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El “amarre de amor” que no funcionó y cómo es que somos supersticiosos

Hay quienes no creen en la superstición, pero no son capaces de hacer todos aquellos rituales que traen mala suerte. Si no crees en eso, ¿cuál es el riesgo entonces? Lo mejor es andar precavida, porque finalmente uno no rinde cuentas a nadie respecto a lo que hace o no hace. La superstición es algo tan propio como nuestro carácter o todos aquellos argumentos emocionales sobre la existencia de Dios o cualquier otra fuerza divina. Hay gente que cree más en el karma que el Todopoderoso.

Pero este caso que vengo a contarte me hizo reflexionar sobre un estado más de la superstición: el reclamo a esta supuesta “fuerza del universo” como si actuara sujeto a entidades de la realidad. Suena muy denso todo esto, pero se resume a la agresión de brujo por parte de una señora que se sintió defraudada.

El amarre fallido

Todo sucedió en Chiclayo. Adam Gamonal, un curandero de 80 años, acudió a la policía para denunciar a Elvia Rosa Tenorio Torrejón, quien lo amenazó de muerte por haber hecho un “amarre de amor” defectuoso.

Tenorio pagó 200 soles por el servicio. Al notar con los días que no funcionó, acudió nuevamente donde Gamonal para exigirle 1000 soles o, de lo contrario, lo mataría. Fue por esto que Gamonal acudió a las autoridades del distrito de Pátapo para advertir de las amenazas.

La policía hizo un operativo en encubierto y logró capturar a Tenorio. Lo interesante de todo el caso es que ella, una creyente fiel de los curanderos capaces de comunicarse con el más allá o hacer “amarres de amor”, figuraba como muerta en la Reniec.

Origen de las supersticiones

Todos creemos, de manera distinta, en las supersticiones. Quizá no tanto como para amenazar de muerte a alguien, pero tenemos en común que algo creemos en cierta fuerza invisible que ordena el universo.

Lo cierto es que las supersticiones se heredan, pasan de padres a hijos, o se aprenden de la colectividad. Hay creencias que pertenecen a un único sitio y que no necesariamente son válidas para todas las sociedades.

Las supersticiones tienen por objetivo la reducción de la complejidad, una forma de explicar la realidad y evitar determinadas experiencias según rituales al que dotamos de significado. Aunque no haya una conexión lógica entre los elementos que conforman una superstición, como la mala suerte producto de un gato negro, la gente decide creer porque facilita la comprensión de toda experiencia sea positiva o negativa.

Hay veces que las supersticiones pueden llegar a extremos, por lo que siempre es bueno tener en cuenta la causalidad de las cosas en vez de hacerse irresponsable de lo que hacemos o dejamos de hacer.

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