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Adiós a los últimos testigos de la historia

El tiempo avanza y dejamos atrás los eventos más trágicos de la humanidad, pero también abandonamos a quienes vivieron en primera fila las desgracias más terribles de la historia. Con el pasar de los años, cada vez quedan menos testigos de los grandes eventos de la historia en el siglo XX, muchos de los cuales -Dios quiera- no vuelvan a ocurrir.

Lo preocupante no es en sí la muerte de estos testigos, porque estamos programados para fallecer naturalmente después de los ochenta o noventa años, sino la idea de que -tarde o temprano- toda referencia al pasado vendrá a ser la reproducción de un testimonio de alguien que ya no existe, la copia de un mensaje sin emociones ni experiencia directa sobre la historia. Esto puede acarrear muchos problemas, como la tergiversación de los hechos y la idealización de la historia según la perspectiva de quien está interesado por conocer la vida cotidiana durante los conflictos más terribles de la humanidad.

Tarde o temprano, ya no tendremos a ninguna persona en el mundo que nos diga “yo lo sé, porque lo he vivido, lo he visto con mis propios ojos” cuando consultemos por la historia de la Segunda Guerra Mundial o -en un futuro quizá lejano- la Guerra de Vietnam. Perderemos ese contacto vívido, esa persona que guarda en su psique el terror de los eventos más catastróficos del siglo pasado.

Quizá pienses que esto es irremediable, pues naturalmente esta gente morirá. Eso es muy cierto, pero echemos un vistazo a cómo las cosas vienen desarrollándose. La indiferencia por estos testimonios humanos sobre las atrocidades de las políticas fascistas han hecho que varios partidos de ultraderecha ganen cada vez más seguidores en Europa. Lo mismo podemos decir de América Latina, donde se ha idealizado la falacia del “todo pasado fue mejor” para sostener el conservadurismo político y social con argumentos de hace treinta o cuarenta años.

Vaya. Resulta interesante todas las cosas que uno puede vomitar a través del teclado al ver una simple fotografía. En mi opinión, creo que esta imagen muestra la cruda realidad de cómo pasa el tiempo y nos quedamos sin más testigos del horror de nuestra propia humanidad. Ya en algunos años nos quedaremos sin esa experiencia valiosa de haber vivido la historia, el contacto directo con esas escenas del pasado que nadie puede si quiera imaginarse.

La foto corresponde a un veterano de guerra soviético marchando por el Día de la Victoria. No se precisa la fecha ni el lugar exacto de la captura, pero sí revela que él es el único sobreviviente de su grupo de combatientes de la Segunda Guerra Mundial. El tiempo hizo lo suyo, y él se quedó completamente solo.

Las lágrimas no son para menos. Hay cosas que él vio y nadie más será capaz de entenderlo.

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