NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

NO HABLEMOS DE COSAS TRISTES

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  • Criptonita

    Quítame la piel
    para abrigarme
    en el calor
    que dejaste,
    en el aroma
    de recuerdos
    que saben
    a noche.
    Doparme así
    de las ansias,
    desvivirme
    hasta
    el desconocimiento…

    Y ya sin piel,
    desnudo de lógica
    hacer de la dermis
    mi capa
    de superhéroe
    para brincar
    entre sueños
    y confesarte,
    mi villana
    de mis cuentos,
    el secreto
    de mis debilidades,
    la criptonita
    que llevas
    en los labios,
    cuyas marcas
    son el aroma
    de recuerdos
    que saben
    a noche.

    André Suárez Paredes

    enero 6, 2018
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    Poesía
  • Saltar de los ascensores 

    Ríe, corre, llora
    que de amor
    se mueren
    los idiotas.
    Anda, salta, juega
    que de dos
    nos dejamos caer
    por las escaleras.
    Siente, muerde, huye
    que te perseguiré
    como gallinita ciega
    por las calles,
    detras de las puertas
    y sobre la cama.
    Patea, escupe, grita.
    Brinca,
    acaricia,
    lastima,
    que contigo
    saltaré
    de los ascensores.

    André Suárez Paredes

    enero 5, 2018
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    Poesía
  • De alma rota

    Ojalá tuviera el poder
    de traerte en un suspiro
    para no dejarte ir.
    Sacarte desde la respiración
    para hacerte parte de mí.
    Dividirme en dos,
    partirme el corazón,
    aparecerte de la nada
    y desde la nada tocarte
    atravesando mi piel.
    Ojala pudiera aparecerte
    como las ilusiones perdidas,
    los sueños inacabados…
    como las manos tendidas
    que acarician el vacío
    que dejaste en vida.
    Ojala se calmen las cosas,
    se tranquilice la brisa
    que alimenta una agonía
    con esperanza
    de un loco
    con alma rota.

    André Suárez Paredes

    enero 3, 2018
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    Poesía
  • Cómo saber si tu pareja está en Tinder

    Clodovea Sifuentes no podía embriagarse hasta las últimas en la fiesta de Año Nuevo sin antes resolver una simple pregunta: ¿mi enamorado está en Tinder?

    Dispuesta a desenmascararlo en medio de todos sus amigos y dar cuenta que ese hombre no mereció cada día de su vida  por dos largos años, Clodovea se ofreció a cuidar el celular de su novio mientras este se emborrachaba con los amigos en la casa de playa que alquilaron en Cerro Azul. Él se lo entregó sin chistar sabiendo de antemano que el dispositivo requería de su dedo índice para acceder al sistema.

    Pero ella estaba preparada: «Necesito hacer una llamada a mi madre, cielito». Él pensó dos segundos antes de responder. «No tengo saldo, pero te presto el de un amigo».

    Esos dos segundos bastaron para que Clodovea tenga aún más dudas sobre la fidelidad de su novio. Pero a ella se le acabaron las ideas para acceder al celular sin generar las sospechas de su pareja, porque de ser así, él eliminaría la prueba del delito. Clodovea tuvo que ser muy cuidadosa.

    Pasaron las horas y la fiesta de Año Nuevo acabó. Clodovea y su novio partieron la noche del día siguiente hacia Lima. Ella aún seguía con la duda y desde el asiento del copiloto, observaba a su novio conduciendo el carro a toda velocidad en una carretera sin tráfico…

    «¡Eureka!», pensó Clodovea.

    Cogió su propio teléfono e instaló Tinder. Hecho esto, ingresó a las configuraciones de búsqueda de parejas para reducir su alcance a solo 1 km. a la redonda. Hace clic en ‘guardar cambios’ y espera ansiosa los resultados de búsqueda.

    Roberto Patiño (28 años) Descripción: «Soltero pero nunca solo».

    Sí, él era.

    Clodovea furiosa arremete contra Roberto y le muestra el pantallazo de su perfil en Tinder. «Pero que esté allí no significa que te fui infiel. Toma mi celular y entra al chat de Tinder y Whatsapp, verás que no tengo nada», le dijo el acusado.

    Ella entra y ve que efectivamente no había ningún chat con alguna chica. Era todo muy raro. «Ves, amor, sólo lo tuve por curiosidad».

    Casi entrega el teléfono rendida cuando de casualidad presiona el botón de contactos. Algo le llamó especialmente la atención. 

