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La crisis de la caballerosidad y el sentido de la cortesía

Los tiempos cambian y es mejor acostumbrarse a las nuevas corrientes de pensamiento para no quedar en ridículo ante las nuevas generaciones. No hay que sobreestimarlas, porque el ejercicio de cuestionar las tradiciones más arraigadas en la sociedad tiene beneficios en cuestión de inclusión y diversidad social. Todo sea para convivir en paz en un futuro no tan lejano.

Dentro de las cosas “evaluables” en la actualidad, la caballerosidad es una de las más interesantes al suponer un cambio en las relaciones interpersonales más arraigadas en Occidente.

¿Hasta qué punto la caballerosidad supone un sexismo benevolente o se trata de una simple cortesía que puede ser aplicada independientemente del sexo del agasajado?

Sexismo benevolente

Vayamos por partes. El sexismo benevolente, según la doctora en psicología María Lameiras en diálogo con Verne, es la discriminación hacia las mujeres con conductas de protección y cuidado según la idea de que son seres débiles e inferiores.

La lógica del sexismo benevolente hace que todo actuar en “beneficio” de las mujeres según la idea de la cortesía hace que la caballerosidad sea cuestionada por grupos feministas, los cuales abogan por un trato igualitario.

Analicemos el caso de un hombre abriéndole la puerta a una mujer por pura “cortesía”. Hay dos posibilidades: o el hombre actuó según el sexismo benevolente, imaginando que la chica es un ser inferior y necesita del apoyo masculino, o la simple intención de establecer una relación agradable con esa persona, incluso siendo una total desconocida.

¿Cómo podemos juzgar una acción sin ser conscientes de lo que está pensando el hombre? El sexismo benevolente existe y hay bastantes estudios al respecto tanto en la vida personal como en la laboral. Por otro lado, el gusto de simplemente “caer bien” a los demás es una motivación que no distingue sexo.

Adiós a la caballerosidad

La caballerosidad, tal como la entendemos desde su raíz histórica en la Edad Media y su evolución hasta la actualidad, deberá ser modificada -en mi humilde opinión- en aras de la convivencia igualitaria. La cortesía no se trata de hacerle un favor a alguien según el juicio que tengamos sobre una persona determinada, sino de establecer un lazo gracias a la solidaridad.

Los movimientos feministas hacen bien en señalar cómo es que actúa el sexismo benevolente en las relaciones interpersonales. Sin embargo, llegar a la conclusión de que toda acción propia de la caballerosidad deba ser erradicada es una falacia, porque también se estaría censurando la solidaridad entre sujetos sociales que actúan independiente del prejuicio hacia el sexo.

Trabajo de todos

La solución, a mi parecer, está en modificar el significado de las acciones que hacemos antes de censurar y juzgar por doquier cualquier cosa que nos parezca ofensiva. Esto, obviamente, demandará años, y señalar la existencia del sexismo benévolo es solo un paso de la gran transformación, porque son los hombres quienes también deben asumir un rol activo sobre su manera de relacionarse con los demás.

El cambio es de todos. No se trata de solo hacer justicia porque “nos parece justo”, sino porque tenemos la misma noción de cómo debería actuar la justicia. Lo mismo sucede con las relaciones interpersonales. Se agradece el feedback como materia de cambio. Ahora, el reto es asumir responsabilidades, sincerarse -especialmente los hombres- sobre cómo es que tratamos a los demás, porque lamentablemente lo que entendemos por “amabilidad” puede esconder un sesgo sexista que debe ser erradicado.

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