En la sien

Estrago,
estrago,
estrago…
¡Listo!
Dolor de sonrisa estúpida,
manitos mías, quietas ya
que tiemblan y tiemblan…
Caigo de la cama
saltando de trampolín,
caigo y lamo el suelo,
te escupo a la memoria
y te limpio con lágrimas
de dolor de ojos
que se cierran para dormir,
lo más cerca al suicidio…
¡Pero como no te metes!
Por la nariz y las venas,
entra a mi organismo
y sácame la mierda
hasta olvidarme
qué era el dolor
del estrago
estrago
estrago…
Respiro hondo
y no te inhalo.
Me desangro
y tú no vas
de reversa.
Te recuerdo
con intención
de olvidarte.
¡Y vuelve!
¡Vuelve!
Tiemblo
y tiemblo
ya no hay más
cama que el piso
de madera gris,
esnifando el polvo
de las aberturas
y duro se pone
el corazón,
intoxicado de alegría
y maldad,
desesperado por huir
del cuerpo hacia
la nada…
Nada.
Nada.
Nada.
Como las razones
que me ponen así.
Y tiemblo,
mamá,
¡tiemblo ya!
¡Ven de una vez!
¡Sácame el aire
por la boca!
Acábame
con un beso
en la sien.
Acábame
de rodillas
tocándote
los pies.