fbpx
psicologia-actividades-articulo-videojuegos-sociologiaArtículos 

Excelentes razones para hacer algo en lo que sabes que eres malo

Tengo la impresión de que vivimos acelerados. Imagino que la sociedad se ha esforzado para hacernos creer que debemos sacarle provecho al tiempo libre según determinados estándares de calidad. Sí, porque hasta para distraernos existe un discurso de las cosas que son “buenas” o “malas”.

Disfrutar de los videojuegos, por ejemplo, puede ser provechoso para alguien aficionado a las consolas, pero socialmente puede ser inaceptable por malgastar las horas en una actividad que no trae ningún provecho inmediato.

Pero hay un elemento más en la ecuación. No solo podemos juzgar el derroche de tiempo según los resultados “positivos” o “negativos” de la actividad a la que nos queremos dedicar. También hay que considerar la intención.

En el ejemplo anterior, quizá la meta sea destacar en el ranking mundial o -ahora que está de moda- ser streamer en Twitch. La intención supone un esfuerzo para alcanzar una meta: ser el mejor de todos o buscar reconocimiento en la comunidad gamer.

Pero qué tal si la intención fuera totalmente contraria: dedicarse a algo aún sabiendo que no tienes ninguna oportunidad de tener éxito. ¿Les parece correcto?

Lo bueno de ser malo

Aunque no lo creas, hay cosas buenas en ser malo. Karen Rinaldi reflexionó sobre esto en un interesante artículo del The New York Times. Ella precisa que la noción de ser malo en algo pasa por encima de la idea sobrevalorada del perfeccionismo.

“La mentira del perfeccionismo va más o menos así: ‘Si fracaso, es solo porque busco la perfección’, o ‘Nunca puedo terminar nada porque soy perfeccionista’. Puesto que quien es perfeccionista no se conformará con nada menos, se queda sin nada”.

A esto agrega que depende de uno mismo cómo nos queremos sentir respecto a la actividad que hacemos.

“No podemos contar con la gente que nos rodea para hacernos saber qué tan malos somos. Es mucho más aceptable halagar que criticar. Así que la responsabilidad de admitir lo malos que somos haciendo algo recae en nosotros mismos. Hay que hacerlo de todos modos”.

Quizá esta idea te parezca precipitada, pero hay una razón interesante: la libertad de disfrutar cualquier actividad sin depender de los resultados.

“Al eliminar la presión de tener que sobresalir o dominar una actividad, nos permitimos vivir en el momento. Podrías pensar que esto suena bastante simple, pero vivir en el presente también es algo en lo que la mayoría de nosotros somos malos”.

Comprender más la vida

Rinaldi cierra con la idea de que el fracaso ofrece la oportunidad de ser más empáticos. Es a través del reconocimiento de nuestra vulnerablidad como podemos apreciar con mejor detalle la complejidad de lo que nos rodea.

“Quizás ser malo en algo en lo que no hay mucho que perder puede llevarnos a un lugar mejor. Tal vez podría ser una especie de antídoto para la excesiva confianza, una epidemia de nuestra cultura. Vernos una y otra vez haciendo algo en lo que somos malos —sin importar cuán trivial sea— podría hacernos un poco más comprensivos sobre lo difíciles que son muchas cosas: tratar de explorar los asuntos de salud, escuchar a nuestros vecinos, mejorar la economía o mitigar las relaciones con naciones hostiles”.

Te puede interesar

¿Algo que comentar?

A %d blogueros les gusta esto: