La voy a cagar

«La voy a cagar» es una frase que me recomendó el psicólogo cuando supo de mi cuadro de ansiedad. No era nada grave. Lo más difícil era cómo asociar el malestar físico (hormigueo de manos y pies) a un cuadro de estabilidad mental y eso me voló la cabeza. Imagino que escribiré de eso en otra publicación. Por lo pronto, vale la pena recordar ese peculiar consejo del psicólogo.

Cuando estés haciendo algo que te dé ansiedad, o crees que todo saldrá mal, repite en varias ocasiones «la voy a cagar».

Vaya manera de estimular la autoestima, pensé; sin embargo, más adelante supe que el efecto era todo lo contrario. Por aquel entonces, manejaba una van muy viejita, una Nissan Vannette de 1992. El auto ya me había dejado botado en tres oportunidades y andar sobre el vehículo era un estrés de mierda. Pero de mierda mierda. Nunca sabías si al arrancar el vehículo este se iba a comportar o no. Era un misterio a pesar de la inversión que hice en repuestos, hasta creía que me escuchaba si es que hablaba mal de ella.

No fue hasta que salí a rodar con la van por la Costa Verde en Lima. Había estacionado para irme al mar y, de regreso, alisté todas mis cosas y me dispuse a regresar a casa. Empezó el estrés. La ansiedad de que algo malo ocurrirá.

La voy a cagar, la voy a cagar, la voy a cagar…

Al final el vehículo respondió, no me choqué y sigo con vida. No la cagué y creer que sí la iba a cagar para luego no cagarla acabó siendo una superación personal bastante interesante. Muchas veces te dicen que no digas las cosas que no quieres que te pasen, pero si las dices, puedes enfrentarlas y darte cuenta que no es tan difícil como parece.

A las semanas le dije al psicólogo que ya no seguía con la terapia, que el hormigueo había desaparecido… que ya el estrés se me fue. Me preguntó qué es lo que hice, si es que acaso el «la voy a cagar» fue la llave para resolver todos mis casos de ansiedad. Le dije que la frase sí me ayudó, al menos en ese caso en particular, pero lo que más me ayudó fue vender ese carro de mierda. Ya con el tiempo supe que en realidad no sané una mierda eso de la ansiedad, sino que hice lo que mejor sé hacer: huir de los problemas para ahorrarme dinero.