Cómo viajar gratis en el transporte público limeño

El transporte público en Lima es una porquería: choferes temerarios, cobradores abusivos, empresas cascarón, multas millonarias que nada corrigen y un largo etcétera.

Uno trata de ser buen ciudadano ante tamaño desorden, pero -como reza el dicho- el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Por esto resulta imprescindible aprender ciertas mañas para sacarle provecho al sistema corrupto.

Por mañas no me refiero al procedimiento regular (solicitar el libro de reclamaciones, por ejemplo) para corregir un mal servicio del transporte público, sino a las clásicas pendejadas del día a día para ahorrarse un sencillo y evitar seguir financiando el abuso de los transportistas con nuestro propio dinero. Aquí comparto algunas que ocasionalmente me han servido durante años.

Aborda el bus sin ser observado. La clave es ingresar al vehículo a escondidas del cobrador y del chofer. Usualmente los cobradores piden el pasaje por tandas a todos dentro del bus para evitar tener que memorizar quiénes deben. Cuando ingresas a escondidas, hay una probabilidad que el cobrador asuma que ya pagaste tras haber colectado el pasaje del resto.

Dicha probabilidad aumenta aún más si es que ingresas al bus y al instante logras sentarte, porque naturalmente las personas paradas son las más fáciles de ver y de suponer que acaban de ingresar al bus.

Para evitar ser observado, ingresa al bus por la puerta de atrás (muy difícil en combis) o cuando el cobrador esté distraído llamando a más pasajeros en el paradero. El chofer no suele prestar atención mucha atención a los pasajeros (salvo que sea conductor-cobrador), pero siempre es bueno ser precavido.

Actúa desapercibido. Una vez dentro debes aparentar que ya pagaste el pasaje. Un cobrador observador puede darse cuenta que no lo has hecho con ciertos detalles.

Una pista es tener dinero en la mano. Quien ya pagó su pasaje no tendría que tener sencillo en la mano y esto significa para el cobrador que se trata de un pasajero que está dispuesto a pagar inmediatamente.

Cuando los cobradores pasan a colectar los pasajes, muchas veces lo hacen a tientas porque no tienen una memoria elefantiásica para saber quiénes pagaron y quiénes no (más aún si entraste a escondidas). Lo que hacen es repetir «pasajes, pasajes» esperando a que reacciones metiendo la mano al bolsillo o simplemente voltees a verlos. Para esto debes simplemente hacerte el loco, no responder con ningún gesto hasta que el mismo cobrador suponga que ya pagaste.

Para evitar ser consultado por el cobrador, puedes llevar audífonos para así forzarlo a que te pregunte directamente en caso de duda. Lo que un cobrador menos quiere es gastar tiempo consultando a cada pasajero. Siguiendo esta línea, también puedes llevar un libro con el detalle de usar un boleto viejo como separador. Así el cobrador ahorrará tiempo suponiendo que ese boleto es tuyo y evita distraerte en plena lectura.

Baja con cautela. Si todo salió bien durante el camino, ahora es el turno de descender del vehículo sin llamar la atención. Usualmente en este punto ya los cobradores no te fastidian más, porque suponen que pagaste. Sin embargo, cuando se trata de rutas cortas, los cobradores son conscientes de su corta memoria y pueden volverte a exigir el pasaje. Lo mejor es bajar junto a un grupo de otros pasajeros o aprovechar el tráfico para bajarte mientras el cobrador está distraído.

Caso de emergencia. Si finalmente te descubren, tienes dos alternativas: pagar el pasaje por la flojera de esperar otro o fingir que has tomado el bus equivocado para bajarte inmediatamente. Esta segunda alternativa sale a cuenta si la ruta es corta y el trayecto en el que viajaste gratis es equivalente a 50 centavos. Así solo tendrías que pagar otros 50 centavos o solo 1 sol para el pasaje completo en el siguiente bus. Al menos es un ahorro.

La psicología del sencillo. Digamos que solo quieres pagar 50 centavos por un trayecto que ocasionalmente pueden cobrar 1 sol. Algo que me he dado cuenta es que los cobradores reclaman en las mayorías de las veces cuando pagas el monto de 50 centavos con monedas de 10 y 20 centavos, que cuando le extiendes una sola moneda de 50. ¡Siempre me ha pasado! Creo que las monedas de 10 y 20 centavos causan la impresión de estar dando un monto ínfimo, mientras que una sola moneda de 50 da cuenta de algo más estable y con mayor valor que varias moneditas pequeñas. Que el color de las monedas de 50 se parezcan a las de 1 sol también ayuda.

No pagar pasaje está mal. Sí, lo sé, pero en una sociedad tan corrupta es difícil ya discernir entre lo bueno y lo malo. Prefiero ahorrarme unos centavos que invertir en un servicio catastrófico e irresponsable con sus usuarios. Digamos que es una forma de protestar contra la terrible anomia que sufre esta ciudad.