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Lo que nadie se imagina 43

Me odio.

No creas que tengo poca autoestima al decir esto, porque quizá tú también pienses lo mismo si es que tienes la oportunidad de relacionarte contigo mismo. Piensa en toda la magnitud de esta última frase. No me refiero a esta idea cojuda de “conocerse a uno mismo” desde la introspección, sino al nivel de interactuar contigo mismo en un mismo plano.

Todo esto suena imposible. Efectivamente, no tenemos un gemelo idéntico con todas nuestras características; sin embargo, debo confesar que durante una mala noche tuve la oportunidad de interactuar conmigo mismo… y todo acabó pésimo hasta el punto de decirle a ese sujeto tan parecido a mí que es un “hijo de puta” para luego acordarme que tenemos la misma madre.

Aún lo recuerdo. Ese sueño lo tuve hace un par de meses. Fue un día largo en el trabajo. Habré llegado a casa a las diez de la noche y me dirigí al dormitorio con la única intención de ponerme la pijama. Solo quería entregarme a los brazos de Morfeo. No pasó mucho rato cuando finalmente me quedé dormido.

Fue entonces cuando inició el sueño.

Yo me encontraba de pie en medio de mi dormitorio. El espacio estaba bien iluminado por la luz natural. Parecía que era de madrugada. No tardé en darme cuenta que estaba consciente de que me hallaba en mi propio sueño… Así como tampoco se me pasó por alto que estaba sumamente agotado.

Suena hasta cómico. Mi agotamiento a la hora de dormir fue tal que en mi sueño me imaginé cansado. Pues no te rías mucho, porque las cosas se pusieron bastante feas.

El cansancio -en mi propio sueño- era tan insoportable que me eché en la cama. Cerré los ojos para finalmente satisfacer ese cansancio onírico, imaginando yo que me despertaría a la mañana siguiente con las pilas bien puestas.

Nada más equivocado.

Una vez dormido en mi sueño, me desperté en la realidad.

Los ojos se me abrieron a pares. Revisé el reloj del celular y eran las dos de la madrugada. Aún seguía agotado. La frustración me invadía por no ser capaz de hacer algo tan sencillo como descansar. Volví a echarme de mal humor en la cama para coger sueño nuevamente.

Entonces, caigo dormido en la realidad y me despierto en el sueño.

Rabioso me levanto de la cama para empezar a gritar. “¡Carajo, quiero dormir! ¡Este está bien huevón!”, me dije siendo tan egoísta cuando se trata de mis necesidades más primarias, incluso sabiendo que si me dormía en el sueño me afectaría a mí mismo en la realidad.

Fue así como me odié con toda mi alma: si pudiera boicotearme a mí mismo para salirme con la mía, incluso si esto me pone en contra en otra  realidad, sé bien que lo haría.

Me duermo amargo en mi propio sueño. Me despierto otra vez en la realidad.

Los ojos nuevamente se abrieron. Miro el reloj por segunda vez. Las cinco de la madrugada. Fui al baño a mojarme la cara. Los ojos estaban rojos del cansancio y la frustración no menguaba. Me miré al espejo y me pregunté qué diablos estaba haciendo. ¡Cómo puedo ser tan egoísta incluso conmigo mismo!

Me echo nuevamente en la cama y me duermo en el plano de la realidad para despertarme instantáneamente en el mundo de mis sueños.

Miro el techo blanco de mi dormitorio con detenimiento. Sé que las cosas no pueden seguir así. Tenía que negociar conmigo mismo desde la realidad para convencer a mi yo onírico.

“Haré lo siguiente. No dormiré, pero sí estaré echado descansando cada músculo del cuerpo. De esta forma, yo podré dormir en la realidad por más tiempo. Ya cuando mi versión de la realidad empiece su día, pues yo dormiré por el resto que dure la vigilia”.

Lo extraño de esto fue lo que pensé en voz, imaginando que yo -desde la realidad- estaba al tanto de lo que iba a suceder. Tenía que hacer la tregua conmigo mismo, sino nunca podría estar en paz.

Habré aguantado así unos diez minutos… Me dormí en mi propio sueño nuevamente y me desperté en la realidad por tercera vez.

El sol ya tocaba los bordes de mi cama. Eran las ocho de la mañana. El cuerpo me respondía. Listo nuevamente para hacerlo mierda en el trabajo, y camino a mi centro de laborales me quedé pensando sobre qué ocurrió toda esa noche.

¿Volveré a encontrarme conmigo mismo alguna otra noche de cansancio extremo? ¿Estará ahora durmiendo en mi inconsciente mientras yo estoy en vigilia? Nunca más supe de él, o de mí mismo, para saber cómo es posible que pudiera ser tan ruin con alguien y ese alguien acabe siendo yo. O es que acaso uno puede hacerse daño para satisfacer nuestras peores versiones.

Nunca lo sabré.

Solo sé que me odio y eso puede resultar tan divertido. Por alguna extraña razón, me hace sentir orgulloso saber que estoy por encima incluso de mis propias necesidades.

Foto: Theodore Roussel (1847-1926) | The Sleeping Model

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