Lo que nadie se imagina 

Lo que nadie se imagina 27

Tendida sobre la cama, él deja caer su cuerpo encima de ella recordando las travesuras de cama del pasado. Ella se desviste apurada, comienza por la blusa arrancándose los botones para mostrar los senos a su amor. Él la mira con ojos hambrientos de ver la figura desnuda de su mujer luego de varias noches sin poder tocarla. Ellos se acomodan sobre la cama y ella tira la blusa blanca al suelo para entregarle el cuerpo a su amor.

Él contempla los senos de su pareja mientras ella cierra los ojos estirándose sobre la cama. Los años de sus cuerpos pasaron sin que eso perturbe los deseos carnales de la pareja. Mientras besa el sendero de los senos de ella, él acaricia uno de los muslos para provocar el gemido de su pareja. Los besos se vuelven más toscos, saben que el tiempo no los espera para hacer el amor con cariños y ternuras. Ella no aguanta. Está acabándose el tiempo.

-¡Ya, hazme tuya, tu mujer!- Gritó ella mezclado con un jadeo constante por su exitación.
-Damelo, dámelo- Dijo él haciendo referencia al sexo de su pareja.

Ella se baja el pantalón y él sabe por instinto qué hacer. Se tapan con la frasada para dar inicio a lo que la imaginación diera rienda. Se exitan juntos, se gritan por más sexo y se muerden la piel con ganas que el goce sexual no se termine…

-¡Ya fue tiempo suficiente, cada uno a su celda!- Grita el carcelero al golpear con su cachiporra las rejas de la celda donde los tórtulos hacían el amor.
-Sí, sí, espere- dijo él y se puso los pantalones lo más rápido posible. Ella se tapaba con la sábana para mostrar los senos a los tres guardias que estaban en la puerta de la reja.
-Anda, mi amor. Espero que esto se repita- dijo ella tocando la espalda de su pareja, que se sentó al borde de la cama.
-¿Cuánto te debo por el viagra?- preguntó él al guardia. Él se ríe y mira sus demás colegas para burlarse de él. Le dijo que cinco soles, porque es difícil hacerlas pasar dentro de la prisión.
-Está bien- repuso él, que se colocaba los lentes gruesos de marcos anchos.
-Vamos a tu celda, Cachetoncito- dijo el guardia recordando el monstruo que fue durante los ochentas, pero que ahora no daña a ni una mosca.

Días después el alcaide de la prisión supo de lo acontecido: se despidieron a los tres guardias que colaboraron con el encuentro amoroso del prisionero 07365293 y la prisionera 34718374, Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre.

Discúlpame la imagen mental.

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