    «¿Por qué todas tus amigas tienen como apellido una T? Carla T, Lorena T, Juliana T… No jodas, ¡todas son de Tinder!»

    Roberto, tan macho como ridículo, frenó el vehículo y dejó a Clodovea en el Bulevar de Asia con todas sus cosas. Nunca negó lo evidente y Clodovea, orgullosa a su estilo, cogió sus cosas para pedir un aventón hacia Lima.

    No hubo lágrimas ni escenas de teatro callejero. Solo Clodovea con su maleta de sueños pasados buscando un vehículo que la llevara a casa para empezar de nuevo. Poético de alguna manera.

    André Suárez Paredes

    enero 2, 2018
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    Cuento, Tinder
  • Colores por la noche

    Vi tus destellos
    rojos, azules,
    verdes colores
    y amarillos
    en tus ojos
    de plena
    oscuridad,
    ocultos
    en destellos
    de plata
    perdidos
    en el mar,
    cubiertos
    de risa
    con parpados
    de seda…
    que creí
    haber besado
    en un sueño
    de destellos
    rojos, azules,
    verdes colores
    y amarillos…

    André Suárez Paredes

    enero 2, 2018
    Artículos
    Amor
  • Desde el silencio

    Deseo pronunciarte lo que escribo desde mi silencio para no ocultarme de las convenciones que limitan esta inspiración que se me escapa de la boca como un aire frío nacido en mis entrañas. 

    Pero sé que correrás en la dirección contraria a la de mi aliento para evitar ilusiones frágiles de tan poca vida como mis suspiros disfrazados en tus bostezos. 

    Porque solo a escondidas y en silencio preparo mis nervios para mimetizar el misterio que me acoge con una realidad que acosa las sensaciones puras, pequeñitas y huérfanas. Porque lo que escribo nunca lo sabrás salvo en pequeñas pistas entre mi tarareo, mi temblor y mis manos. Porque un misterio es lo que me calla la boca ante sensaciones indescriptibles y deliciosas en agonía.

    Callaré la voz que te reclama para atraerte en silencio y desde el silencio -sin que lo sepas siquiera- te amaré. 

    André Suárez Paredes

    enero 1, 2018
    Artículos
    Silencio
  • Yo también quiero un trabajo

    Yo también quiero un trabajo para siempre echarle la culpa de mis días de mierda, para evitar dar explicaciones sobre mi mal humor y justificar mis tardanzas y desapariciones repentinas.

    Frases como «Lo siento, salió algo de último minuto» y «Otro día, amor. Estoy agotado por la chamba» son las excusas que aún no puedo aplicar. Sobre todo la última, pues ya de misio ni enamorada tengo para hartarla con eso.

    También quiero trabajar para comprar los juguetes que Papa Noel nunca me trajo, para invitar a la enamoradita a cenar sin mirarla feo cuando no paga su parte, para no subir a escondidas en los buses y bajarme con habilidades ninja para nunca pagar pasaje, para dejar de decir que estoy a dieta cuando por 4 horas diarias paso un hambre terrible.

    Me hace falta un trabajo para que vuelva a mi cuerpo la sensibilidad social y así dejar de sentir que los mendigos me están asaltando con lástima en mano al pedirme una monedita.

    Quiero un trabajo para reingresar a la Población Económicamente Activa y sentirme parte de una exclusiva masa que cree movilizar al país hacia el desarrollo, cuando en realidad se quejan de todo y todos se quejan que no hacen lo suficiente. Más aún, necesito un trabajo para que aflore mi ya marchito idealismo social-comunista, para recordarme cómo mierda acabé en un sitio donde nunca pensé acabar, para resignarme un poco y dejar de pensar en mi condición profesional hasta el pago de fin de mes.

    «Paga derecho de piso, hermanito». «Solo contratamos practicantes con cuatro años de experiencia». «Mañana te aumento lo que te prometí hace meses». «Apaga la luz al terminar». «No aceptamos mujeres embarazadas». «Conozco de un negocio en el que serás tu propio jefe».

    Por eso y muchas cosas más… Lo que más quiero es volver a trabajar.

    Foto: RIA Novosti archive, image #633872 / U. Ivanov / CC-BY-SA 3.0

    André Suárez Paredes

    diciembre 29, 2017
    Artículos
    Desempleo, Trabajo
  • El ignorante confeso

    Creo saber un poco de muchas cosas… pero hay algo que nunca pude entender, algo tan sencillo que hasta me da vergüenza confesar: no sé cuál es la diferencia entre vegetales, frutas y verduras.

