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El misterio de sonrojarse

Hay cosas tan cotidianas, tan del día a día, que resultan difíciles de explicar para la ciencia. No me refiero a los ovnis ni a los fantasmas, sino a algo que nosotros mismos hacemos desde miles de años en circunstancias especiales. Hablo de sonrojarse.

Ya sea por vergüenza o sentimientos encontrados, sonrojarse es algo tan común y propio de la especie humana. Charles Darwin dijo que los humanos son los únicos seres en el reino animal que pueden hacerlo, ¿pero a qué se debe esto? ¿Por qué el cuerpo reacciona de esa manera involuntariamente? Veamos algunas aproximaciones, debido a que no hay una razón clara para esto.

El proceso del sonrojo

El proceso es sencillo de explicar. El sistema nervioso simpático, encargada de regular de forma involuntaria acciones como la contracción de los músculos lisos y la secreción de glándulas, libera adrenalina cuando el cuerpo está sometido a estrés. Esta sustancia hace que las pupilas se dilaten, el ritmo cardíaco se acelere y los vasos sanguíneos transporten más sangre. Todos estos cambios hacen que nos ruboricemos sin poderlo evitar.

Para qué sirve

Ahora, ¿para qué sirve?, ¿por qué lo hacemos? Ese es un verdadero misterio. Hay varias aproximaciones. Una de las teorías es que se trata de un comportamiento adquirido socialmente. Ruborizarse es una manera inmediata y no verbal de comunicar que reconocemos nuestro error y que queremos ser tomados en cuenta como gente confiable.

También hay que considerar que el sonrojo puede ser producto del enojo. Al cometer un error, el enfado es tanto que produce todo un cambio en nuestro organismo hasta dar con las mejillas sonrojadas.

Aún no hay una respuesta clara, así que de momento seguiremos sonrojándonos sin mayor explicación. Al menos sirve para identificar las buenas intenciones de la gente, pues ruborizarse es algo que no se puede controlar.

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