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El autómata-pensante

A veces me pregunto en qué pensamos cuando estamos en la nada. Lo más inmediato es recordar las imágenes del pasado, de las cosas que hemos visto y memorizamos, o de los sonidos, de las palabras que aún hacen eco en la memoria. Sin embargo, estar en la nada es como una especie de laguna mental en la que nuestras emociones, pensamientos y demás están al fondo, irrecuperables.

Y esto resulta inquietante… ¿Quiénes éramos en esos instantes? ¿Seres autómatas? ¿O, más bien, autómatas-pensantes? Si nunca dejamos de ser nosotros mismos durante la vigilia, ¿cómo es que se nos haya escapado el registro de nuestro propio estado por momentos?

No quiero parecer trágico, menos exagerar en las metáforas, porque el estadío de la nada es tan común que solemos ignorarlo y por eso mismo es «la nada». Uno no puede estar consciente en dicha fase, porque eso ya es «algo» que desvirtúa la nada absoluta. No hay salida, menos solución. La nada será siempre una pieza que recordaremos sin muchas luces; vivencias huecas en las que respirábamos y hacíamos sin pista alguna sobre qué sentíamos o cómo sentíamos.

La nada… Solemos habitarla cuando suspendemos nuestros pensamientos durante actividades cotidianas, básicamente las actividades deportivas que tienen la etiqueta de ser las más aburridas de todas. Correr, por ejemplo, es aburridísimo. Trato de recordar en qué pensaba en esas largas rutinas de una hora o dos horas corriendo. Creo estar consciente de las motivaciones, de los objetivos, de todas esas cosas que uno siempre tiene en cuenta para «hacer» cualquier actividad, pero no soy capaz de recordar quién era en ese momento.

¿Quién corría? Sé que era yo… y fui yo durante todo lo que duró la sesión, solo que no recuerdo mi identidad en el sentido más amplio del término. Hay un olvido allí donde intento hallarme en el pasado y solo veo a un autómata-pensante corriendo, siempre apurado, sudoso y agotado. Las emociones. El esfuerzo. Todo eso sigue en la memoria, pero no forma parte del ser, sino del hacer.

Y, entonces, llego a la conclusión de que somos piezas indescifrables, hacedores de cosas, una máquina que siente y piensa sin recordar qué siente o piensa en los momentos que no pertenecen al ahora; autómatas-pensantes incapaces de autoconcebirse.

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