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Vuelos a ninguna parte

¿Se acuerdan cuando el mundo se encerró por miedo a la pandemia? Todo estaban en casa, soportando a la esposa, a los hijos, a toda esa vida que transcurre desde que sales de casa hasta la hora de la cena. Me llama la atención, incluso, que todo el mundo se refiere al coronavirus como «la pandemia» como si este término fuese exclusivo del bicho. Hay otras pandemias, unas más populares que otras, pero pandemias al fin y al cabo. Chamba de los medios de comunicación por vender miedo, imagino…

Volvamos a lo nuestro. Hubo un tiempo cuando la comunidad científica desconocía el modus operandi del coronavirus. Nos mandaron al encierro para nuestro bien y más nada, a revisar qué hay en la televisión por más horas al día o desempolvar la elíptica para mantener la figura.

Cuando las cosas se calmaron, cuando la población civil recibió la orden de salir de casa al menos para comprar, hubo quienes fueron un poquito más lejos… sobre el aire.

En octubre de 2020, la aerolínea australiana Qantas Airlines hizo «vuelos a ninguna parte» de siete horas. Despagabas del aeropuerto de Sidney, estabas en el aire unas siete horas y volvías al aeropuerto de Sidney. Al menos la ruta era atractiva: la nave sobrevolaba el estado de Nueva Gales del Sur, incluyendo Byron Bay, Bondi Beach y Sydney Harbour Bridge con algunos tramos a baja velocidad.

Volar «a ninguna parte» costaba 575 dólares en económico, 1305 dólares en económico premium y 2767 dólares para clase ejecutivo. Los boletos se agotaron en solo 10 minutos.

Sí que el mercado sabe acomodarse a las nuevas restricciones, sobre todo cuando hay la necesidad de sentirse vivo mediante la simulación de un viaje por los aires. No hacía falta maquillar la realidad como «paseos turísticos en avión», sino llamarlos simplemente «vuelos a ninguna parte». Lo romántico de todo esto, a mi parecer, es que «ninguna parte» siempre empieza y termina de donde comenzaste. No importa a dónde vayas, no hace falta ir muy lejos para ir a ninguna parte, porque ya estás allí.

Lo que viene después es cómo te quieres sentir o cómo se debería sentir estar en ninguna parte… y eso a veces depende de uno.

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