus dedos
    hasta rendirme
    en tus blancos pies.
    Dejarte el alma
    en gotas y escombros
    y yo sin vida
    hecho de vergüenza
    y de espanto,
    viéndote a los ojos
    buscando piedad…

    André Suárez Paredes

    agosto 4, 2017
    Artículos
    Alma, Romance
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Disculpa si te puse triste…

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