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Lo que nadie se imagina 49

Hace unos días el hombre más feliz del mundo se suicidó. A nadie en la cuadra parecía importarle. Los muertos van y vienen, y mientras más seamos en esta ciudad, la muerte es tan solo una cifra en los archiveros. No se hacen sentir… No tienen esa mística de tocar a la gente por simplemente dejar de respirar. Morirse es como hacer algo sin hacer y eso es hermoso…

Pero suicidarse, ya eso es otro cantar…

El hombre más feliz del mundo vivía a unas cuadras de mi casa. Recuerdo la noche en la que los bomberos rompieron la puerta tras varios minutos de espera y la incesante queja de los vecinos por el desagrable olor que provenía de la vivienda. Bastaron dos patadas y un carajo a viva voz para romper la chapa e ingresar al domicilio.

Y allí estaba el hombre más feliz del mundo, colgado de una viga y vistiendo el mejor de sus atuendos.

No me malinterpreten. No sé estas cosas, porque ingresé de puro chismoso, sino por algo que los bomberos comentaron con los vecinos. El hombre más feliz del mundo había dejado una carta sobre su cama. Solo había una línea…

«Vete a la reconcha de tu madre».

Los familiares llegaron. Bastaron unos segundos para que armaran la escena. «¿Por qué te lo llevaste en tu gloria?», «¿Cómo no me esperaste para verte por última vez?», «¡Justo había quedado para verte!» y «¡Yo que pensaba verte en unos días!» gritaban los hijos, los amigos y la exesposa, mientras los vecinos no hacían otra cosa de tratar de averiguar quién era ese reconcha de su madre de la carta.

Los familiares discutieron por algunas horas sin llegar a un acuerdo sobre a quién se refería el suicidado. Uno de los fiscales se acercó a ellos para ayudarlos con este misterio…

«Al parecer, la carta estaba dedicada al primer amigo, familiar, etc. que encontrara su cuerpo. ¿Quién de ustedes iba a ser el primero en visitarlo?»

Hubo silencio. Los hermanos del suicida se sintieron aliviados, porque no puede ser posible un insulto de ese calibre para alguien que comparte la misma madre. La exesposa intervino y precisó que «reconcha tu madre» no tiene un significado literal, sino puede ser una expresión de enojo puro. Los hijos eran los más contrariados. Antes de la lectura de la carta, los ingratos se lamentaban con la policía de que justo el suicidio ocurrió días antes de visitarlo por Navidad… y ahora juran de que no pensaban verlo hasta dentro de dos meses.

Sin resultado alguno, las autoridades sacaron el cuerpo en una bolsa negra. Los familiares se fueron, más consternados de lo que vinieron. Los vecinos volvieron a sus vidas de siempre.

Y yo con la duda de que si los hombres más felices del mundo merecen una muerte así. Pienso que sí. De haber una vida despues de la muerte, quién no puede seguir siendo feliz sabiendo que hablarán de ti por generaciones tras insultar a quien existe y nadie sabe quién es… salvo en lo más profundo de la conciencia de quienes te amaron, te abandonaron y ahora viven con la culpa de tu tácito desprecio. Eso es la inmortalidad.

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