    ¡Suena ridículo! Eso lo sé bien. No creas que es fácil andar por la vida desconociendo estas tres categorías que forman parte del currículo de cualquier colegio inicial. Para mi buena suerte, este desconocimiento no fue impedimento para culminar la licenciatura y la maestría; sin embargo, quedas en ridículo públicamente en singulares situaciones de la vida cotidiana.

    ¿Pero situaciones como cuales? Te contaré algunas que aún recuerdo con cierto pesar.

    La burla académica. Hace buenos años en el ICPNA, la profesora me preguntó a qué categoría pertenece la fresa. Yo entré en crisis y dije que era un vegetal. La profesora se escandalizó tanto por mi respuesta que su reacción caricaturesca ocasionó la risa de mis compañeros. ¡Cómo deseaba que la tierra me tragara! Tanta fue la vergüenza que ni recuerdo la respuesta correcta.

    Pánico en el supermercado. Algunos supermercados en Madrid tienen balanzas computarizadas en las que los clientes deben clicar en la pantalla entre dos grupos principales (frutas y vegetales) para pesar el alimento que han colectado. La primera vez que utilicé estas máquinas elegí un grupo al azar para luego buscar entre las fotos de los alimentos los tomates que tenía en la bolsa. ¡No imaginan el estrés por la demora! ¡Peor aún cuando la gente hacía cola detrás de mí!

    Entrevistas de trabajo. Hace unas semanas tuve que dar un examen de razonamiento verbal para un puesto laboral. Todo andaba bien durante la prueba hasta que llegué a la sección de analogías. Entre las preguntas tipo examen de admisión, había una en concreto que trataba de vegetales y frutas. No hice más que pasar a la siguiente.

    Lo gracioso de no saber la diferencia entre vegetales, frutas y verduras es que todas las personas a las que les cuento mi problema tratan de darme una breve explicación para solucionarme la vida. ¡Pero todas apuntan a un argumento distinto!

    Por eso pienso que estoy destinado a nunca entender la diferencia. Soy un ignorante confeso y no me compadezcan.

    André Suárez Paredes

    diciembre 13, 2017
    Artículos
    Fruta, Vegetal, Verdura
  • Cómo viajar gratis en el transporte público limeño

    El transporte público en Lima es una porquería: choferes temerarios, cobradores abusivos, empresas cascarón, multas millonarias que nada corrigen y un largo etcétera.

    Uno trata de ser buen ciudadano ante tamaño desorden, pero -como reza el dicho- el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Por esto resulta imprescindible aprender ciertas mañas para sacarle provecho al sistema corrupto.

    Por mañas no me refiero al procedimiento regular (solicitar el libro de reclamaciones, por ejemplo) para corregir un mal servicio del transporte público, sino a las clásicas pendejadas del día a día para ahorrarse un sencillo y evitar seguir financiando el abuso de los transportistas con nuestro propio dinero. Aquí comparto algunas que ocasionalmente me han servido durante años.

    Aborda el bus sin ser observado. La clave es ingresar al vehículo a escondidas del cobrador y del chofer. Usualmente los cobradores piden el pasaje por tandas a todos dentro del bus para evitar tener que memorizar quiénes deben. Cuando ingresas a escondidas, hay una probabilidad que el cobrador asuma que ya pagaste tras haber colectado el pasaje del resto.

    Dicha probabilidad aumenta aún más si es que ingresas al bus y al instante logras sentarte, porque naturalmente las personas paradas son las más fáciles de ver y de suponer que acaban de ingresar al bus.

    Para evitar ser observado, ingresa al bus por la puerta de atrás (muy difícil en combis) o cuando el cobrador esté distraído llamando a más pasajeros en el paradero. El chofer no suele prestar atención mucha atención a los pasajeros (salvo que sea conductor-cobrador), pero siempre es bueno ser precavido.

    Actúa desapercibido. Una vez dentro debes aparentar que ya pagaste el pasaje. Un cobrador observador puede darse cuenta que no lo has hecho con ciertos detalles.

    Una pista es tener dinero en la mano. Quien ya pagó su pasaje no tendría que tener sencillo en la mano y esto significa para el cobrador que se trata de un pasajero que está dispuesto a pagar inmediatamente.

    Cuando los cobradores pasan a colectar los pasajes, muchas veces lo hacen a tientas porque no tienen una memoria elefantiásica para saber quiénes pagaron y quiénes no (más aún si entraste a escondidas). Lo que hacen es repetir «pasajes, pasajes» esperando a que reacciones metiendo la mano al bolsillo o simplemente voltees a verlos. Para esto debes simplemente hacerte el loco, no responder con ningún gesto hasta que el mismo cobrador suponga que ya pagaste.

    Para evitar ser consultado por el cobrador, puedes llevar audífonos para así forzarlo a que te pregunte directamente en caso de duda. Lo que un cobrador menos quiere es gastar tiempo consultando a cada pasajero. Siguiendo esta línea, también puedes llevar un libro con el detalle de usar un boleto viejo como separador. Así el cobrador ahorrará tiempo suponiendo que ese boleto es tuyo y evita distraerte en plena lectura.

    Baja con cautela. Si todo salió bien durante el camino, ahora es el turno de descender del vehículo sin llamar la atención. Usualmente en este punto ya los cobradores no te fastidian más, porque suponen que pagaste. Sin embargo, cuando se trata de rutas cortas, los cobradores son conscientes de su corta memoria y pueden volverte a exigir el pasaje. Lo mejor es bajar junto a un grupo de otros pasajeros o aprovechar el tráfico para bajarte mientras el cobrador está distraído.

    Caso de emergencia. Si finalmente te descubren, tienes dos alternativas: pagar el pasaje por la flojera de esperar otro o fingir que has tomado el bus equivocado para bajarte inmediatamente. Esta segunda alternativa sale a cuenta si la ruta es corta y el trayecto en el que viajaste gratis es equivalente a 50 centavos. Así solo tendrías que pagar otros 50 centavos o solo 1 sol para el pasaje completo en el siguiente bus. Al menos es un ahorro.

    La psicología del sencillo. Digamos que solo quieres pagar 50 centavos por un trayecto que ocasionalmente pueden cobrar 1 sol. Algo que me he dado cuenta es que los cobradores reclaman en las mayorías de las veces cuando pagas el monto de 50 centavos con monedas de 10 y 20 centavos, que cuando le extiendes una sola moneda de 50. ¡Siempre me ha pasado! Creo que las monedas de 10 y 20 centavos causan la impresión de estar dando un monto ínfimo, mientras que una sola moneda de 50 da cuenta de algo más estable y con mayor valor que varias moneditas pequeñas. Que el color de las monedas de 50 se parezcan a las de 1 sol también ayuda.

    No pagar pasaje está mal. Sí, lo sé, pero en una sociedad tan corrupta es difícil ya discernir entre lo bueno y lo malo. Prefiero ahorrarme unos centavos que invertir en un servicio catastrófico e irresponsable con sus usuarios. Digamos que es una forma de protestar contra la terrible anomia que sufre esta ciudad.

    André Suárez Paredes

    diciembre 12, 2017
    Artículos
    Lima, Transporte público
  • «¿Por qué se besan las personas del mismo sexo?»

    Estaba viendo televisión con mi sobrina cuando me preguntó por qué hay personas del mismo sexo que se besan en la boca.

    La miré asombrado por su curiosidad, debido a que la homosexualidad es un tema tabú dentro del seno familiar, tanto así que se evita hablar de ello porque supuestamente «confunde» a los niños. ¡Es como si por tan solo hablar sobre la homosexualidad ya hace gays a los menores!

    Felizmente la curiosidad de mi sobrina escapó a la censura dentro del ambiente en el que ella se desarrolla: sus padres son ciertamente conservadores y su colegio es religioso del tipo católico.

    Pero como reza el dicho: no se puede tapar el sol con un dedo.

    La pregunta de mi sobrina, por lo tanto, es consecuencia de un conflicto entre los valores conservadores que ella viene aprendiendo en el círculo educativo-familiar y lo que visualiza en un mundo complejo donde los gays progresivamente buscan su reconocimiento social.

    Medité un poco antes de responder.

    -Porque se aman… Así como tus papás se besan por amor, ellos también sienten y hacen lo mismo.
    -¿Pero eso no es pecado?
    -Sí, según la Biblia, pero eso no significa que sean malas personas. Hay quienes no creen en Dios y son tachados de pecadores, ¿pero eso los hace malas personas? Simplemente piensan diferente, incluso creer en Dios de una manera distinta, pero pueden sentir el mismo amor como todos los demás.

    Mi sobrina se quedó pensando un rato y luego me abrazó.

    -Tienes razón, tío.

    Creo que ando bien entrenado para cuando sea papá.

    Foto: Flickr – See-ming Lee. Bajo licencia de Creative Commons

    André Suárez Paredes

    diciembre 6, 2017
    Artículos
    Dios, Homofobia, Homosexualidad, Iglesia, Religión
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Disculpa si te puse triste…

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