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Lo que nadie se imagina 30

Eran las dos de la madrugada del domingo cuando Antonio Segovia tocó la puerta de mi casa. Lo hice pasar sin cuestionarle por la hora. No sé por qué no lo hice. Quizá necesitaba andar con alguien para vencer al insomnio y la mala noche.

Saqué un par de cervezas, nos sentamos en el sofá y encendí el televisor para distraernos un rato con cualquier cosa. No me animé a preguntar por el motivo de su visita. A veces es mejor escuchar a alguien cuando ésta simplemente habla, no cuando lo interrogas de eso que quiere hablar.

Pasaron cinco minutos para que abriera la boca.

-No puedo con la duda. Creo que ya llegó el momento…

Efectivamente. Tomé un buen sorbo de cerveza y fui a buscar mi celular para entrar a mi Facebook. Antonio hizo lo mismo y esperó a que estuviera sentado para iniciar la noche más cruel de nuestras vidas. Unidos en el dolor, siempre hermanos.

-¿Quién empieza-, pregunté luego de ingresar al perfil de alguien prohibido.
-Yo arranco. Tengo algo bueno-, dijo Santiago sin dejar de mirar el smartphone.
-Que comience de una vez…

Antonio me mira a los ojos como pidiendo perdón.

-Aquí encontré una foto de Marcela chapando con su nuevo flaco. Están en la playa, parece… Una de esas que quedan por el norte. Puta, esta huevada sí que te dolerá.

Antonio me muestra la foto de mi ex enamorada. Ella sale feliz junto a quien parece ser el amor de su vida. Me alegro por ella, trato de alegrarme, la verdad, pero… Carajo, Antonio ganó su primer punto. Ahora es mi turno.

-Veamos qué tiene Luisa… ¡Uy, chucha! Aquí sale la flaca con su ex en plena cena familiar. ¡Y en la Rosa Náutica, conchasumadre! Ni tú con 20 sueldos pagabas esa cuenta cuando salían.

Mi amigo se acercó a mí para ver la foto. Veo el desconcierto en sus ojos, pero también la satisfacción de saber algo de Luisa. Nunca supe exactamente por qué terminaron. Solo veía que el tema le afectaba, a pesar de las dudas sobre cómo seguiría su vida.

Antonio vuelve a su esquina del sofá para continuar su turno en nuestro juego masoquista. Ambos sabíamos que buscar a la ex enamorada en Facebook es una tortura gratuita, así que ideamos esta dinámica para estar juntos en caso de que la curiosidad sea peligrosa para nuestra estabilidad emocional

A quién quiero engañar. La verdad es que nuestras ex nos habían bloqueado de Facebook, pero no se tomaron la molestia de eliminar a las amistades en común. Así es como puedo enterarme del perfil de mi ex a través de Antonio y viceversa. Pero eso sí, siempre es estar acompañado de alguien para hacer cosas estúpidas, así compartes un gusto culposo por hacer tonterías desequilibradas para la salud mental. Algo bastante digno de estudio, pienso, para los psicólogos de nuestro país.

El juego ya está por acabar. Se acababan las fotos y los nervios estaban al límite. Pasaron 42 minutos de masacre emocional.

-Ahora sí que te cagas-, me dijo Antonio.- No diré más. Solo mírala.

Marcela no aparece en la fotografía. Solo se ve una mano extendida sobre una mesa blanca, un par de copas de vino tinto, unas servilletas impecables… y una piedra brillosa sobre el dedo anular. La publicación tenía una cantidad de likes impresionante.

Antonio aleja de mi cara el móvil y lo tira sobre los cojines. No dice nada. Va a la cocina por una nueva cerveza.

Pasaron 20 segundos de silencio. Según lo acordado, esta era una muestra de derrota por K.O. Antonio sabe que ganó el duelo, pero por hidalguía no celebra su victoria.

Solo me estrecha la mano como habíamos planeado en el protocolo y pasó a retirarse.

-Si tienes algo que decirme, hazlo ahora. Mañana esto será olvidado. Ni una palabra, ¿me entendiste?

Afirmo con la cabeza y Antonio sale a la calle para perderse en la oscuridad.

El ritual acabó. Ahora sí se olvida para siempre.

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