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Pasar Año Nuevo

La arena entre los dedos, un sabor a licor en la boca, en la asquerosa boca que podría besar a una desconocida en menos de lo que tarda la resaca.

Año Nuevo se trata de calmar el instinto de supervivencia con las latas de atún, dormir con arena en los labios, secándose por la sal y la saliva. Esa fecha es, para bien o para mal, buscar desesperadamente condones perdidos en la arena, como salvavidas en un mar turbio llamado responsabilidad.

La noche de Año Nuevo fue, o es, entretenerse con las fogatas fugaces en el cielo y las quema-piel en la arena. Como que Año Nuevo es ver traseros en la playa, insultarle a la madre al calor o conocer personas por doquier por la simple gentileza de convidar un cigarro. Año Nuevo es desnudar con los ojos a la mujer que deseas tener a solas en la carpa, en el sleeping, en el hogar del sexo fugaz. También se trata de saber de qué tanto reíamos a oraciones sin gracia, de saber cómo diablos murió Mahoma o cantar bajo la fogata, escena inmortalizada por una cámara fotográfico haciendo cherry a los campamentos clásicos norteamericanos. La noche suicida de Año Nuevo es andar con DNI al borde de la carretera para empeñarlo por cerveza o como única esperanza para que nuestro cadáver sea reconocido.

A fines cuentas, o a inicios de otras para el 2018, es que el 1 de enero es una chequera con 350 cheques por firmar, y a veces con nombre falso.

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