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Nadie es normal según estudio de la Universidad de Yale

No hay que ser científico para saber que somos raros. Unos más que otros, eso puede depender incluso de la salud mental, pero entre la norma somos ‘algo raro’ según con quién nos comparen.

A esto se suma que lo “normal” es un discurso, una invención a partir de un conjunto de ideas y prácticas que una sociedad estandariza en beneficio de una estabilidad como comunidad. Manejar los mismos códigos hace que podamos convivir sin incertidumbres, aunque lo “normal” también sirve para juzgar a las personas.

Pero bueno, lo que vengo a contar es que un nuevo estudio de la Universidad de Yale llegó a la conclusión que nadie (SÍ, NADIE) es normal.

Estadísticas normales

El País de España consultó a Francisco Estupiñá, profesor de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, sobre a qué denominamos algo como “normal”. El especialista precisó que “lo normal, estadísticamente hablando, es lo frecuente”.

Un ejemplo simple. Lo “normal” es ser diestro, porque los zurdos son solo el 17% de la población mundial.

El problema con el término “normal” es que también es utilizado como una referencia sobre un ideal, sobre un discurso de lo que “debería ser” alguien y crear así una escala para medir la normalidad. Dicho ideal resulta peligroso cuando es aplicado, por ejemplo, en la psiquiatría para evaluar el comportamiento de los pacientes.

El mito de la normalidad

Para evitar los errores en los diagnósticos psiquiátricos, Avram Holmes y Lauren Patrick, del Departamento de Psicología de la Universidad de Yale, llegaron a la siguiente conclusión en su estudio El mito de la optimalidad en la neurociencia clínica.

Antes cabe precisar que la investigación cuestiona la base psiquiátrica de lo “saludable” y “no saludable” cuando todos las personas tienen algún aspecto que escapa de lo denominamos “normal”. He allí la importancia de reconocer que todos tenemos algo de distintos y no por eso debemos ser evaluados como personas deficientes.

El punto que argumentamos es que no existe un patrón universal e incondicionalmente óptimo de la estructura o función del cerebro. Por lo tanto, el borde que separa la salud de la enfermedad no se puede trazar de manera limpia a través de un solo comportamiento o aspecto de la función cerebral. El aislamiento, cualquier rasgo conductual, psicológico o neurobiológico dado no suele ser bueno ni malo, sino que el contexto en el que se encuentra una persona, su edad, su red social y su entorno pueden tener una gran influencia en los costos y beneficios de rasgos particulares.

Asumir que no somos “normales” hace que aceptamos nuestras particularidades con más facilidad sin temor al prejuicio. No obstante, debemos sincerarnos en caso de que nos resulte incómodo. Hay veces que nos sentimos desdichados por algunos aspectos de la personalidad. En esos casos, lo más recomendable es la asistencia de un profesional.

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