Los otros que dan vida al pavimento

Ya uno siente la vejez cuando camina por las calles y observa a los nuevos grupos sociales que ocupan los espacios públicos. Ha pasado buen tiempo desde que no «piso la calle» por culpa de la pandemia y perdí ese contacto con las subculturas que alimentaban mi curiosidad por el otro. Ahora que las situación es más flexible, pude volver a caminar por las calles del centro de Lima y pasé por el extraño experimento de reencontrarme gracias al encuentro con ese otro tan ajeno a mi círculo social.

En los pequeños partes desde la avenida 28 de Julio hasta las primeras cuadras de la avenida Arequipa, pude observar a varios jóvenes danzando temas japoneses y coreanos, otros ensayando coreografías, unos revisando el teléfono por si los amigos están haciendo bien los pasos así como aparecen en los videos de YouTube… No es difícil saber que están allí, porque siempre alguien con pelo rojo fuego o de cualquier otro color pastel hace que la mirada atienda a lo que hacen y te quedes hipnotizado por algo que, desde muy joven, no entendía y -de hecho- sigo sin entender.

Sin embargo, la incomprensión hace que a la vez me sienta orgulloso de esos chicos. Discriminados por los boomers, los jóvenes me dan cierta esperanza en la recuperación del espacio público como lugar de desarrollo para las subculturas urbanas.

Muchos hacen mal en pensar que los jóvenes perdieron el sentido de «pisar la calle», de vivir en la realidad y de conocer a otros fuera de sus pantallas del celular. Es lo más fácil de pensar. No obstante, si tan solo prestaras un poquito de atención a lo que quizá no puedas entender, notarás esa alegría tan auténtica por compartir, danzar y reír gracias al contacto entre dos y más personas mediante la admiración a una cultura tan ajena para quienes no conocen el K-Pop o J-Pop. Lo mejor es que toda esta mística sucede en la «realidad», es decir, el espacio público que esta ciudad embadurnada de cemento necesita.

Sentía al verlos que esos parques, calles y avenidas dejaban de ser míos para que la fuerza de una juventud cada vez más interconectada pueda sacar provecho de la vida en comunidad. Aunque no los entienda, realmente los admiro por tener esa voluntad de apropiarse de los espacios mientras esta ciudad sigue en deuda con ellos.

Fue así entonces como pude reencontrarme al sentir que vivo en una ciudad donde comparto con jóvenes que resucitan el espacio público a través de las nuevas tendencias digitales, que sacan ánimos del universo de unos y ceros para ocupar un parque cualquiera para danzar, compartir y reír a su manera. Ya que a través de ellos, del otro que aún no entiendo, comprendí que hay otras maneras de alimentar la vida del pavimento.