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Lo que nadie se imagina 22

“¿Estás despierto? Hazme el favor de acompáñame al baño que está todo oscuro”. Galileo Souza sabía que no hacía falta estar despierto para acatar las órdenes de su galletita de chocolate, su bien amada Doña Meli, a tan altas horas de la madrugada, porque bastaba un minuto de silencio para que ella -con sus piernitas arrugadas pero potentes- lo empujaran hasta el suelo. O se despertaba a las buenas o lo despertaban a las malas, no había pierde. A pesar de que se trataba de un favor, a Doña Meli no se…

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