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El ‘otro’ amor: la historia de quien contrajo matrimonio con un holograma

Una de las cosas más curiosas del amor es creer que debe darse exclusivamente entre organismos vivos. Lo más estandarizado es entre seres humanos, así la relación de las personas por sus mascotas. A lo mucho hasta el amor de la humanidad por los árboles, ¿pero qué hay de ese amor entre un humano y un invento (un televisor, un videojuego, etc.)? ¿Acaso puede haber amor en una relación así?

Vayamos por partes. El amor es producto de una experiencia personal, por lo que cada quien tiene sus propias definiciones para determinar qué es el amor. El problema es que vivimos en sociedades con tendencia a estandarizar nuestras emociones según etiquetas. Enamorarse de otro ser humano es algo que millones de personas hacen, así que se le considera “normal” hasta tal punto de ser la regla. Sin embargo, a veces sentimos amor por cualquier otra y nos salimos de este libreto emocional para acabar siendo parias. No somos capaces de comprender que alguien puede sentir lo mismo por algo -literalmente, cualquier cosa- como si fuese otro ser humano o una mascota.

¿Por qué deberíamos juzgar las emociones de otros si es que estas tienen su base en la experiencia individual? ¿No es eso acaso una actitud egoísta? Pues pienso que sí, como quizá también lo pensó Akihiko Kondo cuando se casó con Hatsune Miku, un holograma.

Ahora, Hatsune Miku no es cualquier “cosa” como una invención humana. Ella es conocida como la primera ‘Idol’ virtual japonesa. Su historia empieza en 2007 cuando “nació” un software sintetizador de voz llamado ‘Vocaloid’. Lo que hace el usuario es escribir el tema musical y Hatsune procede a cantarla.

En pocas palabras, Hatsune Miku es un software como cualquier otro.

Mejor que el mismo Akihiko cuente cómo es que se comenzó a enamorar de Hatsune.

Conocí a Hatsune Miku en mayo de 2008, cuando escuché su canción «Miracle Paint», y no me la pude sacar más de la cabeza.

Es una hermosa canción de amor. Luego me enamoré, no estoy seguro exactamente cuándo, pero quizás fue como con cualquier chica real, cuando comencé a pensar en ella constantemente.

Día y noche repetía la canción en mi cabeza una y otra vez. Poco a poco, me di cuenta de que estaba enamorado.

Pese a que no era una persona real, no me preocupé de nada. No me pareció un amor irreal. De hecho, algo similar me había sucedido antes.

A los 11 años me gustaba Arle Nadja, personaje principal del videojuego «Puyo Puyo». Solo mis amigos de internet entendían mi amor por los personajes animados. Mis amigos del colegio o «reales» no me entendían demasiado.

¿Qué les parece? El mismo Akihiko contó su historia completa a BBC Mundo. Puedes darte una vuelta por la página para leer cómo es que lleva su relación y cómo fue el matrimonio con su gran amor.

El amor es así… No tiene barreras, así como la imaginación humana. Actuar según los estándares es miserable, porque la única forma de entender la humanidad es precisamente evaluando nuestras reacciones ante lo insólito, pero a la vez tan nuestro: la sensación de amar distinto y aún así sentir exactamente lo mismo del resto.

El amor. Nada más.

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