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cuento-corto-lo-que-nadie-se-imagina-35 Lo que nadie se imagina 

Lo que nadie se imagina 35

Una noche volví a casa y me encontré con mi padre en la cocina. Estaba fumando un cigarrillo. Se le veía tranquilo. Me senté a su lado en la mesa sin atreverme a verle los ojos. No sabía qué decirle, incluso después de 17 años que no lo veía, desde que juró nunca más volver a esta casa. “Tienes algo… Esa cara de cojudo no la tiene cualquiera”, me preguntó antes de que pusiera mis dos manos sobre la mesa. Lo miré extrañado. Tomé un largo respiro para contestarle, pero…

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amor-cuento-lo-que-nadie-se-imagina-32 Lo que nadie se imagina 

Lo que nadie se imagina 32

Sigisberto Bonanza es un misterio, aunque no un ser extraño en medio del gentío del Vichama, donde puedes hallar a cada insólito personaje de esta ciudad. De las veces que he ido en las últimas semanas, me ha intrigado un sujeto muy particular ubicado en la esquina de la barra, sentado junto a una botella de cerveza y escuchando música a través de audífonos, algo bastante raro si hablamos de un bar donde la música revienta hasta estremecer las paredes. Supe su nombre a través de los meseros del local.…

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cuento-lo-que-nadie-se-imagina-30 Cuentos Lo que nadie se imagina 

Lo que nadie se imagina 30

Eran las dos de la madrugada del domingo cuando Antonio Segovia tocó la puerta de mi casa. Lo hice pasar sin cuestionarle por la hora. No sé por qué no lo hice. Quizá necesitaba andar con alguien para vencer al insomnio y la mala noche. Saqué un par de cervezas, nos sentamos en el sofá y encendí el televisor para distraernos un rato con cualquier cosa. No me animé a preguntar por el motivo de su visita. A veces es mejor escuchar a alguien cuando ésta simplemente habla, no cuando…

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El avezado delincuente de lo impensable Cuentos 

El avezado delincuente de lo impensable

Eran las cinco de la tarde cuando Fabián Jara, alias ‘Sabelón’, abordó uno de los tantos buses que transitan por la avenida Abancay. “Un día más de trabajo”, pensó mientras sacaba de su morral una pistola calibre 25. Con un par de mierdas y carajo se ganó la atención del público. Todos guardaban sus celulares, escondían las billeteras, se metían las monedas en los bolsillos, se guardaban los anillos en las medias… Todo el mundo ocultaba como podía lo poco de valor que uno exhibe -no sin cierto temor- en…

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